
El hipotiroidismo es una alteración de la función de la glándula tiroides en la que el organismo no dispone de suficiente actividad de las hormonas tiroideas.
Y aunque la tiroides es una glándula pequeña situada en la parte anterior del cuello, sus hormonas tienen efectos prácticamente por todo el organismo.
Intervienen en el metabolismo, la utilización de nutrientes, la temperatura corporal, el funcionamiento cardiovascular, el sistema nervioso, el aparato digestivo, la piel, el cabello y nuestros niveles de energía.
Por eso una tiroides que funciona por debajo de sus necesidades puede producir síntomas aparentemente muy diferentes entre sí.
¿Qué es el hipotiroidismo?
La tiroides es una de las grandes glándulas reguladoras del metabolismo.
Produce principalmente T4 o tiroxina y T3 o triyodotironina. La T4 constituye la mayor parte de la hormona liberada por la tiroides y posteriormente puede transformarse en T3, una forma mucho más activa, en diferentes tejidos.
Las hormonas tiroideas intervienen en la forma en que nuestras células utilizan la energía.
Por eso, cuando existe hipotiroidismo, podemos tener la sensación de que todo el organismo funciona más despacio.
También existe una estrecha relación entre función tiroidea y metabolismo de los lípidos. El hipotiroidismo puede acompañarse de alteraciones del colesterol y los triglicéridos.
Y su relación con el sistema nervioso explica por qué también pueden aparecer cambios en el estado de ánimo, memoria, concentración o sueño.
Síntomas del hipotiroidismo
Para estudiar la función tiroidea se utilizan análisis de sangre en los que se valoran fundamentalmente la TSH y la T4 libre, junto con otras determinaciones cuando son necesarias.
En el hipotiroidismo primario es habitual encontrar una TSH elevada acompañada de una T4 libre disminuida.
Cuando la TSH está elevada pero la T4 libre permanece dentro de rango, hablamos generalmente de hipotiroidismo subclínico.
No todas las personas con hipotiroidismo presentan exactamente los mismos síntomas.
Entre los más frecuentes podemos encontrar:
- Fatiga.
- Falta de energía.
- Aumento de peso o dificultad para perderlo.
- Sensación de frío.
- Estreñimiento.
- Cambios de apetito.
- Alteraciones del sueño.
- Depresión.
- Ansiedad.
- Cambios del estado de ánimo.
- Problemas de concentración.
- Rigidez o molestias articulares.
- Alteraciones cardiovasculares.
- Problemas digestivos.
- Alteraciones de la fertilidad.
- Cabello seco, débil o con tendencia a caerse.
- Piel seca.
- Uñas frágiles.
Precisamente porque muchos de estos síntomas pueden aparecer también por otras causas, el análisis hormonal resulta fundamental para saber qué está ocurriendo.
Causas del hipotiroidismo
No existe una única causa.
Detrás de una función tiroidea baja podemos encontrar desde un proceso autoinmune hasta alteraciones nutricionales, tratamientos médicos, problemas hipofisarios o cambios relacionados con el embarazo.
1. Tiroiditis de Hashimoto
En los países donde existe un aporte suficiente de yodo, una de las causas más frecuentes de hipotiroidismo es la tiroiditis de Hashimoto.
Se trata de un proceso autoinmune en el que aparecen anticuerpos dirigidos contra componentes de la propia glándula tiroides.
Con el tiempo, la inflamación y el proceso inmunitario pueden ir deteriorando su capacidad funcional.
Aquí ya no estamos hablando únicamente de una glándula que trabaja poco.
También tenemos que observar qué está ocurriendo en el terreno inmunitario.
2. Yodo y selenio
La tiroides necesita determinados nutrientes para fabricar y utilizar correctamente sus hormonas.
Entre ellos destacan especialmente yodo y selenio.
El yodo forma parte estructural de T4 y T3.
El selenio, por su parte, participa en las enzimas desyodasas responsables, entre otras funciones, de transformar T4 en T3 y también forma parte de importantes sistemas antioxidantes de la propia glándula.
Pero con el yodo hay que tener cuidado.
Más yodo no significa necesariamente una tiroides mejor, especialmente cuando existe Hashimoto u otra enfermedad tiroidea.
3. Intestino permeable y autoinmunidad
La salud intestinal ocupa un lugar importante dentro de la visión integral de las enfermedades autoinmunes.
Una barrera intestinal alterada puede acompañarse de:
-
Cambios en la microbiota.
