
La L-fenilalanina es un aminoácido esencial, lo que significa que nuestro organismo no puede fabricarlo en cantidad suficiente y necesita obtenerlo a través de la alimentación.
Además de formar parte de las proteínas, tiene una característica especialmente interesante: es precursora de la tirosina y, a partir de ella, participa en una cadena metabólica relacionada con la formación de importantes sustancias del sistema nervioso, entre ellas dopamina, noradrenalina y adrenalina.
Esta relación con los neurotransmisores explica buena parte del interés que ha despertado la fenilalanina en campos tan diferentes como el estado de ánimo, la concentración, el apetito, la respuesta al estrés y el sistema nervioso.
Pero hay un detalle importante: no existe una única fenilalanina utilizada en suplementación.
Propiedades de la L-fenilalanina
La L-fenilalanina es la forma natural predominante que encontramos formando parte de las proteínas.
Una vez absorbida, puede utilizarse directamente para fabricar proteínas o transformarse mediante la enzima fenilalanina hidroxilasa en L-tirosina.
A partir de la tirosina se forman posteriormente:
L-tirosina → L-DOPA → dopamina → noradrenalina → adrenalina
Esta pequeña cadena explica por qué la fenilalanina está tan estrechamente relacionada con el sistema nervioso central.
La L-fenilalanina también puede atravesar la barrera hematoencefálica, utilizando sistemas de transporte para aminoácidos.
Esta barrera es una estructura altamente selectiva que separa la circulación sanguínea del tejido cerebral. Está formada fundamentalmente por las células endoteliales de los capilares cerebrales, estrechamente unidas entre sí, junto con otras estructuras como pericitos y astrocitos.
Su función es controlar qué sustancias pueden pasar desde la sangre hacia el cerebro.
Que la fenilalanina pueda atravesarla es precisamente una de las razones por las que puede participar directamente en el metabolismo de sustancias relacionadas con la función cerebral.
L-fenilalanina, D-fenilalanina y DL-fenilalanina
Aquí aparece una diferencia muy importante.
Existen distintas formas utilizadas en investigación y suplementación:
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L-fenilalanina: es la forma natural presente en las proteínas de los alimentos y la que nuestro organismo utiliza principalmente en sus rutas metabólicas.
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D-fenilalanina: es el enantiómero D de la molécula y se ha estudiado especialmente por su relación con los mecanismos del dolor.
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DL-fenilalanina: es una mezcla de las formas D y L, por lo que reúne características de ambas.
No son exactamente intercambiables.
Tradicionalmente se ha considerado que:
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La D-fenilalanina resulta especialmente interesante en el control del dolor.
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La L-fenilalanina se relaciona principalmente con el estado de ánimo, el apetito y la alerta mental.
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La DL-fenilalanina se ha utilizado cuando interesa actuar tanto sobre el terreno nervioso como sobre la percepción del dolor.
Esta distinción resulta fundamental para entender por qué podemos encontrar estudios aparentemente muy diferentes sobre la fenilalanina.
Fenilalanina y neurotransmisores
El organismo utiliza la fenilalanina como punto de partida para producir tirosina y posteriormente diferentes catecolaminas.
Entre ellas encontramos:
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Dopamina.
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Noradrenalina.
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Adrenalina.
Estas sustancias participan en funciones tan importantes como la motivación, la atención, el estado de alerta, la respuesta al estrés, el movimiento y determinados aspectos relacionados con el apetito y el estado de ánimo.
Para que todas estas rutas metabólicas funcionen correctamente no basta únicamente con disponer de fenilalanina.
Intervienen diferentes enzimas y cofactores nutricionales, entre ellos nutrientes relacionados con el metabolismo de las vitaminas del grupo B, vitamina C, hierro y cobre.
El metabolismo de los neurotransmisores es una cadena y, como suele ocurrir en bioquímica, disponer de la materia prima es solamente una parte del proceso.
L-fenilalanina y estado de ánimo
La relación entre fenilalanina y estado de ánimo se explica fundamentalmente por su participación como precursora de las catecolaminas.
