
El lupus es una enfermedad crónica autoinmune en la que el sistema inmunitario pierde parte de su capacidad para reconocer correctamente los propios tejidos y puede desencadenar inflamación y daño en diferentes partes del organismo.
¿Qué es el lupus?
El lupus eritematoso sistémico (LES) es una enfermedad autoinmune que puede afectar a numerosos tejidos y órganos.
Precisamente por su carácter sistémico, sus manifestaciones pueden ser muy diferentes de una persona a otra. Puede afectar a la piel y las articulaciones, producir alteraciones hematológicas y, en determinados casos, comprometer órganos como:
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Riñones.
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Pulmones.
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Corazón.
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Sistema nervioso.
El lupus afecta con mucha mayor frecuencia a mujeres, especialmente durante la edad fértil, aunque también puede aparecer en hombres y niños.
Existe una importante predisposición genética, pero sobre ese terreno pueden actuar diferentes factores desencadenantes.
Entre ellos podemos encontrar:
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Exposición a la luz solar.
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Algunas infecciones.
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Estrés físico o emocional.
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Cambios hormonales.
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Embarazo y posparto.
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Determinados medicamentos.
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Exposición ambiental.
Desde un enfoque naturopático también podemos estudiar el estado digestivo, la permeabilidad intestinal, la alimentación, el estado nutricional y la exposición a determinados tóxicos y metales cuando existan motivos para sospecharla.
Síntomas del lupus
Una de las características del lupus es que suele evolucionar mediante brotes.
Puede haber periodos prolongados durante los cuales los síntomas disminuyen considerablemente o incluso parecen desaparecer. Sin embargo, esto no significa necesariamente que la enfermedad haya desaparecido.
Después de un periodo variable puede producirse un nuevo brote.
Entre los síntomas más frecuentes encontramos:
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Fatiga crónica.
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Dolor en las articulaciones.
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Dolores musculares.
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Rigidez.
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Hinchazón y edema.
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Dificultad para respirar.
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Dolor en el pecho.
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Dolores de cabeza.
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Fiebre.
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Erupciones cutáneas.
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Eritema malar característico sobre mejillas y nariz.
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Sensibilidad al sol.
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Ansiedad y depresión.
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Fenómeno de Raynaud, con cambios de color y sensación de frío en los dedos de manos y pies.
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Síntomas recurrentes parecidos a los de un proceso gripal.
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Sudoración nocturna.
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Insomnio.
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Caída del cabello.
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Cambios de peso.
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Visión borrosa y sequedad ocular.
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Llagas en la boca o úlceras nasales.
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Anemia.
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Debilidad.
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Problemas de memoria y confusión.
Cuando existe afectación renal puede aparecer nefritis lúpica, incluyendo glomerulonefritis, hipertensión, edema y alteraciones en la función renal.
Además, convivir con una enfermedad crónica y con brotes imprevisibles puede aumentar considerablemente el estrés y repercutir sobre el sueño y el estado emocional.
Posibles complicaciones del lupus
La inflamación sistémica puede afectar a diferentes órganos y favorecer complicaciones como:
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Hipertensión.
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Enfermedad cardiovascular.
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Daño renal.
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Afectación pulmonar.
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Infecciones.
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Convulsiones.
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Accidente cerebrovascular.
Precisamente por esa capacidad para afectar a diferentes órganos, no debemos valorar el lupus únicamente por cómo se encuentra la persona externamente durante un determinado momento.
Alimentos que conviene vigilar en el lupus
Gluten
El gluten es un conjunto de proteínas presente principalmente en:
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Trigo.
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Cebada.
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Centeno.
Cuando existen problemas digestivos, sensibilidad al gluten o alteraciones importantes de la permeabilidad intestinal podemos valorar su papel dentro de la alimentación.
El intestino y la regulación inmunitaria mantienen una relación estrecha, por lo que el estado de la mucosa intestinal resulta especialmente interesante dentro de un terreno autoinmune.
Grasas trans y alimentos ultraprocesados
Las grasas trans y determinados alimentos ultraprocesados pueden contribuir a mantener un terreno inflamatorio.
Conviene reducir especialmente:
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Comida rápida.
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Fritos.
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Bollería industrial.
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Productos con grasas hidrogenadas.
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Alimentos preparados y muy procesados.
Además, cuidar la calidad de las grasas resulta especialmente importante porque las personas con lupus pueden presentar un mayor riesgo cardiovascular.
Azúcar
Una alimentación excesivamente rica en azúcar favorece alteraciones de glucosa e insulina y puede contribuir a mantener un entorno metabólico inflamatorio.