-
Sensibilidades alimentarias.
-
Inflamación.
-
Alteraciones en la absorción de nutrientes.
-
Modificaciones en la regulación inmunitaria.
Estrés, alimentación, determinados medicamentos, infecciones y desequilibrios de la microbiota pueden influir sobre este terreno.
Por eso, especialmente cuando existe Hashimoto, resulta interesante observar también qué está ocurriendo en el aparato digestivo.
4. Embarazo y posparto
Los grandes cambios inmunitarios y hormonales relacionados con el embarazo pueden afectar a la tiroides.
Una situación característica es la tiroiditis posparto, que aparece durante el primer año después del parto.
Puede comenzar con una fase de mayor liberación de hormonas tiroideas y posteriormente pasar a una fase hipotiroidea.
En algunas mujeres la función tiroidea termina normalizándose y en otras el hipotiroidismo puede persistir.
5. Estrés
El estrés mantenido afecta a numerosos sistemas hormonales.
Cortisol, adrenalina, sueño, glucosa, sistema inmunitario y función tiroidea no trabajan de forma independiente.
Cuando una persona vive permanentemente bajo estrés, duerme mal y se encuentra agotada, merece la pena observar el conjunto y no solamente una cifra aislada de una analítica.
6. Sedentarismo
El movimiento y el ejercicio ayudan a mantener:
-
Masa muscular.
-
Sensibilidad a la insulina.
-
Salud cardiovascular.
-
Peso corporal.
-
Calidad del sueño.
-
Respuesta al estrés.
No constituyen por sí solos un tratamiento del hipotiroidismo, pero sí forman parte del cuidado metabólico general de una persona cuya actividad tiroidea está disminuida.
7. Alteraciones de hipófisis o hipotálamo
La hipófisis produce TSH, la hormona que estimula la glándula tiroides.
Por eso una alteración hipofisaria o hipotalámica también puede provocar hipotiroidismo, aunque estos casos son mucho menos frecuentes que el hipotiroidismo primario.
8. Hipotiroidismo congénito
Algunos bebés nacen con una glándula tiroides ausente, mal desarrollada o incapaz de producir adecuadamente hormonas tiroideas.
Es el llamado hipotiroidismo congénito.
Precisamente por la importancia de las hormonas tiroideas durante el desarrollo, se realiza cribado neonatal para detectarlo cuanto antes.
Alimentación e hipotiroidismo
El tratamiento médico del hipotiroidismo, cuando es necesario, utiliza hormona tiroidea para proporcionar al organismo aquello que la glándula no está produciendo en cantidad suficiente.
Pero eso no significa que alimentación, nutrientes, intestino, estrés y estilo de vida hayan dejado de existir.
Podemos trabajar paralelamente sobre el terreno metabólico y nutricional de la persona.
Alimentos que conviene controlar en el hipotiroidismo
Goitrógenos
Los goitrógenos son sustancias presentes de manera natural en determinados alimentos capaces de interferir con algunos aspectos de la utilización del yodo por la tiroides.
Los encontramos, entre otros, en:
-
Soja.
-
Brócoli.
-
Coliflor.
-
Repollo.
-
Col rizada.
-
Coles de Bruselas.
Esto no significa que una persona con hipotiroidismo tenga que declarar la guerra al brócoli.
La cocción reduce parte de la actividad de estos compuestos y el problema adquiere mayor importancia cuando existe un consumo muy elevado, especialmente acompañado de un aporte insuficiente de yodo.
La soja, además, merece especial atención si se utiliza medicación tiroidea porque puede interferir con su absorción cuando se consume demasiado cerca de la toma.
Agua del grifo
El agua puede contener diferentes minerales y sustancias según su procedencia y tratamiento.
Dentro de un abordaje naturopático de la función tiroidea se presta especial atención a la exposición a halógenos como flúor y cloro por su relación química con el yodo.
La calidad del agua que bebemos forma parte, por tanto, de la valoración global.
Gluten
La relación entre enfermedad celíaca y enfermedad tiroidea autoinmune resulta especialmente interesante.
Cuando existe Hashimoto acompañado de síntomas digestivos, anemia, déficits nutricionales u otros signos compatibles, merece la pena valorar la posible existencia de enfermedad celíaca o sensibilidad al gluten.
Lácteos
Algunas personas con problemas digestivos o autoinmunes observan que determinados lácteos empeoran sus síntomas.