La fenilalanina y especialmente sus formas D y DL fueron estudiadas durante años en relación con la depresión.
Algunos de aquellos trabajos llegaron incluso a comparar DL-fenilalanina con antidepresivos tricíclicos como la imipramina.
Por esta razón, tradicionalmente se ha utilizado como apoyo en personas que presentan:
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Bajo estado de ánimo.
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Falta de motivación.
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Fatiga mental.
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Dificultad para concentrarse.
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Menor estado de alerta.
La relación entre aminoácidos y neurotransmisores es precisamente una de las áreas que hizo especialmente popular la utilización nutricional de determinados aminoácidos en el terreno nervioso.
Fenilalanina, memoria y concentración
La dopamina y la noradrenalina intervienen en diferentes procesos relacionados con la atención, la memoria y la capacidad de concentración.
Por ello la L-fenilalanina se ha utilizado tradicionalmente cuando se busca apoyar:
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Concentración.
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Memoria.
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Atención.
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Estado de alerta mental.
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Rendimiento frente a situaciones de cansancio.
También se ha estudiado en relación con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
Fenilalanina y dolor crónico
Esta es una de las aplicaciones más curiosas de la fenilalanina porque aquí el protagonismo corresponde especialmente a la D-fenilalanina y la DL-fenilalanina.
La D-fenilalanina se ha estudiado por su capacidad para interferir en la degradación de determinados péptidos endógenos relacionados con el control del dolor.
Nuestro organismo dispone de sus propios sistemas para modular la percepción dolorosa, entre ellos las endorfinas y encefalinas.
Por esta razón, D-fenilalanina y DL-fenilalanina se han utilizado tradicionalmente como apoyo en situaciones como:
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Dolor crónico.
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Osteoartritis.
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Artritis reumatoide.
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Dolores musculoesqueléticos.
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Calambres menstruales intensos.
Esta diferencia de mecanismo vuelve a demostrar por qué no conviene meter las tres formas de fenilalanina en el mismo saco.
L-fenilalanina y vitíligo
Una de las aplicaciones más particulares de la L-fenilalanina es el vitíligo.
La fenilalanina participa en rutas relacionadas con la tirosina, que a su vez constituye el punto de partida para la síntesis de melanina.
Por este motivo se ha estudiado la utilización de L-fenilalanina oral y tópica, especialmente combinada con exposición a radiación UVA, tanto en adultos como en niños con vitíligo.
Es probablemente una de las aplicaciones menos conocidas de este aminoácido y, al mismo tiempo, una de las más interesantes desde el punto de vista metabólico.
Fenilalanina y enfermedad de Parkinson
La enfermedad de Parkinson está estrechamente relacionada con la dopamina, por lo que diferentes sustancias implicadas en las rutas de las catecolaminas han sido estudiadas en este contexto.
D-fenilalanina y DL-fenilalanina también aparecen en investigaciones y usos tradicionales relacionados con Parkinson y con alteraciones del estado de ánimo que pueden acompañarlo.
Sin embargo, aquí existe una particularidad muy importante: algunos de los medicamentos utilizados en Parkinson actúan precisamente sobre las mismas rutas metabólicas.
Por ello, la fenilalanina puede presentar interacciones con levodopa y otros tratamientos dopaminérgicos, y no debe combinarse libremente con ellos.
Fenilalanina y apetito
La L-fenilalanina también se ha estudiado en relación con el apetito y la saciedad.
Los aminoácidos participan en diferentes señales metabólicas y digestivas relacionadas con la regulación de la ingesta.
Esta es una de las razones por las que la fenilalanina ha aparecido tradicionalmente entre los aminoácidos utilizados como apoyo en programas destinados al control del apetito y del peso corporal.
Fuentes naturales de L-fenilalanina
Al tratarse de un aminoácido que forma parte de las proteínas, encontramos fenilalanina tanto en alimentos animales como vegetales.
