Akkermansia Muciniphila: Qué Es y Para Qué Sirve

Akkermansia muciniphila es una bacteria que vive de forma natural en nuestro intestino y que en los últimos años se ha convertido en una de las grandes protagonistas de la investigación sobre microbiota intestinal, permeabilidad intestinal, obesidad y metabolismo.

Cuando comencé a investigar sobre ella, Akkermansia era todavía una gran desconocida y buena parte de los trabajos disponibles se habían realizado en animales.

Hoy la situación es bastante diferente.

Se la considera una de las bacterias intestinales más interesantes dentro de los llamados probióticos de nueva generación y ya disponemos de estudios realizados en humanos que investigan sus posibles aplicaciones sobre la sensibilidad a la insulina, el metabolismo y el control del peso.

Y tiene una característica especialmente curiosa: vive en la capa de moco que protege nuestro intestino y se alimenta precisamente de mucina.

Propiedades de Akkermansia muciniphila

Akkermansia muciniphila forma parte de la microbiota asociada a la mucosa intestinal y posee enzimas capaces de degradar las mucinas que constituyen una parte importante de esa capa de moco.

A primera vista podría parecer contradictorio.

Si utiliza mucina como alimento, ¿no debería adelgazar nuestra barrera intestinal?

Precisamente aquí comienza lo interesante.

La relación entre Akkermansia y nuestro moco intestinal parece ser mucho más dinámica. Al utilizar mucina estimula un proceso continuo de utilización y renovación de esta capa y produce diferentes metabolitos que interactúan tanto con nuestras células intestinales como con otras bacterias de la microbiota.

Entre ellos encontramos ácidos grasos de cadena corta, principalmente acetato y propionato.

Además, los productos derivados de la degradación de la mucina pueden ser aprovechados por otras bacterias intestinales, creando una relación de alimentación cruzada entre diferentes microorganismos.

Por tanto, Akkermansia no debe entenderse simplemente como una bacteria que “se come el moco”, sino como parte de un auténtico ecosistema intestinal en el que microorganismos, mucosa y células intestinales se comunican constantemente.

Akkermansia y barrera intestinal

Una de las razones por las que Akkermansia ha despertado tanto interés es su relación con la integridad de la barrera intestinal.

La capa de moco constituye nuestra primera línea de separación entre el contenido del intestino y las células de la mucosa.

Debajo de ella encontramos las células epiteliales, unidas entre sí mediante diferentes estructuras, entre ellas las conocidas uniones estrechas o tight junctions.

Cuando esta barrera pierde integridad aumenta la posibilidad de que diferentes sustancias procedentes del intestino atraviesen con mayor facilidad hacia el medio interno.

Akkermansia se ha relacionado con el mantenimiento de la capa mucosa y con proteínas implicadas en estas uniones celulares.

Una de las moléculas que más se ha estudiado es Amuc_1100, una proteína localizada en la membrana externa de Akkermansia que parece participar en la comunicación entre esta bacteria y nuestras células intestinales.

Y esto nos lleva a una de las características más sorprendentes de Akkermansia: algunas de sus propiedades pueden mantenerse incluso cuando la bacteria ya no está viva.

Akkermansia viva y Akkermansia pasteurizada

Normalmente pensamos que un probiótico tiene que llegar vivo al intestino para ejercer sus funciones.

Con Akkermansia la historia resulta bastante más interesante.

Se ha observado que la Akkermansia muciniphila pasteurizada, es decir, sometida a un tratamiento térmico controlado, conserva determinadas estructuras bacterianas capaces de interactuar con nuestro organismo.

En algunos estudios, incluso ha mostrado efectos metabólicos particularmente interesantes.

Esto ha abierto un campo completamente nuevo: además de los probióticos tradicionales, empezamos a estudiar microorganismos inactivados y componentes bacterianos capaces de producir respuestas fisiológicas.

Akkermansia, inflamación e intestino permeable

Akkermansia se ha relacionado especialmente con el mantenimiento de una mucosa intestinal saludable y con la regulación de diferentes procesos inflamatorios.

En numerosas investigaciones se han encontrado concentraciones menores de esta bacteria asociadas a diferentes alteraciones metabólicas e intestinales.

Entre ellas encontramos:

  • Obesidad.

  • Diabetes tipo 2.

  • Alteraciones metabólicas.

