
Lactobacillus reuteri, denominado actualmente Limosilactobacillus reuteri, es una de las especies de bacterias probióticas más estudiadas y también una de las más interesantes, porque sus efectos van bastante más allá del aparato digestivo.
Puede encontrarse de manera natural en el tracto gastrointestinal de seres humanos y otros mamíferos, así como en aves, y determinadas cepas también colonizan la cavidad oral, el estómago y el aparato urogenital.
Su nombre procede del microbiólogo alemán Gerhard Reuter, que estudió esta bacteria en muestras intestinales humanas durante el siglo XX. Hay un dato especialmente curioso: diferentes trabajos han señalado que L. reuteri parece ser mucho menos frecuente en la microbiota de las poblaciones occidentales actuales que décadas atrás.
No sabemos si eso se debe a cambios en la alimentación, utilización de antibióticos, higiene, estilo de vida, transmisión materna o a la combinación de muchos factores, pero es un buen ejemplo de cómo nuestra microbiota también cambia con nuestra forma de vivir.
Una bacteria capaz de fabricar reuterina
Una de las características más peculiares de Lactobacillus reuteri es que determinadas cepas pueden metabolizar el glicerol y producir reuterina, un compuesto con actividad antimicrobiana frente a diferentes bacterias, hongos y otros microorganismos.
Se ha estudiado frente a microorganismos como Escherichia coli, Salmonella, Clostridioides difficile y Staphylococcus aureus, entre otros.
Esto no significa que tomar L. reuteri equivalga a administrar un antibiótico. Lo interesante es comprender cómo una bacteria puede contribuir a defender su propio territorio produciendo sustancias que dificultan el crecimiento de otros microorganismos.
Y ésta es solamente una parte de lo que hace.
Lactobacillus reuteri y sistema inmunitario
L. reuteri mantiene una relación muy interesante con el sistema inmunitario.
Determinadas cepas y sus metabolitos pueden favorecer la actividad de las células T reguladoras o Treg, relacionadas con la tolerancia inmunitaria, y modular citocinas como IL-10, así como las respuestas Th17 y la producción de IL-17.
También se han estudiado sus efectos sobre NF-κB, una de las principales vías celulares implicadas en la respuesta inflamatoria.
Esto resulta especialmente interesante cuando hablamos de microbiota y autoinmunidad. El intestino no es solamente un tubo por el que pasan los alimentos: es uno de los grandes lugares de encuentro entre microorganismos, mucosas y sistema inmunitario.
Una microbiota equilibrada tiene que ser capaz de defendernos y, al mismo tiempo, ayudar al sistema inmunitario a saber cuándo tiene que reaccionar y cuándo tiene que quedarse tranquilo.
Diarrea y cólico del lactante
Uno de los campos donde más se ha investigado L. reuteri es la salud digestiva infantil.
Determinadas cepas se han estudiado en diarrea aguda, gastroenteritis por rotavirus y cólico del lactante. También existe investigación en recién nacidos prematuros y en problemas intestinales propios de esta etapa, aunque aquí el contexto clínico y la cepa utilizada son especialmente importantes.
El cólico del lactante ha sido precisamente una de las aplicaciones que ha dado mayor popularidad a algunos preparados de L. reuteri.
También se investiga su utilización en estreñimiento y regulación del tránsito intestinal.
Helicobacter pylori
Lactobacillus reuteri tiene además una relación especialmente interesante con Helicobacter pylori.
Algunas cepas pueden interferir con H. pylori y reducir su carga en el estómago. Por eso se han estudiado tanto de forma complementaria durante los tratamientos de erradicación como por su capacidad para mejorar determinadas molestias digestivas asociadas.
Esto es particularmente curioso porque solemos pensar en los probióticos como habitantes del intestino, cuando determinadas cepas de L. reuteri pueden actuar también en zonas más altas del aparato digestivo.
Salud vaginal y urogenital
Otra de sus aplicaciones más conocidas aparece en el ecosistema vaginal.
Determinadas combinaciones de L. reuteri con otros lactobacilos se han estudiado en el mantenimiento de una microbiota vaginal dominada por Lactobacillus, así como en vaginosis bacteriana, presencia de Gardnerella vaginalis, candidiasis e infecciones urogenitales recurrentes.
Aquí volvemos a encontrarnos con el concepto de ecosistema.
Muchas veces el objetivo no consiste únicamente en intentar eliminar un microorganismo, sino en recuperar las condiciones que permiten que la microbiota protectora vuelva a ocupar su sitio.
Lactobacillus reuteri y salud dental
Éste es otro uso muy interesante y menos conocido.
La boca también posee su propia microbiota, y algunas cepas de L. reuteri se han estudiado frente a Streptococcus mutans, una de las bacterias relacionadas con el desarrollo de caries.
También existe investigación sobre su utilización en gingivitis, inflamación de las encías y periodontitis, donde puede ayudar a modificar el ecosistema microbiano oral y la respuesta inflamatoria local.
Por tanto, no todos los probióticos tienen por qué estar destinados exclusivamente al intestino.
Eczema y dermatitis atópica
La relación entre microbiota intestinal, maduración inmunitaria y enfermedades alérgicas ha convertido a L. reuteri en objeto de investigación también en eczema y dermatitis atópica.
Se ha estudiado tanto en prevención como en intervención, especialmente durante las primeras etapas de la vida.
Aquí, de nuevo, los resultados dependen de la cepa, la edad, el momento de administración y las características de la persona.
Vitamina D
Una de las propiedades más curiosas encontradas en estudios con determinadas cepas de L. reuteri es su posible relación con los niveles de vitamina D.
