Para qué sirven los factores de transferencia

Los factores de transferencia son pequeñas fracciones de origen inmunológico que llevan décadas despertando interés por su capacidad para transmitir determinadas señales relacionadas con la inmunidad celular.

Su historia es bastante curiosa y empieza mucho antes de que aparecieran los actuales complementos elaborados a partir de calostro o yema de huevo.

En 1949, el inmunólogo estadounidense H. Sherwood Lawrence, mientras investigaba la tuberculosis, observó que podía transferir determinadas características de una respuesta inmunitaria celular desde una persona sensibilizada a otra mediante extractos obtenidos de leucocitos.

A aquellas sustancias las denominó transfer factors o factores de transferencia.

Y comenzó así una línea de investigación que intentaba responder a una pregunta fascinante: ¿puede una parte de la información adquirida por un sistema inmunitario transmitirse a otro?

Una especie de biblioteca inmunológica

Siempre me ha gustado explicar los factores de transferencia mediante la imagen de una biblioteca de información inmunológica.

Nuestro sistema inmunitario no se limita a tener «soldados». Para responder correctamente necesita reconocer señales, distinguir lo propio de lo extraño, activar determinadas células, frenar otras respuestas y conservar memoria de encuentros anteriores.

Los factores de transferencia se relacionaron precisamente con la posibilidad de transmitir parte de esa información funcional de la inmunidad celular.

Pero información inmunológica no significa información genética.

Los factores de transferencia no transfieren el ADN de la madre ni la experiencia genética acumulada durante generaciones. Hablamos de pequeñas moléculas y péptidos capaces de participar en la comunicación inmunitaria.

Esta diferencia es importante porque la metáfora de la biblioteca sigue siendo estupenda: simplemente no debemos confundir el mensaje con los genes.

Del sistema inmunitario materno al recién nacido

La naturaleza tiene sus propias maneras de proporcionar protección durante las primeras etapas de la vida.

El calostro, la primera secreción de la glándula mamaria después del parto, contiene una extraordinaria mezcla de inmunoglobulinas, lactoferrina, leucocitos, citocinas, factores de crecimiento, oligosacáridos y numerosas moléculas bioactivas.

Todo ello ayuda al recién nacido durante ese periodo en el que su sistema inmunitario todavía está madurando.

En las aves encontramos otro sistema completamente diferente: el huevo proporciona al embrión nutrientes y componentes inmunitarios procedentes de la madre, especialmente anticuerpos maternos.

De estas fuentes, principalmente calostro bovino y yema de huevo, proceden diferentes preparados comercializados actualmente como factores de transferencia.

¿Qué hacen los factores de transferencia?

Tradicionalmente se les atribuyen tres grandes tipos de actividad.

La primera está relacionada con el reconocimiento: facilitar información que ayude al sistema inmunitario a identificar determinadas señales.

La segunda se relaciona con la respuesta inmunitaria, especialmente con mecanismos de inmunidad celular.

Y la tercera tiene que ver con la regulación o modulación de esa respuesta.

Esto último es particularmente interesante.

Un sistema inmunitario sano no es simplemente un sistema inmunitario «muy fuerte».

Tiene que saber cuándo responder, contra qué hacerlo, con qué intensidad y cuándo detenerse.

Una respuesta insuficiente puede dificultar nuestra defensa frente a determinados microorganismos, mientras que una respuesta excesiva o mal dirigida participa en alergias, inflamación y enfermedades autoinmunes.

Por eso prefiero hablar de inmunomodulación antes que limitar los factores de transferencia a la típica expresión de «subir las defensas».

La metáfora de los soldados

Podemos imaginar nuestro sistema inmunitario como un ejército.

Muchos nutrientes utilizados para mantener las defensas proporcionan a esos soldados los materiales que necesitan: vitaminas, minerales, aminoácidos y otras sustancias necesarias para que puedan funcionar correctamente.

Los factores de transferencia se plantearon desde otra perspectiva.

En lugar de proporcionar únicamente recursos, actuarían como una especie de mensajería entre células, transmitiendo señales relacionadas con reconocimiento y respuesta.

