
El dolor de espalda puede ir desde una pequeña molestia hasta un dolor realmente incapacitante y es uno de esos problemas que la mayoría de nosotros experimentaremos en algún momento de nuestra vida.
Puede aparecer como consecuencia de una alteración estructural de la columna, como una escoliosis o una hiperlordosis, pero muchas veces detrás encontramos cosas muchísimo más cotidianas:
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Inactividad.
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Contracturas musculares.
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Malas posturas.
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Sobrecargas y esfuerzos.
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Artritis y artrosis.
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Calzado inadecuado.
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Embarazo.
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Sobrepeso.
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Estrés emocional.
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Un colchón inadecuado.
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Estreñimiento.
Y aquí está precisamente la primera cuestión importante:
si queremos solucionar un dolor de espalda, primero tenemos que intentar averiguar de dónde viene.
Porque no abordaremos igual una contractura muscular que una ciática, una escoliosis, una artrosis o un dolor provocado por pasar ocho horas sentado delante de un ordenador.
Los analgésicos y los AINEs, como el ibuprofeno, pueden resultar útiles para controlar el dolor y la inflamación, pero no están exentos de efectos secundarios, especialmente cuando se utilizan con frecuencia. Entre ellos encontramos problemas digestivos, riesgo de sangrado gastrointestinal, efectos renales y, dependiendo del medicamento y las circunstancias, otros efectos adversos.
Quitar el dolor puede ser necesario.
Pero después deberíamos preguntarnos por qué nos duele.
Alimentos que conviene reducir si tenemos dolor de espalda
Azúcar
Una alimentación muy rica en azúcares añadidos y productos ultraprocesados puede favorecer un entorno metabólico e inflamatorio poco interesante.
No necesitamos eliminar todos los hidratos de carbono.
Me interesa mucho más reducir:
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Refrescos.
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Bollería.
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Dulces.
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Galletas.
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Productos ultraprocesados.
Alcohol
El exceso de alcohol tampoco ayuda cuando estamos intentando controlar inflamación, recuperar tejidos y mantener una buena calidad del sueño.
Y dormir bien es muchísimo más importante para el dolor de lo que muchas veces pensamos.
Cafeína
No hace falta prohibir automáticamente el café.
En cantidades moderadas, la cafeína no provoca necesariamente deshidratación en una persona acostumbrada a consumirla.
Pero si tomamos demasiado café, dormimos peor, estamos continuamente acelerados o sustituimos el agua por café, sí merece la pena reducirlo y observar qué ocurre.
Grasas trans
Conviene reducir los alimentos que contienen grasas trans y productos ultraprocesados ricos en grasas de mala calidad.
Exceso de calorías
El exceso de peso puede aumentar considerablemente la carga que soportan:
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Columna.
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Caderas.
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Rodillas.
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Musculatura postural.
Cuando existe sobrepeso, mejorar la composición corporal puede formar parte del tratamiento del dolor de espalda.
Alimentos recomendados para el dolor de espalda
La alimentación no va a recolocarnos una vértebra ni corregir una contractura por sí sola.
Pero sí puede proporcionar al organismo los nutrientes necesarios para mantener músculos, huesos, articulaciones y tejidos conectivos.
Alimentos ricos en fibra
El estreñimiento puede aumentar la presión abdominal y empeorar determinados dolores lumbares.
Incluye:
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Verduras.
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Frutas.
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Legumbres.
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Semillas.
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Cereales integrales.
Una buena función intestinal también forma parte de nuestra salud musculoesquelética.
Agua
No necesitamos obligatoriamente beber ocho vasos porque lo diga una tabla.
Necesitamos estar correctamente hidratados.
La cantidad dependerá de:
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Temperatura.
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Actividad física.
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Alimentación.
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Tamaño corporal.
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Sudoración.
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Circunstancias individuales.
Alimentos ricos en potasio
El potasio participa en el funcionamiento normal de músculos y sistema nervioso.
Podemos encontrarlo en:
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Verduras de hoja verde.
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Aguacate.
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Plátano.
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Patata.
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Legumbres.
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Agua de coco.
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Lácteos fermentados.
Omega-3
Los pescados azules proporcionan EPA y DHA, ácidos grasos relacionados con la regulación de los procesos inflamatorios.
Podemos incluir:
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Sardinas.
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Caballa.
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Salmón.
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Arenque.
Las semillas de lino aportan ácido alfa-linolénico (ALA), otro ácido graso de la familia omega-3.
Proteínas
La musculatura es uno de nuestros principales sistemas de protección de la columna.
Por eso necesitamos suficiente proteína.
Podemos obtenerla de:
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Pescado.
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Huevos.
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Pollo.
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Pavo.
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Carnes.
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Legumbres.
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Lácteos.
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Otras fuentes vegetales correctamente combinadas.
Especialmente a medida que cumplimos años, mantener una buena masa muscular resulta fundamental para proteger nuestra espalda.
Remedios naturales para el dolor de espalda
Omega-3
El aceite de pescado aporta EPA y DHA y puede resultar interesante cuando queremos trabajar sobre un terreno inflamatorio.
No obstante, la necesidad de suplementarlo y la cantidad dependerán de nuestra alimentación, situación y del resto de productos o medicamentos que estemos utilizando.
Cúrcuma
La cúrcuma (Curcuma longa) es una de las plantas más conocidas dentro de los enfoques naturales destinados a controlar inflamación.
