
El autismo o trastorno del espectro autista (TEA) es una condición del neurodesarrollo cuyas características pueden comenzar a manifestarse durante la primera infancia, aunque en algunas personas el diagnóstico llega mucho más tarde.
Puede afectar de maneras muy diferentes a la comunicación, la interacción social, el procesamiento sensorial, el comportamiento y la forma de relacionarse con el entorno.
Y precisamente hablamos de espectro porque no existe una única manera de ser autista. Hay personas completamente autónomas y otras que necesitan un apoyo considerable durante toda su vida.
¿Qué es el autismo?
No existe una única causa del autismo.
Sabemos que existe un importante componente genético, pero también se investigan numerosos factores relacionados con el embarazo, el desarrollo neurológico, determinadas exposiciones ambientales, algunos medicamentos utilizados durante la gestación, alteraciones metabólicas y otros factores que pueden interactuar con una predisposición individual.
Desde un punto de vista naturopático también resulta interesante estudiar el terreno particular de cada persona:
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Estado nutricional.
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Alimentación.
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Salud intestinal.
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Permeabilidad intestinal.
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Inflamación.
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Alergias y sensibilidades alimentarias.
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Exposición a determinadas sustancias ambientales.
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Alteraciones metabólicas.
No existe un remedio natural que haga «desaparecer» el autismo, pero sí podemos trabajar sobre alimentación, intestino, deficiencias nutricionales, sueño y otros problemas asociados para intentar mejorar el bienestar y determinados síntomas de esa persona.
Alimentos que podemos valorar en el autismo
Gluten
Algunas familias observan cambios digestivos o de comportamiento relacionados con el consumo de gluten.
Cuando existe sospecha de sensibilidad podemos valorar individualmente la tolerancia a alimentos como:
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Pan.
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Pasta.
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Bollería.
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Cereales con gluten.
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Otros productos elaborados con trigo.
No se trata de retirar alimentos indiscriminadamente, sino de comprobar si existe realmente una relación.
Leche de vaca
Otro de los alimentos estudiados tradicionalmente en las dietas utilizadas en autismo es la leche de vaca.
Dentro de este planteamiento se ha prestado especial atención a la caseína y, más recientemente, a los diferentes tipos de beta-caseína, entre ellos A1 y A2.
Cuando observamos problemas digestivos asociados a determinados lácteos podemos valorar su retirada temporal y observar qué ocurre.
Si eliminamos durante mucho tiempo un grupo completo de alimentos de la dieta de un niño, debemos asegurarnos de sustituir correctamente los nutrientes que proporcionaba.
Podemos obtener calcio mediante otros alimentos como verduras de hoja verde, frutos secos, semillas y otras fuentes adaptadas a su alimentación.
Algunas personas toleran además mejor productos de cabra o determinados fermentados como el kéfir.
Azúcar
Una alimentación excesivamente rica en azúcar puede provocar importantes fluctuaciones de glucosa.
Por eso conviene reducir:
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Dulces.
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Bollería.
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Refrescos.
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Zumos industriales.
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Postres azucarados.
Especialmente cuando observamos cambios importantes de energía o comportamiento después de consumirlos.
Colorantes y conservantes
Algunos niños son especialmente sensibles a determinados aditivos alimentarios.
Cuanto más sencilla sea la alimentación y más alimentos preparemos en casa, menos exposición tendremos a:
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Colorantes.
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Conservantes.
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Aromas artificiales.
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Edulcorantes.
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Otros aditivos.
Soja
La soja es uno de los alimentos que podemos valorar cuando sospechamos una sensibilidad alimentaria.
Además contiene fitatos, compuestos capaces de unirse a determinados minerales y modificar parcialmente su absorción.
No significa que la soja produzca autismo ni que todas las personas autistas tengan que eliminarla, sino que puede formar parte de una investigación dietética individual cuando existen problemas digestivos o sensibilidades.