No son literalmente documentos secretos que indiquen al sistema inmunitario cómo destruir cada virus, bacteria, hongo o parásito, pero la comparación ayuda a comprender por qué estas pequeñas moléculas despertaron tanto interés.

La inmunidad es, en buena medida, un gigantesco sistema de comunicación celular.

Factores de transferencia e infecciones

Precisamente por su origen histórico, una de las primeras áreas estudiadas fue la respuesta frente a agentes infecciosos.

Después de los trabajos iniciales relacionados con tuberculosis se investigaron en diferentes contextos relacionados con virus, bacterias, hongos y otros microorganismos.

El interés se centró especialmente en la inmunidad mediada por células T, que desempeña un papel fundamental frente a determinados patógenos.

Ésta continúa siendo una de las claves para comprender el concepto original de factor de transferencia.

Alergias y enfermedades autoinmunes

Otro campo que despertó mucho interés fue la regulación de respuestas inmunitarias alteradas.

En una alergia, el sistema inmunitario responde de manera exagerada frente a sustancias que normalmente serían inocuas.

En las enfermedades autoinmunes ocurre algo diferente: se pierde tolerancia frente a determinados componentes propios y aparecen respuestas dirigidas contra nuestros propios tejidos.

De ahí surgió el interés por estudiar los factores de transferencia no solamente como estimuladores, sino como posibles moduladores de la respuesta inmunitaria.

Se han investigado en diferentes contextos relacionados con alergias y enfermedades autoinmunes, entre ellas artritis y lupus, así como en otras alteraciones inmunitarias.

Esto es bastante diferente de decir simplemente que «suben las defensas».

Y para mí es una diferencia importante, porque en inmunología más actividad no siempre significa mejor funcionamiento.

Factores de transferencia y cáncer

Los factores de transferencia también han formado parte de investigaciones relacionadas con inmunología tumoral.

Nuestro sistema inmunitario participa continuamente en el reconocimiento de células alteradas, y precisamente la comunicación entre células inmunitarias constituye una de las áreas fundamentales de la investigación oncológica moderna.

A lo largo de los años se han estudiado factores de transferencia en diferentes contextos relacionados con cáncer y respuesta inmunitaria.

También aparecen en la literatura histórica y comercial asociados a la capacidad del organismo para reconocer y eliminar células anómalas.

No debemos interpretar esto como que un complemento de factores de transferencia «elimina tumores o tejidos cancerosos». El interés se encuentra en otro lugar: la interacción entre estas moléculas, la inmunidad celular y los mecanismos de vigilancia inmunológica.

Otros usos estudiados

Con el tiempo los factores de transferencia han sido utilizados o investigados en contextos muy diferentes.

Encontramos referencias relacionadas con:

  • alergias;

  • enfermedades autoinmunes;

  • infecciones recurrentes;

  • psoriasis;

  • artritis;

  • lupus;

  • fibromialgia;

  • síndrome de fatiga crónica;

  • alteraciones de la piel;

  • acné;

  • diabetes;

  • resfriados;

  • y diferentes situaciones caracterizadas por alteraciones de la respuesta inmunitaria.

También aparecen asociados históricamente a salud cardiovascular, metabolismo, equilibrio hormonal, sistema musculoesquelético y control del peso.

Pero aquí conviene distinguir entre una sustancia que ha sido utilizada o investigada en un determinado contexto y afirmar que sirve para tratar todas esas enfermedades.

El verdadero hilo conductor de los factores de transferencia no son esas patologías entre sí.

Es el sistema inmunitario.

¿Son lo mismo que el calostro?

No exactamente.

El calostro es una sustancia biológica extraordinariamente compleja que contiene inmunoglobulinas, proteínas, péptidos, lactoferrina, citocinas, factores de crecimiento, nutrientes y muchos otros componentes.

Los preparados comercializados como factores de transferencia intentan aislar o concentrar determinadas fracciones de bajo peso molecular relacionadas con la comunicación inmunitaria.

Por tanto, tomar calostro y tomar un preparado de factores de transferencia no son necesariamente la misma cosa.

