
Lactobacillus plantarum es una de las bacterias probióticas más interesantes y también una vieja conocida del ser humano, aunque durante miles de años no supiéramos que estaba allí.
La encontramos asociada a numerosos alimentos fermentados tradicionales y puede aparecer de forma transitoria en nuestro aparato digestivo y cavidad oral. Su enorme capacidad de adaptación le permite sobrevivir en ambientes muy diferentes, desde un vegetal fermentado hasta el tracto gastrointestinal.
Su nombre científico actual es Lactiplantibacillus plantarum, después de la reorganización realizada en el antiguo género Lactobacillus. Sin embargo, sigue siendo mucho más conocida como Lactobacillus plantarum, nombre que utilizaré a lo largo del artículo para no complicarnos innecesariamente.
Una de sus características más interesantes es precisamente su resistencia. Determinadas cepas soportan bastante bien las condiciones ácidas del estómago y las sales biliares, lo que facilita que lleguen vivas al intestino.
Pero probablemente lo que más me interesa de esta bacteria es su capacidad para competir con otros microorganismos y modificar el ecosistema intestinal.
Una bacteria que fabrica sus propias armas
Algunas cepas de Lactobacillus plantarum producen unas sustancias antimicrobianas llamadas bacteriocinas, entre ellas diferentes plantaricinas.
Podríamos considerarlas una especie de pequeñas armas químicas bacterianas.
Estas sustancias permiten competir con otros microorganismos que ocupan el mismo ecosistema y pueden inhibir el crecimiento de determinadas bacterias.
A esto se suman la producción de ácido láctico y otros metabolitos, la competencia por nutrientes y lugares de adhesión y su interacción con la mucosa intestinal.
Por eso, cuando hablamos de L. plantarum, no estamos hablando simplemente de «añadir bacterias buenas». Estamos introduciendo un microorganismo capaz de relacionarse activamente con el ecosistema que encuentra.
Lactobacillus plantarum y alimentos fermentados
Los seres humanos llevamos consumiendo bacterias relacionadas con L. plantarum muchísimo antes de que existieran los complementos probióticos.
Esta especie aparece con frecuencia durante la fermentación de vegetales y participa, según el alimento y el proceso, en productos tradicionales como:
chucrut, kimchi, aceitunas en salmuera y diferentes fermentaciones de cereales y vegetales.
También se ha aislado en fermentaciones tradicionales africanas como el ogi y determinados procesos relacionados con el fufu.
Puede participar asimismo en ecosistemas de fermentación de masas, aunque no debemos pensar que toda masa de pan contiene necesariamente L. plantarum.
Su capacidad para desarrollarse en medios vegetales, soportar condiciones bastante ácidas y competir con otros microorganismos explica buena parte de su éxito.
Lactobacillus plantarum y salud intestinal
Ésta es probablemente su aplicación más conocida.
Determinadas cepas de L. plantarum se han estudiado por su capacidad para ayudar a mantener la integridad de la mucosa intestinal, competir con microorganismos potencialmente perjudiciales y modular la respuesta inmunitaria local.
También se ha investigado su relación con las uniones entre las células del epitelio intestinal, una cuestión especialmente interesante cuando trabajamos con permeabilidad intestinal.
En diferentes modelos se ha observado además una reducción de la translocación bacteriana, es decir, del paso de bacterias o componentes bacterianos a través de una barrera intestinal alterada.
Esto explica que encontremos L. plantarum investigado en situaciones digestivas muy diferentes.
Entre ellas aparecen síndrome de intestino irritable, gases, alteraciones del tránsito, colitis, enfermedad de Crohn y diferentes estados de disbiosis.
No todas las cepas producen los mismos resultados, algo especialmente importante cuando hablamos de probióticos.
Síndrome de intestino irritable y flatulencia
Algunas cepas concretas de Lactobacillus plantarum han sido especialmente estudiadas en personas con síndrome de intestino irritable.
Se han observado cambios en síntomas como dolor abdominal, distensión y flatulencia, razón por la que encontramos esta especie con bastante frecuencia en formulaciones destinadas al aparato digestivo.