En estos casos podemos valorar individualmente su tolerancia y observar qué ocurre al retirarlos y reintroducirlos.
Azúcar
El exceso de azúcar favorece oscilaciones de glucosa e insulina y dificulta todavía más el control metabólico en una persona que ya presenta un metabolismo ralentizado.
Reducir azúcar, refrescos, dulces y ultraprocesados suele ser una de las medidas más sencillas.
Harinas refinadas
Pan blanco, bollería, cereales azucarados y otros productos elaborados con harinas refinadas proporcionan hidratos de carbono de rápida absorción y pocos micronutrientes.
Podemos sustituir parte de ellos por alimentos más completos como:
- Verduras.
- Legumbres.
- Quinoa.
- Trigo sarraceno.
- Otros cereales integrales cuando se toleren.
Alimentos recomendados para el hipotiroidismo
Pescado azul
Sardinas, caballa, boquerones y salmón proporcionan EPA y DHA, además de proteínas y diferentes micronutrientes.
Los omega 3 resultan interesantes para el sistema nervioso, las membranas celulares y la regulación de los procesos inflamatorios.
Aceite de coco
El aceite de coco proporciona principalmente grasas saturadas, entre ellas ácido láurico, además de una proporción variable de otros ácidos grasos.
Tradicionalmente se ha utilizado dentro de dietas destinadas a mejorar la sensación de energía y como alimento de fácil utilización culinaria.
Algas
Las algas son una de las fuentes naturales más concentradas de yodo.
Precisamente por eso hay que utilizarlas con cabeza.
Nori y dulse pueden incorporarse en cantidades moderadas, teniendo en cuenta que el contenido de yodo cambia enormemente de unas especies a otras.
En una persona con Hashimoto, utilizar grandes cantidades de algas o suplementos de yodo sin conocer su situación puede ser contraproducente.
Alimentos fermentados
Kéfir, kimchi, kombucha, chucrut y otras verduras fermentadas pueden formar parte de una alimentación destinada a cuidar la microbiota intestinal.
Y cuando hablamos de autoinmunidad, la relación entre intestino y sistema inmunitario merece siempre nuestra atención.
Semillas
Lino, cáñamo y chía proporcionan fibra, minerales y ácido alfa-linolénico (ALA), un ácido graso omega 3 vegetal.
Agua
Una hidratación adecuada ayuda especialmente cuando existen:
-
Estreñimiento.
-
Cansancio.
-
Sequedad.
-
Dificultades digestivas.
No necesitamos obligarnos a beber un vaso cada dos horas si no tenemos sed, pero sí evitar pasar el día prácticamente sin beber.
Fibra
El estreñimiento es muy frecuente cuando el metabolismo se ralentiza.
Verduras, frutas, legumbres y semillas pueden ayudarnos a alcanzar una cantidad adecuada de fibra y favorecer además nuestra microbiota intestinal.
Como orientación general podemos movernos alrededor de 25-30 gramos diarios, adaptándolo a cada persona y aumentando progresivamente si la dieta era anteriormente pobre en fibra.
Caldo de huesos
El caldo de huesos proporciona aminoácidos como glicina y prolina, además de diferentes minerales cuya cantidad dependerá de su preparación.
Tradicionalmente se utiliza como alimento nutritivo y digestivo dentro de estrategias destinadas a cuidar la mucosa intestinal.
Frutas y verduras
Aportan vitaminas, minerales, fibra y una enorme variedad de compuestos antioxidantes.
Una alimentación destinada a mejorar el terreno metabólico e inflamatorio debería tener una buena presencia de alimentos vegetales variados.
Remedios naturales para el hipotiroidismo
Ashwagandha
La ashwagandha (Withania somnifera) es una de las grandes plantas adaptógenas del Ayurveda.
Se utiliza tradicionalmente para mejorar la respuesta al estrés, la vitalidad y la capacidad de adaptación del organismo.
Además, se ha estudiado específicamente su relación con parámetros tiroideos, lo que la convierte en una planta especialmente interesante dentro de determinados terrenos de hipofunción tiroidea.
No todas las personas con alteraciones tiroideas necesitan estimular de la misma manera su función, por lo que su utilización debe individualizarse.
Yodo
El yodo es imprescindible para fabricar hormonas tiroideas.
Sin yodo no podemos producir correctamente T4 y T3.
Pero este es uno de esos nutrientes en los que más no significa mejor.
