
La lactoferrina, también conocida como lactotransferrina o Lf, es una glicoproteína natural capaz de unirse al hierro que encontramos tanto en la leche como en numerosas secreciones del organismo.
Es especialmente abundante en el calostro, la primera leche que recibe el recién nacido, y forma parte de ese complejo sistema de protección que actúa durante las primeras etapas de la vida, cuando el sistema inmunitario todavía está desarrollándose.
Pero la lactoferrina no se encuentra únicamente en la leche.
Nuestro propio organismo la produce y podemos encontrarla en saliva, lágrimas, secreciones nasales y respiratorias, jugos digestivos, secreciones vaginales, semen, líquido amniótico y leche materna, además de almacenarse en determinados gránulos de los neutrófilos.
Precisamente esta distribución explica por qué aparece continuamente en las zonas que separan nuestro organismo del exterior: mucosas, aparato digestivo, vías respiratorias, aparato genital y superficie ocular.
No es solamente una proteína relacionada con el hierro. Tiene actividad antimicrobiana, inmunomoduladora, antioxidante y reguladora de diferentes procesos celulares.
Propiedades de la lactoferrina
Una de las principales características de la lactoferrina es su extraordinaria capacidad para unirse al hierro.
Cuando está prácticamente libre de hierro se denomina apo-lactoferrina, mientras que la forma saturada con hierro se conoce como holo-lactoferrina.
Esta diferencia no es simplemente química. La cantidad de hierro unida modifica algunas de sus propiedades biológicas.
Muchos microorganismos necesitan hierro para crecer y reproducirse. Al secuestrarlo, la lactoferrina puede dificultar que bacterias y otros patógenos dispongan de él.
Pero su actividad antimicrobiana va bastante más allá de quitarles el hierro.
Determinadas regiones de la propia molécula, especialmente péptidos derivados de ella como la lactoferricina, pueden interactuar con las membranas bacterianas y alterar su estabilidad.
También puede unirse a componentes de las superficies celulares o de los propios microorganismos, dificultando adhesión, colonización o entrada en las células.
La lactoferrina forma parte además de la inmunidad innata, nuestra primera línea de defensa.
Interacciona con neutrófilos, macrófagos, células NK y células presentadoras de antígenos, pero también con linfocitos T y B, creando una conexión entre inmunidad innata y adaptativa.
Por eso resulta más correcto hablar de modulación inmunitaria que simplemente de “estimular las defensas”.
La misma molécula puede favorecer determinadas respuestas cuando necesitamos defendernos y ayudar a limitar una inflamación excesiva en otros contextos.
También interviene en mielopoyesis, maduración celular y diferentes procesos relacionados con la médula ósea.
Lactoferrina, infecciones e intestino
Su actividad frente a bacterias es probablemente una de sus propiedades más conocidas.
La lactoferrina puede limitar la disponibilidad de hierro, dificultar la adhesión bacteriana, modificar determinadas membranas y colaborar con otras sustancias defensivas presentes en las mucosas.
Se ha estudiado frente a bacterias como E. coli, Salmonella, Staphylococcus, Helicobacter pylori y muchas otras especies.
También resulta interesante frente a los hongos.
Tanto la lactoferrina humana como la bovina y determinados péptidos derivados de ellas han mostrado actividad frente a diferentes especies de Candida, algo especialmente interesante por la estrecha relación entre hierro, mucosas, microbiota e inmunidad.
Su actividad antiviral funciona de manera diferente.
Algunos virus necesitan unirse primero a estructuras concretas de la superficie celular para poder entrar. La lactoferrina puede ocupar determinados puntos de unión o interactuar directamente con partículas virales, dificultando ese primer contacto.
Esta capacidad se ha estudiado en relación con herpes, hepatitis B y C, virus del papiloma humano, rotavirus, gripe y otros virus.
En herpes se han observado mecanismos relacionados con el bloqueo de la unión del virus a la superficie celular.
La hepatitis C también dio lugar a trabajos muy curiosos. En algunos estudios con lactoferrina bovina se observaron descensos de la carga viral, especialmente en pacientes que partían de concentraciones virales más bajas, lo que llevó posteriormente a estudiar su utilización junto con los tratamientos disponibles en aquel momento.
Otro lugar donde la lactoferrina tiene muchísimo sentido es el intestino.
