
Los angiomas cereza son uno de los tipos más frecuentes de lesiones vasculares benignas que aparecen en la piel de los adultos.
También pueden conocerse como:
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Angiomas seniles.
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Angiomas capilares.
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Hemangiomas cereza.
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Puntos rubí.
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Manchas de Campbell.
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Lunares rojos.
Son esas pequeñas lesiones redondas u ovaladas, de color rojo brillante o rojo oscuro, que muchas personas empiezan a descubrir en el tronco a partir de cierta edad.
En la mayoría de los casos son benignas, indoloras y no provocan problemas de salud.
¿Qué es un angioma cereza?
Un angioma cereza es una pequeña proliferación de vasos sanguíneos superficiales, principalmente capilares, que forma una lesión rojiza visible sobre la piel.
Pueden ser:
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Muy pequeños, casi como la cabeza de un alfiler.
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Algo más grandes.
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Planos.
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Ligeramente elevados.
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Rojo brillante.
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Rojo oscuro.
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Violáceos.
Con el paso de los años algunos pueden hacerse algo más prominentes o adquirir un color más oscuro.
Suelen aparecer con mayor frecuencia en:
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Abdomen.
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Tronco.
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Pecho.
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Espalda.
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Brazos.
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Cuello.
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Cara.
-
Cuero cabelludo.
A medida que envejecemos es bastante habitual que aparezcan nuevos angiomas.
¿Son peligrosos?
Normalmente no.
Los angiomas cereza son lesiones vasculares benignas y en la mayoría de las personas únicamente representan una cuestión estética.
Pueden, sin embargo, sangrar si:
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Los rascamos.
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Los enganchamos con la ropa.
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Los cortamos al afeitarnos.
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Reciben un golpe.
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Se irritan repetidamente.
Si un angioma comienza a sangrar con frecuencia, cambia mucho de aspecto o simplemente tenemos dudas sobre si realmente se trata de un angioma cereza, conviene que lo valore un profesional.
¿Cómo reconocer un angioma cereza?
Algunas características frecuentes son:
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Color rojo brillante o rojo oscuro.
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Forma redonda u ovalada.
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Tamaño pequeño.
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Superficie lisa.
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Puede ser plano o ligeramente elevado.
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Generalmente no duele.
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Suele mantenerse bastante estable.
Con la edad pueden aparecer más.
Un angioma cereza puede oscurecerse con el tiempo, pero si observamos cambios importantes de:
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Tamaño.
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Forma.
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Color.
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Textura.
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Bordes.
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Zona de piel que lo rodea.
es conveniente comprobar que realmente estamos ante una lesión vascular benigna y no ante otra alteración de la piel.
¿Por qué aparecen los angiomas cereza?
La causa exacta no siempre está clara.
Sabemos que se producen por una proliferación de pequeños vasos sanguíneos en la piel y que su aparición aumenta considerablemente con la edad.
La predisposición individual y familiar parece tener importancia.
También se han observado con mayor frecuencia durante determinadas etapas de cambios hormonales, incluido el embarazo.
Desde la medicina natural también se ha prestado tradicionalmente atención al terreno metabólico, hormonal y hepático de las personas que desarrollan numerosos angiomas en poco tiempo.
Esto no significa que un angioma cereza sea automáticamente un signo de enfermedad hepática o de un problema hormonal.
Pero cuando aparecen muchos cambios cutáneos nuevos al mismo tiempo, me interesa observar a la persona de forma global:
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Alimentación.
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Estrés oxidativo.
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Salud metabólica.
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Exposición ambiental.
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Cambios hormonales.
-
Función hepática cuando existen otros signos que lo justifiquen.
La piel forma parte del organismo y muchas veces sus cambios pueden acompañar etapas de transformación metabólica u hormonal.
Edad y angiomas cereza
Lo habitual es empezar a observarlos a partir de los 30 o 40 años, aunque pueden aparecer antes.
Con los años tienden a aumentar tanto en número como en tamaño.
Esto explica por qué muchas personas empiezan encontrando uno o dos pequeños puntos rojos en el abdomen y, años después, descubren otros en el pecho, espalda, brazos o cara.
Por eso el término antiguo “angioma senil” no significa necesariamente que solo aparezca en personas ancianas.
