
La diarrea es la evacuación de heces anormalmente líquidas o semilíquidas, generalmente con un aumento de la frecuencia de las deposiciones y, en ocasiones, acompañada de molestias, urgencia intestinal o dolor abdominal.
En algunos casos constituye una respuesta del organismo frente a una infección o determinadas sustancias irritantes presentes en el aparato digestivo, acelerando el tránsito intestinal y favoreciendo su eliminación.
Pero no todas las diarreas tienen este origen.
Puede aparecer por muchas causas:
- infecciones por virus, bacterias o parásitos;
- intoxicaciones alimentarias;
- intolerancias o sensibilidades alimentarias;
- determinados medicamentos;
- consumo excesivo de alcohol;
- cafeína;
- alteraciones de la microbiota;
- estrés y emociones intensas;
- enfermedades inflamatorias intestinales, como la enfermedad de Crohn;
- síndrome de intestino irritable;
- problemas de absorción intestinal.
Los miedos, la ansiedad y las emociones fuertes también pueden provocar diarrea en algunas personas. Intestino y sistema nervioso mantienen una comunicación constante a través del eje intestino-cerebro, y hay personas cuyo aparato digestivo responde inmediatamente ante una situación emocional intensa.
Una diarrea aguda suele durar pocos días y muchas veces se resuelve espontáneamente.
La diarrea crónica o recurrente, sin embargo, es otra cuestión. Puede producir pérdida de líquidos, electrolitos y nutrientes y requiere investigar qué está ocurriendo.
También existe la llamada diarrea paradójica o por rebosamiento, que puede aparecer en personas con estreñimiento importante e impactación fecal: las heces líquidas consiguen pasar alrededor de la masa fecal retenida y puede parecer que la persona tiene diarrea cuando el problema de fondo es precisamente el contrario.
Lo más importante: evitar la deshidratación
Una de las principales complicaciones de una diarrea intensa es la deshidratación.
Con las deposiciones no perdemos únicamente agua. También perdemos electrolitos como sodio y potasio.
Por eso, cuando las pérdidas son importantes, beber solamente grandes cantidades de agua puede no ser suficiente. Puede ser necesario utilizar una solución de rehidratación oral, que aporta agua y electrolitos en unas proporciones adecuadas para favorecer su absorción intestinal.
Es especialmente importante vigilar la hidratación en niños, ancianos y personas vulnerables.
Alimentos que conviene evitar durante la diarrea
Mientras nuestro aparato digestivo está irritado podemos facilitarle el trabajo reduciendo temporalmente determinados alimentos.
Lácteos
Durante y después de algunas gastroenteritis puede aparecer una intolerancia transitoria a la lactosa, porque disminuye temporalmente la actividad de la lactasa en la mucosa intestinal.
Por eso algunas personas toleran peor la leche durante unos días.
Los alimentos fermentados como el yogur pueden tolerarse mejor en determinadas personas, aunque dependerá de cada caso.
Exceso de grasas
Las comidas muy grasas, fritos y salsas pesadas pueden resultar difíciles de digerir y empeorar las molestias digestivas.
Azúcar y productos muy azucarados
Conviene reducir especialmente los refrescos, zumos industriales, dulces y productos con grandes cantidades de azúcar.
Una concentración elevada de determinados azúcares en el intestino puede atraer agua hacia la luz intestinal y empeorar algunas diarreas.
Cafeína
La cafeína puede estimular el intestino y aumentar la urgencia o frecuencia de las deposiciones en algunas personas.
Alimentos que sospechemos que no toleramos
Si la diarrea aparece repetidamente después de consumir determinados alimentos, conviene investigar si existe una intolerancia, sensibilidad u otro problema digestivo.
Entre los alimentos que pueden provocar problemas en determinadas personas encontramos:
- gluten;
- lácteos;
- algunos frutos secos;
- mariscos;
- determinados carbohidratos fermentables.
Pero no debemos eliminar grupos enteros de alimentos indefinidamente sin saber cuál es realmente el problema.
Alimentos recomendados para la diarrea
Líquidos y electrolitos
La hidratación es prioritaria.
Podemos beber pequeñas cantidades de líquido de manera frecuente y, si las pérdidas son importantes, recurrir a soluciones de rehidratación oral.
Caldo casero
Un caldo casero puede resultar agradable, aportar líquido y sodio y facilitar la incorporación progresiva de alimentos cuando vuelve el apetito.
El caldo de huesos puede formar parte de esta alimentación si se tolera bien.
Alimentos sencillos y fáciles de digerir
Durante las primeras horas o días podemos elegir alimentos suaves según nuestra tolerancia:
- arroz;
- patata cocida;
- plátano;
- manzana cocida o en puré;
- zanahoria cocida;
- caldo;
- pan o tostadas si se toleran;
- proteínas sencillas a medida que recuperamos el apetito.
No es necesario mantener durante mucho tiempo una alimentación extremadamente restrictiva. Conforme mejora la diarrea podemos recuperar progresivamente nuestra alimentación habitual.
Manzana
La manzana, especialmente cocida o en puré, aporta pectina, un tipo de fibra soluble que puede ayudar a dar mayor consistencia a las heces.