Uno de sus principales componentes estudiados son los curcuminoides, entre ellos la curcumina.
Un detalle interesante es su biodisponibilidad.
La curcumina se absorbe relativamente mal por vía oral y por eso encontramos preparados que utilizan diferentes sistemas para mejorar su absorción.
Uno de los más conocidos es combinarla con piperina, un componente de la pimienta negra que puede aumentar considerablemente su biodisponibilidad.
Enzimas proteolíticas
Dentro de las enzimas proteolíticas encontramos, entre otras:
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Bromelina, procedente fundamentalmente de la piña.
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Papaína, procedente de la papaya.
Estas enzimas se utilizan en suplementación nutricional dentro de diferentes estrategias relacionadas con inflamación, edema y recuperación de tejidos.
MSM
El MSM o metilsulfonilmetano es un compuesto que contiene azufre.
Se utiliza especialmente dentro de complementos destinados a:
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Articulaciones.
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Cartílago.
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Tejido conectivo.
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Molestias musculoesqueléticas.
Puede resultar interesante cuando el dolor de espalda forma parte de un problema articular o muscular más amplio.
Magnesio
Al magnesio se le llama muchas veces el mineral de la relajación.
Participa en el funcionamiento normal del sistema nervioso y de la musculatura y resulta especialmente interesante cuando existe:
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Tensión muscular.
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Contracturas.
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Calambres.
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Estrés.
No todos los dolores de espalda necesitan magnesio.
Pero una espalda que lleva todo el día literalmente encogida por tensión puede necesitar algo más que un antiinflamatorio.
Tratamientos naturales y manuales para el dolor de espalda
Aquí tenemos una parte importantísima.
Cuando el problema es fundamentalmente mecánico, hay que trabajar sobre la mecánica.
Un fisioterapeuta, osteópata u otro profesional adecuadamente formado puede ayudarnos a valorar:
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Postura.
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Movilidad.
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Tensión muscular.
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Compensaciones.
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Fuerza.
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Forma de caminar.
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Movilidad de cadera.
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Trabajo respiratorio.
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Hábitos laborales.
No me gusta demasiado la idea de que una espalda simplemente «se sale de su sitio» y alguien tiene que volver a colocarla.
El cuerpo es bastante más complejo.
Lo que sí ocurre es que una mala postura mantenida, una lesión, estrés, inmovilidad o determinados patrones de movimiento pueden generar compensaciones, restricciones de movilidad y sobrecarga muscular.
Y ahí el trabajo manual y el ejercicio correctamente elegido pueden cambiar muchísimo las cosas.
Aceites esenciales para el dolor de espalda
También podemos utilizar determinados aceites esenciales dentro de un masaje.
Hierbabuena
El aceite esencial de hierbabuena o menta produce una característica sensación refrescante gracias fundamentalmente a su contenido en mentol.
Puede resultar muy agradable sobre musculatura cargada.
Gaulteria
La gaulteria es uno de los aceites esenciales tradicionalmente utilizados para molestias musculares y articulares.
Es muy rica en salicilato de metilo, y precisamente por eso debemos utilizarla con bastante respeto.
Siempre bien diluida y evitando cantidades elevadas o aplicaciones extensas.
Especialmente tendremos precaución en personas que utilizan anticoagulantes o medicamentos relacionados con salicilatos y en aquellas situaciones en las que pueda existir alguna contraindicación.
Incienso y ciprés
Los aceites esenciales de incienso y ciprés también pueden incorporarse a aceites de masaje destinados a zonas musculares tensas.
Podemos utilizar aceite de coco, almendras u otro aceite vegetal como base y añadir una pequeña cantidad del aceite esencial elegido.
El estrés también se instala en la espalda
Hay personas a las que el estrés les da dolor de estómago.
A otras les provoca dolor de cabeza.
Y otras parecen llevar toda su vida cargada entre los hombros.
Apretamos la mandíbula.
Subimos los hombros.
Respiramos superficialmente.
Contraemos el abdomen.
Dormimos tensos.
Y después nos sorprende que nos duela la espalda.
Por eso, dependiendo de la causa, también pueden ayudar:
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Caminar.
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Estirar.
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Pilates.
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Yoga.
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Ejercicios de movilidad.
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Respiración diafragmática.
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Fortalecimiento muscular progresivo.
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Mejorar nuestra ergonomía.
El reposo absoluto durante largos periodos rara vez es la mejor solución para un dolor de espalda mecánico.
El cuerpo necesita movimiento.
No existe un único dolor de espalda
Ésta es probablemente la parte más importante.
Decir «me duele la espalda» nos proporciona muy poca información.
¿Dónde?
¿Lumbar?
¿Dorsal?
¿Cervical?
¿Aparece al levantarnos?
¿Después de estar sentados?
¿Al caminar?
¿Baja por una pierna?
¿Existe hormigueo?
¿Empezó después de coger peso?
¿Mejora cuando nos movemos?
¿Empeora durante la noche?
¿Coincidió con una caída?
¿Llevamos semanas estreñidos?
¿Estamos atravesando una época de muchísimo estrés?
Antes de intentar silenciar el dolor tenemos que escuchar qué nos está contando.
Porque una contractura, una mala postura, una escoliosis, una articulación degenerada y un nervio comprimido pueden producir dolor.
Pero no necesitan exactamente lo mismo.
Y ahí está la diferencia entre limitarse a quitar el síntoma y empezar a trabajar sobre la causa.


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