Por eso interesa reducir:
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Dulces.
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Bollería.
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Refrescos.
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Zumos azucarados.
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Harinas refinadas.
Exceso de sodio
Cuando existe afectación renal, hipertensión o tendencia a la retención de líquidos debemos prestar especial atención al consumo de sodio.
Gran parte del sodio que ingerimos no procede del salero, sino de:
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Embutidos.
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Conservas.
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Salsas.
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Aperitivos.
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Platos preparados.
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Alimentos ultraprocesados.
Alcohol y exceso de cafeína
El alcohol puede interferir además con determinados medicamentos y aumentar la carga hepática.
Un consumo elevado de cafeína puede empeorar:
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Ansiedad.
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Insomnio.
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Palpitaciones.
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Nerviosismo.
Por eso debemos valorar ambas sustancias según el estado y el tratamiento de cada persona.
Alfalfa
Las semillas y brotes de alfalfa contienen L-canavanina, un aminoácido no proteico especialmente interesante en el lupus porque se ha relacionado con la aparición o exacerbación de síntomas semejantes a los del lupus en personas susceptibles.
Por este motivo, la alfalfa merece una precaución especial en personas con lupus.
También es muy importante evitar el tabaco y las drogas recreativas, especialmente cuando existe afectación pulmonar o cardiovascular.
Alimentos recomendados para el lupus
Alimentos ecológicos
Cuando sea posible, elegir alimentos ecológicos puede ayudarnos a reducir la exposición a determinados pesticidas y otros productos utilizados en agricultura convencional.
No necesitamos que toda nuestra alimentación sea perfecta.
Lo importante es basarla principalmente en alimentos frescos y poco procesados.
Verduras
Las verduras proporcionan:
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Fibra.
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Vitaminas.
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Minerales.
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Polifenoles.
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Carotenoides.
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Otros compuestos antioxidantes.
Podemos consumirlas tanto crudas como cocinadas, adaptándolas a nuestra capacidad digestiva.
Pescado azul
El pescado azul proporciona EPA y DHA, dos ácidos grasos omega-3 especialmente interesantes dentro de una alimentación destinada a modular el terreno inflamatorio y cuidar la salud cardiovascular.
Podemos encontrarlo en:
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Sardinas.
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Caballa.
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Arenque.
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Salmón.
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Boquerones.
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Atún.
Alimentos ricos en antioxidantes
Podemos aumentar el consumo de:
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Verduras de hoja verde.
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Ajo.
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Cebolla.
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Espárragos.
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Aguacate.
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Frutos del bosque.
Estos alimentos proporcionan diferentes vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes que ayudan a proteger las células frente al estrés oxidativo.
Caldo de huesos casero
El caldo de huesos proporciona gelatina y diferentes aminoácidos.
Tradicionalmente se utiliza dentro de estrategias nutricionales destinadas a cuidar la mucosa digestiva y puede resultar interesante cuando estamos trabajando sobre el intestino.
Alimentos para cuidar la piel
Cuando existe sequedad cutánea podemos aumentar alimentos que proporcionen agua y grasas de buena calidad:
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Aguacate.
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Nueces.
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Almendras.
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Aceite de oliva virgen extra.
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Pepino.
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Melón.
La hidratación también es importante, aunque la cantidad de líquido debe adaptarse cuando existe una afectación renal importante.
Remedios naturales de apoyo en el lupus
Omega-3 de aceite de pescado
El EPA y DHA presentes en el aceite de pescado son especialmente interesantes por su participación en las rutas relacionadas con la respuesta inflamatoria.
Además, pueden contribuir al cuidado cardiovascular, un aspecto importante en las enfermedades inflamatorias crónicas.
Vitamina D3
La vitamina D participa en la regulación del sistema inmunitario y resulta especialmente interesante en personas que tienen que limitar su exposición al sol.
Antes de suplementarla conviene conocer cómo están realmente sus niveles.
MSM
El MSM o metilsulfonilmetano es una fuente orgánica de azufre utilizada especialmente dentro de estrategias destinadas al cuidado de articulaciones y tejidos.
Puede resultar interesante cuando predominan las molestias articulares y musculares.
Chlorella y espirulina
La chlorella y la espirulina proporcionan proteínas, minerales, pigmentos y diferentes compuestos antioxidantes.
Tradicionalmente se utilizan dentro de programas nutricionales y depurativos, especialmente cuando queremos aumentar la densidad nutricional de la dieta.
La chlorella también se utiliza en determinados enfoques relacionados con la exposición a metales pesados.
En una enfermedad autoinmune como el lupus, sin embargo, no tiene sentido añadir suplementos de forma automática: debemos valorar el terreno y la situación particular de cada persona.