Angiomas cereza y arañas vasculares no son exactamente lo mismo
Aunque ambas son alteraciones vasculares visibles sobre la piel, no son idénticas.
El angioma cereza suele ser una lesión redonda y bien delimitada.
Las arañas vasculares, en cambio, aparecen como pequeños vasos dilatados que se ramifican desde un punto central.
Ambas pueden aumentar con la edad, pero tienen una estructura diferente.
¿Es necesario eliminar un angioma cereza?
No necesariamente.
Si sabemos que se trata de un angioma cereza y no produce ninguna molestia, podemos perfectamente dejarlo como está.
Muchas personas deciden eliminarlos por motivos estéticos o porque se encuentran en zonas donde se rozan continuamente y sangran.
Entre las técnicas utilizadas para eliminarlos encontramos:
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Electrocirugía.
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Electrocoagulación.
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Láser.
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Crioterapia.
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Escisión en determinados casos.
La técnica elegida dependerá del tamaño, número y localización de las lesiones.
Cuidados naturales para la piel con angiomas cereza
La medicina natural dispone de diferentes recursos destinados al cuidado general de la piel, aunque debemos diferenciar muy bien entre cuidar la piel y eliminar físicamente un angioma ya formado.
Una lesión vascular establecida no desaparece necesariamente porque apliquemos una planta, un aceite esencial o vinagre.
Pero sí podemos cuidar la piel, evitar irritaciones y mantener en buenas condiciones la zona que rodea a los angiomas.
1. Aceites esenciales para el cuidado de la piel
Uno de los aceites esenciales más utilizados tradicionalmente en el cuidado cutáneo es el aceite esencial de árbol del té.
También encontramos con frecuencia:
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Lavanda.
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Manzanilla.
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Naranja.
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Pelargonio.
Estos aceites se utilizan por sus propiedades aromáticas y por su interés tradicional en el cuidado de la piel.
Sin embargo, los aceites esenciales nunca deben utilizarse puros directamente sobre un angioma.
Pueden producir irritación, dermatitis o sensibilización.
Preparación para uso externo
Podemos utilizar como base:
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30 ml de aceite vegetal, por ejemplo aceite de coco fraccionado, jojoba o almendras.
Y añadir una cantidad pequeña de aceites esenciales, manteniendo una dilución suave.
Por ejemplo:
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2 gotas de lavanda.
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1 gota de árbol del té.
Aplicamos alrededor de la zona sobre piel intacta, evitando los angiomas que estén:
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Irritados.
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Sangrando.
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Lesionados.
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Recién tratados.
Aquí buscamos cuidar la piel, no cauterizar ni quemar el angioma.
2. Reducir la exposición innecesaria a determinadas sustancias químicas
En medicina ambiental y naturopatía se presta especial atención a la exposición acumulada a determinadas sustancias presentes en:
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Productos industriales.
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Pesticidas.
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Limpiadores.
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Cosméticos.
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Plásticos.
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Aditivos.
En antiguos textos naturales se relacionó particularmente la exposición a compuestos bromados con diferentes alteraciones endocrinas y cutáneas.
Actualmente no podemos afirmar que el bromuro sea una causa habitual de los angiomas cereza.
Pero reducir una exposición innecesaria a productos irritantes o químicos agresivos sigue siendo una medida razonable dentro del cuidado general de la piel y del entorno.
Podemos hacerlo mediante medidas tan sencillas como:
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Ventilar adecuadamente la casa.
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Utilizar guantes con productos de limpieza agresivos.
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No abusar de cosméticos irritantes.
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Elegir productos de cuidado personal sencillos cuando nuestra piel es reactiva.
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Lavar frutas y verduras correctamente.
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Priorizar una alimentación basada mayoritariamente en alimentos poco procesados.
3. Vinagre de sidra de manzana
El vinagre de sidra de manzana aparece con mucha frecuencia en antiguos remedios caseros para lunares, verrugas y pequeñas alteraciones de la piel.
Contiene ácido acético y precisamente por esa acidez puede modificar la superficie cutánea.
Pero esa misma propiedad puede causar:
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Irritación.
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Enrojecimiento.
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Quemaduras químicas.
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Dermatitis.