Plátano
El plátano es fácil de incorporar a una alimentación suave y aporta, entre otros nutrientes, potasio, uno de los minerales que podemos perder con las deposiciones.
Remedios naturales para la diarrea
Dependiendo del origen de la diarrea podemos utilizar diferentes recursos para ayudar al intestino a recuperar su equilibrio.
Probióticos
Los probióticos pueden resultar interesantes para ayudar a recuperar el equilibrio de la microbiota intestinal, especialmente después de determinadas gastroenteritis o cuando la diarrea aparece asociada a cambios importantes en la flora intestinal.
No todos los probióticos son iguales. Sus propiedades dependen de las cepas utilizadas y del problema que queramos trabajar.
Enzimas digestivas
Las enzimas digestivas pueden utilizarse en determinadas personas cuando existen problemas digestivos o de absorción asociados.
No son necesarias para cualquier diarrea, pero pueden tener interés cuando el problema de fondo está relacionado con una digestión deficiente.
Carbón activado
El carbón activado tiene una enorme capacidad adsorbente y puede retener diferentes sustancias dentro del aparato digestivo.
No es un desparasitante ni debemos utilizarlo indiscriminadamente para cortar cualquier diarrea.
Además, puede reducir la absorción de medicamentos y otras sustancias, por lo que su utilización requiere especial cuidado.
Glutamina
La L-glutamina es un aminoácido utilizado por las células intestinales y resulta interesante dentro de estrategias destinadas al mantenimiento y recuperación de la mucosa intestinal, especialmente cuando existen problemas digestivos persistentes.
Aloe vera
El aloe vera se ha utilizado tradicionalmente para cuidar y calmar las mucosas digestivas.
Aquí es importante distinguir el gel interno correctamente preparado del látex amarillo situado bajo la corteza, rico en antraquinonas y con efecto laxante, que evidentemente no nos interesa cuando tenemos diarrea.
Semillas de lino y chía
Las semillas de lino y chía contienen fibra soluble y mucílagos capaces de absorber agua y formar geles.
Esto puede resultar interesante para ayudar a regular la consistencia de las heces y, al mismo tiempo, proporcionar un medio suave para la mucosa intestinal.
Sangre de Drago
La Sangre de Drago, obtenida principalmente de especies del género Croton, tiene una larga tradición de utilización en problemas digestivos.
Es rica en diferentes compuestos vegetales y se ha utilizado especialmente por sus propiedades astringentes y reparadoras de las mucosas, incluida su utilización tradicional en diarreas del viajero y determinados episodios intestinales agudos.
Remedios de la abuela para la diarrea
La fitoterapia tradicional dispone de numerosas plantas astringentes, digestivas, calmantes y antiespasmódicas que se han combinado de diferentes maneras según el tipo de diarrea.
Para una diarrea sin dolor, tradicionalmente se han utilizado combinaciones como:
- menta, hipérico, encina y tomillo;
- gordolobo, manzanilla, salvia y amapola;
- hipérico, menta, manzanilla y zarzamora.
Cuando la diarrea se acompaña además de cólicos intestinales, podemos encontrar combinaciones como:
- hipérico, salvia, menta, anís y comino;
- zarzamora, gordolobo, manzanilla y amapola.
Aquí vemos algo interesante de la medicina tradicional: no se elegían las plantas únicamente porque existiera «diarrea».
Se observaba cómo era esa diarrea y qué otros síntomas la acompañaban.
Aceite esencial de menta
La menta es una de las plantas digestivas más conocidas.
Su aceite esencial, rico en mentol, posee propiedades antiespasmódicas y puede ayudar a relajar la musculatura lisa intestinal y aliviar determinadas molestias digestivas.
Los aceites esenciales son sustancias muy concentradas, por lo que no deben utilizarse internamente como si fueran una simple infusión.
Trucos para la diarrea
Cuando no tenemos apetito no es necesario obligarnos a comer una comida abundante, pero tampoco necesitamos mantener de manera sistemática un ayuno de 24 horas.
Podemos ir introduciendo pequeñas cantidades de alimentos fáciles de digerir conforme los toleremos.
El puré de manzana suele ser una opción sencilla y agradable.
Las compresas calientes sobre el vientre y los baños calientes pueden ayudar a relajar la musculatura y aliviar los cólicos y las molestias abdominales.
Y, sobre todo, debemos escuchar al intestino.
Una diarrea ocasional después de una comida que nos ha sentado mal no es lo mismo que una diarrea que aparece cada semana, dura varios días o lleva meses repitiéndose.
En ese caso, más que seguir intentando cortarla, debemos preguntarnos por qué está ocurriendo.
¿Cuándo debemos prestar especial atención?
Una diarrea intensa o prolongada puede provocar una pérdida importante de líquidos y electrolitos.
Conviene valorar especialmente los episodios que se acompañan de sangre en las heces, fiebre elevada, dolor abdominal intenso, signos de deshidratación, vómitos que impiden beber, pérdida de peso o diarrea persistente.
También debemos ser especialmente cuidadosos cuando afecta a niños pequeños, personas mayores o personas con enfermedades crónicas.
La diarrea es un síntoma, no una enfermedad en sí misma. El objetivo no debería ser únicamente cortarla, sino entender su causa cuando su intensidad, duración o repetición nos indica que algo más está ocurriendo.


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