Puede favorecer un entorno más adecuado para determinadas bacterias beneficiosas y dificultar el crecimiento de microorganismos dependientes del hierro.
De hecho, durante los primeros meses de vida, la lactoferrina de la leche materna forma parte de la selección de la microbiota intestinal del bebé.
Esta relación entre lactoferrina, microorganismos, hierro e inmunidad explica por qué se estudia en diarreas, alteraciones intestinales e infecciones digestivas.
Y existe otra aplicación completamente diferente: la lactoferrina fecal.
Cuando existe inflamación intestinal, los neutrófilos migran hacia la mucosa y liberan lactoferrina. Por eso puede medirse en las heces como marcador de inflamación.
Su elevación puede aparecer en enfermedad inflamatoria intestinal y se utiliza junto con otros datos para valorar actividad inflamatoria y diferenciarla de trastornos funcionales donde no existe ese mismo infiltrado neutrofílico.
Es una de esas curiosidades de esta proteína: la misma sustancia que podemos utilizar como complemento puede ser también una señal que el propio organismo deja en las heces cuando el intestino está inflamado.
Lactoferrina y metabolismo del hierro
Otra de las grandes aplicaciones de la lactoferrina es el metabolismo del hierro.
El hierro es imprescindible para fabricar hemoglobina, transportar oxígeno, producir energía y mantener numerosas enzimas funcionando correctamente.
Pero también es un mineral delicado.
El hierro libre puede participar en reacciones oxidativas muy agresivas, por lo que el organismo procura mantenerlo siempre unido a proteínas.
En sangre, la transferrina es la principal proteína encargada de transportarlo. La lactoferrina cumple otras funciones relacionadas con captación, disponibilidad, mucosas e inmunidad.
Esta capacidad para manejar hierro explica su interés cuando existe ferropenia o anemia por déficit de hierro.
La lactoferrina bovina se ha estudiado incluso frente a sales tradicionales de hierro y puede resultar especialmente interesante en personas que toleran mal los suplementos convencionales.
También existe una conexión entre hierro e inflamación.
Cuando hay inflamación, aumenta la hepcidina, una hormona hepática que dificulta la absorción intestinal del hierro y su salida de los depósitos.
Por eso podemos encontrarnos personas con hierro almacenado pero poco disponible para fabricar hemoglobina.
La lactoferrina se ha estudiado precisamente por su interacción con este terreno de hierro, hepcidina e inflamación.
Desde el punto de vista antioxidante también tiene lógica.
Al secuestrar hierro libre disminuye la posibilidad de que este participe en determinadas reacciones capaces de generar radicales libres.
De esta manera, una de sus acciones antioxidantes no consiste simplemente en “neutralizar radicales”, sino en controlar uno de los metales capaces de facilitar su formación.
Otros beneficios de la lactoferrina
La relación entre lactoferrina e inmunidad también ha llevado a estudiar su papel en alergias y vías respiratorias.
Puede modificar la activación de mastocitos, la liberación de mediadores inflamatorios y diferentes poblaciones inmunitarias. De ahí su interés experimental en asma, alergias e inflamación de las mucosas respiratorias.
También existe una línea importante de investigación en cáncer.
La lactoferrina y algunos péptidos derivados de ella han mostrado capacidad para influir sobre proliferación celular, apoptosis, angiogénesis, inmunidad y metabolismo del hierro en distintos modelos tumorales.
En cáncer de mama se han estudiado efectos sobre viabilidad y apoptosis de células tumorales.
Otra conexión curiosa es la médula ósea. En modelos experimentales se han observado efectos sobre recuperación hematológica después de determinados tratamientos, en consonancia con su papel en regulación inmune y mielopoyesis.
La relación entre lactoferrina y metabolismo de la glucosa también resulta interesante.
Se han encontrado asociaciones entre concentraciones de lactoferrina y sensibilidad a la insulina, y se han estudiado mecanismos relacionados con señalización insulínica, metabolismo energético e inflamación.
Esto conecta nuevamente varios de sus terrenos: inmunidad, inflamación y metabolismo.
También se ha estudiado su papel en hueso.
La lactoferrina puede estimular la actividad de los osteoblastos, las células que forman hueso, y modular la actividad de los osteoclastos, relacionados con su resorción.