Alimentos recomendados
Alimentos poco procesados y sin aditivos
Ésta probablemente sea una de las modificaciones más sencillas.
Podemos basar la alimentación en:
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Verduras.
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Frutas.
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Pescado.
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Huevos.
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Carnes de calidad.
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Semillas.
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Frutos secos cuando sean adecuados.
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Alimentos preparados en casa.
De esta manera reducimos simultáneamente azúcar, colorantes, conservantes y numerosos aditivos.
Caldo de huesos
El caldo de huesos casero aporta aminoácidos, minerales y diferentes componentes procedentes del tejido conjuntivo.
Tradicionalmente lo utilizamos dentro de estrategias nutricionales destinadas a cuidar la mucosa intestinal y proporcionar nutrientes de una forma sencilla de digerir.
Aves y triptófano
Las aves de corral proporcionan triptófano, aminoácido esencial que nuestro organismo utiliza en la ruta de producción de serotonina.
La serotonina participa en numerosas funciones relacionadas con:
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Estado de ánimo.
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Sueño.
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Conducta.
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Aparato digestivo.
Siempre que sea posible podemos elegir carnes de buena calidad.
Alimentos fermentados
Cuando son bien tolerados podemos introducir alimentos fermentados como:
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Kéfir.
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Chucrut.
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Kimchi.
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Otros vegetales fermentados.
Estos alimentos proporcionan microorganismos y productos derivados de la fermentación que resultan interesantes cuando estamos trabajando sobre la microbiota intestinal.
Pescado
El pescado azul proporciona EPA y DHA, ácidos grasos omega-3 especialmente importantes para las membranas celulares y el sistema nervioso.
Podemos incluir pescado varias veces por semana y variar las especies que utilizamos:
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Sardina.
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Caballa.
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Salmón.
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Boquerón.
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Otros pescados azules.
Remedios naturales de apoyo en el autismo
Aceite de pescado
El EPA y DHA presentes en el aceite de pescado son componentes importantes del sistema nervioso.
Por eso los omega-3 forman parte de las estrategias nutricionales que podemos valorar cuando estudiamos la alimentación de una persona con autismo.
Enzimas digestivas
Los problemas digestivos son frecuentes en algunas personas autistas.
Cuando encontramos:
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Digestiones pesadas.
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Hinchazón.
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Alteraciones intestinales.
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Mala digestión de determinados alimentos.
podemos estudiar la función digestiva y valorar si tiene sentido utilizar enzimas digestivas como parte del trabajo intestinal.
Vitamina D3
La vitamina D participa en numerosos procesos del organismo y también tiene funciones relacionadas con el sistema nervioso y el sistema inmunitario.
Antes de suplementarla me parece mucho más interesante saber cómo están realmente sus niveles.
Probióticos
El eje intestino-cerebro es una de las áreas que más interés ha despertado durante los últimos años.
No todas las personas autistas tienen alteraciones intestinales, pero cuando aparecen estreñimiento, diarrea, hinchazón, dolor abdominal, intolerancias o una microbiota muy alterada, el intestino merece nuestra atención.
Los probióticos pueden formar parte del trabajo destinado a recuperar el equilibrio intestinal.
L-carnitina
La L-carnitina participa fundamentalmente en el transporte de ácidos grasos hacia las mitocondrias para que puedan utilizarse en la producción de energía.
Su relación con metabolismo energético, función mitocondrial y sistema nervioso ha hecho que también se haya estudiado en personas con autismo.
Glutatión
El glutatión es uno de los principales sistemas antioxidantes de nuestras células.
Participa además en diferentes procesos relacionados con el equilibrio oxidativo y las rutas de detoxificación.
Por eso resulta un compuesto especialmente interesante cuando estamos estudiando:
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Estrés oxidativo.
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Estado nutricional.
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Exposición ambiental.
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Capacidad antioxidante.
Podemos trabajar tanto sobre el propio glutatión como sobre los nutrientes necesarios para que el organismo pueda sintetizarlo correctamente.