Y aquí aparece nuevamente la importancia de mirar la etiqueta completa.
Que un estudio se haya realizado con una determinada cepa de L. plantarum no significa automáticamente que cualquier producto que contenga la misma especie vaya a producir exactamente el mismo resultado.
En probióticos, género, especie y cepa importan.
Después de los antibióticos
Los antibióticos pueden modificar profundamente la microbiota intestinal.
Cuando disminuyen determinadas poblaciones bacterianas quedan nichos ecológicos disponibles que pueden ser aprovechados por otros microorganismos. Ésta es una de las razones por las que después de algunos tratamientos antibióticos pueden aparecer diarrea, alteraciones digestivas o sobrecrecimiento de microorganismos oportunistas.
Lactobacillus plantarum se ha estudiado en este contexto y también frente a problemas relacionados con Clostridioides difficile, antiguamente denominado Clostridium difficile.
También se ha investigado su capacidad para dificultar el desarrollo de determinados hongos y levaduras, algo especialmente interesante cuando después de un tratamiento antibiótico aparece tendencia al sobrecrecimiento de Candida.
La sensibilidad a los antibióticos depende de la cepa concreta, por lo que no puede considerarse que todos los L. plantarum sean resistentes a los mismos antibióticos.
Cuando utilizamos simultáneamente un probiótico bacteriano y un antibiótico, normalmente interesa separar sus tomas para evitar que el propio medicamento inactive parte de las bacterias que estamos administrando.
Inmunidad e inflamación
El intestino mantiene una comunicación continua con nuestro sistema inmunitario y L. plantarum puede interactuar con esa respuesta.
Se han estudiado diferentes cepas por su capacidad para modular citocinas y respuestas de linfocitos T, incluyendo el equilibrio entre diferentes perfiles inmunitarios.
Por eso encontramos investigaciones sobre L. plantarum no solamente en problemas intestinales, sino también en respuesta frente a infecciones e inflamación.
Algunas combinaciones probióticas que incluyen cepas de L. plantarum también se han estudiado por su relación con la frecuencia y duración de determinados procesos respiratorios.
Esto vuelve a recordarnos que intestino e inmunidad no funcionan como dos sistemas independientes.
Lactobacillus plantarum durante el embarazo y los primeros años
La microbiota materna tiene una enorme importancia durante el embarazo y los primeros años de vida.
Durante el nacimiento y posteriormente mediante el contacto, la alimentación y el entorno, el bebé va construyendo progresivamente su propio ecosistema microbiano.
Por eso existe un interés creciente en estudiar diferentes probióticos durante embarazo, lactancia e infancia.
Lactobacillus plantarum forma parte de esas investigaciones.
Sin embargo, esto es muy diferente de administrar alimentos fermentados caseros a un recién nacido. En un bebé tan pequeño, cualquier intervención sobre la microbiota debe hacerse mediante productos y cepas apropiados para su edad y con una valoración individual.
Autismo, TDAH y eje intestino-cerebro
Otro campo que ha crecido muchísimo es el estudio del eje intestino-cerebro.
Muchos niños con trastornos del espectro autista presentan además problemas gastrointestinales, y la relación entre microbiota, metabolitos bacterianos, barrera intestinal y sistema nervioso ha generado numerosas líneas de investigación.
También se está estudiando la microbiota en niños con TDAH.
L. plantarum aparece en parte de esta investigación, especialmente por sus efectos sobre el intestino y la producción de metabolitos, pero aquí vuelve a ser fundamental distinguir entre mejorar un problema digestivo asociado y atribuir a una bacteria el tratamiento de una condición neurológica o del neurodesarrollo.
La conexión intestino-cerebro es precisamente interesante porque permite estudiar cómo un ecosistema intestinal alterado puede repercutir mucho más allá del propio intestino.
Cálculos renales y oxalatos
Ésta es una aplicación menos conocida y bastante curiosiosa.
Determinadas bacterias intestinales pueden participar en el metabolismo de los oxalatos, compuestos relacionados con algunos tipos de cálculos renales.
Por esta razón se han investigado lactobacilos, entre ellos cepas de L. plantarum, por su capacidad para degradar oxalato y modificar su disponibilidad intestinal.