También existen productos obtenidos a partir de yema de huevo, lo que añade otra fuente de componentes inmunitarios procedentes del animal.

Y aquí la calidad del producto, su procedencia y el método utilizado para obtener esas fracciones adquieren bastante importancia.

¿Pueden tomarlos las personas alérgicas a la leche o al huevo?

Aquí no me gusta utilizar afirmaciones absolutas.

Un factor de transferencia suficientemente purificado no equivale a beber leche ni a comer huevo, porque las alergias alimentarias están provocadas principalmente por determinadas proteínas alergénicas.

Sin embargo, si el producto procede de leche o huevo, debemos comprobar su composición, proceso de purificación y advertencias del fabricante.

No podemos asegurar de forma general que cualquier preparado procedente de esas materias primas sea incapaz de provocar una reacción en cualquier persona alérgica.

Factores de transferencia en niños y personas mayores

El interés por estas dos etapas de la vida tiene bastante lógica.

Durante los primeros años el sistema inmunitario está en pleno proceso de maduración y aprendizaje, mientras que con el envejecimiento aparecen cambios progresivos en la competencia inmunitaria, fenómeno conocido como inmunosenescencia.

Por eso niños y personas mayores aparecen con frecuencia entre los grupos en los que se ha planteado el interés de diferentes sustancias relacionadas con el mantenimiento inmunitario.

Sin embargo, que una sustancia tenga origen natural o proceda del calostro no significa automáticamente que cualquier producto sea apropiado para cualquier bebé o niño. Hay que valorar la formulación concreta y la situación individual.

Embarazo y lactancia

El embarazo constituye un estado inmunológico muy particular.

El sistema inmunitario materno realiza ajustes extraordinariamente complejos para mantener la defensa de la madre y, al mismo tiempo, permitir el desarrollo del embarazo.

Por eso no me parece adecuado aplicar aquí la idea simplificada de «estimular las defensas».

Los antiguos materiales sobre factores de transferencia llegaron a recomendar su utilización a partir de determinados momentos concretos del embarazo. Sin embargo, no existe una semana universal a partir de la cual podamos considerar automáticamente adecuado cualquier preparado.

Durante embarazo y lactancia debe valorarse específicamente qué producto se pretende utilizar, de dónde procede y cuál es su composición.

Contraindicaciones y precauciones

Los factores de transferencia suelen presentarse como sustancias muy seguras, pero tampoco utilizaría la expresión «absolutamente inocuos a cualquier dosis».

En biología prácticamente ningún producto necesita ese tipo de afirmaciones.

Las precauciones dependen en gran medida de la materia prima, el grado de purificación, los demás ingredientes de la fórmula y la persona que va a utilizarla.

Hay que prestar especial atención cuando existen alergias importantes a leche o huevo y el producto procede de alguna de estas fuentes.

También merece una valoración individual su utilización durante embarazo, lactancia, infancia, en personas trasplantadas, cuando existe una enfermedad inmunitaria compleja o cuando se están utilizando medicamentos destinados precisamente a modificar la respuesta inmunológica.

Entonces, ¿para qué sirven los factores de transferencia?

Lo que me parece realmente interesante de los factores de transferencia no es presentarlos como una sustancia que sirve para una lista interminable de enfermedades.

Su interés está en otro concepto mucho más amplio: la información inmunológica.

El descubrimiento de Lawrence puso sobre la mesa hace décadas la posibilidad de transmitir determinados aspectos de una respuesta inmunitaria celular mediante pequeñas fracciones procedentes de leucocitos.

Posteriormente, el término se extendió a preparados obtenidos de otras fuentes, especialmente calostro y yema de huevo.

Y detrás de todo ello queda una idea fascinante que hoy entendemos cada vez mejor:

nuestro sistema inmunitario no funciona solamente mediante células que atacan y sustancias que destruyen.

Funciona también mediante mensajes.

Y los factores de transferencia nacieron precisamente del estudio de esos mensajes.

Este artículo tiene finalidad educativa e informativa y no constituye una pauta individual de suplementación ni sustituye el tratamiento de una enfermedad inmunitaria.

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