En investigación humana se ha observado un aumento de la 25-hidroxivitamina D circulante con una cepa concreta.
Esto no convierte a L. reuteri en un sustituto de la vitamina D ni significa que todas sus cepas produzcan el mismo efecto, pero abre una pregunta fascinante: hasta qué punto nuestra microbiota puede modificar el metabolismo y la disponibilidad de nutrientes que tradicionalmente hemos estudiado de forma aislada.
Testosterona, oxitocina y cicatrización
Aquí entramos en una de las partes más curiosas de la investigación sobre L. reuteri.
En modelos experimentales se ha observado una relación entre determinadas cepas y el aumento de oxitocina, acompañado de cambios en la respuesta inmunitaria y una aceleración de la cicatrización de heridas.
También existen trabajos experimentales que han relacionado L. reuteri con el mantenimiento de los niveles de testosterona y determinados cambios reproductivos y metabólicos.
Son líneas de investigación especialmente interesantes porque vuelven a llevarnos fuera del intestino.
La comunicación entre microbiota, sistema inmunitario, sistema nervioso y sistema endocrino es mucho más compleja de lo que durante años habíamos imaginado.
Estrés y percepción del dolor
También se investiga L. reuteri dentro del denominado eje intestino-cerebro.
Determinados modelos experimentales han mostrado modificaciones en la respuesta al estrés, comportamiento, percepción del dolor y señalización neuroinmunitaria.
No es extraño que cada vez encontremos más investigaciones de este tipo. Las bacterias intestinales producen metabolitos, interactúan con células inmunitarias y participan indirectamente en señales capaces de alcanzar lugares muy alejados del intestino.
Colesterol, glucosa e hígado graso
Algunas cepas de L. reuteri también se han estudiado por sus efectos sobre el metabolismo del colesterol.
Entre los mecanismos investigados se encuentra la actividad de las enzimas hidrolasas de sales biliares, capaces de desconjugar ácidos biliares y modificar su metabolismo intestinal. Algunos estudios han encontrado reducciones del colesterol y de determinados marcadores inflamatorios, incluida la proteína C reactiva.
También existe investigación sobre resistencia a la insulina, metabolismo de la glucosa, obesidad e hígado graso.
Una vez más, esto no convierte a todos los L. reuteri en intercambiables. Cuando hablamos de probióticos, saber la especie puede no ser suficiente.
¿Y la tiroides?
También existen investigaciones experimentales que han relacionado la administración de determinadas cepas de L. reuteri con cambios en el eje inmunitario-endocrino y parámetros relacionados con la función tiroidea.
Es otra línea interesante dentro de la relación entre microbiota y sistema endocrino, aunque no es una de las aplicaciones clínicas mejor establecidas de este probiótico.
No todos los Lactobacillus reuteri son iguales
Éste es probablemente el concepto más importante de todo el artículo.
Podemos tener dos productos que indiquen Lactobacillus reuteri en la etiqueta y que no sean exactamente el mismo probiótico.
Dentro de una especie existen diferentes cepas, y cada una puede presentar características metabólicas, capacidad de adhesión y efectos diferentes.
Por eso, cuando elegimos un probiótico para una finalidad concreta, interesa mirar no solamente el género y la especie, sino también, siempre que esté indicado, qué cepa contiene.
Es una de las razones por las que no me gusta hablar de «los probióticos» como si todos hicieran lo mismo.
Principales usos estudiados
Entre las aplicaciones en las que se ha investigado Lactobacillus reuteri encontramos:
-
cólico del lactante;
-
diarrea aguda y rotavirus;
-
estreñimiento;
-
Helicobacter pylori;
-
vaginosis y Gardnerella vaginalis;
-
candidiasis y equilibrio de la microbiota vaginal;
-
caries y Streptococcus mutans;
-
gingivitis y periodontitis;
-
eczema y dermatitis atópica;
-
regulación inmunitaria;
-
colesterol y metabolismo de los ácidos biliares;
-
metabolismo de la glucosa;
-
y diferentes aplicaciones relacionadas con el eje intestino-cerebro.
Probablemente lo más interesante de Lactobacillus reuteri sea precisamente que nos obliga a abandonar una idea demasiado simple de los probióticos.
No son simplemente «bacterias buenas para hacer la digestión».
Una misma especie puede producir sustancias antimicrobianas, relacionarse con el sistema inmunitario, modificar el entorno intestinal, participar en el metabolismo de los ácidos biliares e influir en señales que terminan teniendo repercusiones mucho más allá del intestino.
Y, además, la cepa importa.
Precauciones
Lactobacillus reuteri suele tolerarse bien, aunque al comenzar a utilizar un probiótico algunas personas pueden experimentar temporalmente gases u otras molestias digestivas.
No conviene mezclar directamente el preparado con bebidas muy calientes, ya que estamos trabajando con microorganismos vivos y una temperatura elevada puede disminuir su viabilidad.
En personas gravemente inmunodeprimidas, pacientes críticos o situaciones clínicas especialmente complejas, el uso de microorganismos vivos requiere una valoración individual.
En cuanto a la histamina, no considero correcto establecer una prohibición general de L. reuteri en todas las personas con intolerancia a la histamina. Existen diferencias importantes entre cepas y algunas poseen vías metabólicas relacionadas con la histamina que, además, están siendo estudiadas por sus efectos inmunomoduladores. En estos casos, la elección de la cepa concreta cobra todavía más importancia.
Este contenido tiene finalidad educativa e informativa y no sustituye una valoración individual.


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