  • Determinadas enfermedades inflamatorias intestinales.

  • Alteraciones de la permeabilidad intestinal.

También se han observado cambios de Akkermansia en diferentes enfermedades inmunológicas y situaciones inflamatorias.

Esto llevó inicialmente a considerar que una abundancia elevada de Akkermansia podía utilizarse prácticamente como marcador de una microbiota saludable.

Hoy sabemos que la situación es algo más compleja.

La microbiota funciona como un ecosistema y más cantidad de una bacteria no significa necesariamente mejor en cualquier circunstancia.

Akkermansia necesita convivir con una mucosa adecuadamente nutrida y con el resto de la microbiota intestinal. En determinados contextos de alimentación muy pobre en fibra o de ecosistemas intestinales profundamente alterados, una degradación excesiva de mucina podría comportarse de manera diferente.

Por eso, como ocurre tantas veces en el organismo, lo importante no es acumular una bacteria concreta, sino mantener un ecosistema equilibrado.

Beneficios de Akkermansia muciniphila

Barrera y pared intestinal

Una de sus aplicaciones más interesantes continúa siendo la barrera intestinal.

Akkermansia interactúa directamente con la capa mucosa y puede favorecer diferentes mecanismos relacionados con su renovación y con la integridad de las células intestinales.

También se ha relacionado con una menor llegada al organismo de determinadas sustancias bacterianas, como los lipopolisacáridos o LPS.

Los LPS proceden principalmente de la membrana de determinadas bacterias intestinales.

Cuando la barrera intestinal está alterada pueden atravesarla con mayor facilidad y llegar a la circulación, favoreciendo una respuesta inflamatoria.

Por ello la relación entre Akkermansia, mucosa, permeabilidad intestinal y LPS resulta especialmente interesante para comprender por qué esta pequeña bacteria puede terminar teniendo efectos mucho más allá del propio intestino.

Akkermansia, peso y metabolismo

La relación entre Akkermansia y la obesidad fue precisamente una de las razones por las que esta bacteria comenzó a hacerse famosa.

Se había observado que las personas con obesidad presentaban frecuentemente una menor abundancia de Akkermansia y que aquellos individuos que tenían concentraciones mayores mostraban determinados perfiles metabólicos más favorables.

Un estudio publicado en 2015 sobre adultos con sobrepeso y obesidad observó que las personas que partían de niveles más elevados de Akkermansia respondían mejor a una intervención dietética, incluyendo mejoras relacionadas con la distribución de la grasa corporal.

Pero aquello era solamente el principio.

Posteriormente se comenzó a administrar Akkermansia directamente a personas.

En un ensayo realizado con voluntarios con sobrepeso u obesidad y resistencia a la insulina se utilizaron Akkermansia viva y Akkermansia pasteurizada durante tres meses.

La forma pasteurizada produjo mejoras interesantes en diferentes parámetros metabólicos, entre ellos la sensibilidad a la insulina.

Y la investigación ha continuado avanzando.

En 2026 se ha publicado un ensayo controlado en personas con sobrepeso y obesidad que habían realizado previamente una dieta para perder peso. Durante los meses posteriores, quienes recibieron Akkermansia muciniphila pasteurizada recuperaron menos peso que quienes recibieron placebo.

Es especialmente interesante porque hemos pasado de observar simplemente que las personas metabólicamente más sanas tenían más Akkermansia a empezar a estudiar qué ocurre cuando intervenimos directamente sobre ella.

Akkermansia y sensibilidad a la insulina

Otro de los grandes campos de investigación de Akkermansia es el metabolismo de la glucosa.

La relación tiene bastante lógica si observamos el conjunto.

Una barrera intestinal alterada puede facilitar el paso de LPS y otras sustancias hacia la circulación. Esto puede favorecer un estado inflamatorio que, a su vez, está relacionado con alteraciones de la señalización de la insulina.

Akkermansia también produce metabolitos e interactúa con receptores y señales intestinales relacionados con el metabolismo.

Se han estudiado, entre otros mecanismos, su influencia sobre:

  • Sensibilidad a la insulina.

  • Metabolismo de la glucosa.

  • Inflamación metabólica.

  • Integridad de la barrera intestinal.

  • Producción de ácidos grasos de cadena corta.

  • Hormonas intestinales como GLP-1.