Por eso aparece cada vez con más frecuencia en investigaciones sobre formación ósea y reparación tisular.
Y existe además una conexión con el desarrollo cerebral.
La lactoferrina es abundante precisamente durante una etapa en la que cerebro, sistema inmunitario e intestino están desarrollándose a enorme velocidad. Se ha estudiado su relación con maduración neuronal, metabolismo energético cerebral, mielinización y desarrollo cognitivo temprano.
No deja de ser curioso que una de las proteínas más abundantes del calostro participe simultáneamente en hierro, defensas, intestino y desarrollo neurológico.
Lactoferrina y acné
También existe interés por la lactoferrina en acné y piel.
Aquí se unen varias propiedades: actividad frente a microorganismos, modulación inflamatoria, regulación del hierro y efecto inmunitario.
Se ha estudiado la lactoferrina oral en personas con acné, observándose en algunos trabajos disminución de lesiones inflamatorias y mejoría de determinados parámetros cutáneos.
Esto permite entender por qué una proteína asociada principalmente a leche e inmunidad puede terminar apareciendo también en productos destinados a piel y acné.
Usos de la lactoferrina
La lactoferrina puede utilizarse dentro de diferentes estrategias relacionadas con:
-
metabolismo y absorción del hierro;
-
ferropenia y determinados tipos de anemia;
-
apoyo de las defensas;
-
infecciones bacterianas;
-
infecciones víricas;
-
Candida y otros hongos;
-
equilibrio de la microbiota intestinal;
-
diarrea;
-
inflamación intestinal;
-
salud de las mucosas;
-
Helicobacter pylori;
-
alergias y terreno respiratorio;
-
protección antioxidante;
-
recuperación y reparación tisular;
-
metabolismo de la glucosa;
-
hueso;
-
piel y acné;
-
y diferentes líneas de apoyo e investigación oncológica.
No todos los preparados son iguales.
La mayoría de los complementos utilizan lactoferrina bovina, porque puede obtenerse de la leche y presenta una elevada similitud funcional con la humana.
También existen preparados liposomados, microencapsulados y formas diseñadas para protegerla parcialmente de la digestión gástrica.
Esto tiene sentido porque estamos hablando de una proteína y, como cualquier proteína, puede ser degradada por las enzimas digestivas.
Sin embargo, esa digestión no significa necesariamente que pierda toda actividad: algunos de los péptidos obtenidos de la lactoferrina presentan por sí mismos acciones biológicas muy interesantes.
Contraindicaciones de la lactoferrina
La lactoferrina forma parte naturalmente de la leche humana y bovina y, en las cantidades utilizadas habitualmente en alimentación y suplementación, suele presentar una buena tolerancia.
La lactoferrina bovina procede de leche, por lo que una persona con alergia importante a las proteínas de la leche debe revisar cuidadosamente el origen y la pureza del producto.
La intolerancia a la lactosa es otra cosa. La lactoferrina purificada contiene cantidades mínimas o inexistentes de lactosa dependiendo de su elaboración, por lo que no debemos equiparar ambas situaciones.
En algunas personas puede producir molestias digestivas, diarrea, estreñimiento o cambios en las deposiciones, especialmente cuando se utilizan dosis altas.
No establecería como regla que la lactoferrina bovina solo pueda utilizarse durante un año ni que la lactoferrina humana recombinante únicamente pueda utilizarse durante catorce días. Esos límites proceden de estudios concretos y no constituyen una frontera toxicológica universal.
De hecho, se han utilizado cantidades relativamente elevadas de lactoferrina en distintos ensayos humanos con buena tolerancia.
Durante el embarazo vuelve a ser importante distinguir el consumo normal de alimentos que contienen lactoferrina de un suplemento concentrado utilizado con una finalidad determinada.
La lactoferrina es una de esas sustancias que ayudan a entender hasta qué punto el organismo no separa sus funciones en compartimentos.
Una misma proteína puede controlar hierro, defender una mucosa, modificar una bacteria, participar en la actividad de un neutrófilo, influir sobre la microbiota y servir después como marcador para saber si existe inflamación intestinal.
Y probablemente por eso la encontramos en tanta cantidad en el calostro: justo cuando un recién nacido necesita empezar a resolver todas esas tareas al mismo tiempo.


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