Cúrcuma
La cúrcuma (Curcuma longa) es una de las plantas más utilizadas cuando buscamos modular procesos inflamatorios.
Su principal grupo de compuestos activos son los curcuminoides, entre los que destaca la curcumina.
Por eso resulta especialmente interesante cuando predominan molestias articulares y musculares.
Remedios de la abuela para el lupus
Receta 1: bardana y diente de león
Mezclar a partes iguales:
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Raíz de bardana.
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Diente de león.
Añadir 4 cucharadas de esta mezcla a un litro de agua.
Hervir durante 10 minutos.
Dejar enfriar, colar y tomar una taza al día.
Receta 2: melisa, ulmaria y trébol rojo
Mezclar a partes iguales:
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Melisa.
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Ulmaria.
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Flor de trébol rojo.
Añadir una cucharadita de la mezcla a una taza de agua hirviendo.
Dejar reposar durante 10 minutos, colar y tomar una taza al día.
Aceites esenciales para el lupus
Incienso
El aceite esencial de incienso se utiliza tradicionalmente dentro de mezclas destinadas a calmar y cuidar zonas con molestias.
Puede utilizarse correctamente diluido mediante masaje sobre las zonas que queremos trabajar.
Lavanda
La lavanda resulta especialmente interesante cuando queremos combinar el cuidado de la piel con un efecto aromático relajante.
Debe aplicarse siempre teniendo en cuenta la sensibilidad de la piel y evitando las lesiones abiertas.
Helicriso
El aceite esencial de helicriso se utiliza tradicionalmente en el cuidado de piel y tejidos y dentro de mezclas destinadas a zonas doloridas o inflamadas.
Los aceites esenciales son un complemento para el cuidado local y el bienestar; no necesitamos utilizarlos en grandes cantidades para aprovecharlos.
Recomendaciones para el lupus
Ejercicio
El ejercicio debe adaptarse al estado de cada persona y a la intensidad de sus síntomas.
Cuando nos encontramos bien podemos realizar aproximadamente 20-30 minutos de ejercicio moderado, mediante actividades como:
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Caminar a paso ligero.
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Natación.
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Ejercicio acuático.
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Tai chi.
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Yoga.
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Ciclismo.
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Pilates.
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Elíptica.
Durante un brote importante tendremos que adaptar considerablemente la actividad y respetar el descanso que necesite el organismo.
Reducción del estrés
El estrés no es solamente una sensación psicológica. Produce respuestas hormonales, nerviosas e inmunitarias capaces de repercutir sobre todo el organismo.
Podemos utilizar:
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Meditación.
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Yoga.
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Acupuntura.
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Técnicas de respiración.
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Ejercicio.
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Paseos por la naturaleza.
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Oración.
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Escritura o diario personal.
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Lectura.
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Grupos de apoyo.
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Terapia psicológica.
No existe una única forma correcta de relajarse.
Lo importante es encontrar aquella que realmente funcione para nosotros.
Sueño
La fatiga es uno de los síntomas más frecuentes del lupus.
Por eso debemos conceder al sueño la importancia que merece.
Muchas personas necesitan ocho o nueve horas de descanso nocturno y, durante determinados periodos, una pequeña siesta puede ayudar a recuperar energía.
Si el ambiente es muy seco, un humidificador en la habitación puede ayudar a mantener mayor humedad ambiental.
Cuidado de la piel y protección solar
La fotosensibilidad es muy frecuente en el lupus.
Conviene:
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Evitar la exposición directa durante las horas de mayor radiación.
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Utilizar un protector solar de amplio espectro y SPF alto, especialmente SPF 50.
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Utilizar sombrero.
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Proteger los ojos con gafas de sol.
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Evitar duchas excesivamente calientes si irritan o resecan la piel.
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Mantener la piel correctamente hidratada.
También pueden utilizarse baños templados con sales de Epsom como parte de una rutina de relajación cuando resulten agradables.
Mirar más allá de un solo síntoma
El lupus puede afectar simultáneamente a piel, articulaciones, riñones, sistema cardiovascular, aparato respiratorio, sistema nervioso y estado emocional.
Precisamente por eso necesita una visión global.
Desde la medicina natural podemos trabajar sobre alimentación, intestino, estado nutricional, inflamación, estrés, sueño, actividad física y exposición ambiental, adaptándolo siempre al terreno y a las manifestaciones concretas de cada persona.
No se trata de aplicar una lista idéntica de suplementos a todo el mundo.
Se trata de entender qué está necesitando esa persona en ese momento concreto de su enfermedad.


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