Por eso actualmente Akkermansia despierta especial interés en el estudio de obesidad, resistencia a la insulina, síndrome metabólico y diabetes tipo 2.

Akkermansia y grasa parda: el fascinante experimento del frío

Esta fue una de las investigaciones que más me llamó la atención cuando descubrí Akkermansia.

Cuando hablamos de grasa corporal pensamos habitualmente en la grasa blanca, que es la que almacena buena parte del exceso de energía.

Pero nuestro organismo dispone también de tejido adiposo marrón o grasa parda.

Los bebés tienen cantidades importantes porque necesitan producir calor para mantener su temperatura corporal.

Durante mucho tiempo se creyó que esta grasa prácticamente desaparecía durante la infancia. Posteriormente se descubrió que los adultos conservamos depósitos de tejido adiposo marrón metabólicamente activo.

Y esto cambió por completo el interés por esta grasa.

La grasa blanca está especializada fundamentalmente en almacenar energía.

La grasa parda puede hacer prácticamente lo contrario: utilizar energía para producir calor mediante termogénesis.

A partir de ahí surgió una pregunta inevitable:

¿Podemos favorecer que parte del tejido adiposo adquiera características metabólicas similares a la grasa parda?

Y aquí aparecieron el frío, la microbiota y Akkermansia.

¿Qué hicieron con los ratones?

Los investigadores colocaron un grupo de ratones en cámaras climáticas y fueron exponiéndolos progresivamente a temperaturas más bajas.

Otro grupo permaneció a temperatura ambiente y sirvió como control.

Al principio, los animales expuestos al frío perdieron peso.

Pero después ocurrió algo sorprendente: se adaptaron.

Su organismo comenzó a compensar el mayor gasto energético producido por la necesidad de generar calor.

Y una de las adaptaciones apareció precisamente en el intestino.

Las vellosidades intestinales aumentaron y el intestino adquirió una mayor capacidad para absorber nutrientes.

Es decir, el organismo respondió al frío aumentando el gasto energético, pero simultáneamente desarrolló mecanismos que le permitían extraer más energía de la alimentación.

Y mientras todo esto ocurría, también estaba cambiando su microbiota intestinal.

El trasplante de microbiota

Los investigadores hicieron entonces algo todavía más interesante.

Trasplantaron la microbiota de los ratones adaptados al frío a otros animales que nunca habían estado expuestos a esas bajas temperaturas.

Y los receptores comenzaron a desarrollar algunas de las mismas adaptaciones metabólicas.

Aumentó la actividad del tejido adiposo marrón, mejoró la sensibilidad a la insulina y aparecieron cambios relacionados con el metabolismo energético.

Incluso mostraron una mayor capacidad para mantener la temperatura corporal.

Es decir, una parte de la adaptación al frío podía transmitirse mediante la microbiota intestinal.

Aquello me pareció fascinante cuando leí por primera vez el experimento y sigue pareciéndomelo.

Porque significa que el intestino no se limita a responder pasivamente a nuestra alimentación. La microbiota también cambia en respuesta al entorno en el que vivimos, y esos cambios pueden participar posteriormente en la adaptación metabólica del organismo.

Frío, microbiota y termorregulación

Este experimento abre además una cuestión muy interesante sobre nuestra forma de vida moderna.

Vivimos gran parte del año en ambientes térmicamente controlados: calefacción durante el invierno, aire acondicionado durante el verano y ropa que reduce enormemente nuestra exposición natural a los cambios de temperatura.

La antigua naturopatía ya advertía sobre el exceso de abrigo y la utilización constante de calefacciones.

Hoy sabemos que la exposición al frío puede activar mecanismos de termogénesis, tejido adiposo marrón, metabolismo energético y adaptación de la microbiota.

Esto no significa que tengamos que pasar frío deliberadamente, pero sí nos recuerda algo que cada vez aparece con más frecuencia cuando estudiamos fisiología: nuestro organismo fue diseñado para adaptarse a cambios ambientales, no para permanecer continuamente a una temperatura idéntica.

Y una vez más encontramos al intestino participando en un proceso que aparentemente no tenía nada que ver con él.

Akkermansia y el sistema inmunitario

La relación entre Akkermansia y la inmunidad resulta especialmente interesante porque la mucosa intestinal constituye una de las principales superficies de contacto entre nuestro organismo y el exterior.

La microbiota intestinal participa continuamente en la educación y regulación del sistema inmunitario.