Suramina y autismo: una línea de investigación curiosa
La suramina merece un apartado propio porque lleva años apareciendo en diferentes líneas experimentales relacionadas con el autismo.
Es un medicamento antiguo que se ha investigado por su acción sobre la señalización purinérgica, especialmente sobre receptores P2X y P2Y, y por su posible relación con mecanismos mitocondriales y neuroinflamatorios.
Se han realizado pequeños ensayos clínicos en niños con autismo.
Los resultados obtenidos hasta ahora son interesantes pero todavía preliminares, y no estamos hablando de un tratamiento natural ni de un medicamento establecido para tratar el autismo.
Aun así, es una línea de investigación que merece la pena conocer porque intenta abordar mecanismos metabólicos y celulares diferentes a los tratamientos utilizados habitualmente.
Aceites esenciales
Los aceites esenciales pueden utilizarse para crear determinados ambientes sensoriales, siempre teniendo en cuenta que las personas autistas pueden presentar una sensibilidad extraordinariamente alta a los olores.
Vetiver
El aceite esencial de vetiver se utiliza tradicionalmente para favorecer concentración, calma y arraigo.
Lavanda
La lavanda puede resultar interesante cuando buscamos crear un ambiente relajante, especialmente al final del día.
Incienso
El aceite esencial de incienso se utiliza tradicionalmente en ambientes destinados a favorecer calma, concentración y bienestar emocional.
En una persona con hipersensibilidad olfativa, sin embargo, un aroma que a nosotros nos parece maravilloso puede resultar insoportable.
Aquí manda la persona, no el aceite esencial.
Intestino y autismo
Una de las áreas que más me interesa observar es la digestiva.
No porque todos los problemas del autismo procedan del intestino, sino porque una persona autista puede tener además:
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Estreñimiento.
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Diarrea.
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Dolor abdominal.
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Hinchazón.
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Alteraciones de la microbiota.
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Sensibilidades alimentarias.
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Dietas extremadamente selectivas.
Y un niño con dolor abdominal que no consigue explicar qué le ocurre puede manifestarlo mediante irritabilidad, problemas de sueño o cambios de conducta.
Por eso merece la pena preguntarnos siempre si detrás de un cambio aparentemente «conductual» existe también algún problema físico que esa persona no está pudiendo comunicar.
Metales pesados
La exposición a metales pesados puede investigarse cuando existen antecedentes o motivos concretos para sospecharla.
Pero debemos diferenciar dos cosas completamente distintas:
investigar y tratar una intoxicación real por metales pesados y utilizar una quelación de manera genérica simplemente porque una persona tenga autismo.
La quelación es un procedimiento médico que moviliza metales y puede producir alteraciones importantes de minerales y electrolitos.
Si existe una intoxicación demostrada, estaremos trabajando sobre esa intoxicación.
No sobre «el autismo» en abstracto.
Oxígeno hiperbárico
La terapia de oxígeno hiperbárico también se ha investigado en autismo.
Consiste en respirar oxígeno dentro de una cámara sometida a una presión superior a la atmosférica.
Se ha estudiado especialmente por su posible relación con oxigenación tisular, inflamación y otros mecanismos fisiológicos, aunque actualmente no constituye un tratamiento establecido para el autismo.
Zinc, glutatión y L-glutamina
Otros nutrientes y compuestos que podemos estudiar dentro de un planteamiento individual son:
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Zinc, especialmente cuando existen deficiencias nutricionales.
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Glutatión, relacionado con los sistemas antioxidantes.
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L-glutamina, aminoácido especialmente relacionado con el metabolismo intestinal.
Lo importante es no convertir el diagnóstico de autismo en una lista automática de suplementos.
Dos niños con el mismo diagnóstico pueden tener alimentaciones, digestiones, deficiencias, sensibilidades y necesidades completamente diferentes.
Ahí es precisamente donde tiene sentido estudiar a la persona que tenemos delante y no solamente el nombre de su diagnóstico.


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