Siempre he considerado especialmente importante no utilizar alegremente suplementos de yodo cuando existe tiroiditis de Hashimoto.
Si queremos aumentar su presencia, podemos valorar primero las fuentes alimentarias y la situación concreta de la persona.
Las algas secas son extraordinariamente variables en su concentración de yodo, por lo que tampoco debemos tratarlas como si todas aportaran exactamente lo mismo.
Selenio
La tiroides posee una elevada concentración de selenio.
Este mineral participa en enzimas necesarias para el metabolismo de las hormonas tiroideas, incluidas las desyodasas que intervienen en la conversión de T4 en T3.
También forma parte de sistemas antioxidantes que ayudan a proteger el tejido tiroideo.
Por esta razón resulta especialmente interesante cuando estudiamos el terreno nutricional de una persona con problemas de tiroides.
L-tirosina
La L-tirosina es un aminoácido utilizado en la síntesis de las hormonas tiroideas.
Las moléculas de T4 y T3 se forman a partir de residuos de tirosina a los que se incorporan átomos de yodo.
La tirosina participa además en la síntesis de neurotransmisores como dopamina, noradrenalina y adrenalina, lo que explica también su interés en estados de cansancio y falta de concentración.
Aceite de pescado
El aceite de pescado proporciona EPA y DHA.
Estos ácidos grasos participan en la salud cerebral, las membranas celulares y la regulación de diferentes procesos inflamatorios.
Pueden resultar especialmente interesantes cuando el hipotiroidismo aparece acompañado de alteraciones metabólicas, inflamatorias o del estado de ánimo.
Vitaminas del grupo B
Las vitaminas B participan en el metabolismo energético y en el funcionamiento del sistema nervioso.
La vitamina B12 resulta especialmente importante para las células nerviosas, la formación sanguínea y diferentes procesos metabólicos.
También merece atención la vitamina B1 o tiamina, especialmente cuando existe una fatiga intensa.
En personas con Hashimoto pueden coexistir además diferentes problemas de absorción o enfermedades autoinmunes que favorezcan determinadas deficiencias nutricionales.
Probióticos
Los probióticos y alimentos fermentados pueden utilizarse dentro de una estrategia destinada a cuidar la microbiota y la barrera intestinal.
Su interés es especialmente evidente cuando junto al problema tiroideo encontramos:
-
Hinchazón.
-
Alteraciones del tránsito.
-
Sensibilidades alimentarias.
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Digestiones problemáticas.
-
Otros signos de desequilibrio intestinal.
Aceites esenciales para el hipotiroidismo
Dentro de la aromaterapia podemos utilizar diferentes aceites esenciales como complemento del cuidado general.
Una combinación tradicional consiste en utilizar melisa y mirra, correctamente diluidas en un aceite vegetal, mediante masaje suave en la zona del cuello, muñecas o pies.
Para las molestias musculares o articulares podemos preparar un baño aromático utilizando aceites como:
-
Geranio.
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Clavo.
-
Mirra.
-
Melisa.
Para el cansancio podemos recurrir a aromas más estimulantes como:
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Menta.
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Limón.
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Pomelo.
Y cuando predominan ansiedad, irritabilidad o dificultad para relajarse podemos utilizar:
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Manzanilla.
-
Incienso.
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Lavanda.
Pueden utilizarse mediante difusión ambiental, baño o aplicación tópica correctamente diluidos.
Mirar más allá de la TSH
Cuando existe hipotiroidismo, evidentemente necesitamos saber qué está ocurriendo con las hormonas tiroideas.
Pero una persona es bastante más que su TSH.
También podemos encontrarnos con problemas de hierro, vitamina D, vitamina B12, selenio, digestión, microbiota, estrés, sueño, metabolismo de la glucosa o autoinmunidad.
Y dos personas con exactamente el mismo diagnóstico pueden presentar síntomas y necesidades completamente diferentes.
Por eso, además de proporcionar al organismo la hormona tiroidea cuando la necesita, resulta interesante preguntarnos qué terreno acompaña a ese hipotiroidismo y qué podemos hacer para que el resto del organismo funcione lo mejor posible.
Este artículo tiene carácter informativo y educativo. El hipotiroidismo necesita seguimiento de la función tiroidea y, cuando está indicada, la hormona tiroidea no debe suspenderse ni modificarse por cuenta propia. Los suplementos de yodo requieren especial prudencia en las enfermedades tiroideas autoinmunes.


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