Por tanto, no utilizaría vinagre puro durante largos periodos ni intentaría “quemar” un angioma con él.
Si alguien desea utilizarlo como parte de un cuidado cosmético tradicional, debe hacerse muy diluido, sobre piel intacta y suspendiéndolo inmediatamente ante cualquier irritación.
Nunca sobre lesiones que sangran.
4. Cuidar el hígado y el metabolismo
Dentro de mi enfoque naturopático, cuando una persona comienza a observar numerosos cambios en la piel también me interesa revisar el terreno general.
Especialmente:
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Alimentación.
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Salud digestiva.
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Consumo de alcohol.
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Tabaco.
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Estrés.
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Sueño.
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Actividad física.
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Metabolismo.
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Salud hepática cuando existan indicios que lo justifiquen.
El hígado participa en una enorme cantidad de procesos metabólicos y en el procesamiento de numerosas sustancias.
Por eso, aunque un angioma cereza no sea por sí mismo una señal de enfermedad hepática, cuidar el terreno metabólico y hepático forma parte de una estrategia general de salud.
Alimentación para cuidar la piel y los vasos sanguíneos
Me interesa especialmente una alimentación rica en:
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Verduras.
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Frutas.
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Frutos rojos.
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Verduras de hoja verde.
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Legumbres.
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Frutos secos.
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Semillas.
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Aceite de oliva virgen extra.
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Pescado cuando forme parte de nuestra alimentación.
Los alimentos vegetales aportan diferentes sustancias antioxidantes, flavonoides, carotenoides y vitamina C que participan en el mantenimiento normal del tejido conjuntivo y de los vasos sanguíneos.
También podemos incorporar regularmente alimentos como:
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Arándanos.
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Moras.
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Frambuesas.
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Cítricos.
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Perejil.
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Pimiento.
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Brócoli.
Protección frente al sol
Una exposición excesiva al sol puede producir numerosos cambios en la piel.
Aunque no podemos decir que el sol sea la causa directa de todos los angiomas cereza, proteger nuestra piel de exposiciones intensas y quemaduras solares sigue siendo fundamental.
Especialmente cuando ya existen muchos cambios pigmentarios o vasculares.
Cambios hormonales
Algunas personas observan la aparición de más angiomas durante etapas de cambios hormonales.
Esto puede ocurrir, por ejemplo, durante el embarazo.
Pero la presencia de angiomas no justifica por sí sola suspender anticonceptivos, terapia hormonal o ningún medicamento.
Si existe una sospecha real de que un tratamiento puede estar relacionado con un cambio cutáneo, debe valorarse dentro del contexto completo de la persona.
¿Cuándo conviene revisar un “lunar rojo”?
Aunque la mayoría de los angiomas cereza son perfectamente benignos, conviene revisar cualquier lesión que:
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Crezca rápidamente.
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Sangre sin motivo aparente.
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Cambie mucho de color.
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Tenga bordes extraños.
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Se ulcere.
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Produzca dolor.
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Sea muy diferente de las demás.
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Aparezca acompañada de otros cambios importantes en la piel.
Especialmente porque no todo lo rojo que aparece en la piel es necesariamente un angioma cereza.
Los angiomas cereza forman parte de los cambios habituales de la piel
Encontrar pequeños puntos rojos al mirarnos el abdomen o el pecho no significa automáticamente que exista ningún problema importante.
Los angiomas cereza son extraordinariamente frecuentes y aumentan con la edad.
Podemos trabajar sobre el cuidado general de nuestra piel, alimentación, metabolismo, exposición ambiental y hábitos de vida, pero no necesitamos obsesionarnos con eliminar cada pequeño angioma.
Si nos molestan por estética o porque sangran al rozarlos, existen procedimientos sencillos para eliminarlos.
Y si decidimos dejarlos, en la mayoría de los casos podemos simplemente observarlos.
Lo importante es conocer nuestra piel y saber diferenciar un angioma que lleva años igual de una lesión nueva que está cambiando rápidamente.
Este artículo tiene una finalidad educativa e informativa. Los cuidados naturales aquí descritos están orientados al mantenimiento de la piel y no sustituyen la valoración de una lesión cutánea cuyo aspecto sea dudoso o cambie de manera significativa.


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