Entre sus principales fuentes se encuentran:
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Carne.
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Pescado.
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Huevos.
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Queso.
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Leche y derivados lácteos.
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Soja.
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Legumbres.
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Frutos secos.
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Semillas.
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Avena.
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Germen de trigo.
Por tanto, una alimentación vegetal correctamente estructurada también puede proporcionar cantidades suficientes de fenilalanina.
La deficiencia aislada de este aminoácido es poco frecuente cuando existe una ingesta adecuada de proteínas.
Usos de la fenilalanina
La L-fenilalanina, D-fenilalanina y DL-fenilalanina se han utilizado o estudiado en diferentes situaciones:
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Depresión y bajo estado de ánimo.
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Trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).
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Enfermedad de Parkinson.
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Dolor crónico.
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Osteoartritis.
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Artritis reumatoide.
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Síndrome de abstinencia del alcohol.
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Vitíligo.
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Control del apetito y obesidad.
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Calambres menstruales intensos.
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Esquizofrenia.
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Problemas de concentración.
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Fatiga mental.
La forma utilizada resulta importante porque L, D y DL-fenilalanina no actúan exactamente de la misma manera.
Contraindicaciones de la fenilalanina
La fenilalanina no es adecuada para todo el mundo y presenta algunas contraindicaciones e interacciones importantes.
Fenilcetonuria
Las personas con fenilcetonuria (PKU) presentan una alteración genética que impide metabolizar correctamente la fenilalanina.
Como consecuencia, esta puede acumularse hasta concentraciones capaces de provocar daño neurológico grave, especialmente durante el desarrollo.
Por este motivo, las personas con fenilcetonuria necesitan controlar estrictamente la cantidad de fenilalanina de su alimentación y no deben utilizar suplementos de fenilalanina.
Esta es también la razón por la que los alimentos que contienen aspartamo llevan la advertencia de que contienen una fuente de fenilalanina.
Hipertensión y migrañas
Las personas con hipertensión o determinadas migrañas deben tener especial precaución con los suplementos de fenilalanina, especialmente en cantidades elevadas, debido a su relación con las catecolaminas y el sistema nervioso.
Esto no significa eliminar automáticamente de la dieta todos los alimentos proteicos que contienen fenilalanina, sino diferenciar entre su presencia natural en los alimentos y la utilización de cantidades concentradas mediante suplementación.
Antidepresivos
Debe prestarse especial atención cuando se utilizan medicamentos que modifican el metabolismo de neurotransmisores.
La combinación con inhibidores de la monoaminooxidasa (IMAO) puede producir interacciones importantes y favorecer elevaciones peligrosas de la presión arterial.
Levodopa y Parkinson
La fenilalanina puede interferir con la levodopa, utilizada en el tratamiento de la enfermedad de Parkinson.
Por ello no debe utilizarse conjuntamente sin valorar específicamente esta interacción.
También requiere precaución cuando se utilizan otros medicamentos que actúan sobre las vías dopaminérgicas.
Esquizofrenia y discinesia tardía
En personas con esquizofrenia y especialmente cuando existe discinesia tardía, la suplementación con fenilalanina requiere precaución.
Determinados medicamentos utilizados en enfermedades psiquiátricas pueden producir movimientos involuntarios, y la fenilalanina podría interferir en estos mecanismos en algunas personas.
Embarazo y lactancia
Durante el embarazo y la lactancia no resulta recomendable utilizar suplementos concentrados de fenilalanina sin una valoración individual.
Cantidades elevadas
Cantidades excesivas de fenilalanina pueden producir efectos neurológicos y alterar el equilibrio de otros aminoácidos que utilizan sistemas de transporte similares.
Esto último resulta especialmente interesante: la fenilalanina no trabaja sola. Para atravesar determinadas membranas, incluida la barrera hematoencefálica, compite con otros aminoácidos.
Una vez más, en nutrición no siempre funciona la idea de que si algo es necesario, tomar mucho tiene que ser necesariamente mejor.


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