Akkermansia puede interactuar con las células intestinales mediante sus metabolitos y mediante diferentes componentes de su membrana.

Estas señales pueden influir en:

  • La producción de moco.

  • La integridad de las uniones intestinales.

  • Diferentes mediadores inflamatorios.

  • La actividad de determinadas células inmunitarias.

  • La relación entre microbiota y mucosa.

Esto ayuda a comprender por qué sus posibles aplicaciones se están estudiando mucho más allá de la obesidad.

¿Para qué se está utilizando Akkermansia muciniphila?

El campo de investigación ha crecido enormemente desde los primeros estudios.

Actualmente Akkermansia despierta interés especialmente en relación con:

  • Permeabilidad y barrera intestinal.

  • Sobrepeso y obesidad.

  • Resistencia a la insulina.

  • Diabetes tipo 2.

  • Síndrome metabólico.

  • Alteraciones de la microbiota intestinal.

  • Procesos inflamatorios.

  • Regulación inmunitaria.

  • Metabolismo de las grasas.

  • Salud cardiovascular.

  • Hígado graso metabólico.

  • Determinadas enfermedades crónicas y degenerativas.

También se está investigando su relación con enfermedades inflamatorias intestinales, envejecimiento e incluso la respuesta a determinados tratamientos oncológicos.

Esto no significa que Akkermansia sea “la bacteria que lo cura todo”.

Lo interesante es precisamente comprender por qué una bacteria situada en nuestra capa mucosa puede relacionarse con procesos aparentemente tan diferentes.

La respuesta parece encontrarse en la posición estratégica que ocupa: justo en la frontera entre microbiota, mucosa intestinal, metabolismo y sistema inmunitario.

¿Podemos aumentar Akkermansia mediante la alimentación?

Esta es probablemente una de las preguntas más interesantes desde el punto de vista de la salud intestinal.

Akkermansia vive de la mucina, pero su abundancia también está influida por el conjunto de nuestra alimentación y de nuestra microbiota.

Se ha estudiado especialmente la relación con dietas ricas en:

  • Fibra.

  • Polifenoles.

  • Frutas.

  • Verduras.

  • Alimentos vegetales variados.

  • Determinados prebióticos.

Los polifenoles resultan particularmente interesantes porque diferentes alimentos ricos en estos compuestos se han relacionado con cambios favorables en Akkermansia.

Esto vuelve a mostrarnos que alimentar la microbiota no consiste simplemente en tomar una cápsula llena de bacterias.

En muchas ocasiones debemos preguntarnos primero qué ecosistema intestinal estamos creando mediante nuestra alimentación.

Podemos introducir una bacteria, pero si el medio intestinal no favorece su mantenimiento y su relación con el resto de la microbiota, estaremos contemplando únicamente una pequeña parte del problema.

Akkermansia como probiótico de nueva generación

Durante años Akkermansia resultó complicada de utilizar como probiótico convencional porque es una bacteria anaerobia, muy sensible al oxígeno y con unas necesidades de cultivo particulares.

El desarrollo de nuevas técnicas permitió comenzar a producirla y estudiar su administración en humanos.

Y posteriormente apareció una sorpresa todavía mayor: la forma pasteurizada también podía mantener efectos biológicos interesantes.

Esto explica que actualmente podamos encontrar complementos basados en Akkermansia y que probablemente veamos muchos más durante los próximos años.

Pero esta bacteria representa algo más interesante que un nuevo probiótico de moda.

Nos está ayudando a comprender que el efecto de la microbiota no depende únicamente de qué bacterias tenemos.

Importa dónde viven, de qué se alimentan, qué sustancias producen, con qué otros microorganismos se relacionan y qué señales intercambian con nuestras propias células.

Akkermansia muciniphila vive precisamente en una de las fronteras más importantes de nuestro organismo: la capa de moco que separa el contenido intestinal de nuestras células.

Quizá por eso una bacteria diminuta está proporcionando tanta información sobre algo muchísimo mayor: la relación entre intestino, metabolismo, inmunidad y el resto del organismo.

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1 comentarios

Por Kassandra 01/09/2022 17:44:33

Hola, buenas tardes. Que probioticos tengo que ingerir, para que, mi intestino "fabrique" la akkermansia muciniphila?. En el mercado, hay muchos pero, me interesa la mejor fórmula. Muchas gracias.