Es un buen ejemplo de hasta qué punto nuestra microbiota puede intervenir en sustancias que después terminan repercutiendo en órganos aparentemente alejados del intestino.
Lactobacillus plantarum y cáncer colorrectal
También existe investigación experimental sobre L. plantarum y cáncer colorrectal.
Aquí se estudian diferentes mecanismos: modificación de la microbiota, producción de metabolitos, respuesta inflamatoria, barrera intestinal e interacción con determinadas sustancias potencialmente perjudiciales presentes en el colon.
Es un campo especialmente interesante porque el colon es precisamente el lugar donde microorganismos, alimentación y células intestinales mantienen un contacto continuo.
Otras líneas de investigación
La enorme versatilidad de Lactobacillus plantarum ha hecho que se investigue en campos bastante diferentes.
Existen trabajos relacionados con presión arterial y metabolismo cardiovascular, especialmente con determinadas cepas y productos fermentados.
También se han realizado estudios sobre probióticos en pancreatitis grave, complicaciones infecciosas postoperatorias y neumonía, aunque en pacientes graves la utilización de microorganismos vivos requiere una valoración completamente diferente a la de una persona sana que toma un probiótico.
Una línea especialmente curiosa ha estudiado L. plantarum aplicado sobre quemaduras y heridas. Se han investigado preparaciones controladas en el ámbito clínico por su capacidad para competir con microorganismos patógenos y modificar el entorno de la herida.
Esto pertenece al terreno de la investigación y de los preparados clínicos; no significa que debamos abrir una cápsula probiótica y colocarla sobre una quemadura.
Principales usos de Lactobacillus plantarum
Dependiendo de la cepa utilizada, L. plantarum se ha empleado o estudiado para:
-
favorecer el equilibrio de la microbiota;
-
mejorar determinadas funciones digestivas;
-
gases y distensión abdominal;
-
síndrome de intestino irritable;
-
mantenimiento de la barrera y mucosa intestinal;
-
permeabilidad intestinal;
-
recuperación de la microbiota después de antibióticos;
-
competencia frente a determinados microorganismos intestinales;
-
modulación de la respuesta inmunitaria;
-
alteraciones inflamatorias intestinales;
-
metabolismo de oxalatos;
-
interacción con hongos y levaduras;
-
y diferentes aspectos relacionados con el eje intestino-cerebro.
Además continúa estudiándose en Crohn, colitis, cáncer colorrectal, infecciones, metabolismo cardiovascular y otras alteraciones relacionadas con la microbiota.
Contraindicaciones de Lactobacillus plantarum
En personas sanas, los probióticos que contienen cepas adecuadamente estudiadas de L. plantarum suelen tolerarse bien.
Al comenzar pueden aparecer gases, distensión abdominal o cambios transitorios en el ritmo intestinal, especialmente cuando la microbiota estaba muy alterada previamente.
Sin embargo, que una bacteria sea beneficiosa en una persona sana no significa que los microorganismos vivos sean apropiados en cualquier circunstancia.
Hay que tener especial cuidado en personas con inmunosupresión importante, enfermedades graves, síndrome de intestino corto, determinadas alteraciones de la barrera intestinal o situaciones clínicas complejas, porque excepcionalmente los propios microorganismos utilizados como probióticos pueden producir infecciones oportunistas.
Durante embarazo, lactancia y especialmente en bebés, la elección debe hacerse atendiendo a la cepa concreta y al producto utilizado.
Y si se están tomando antibióticos, conviene valorar la sensibilidad de la cepa y separar adecuadamente la administración cuando sea necesario.
Lactobacillus plantarum me parece especialmente interesante porque resume muy bien lo que realmente es un probiótico.
No es simplemente una «bacteria buena».
Es un microorganismo capaz de sobrevivir, competir, fabricar sustancias antimicrobianas, comunicarse con la mucosa, modificar el entorno intestinal e interactuar con nuestro sistema inmunitario.
Y llevamos conviviendo y comiendo bacterias como ésta desde muchísimo antes de saber siquiera que existían.
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa y no constituye una pauta individual de suplementación.


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