
Los probióticos forman parte de una historia mucho más amplia que la simple digestión. Nuestro intestino alberga una enorme comunidad de microorganismos que participa en el aprovechamiento de nutrientes, la integridad de la barrera intestinal, la regulación inmunitaria y la producción de multitud de sustancias capaces de comunicarse con el resto del organismo.
Por eso hoy hablamos de relaciones entre microbiota y metabolismo, sistema inmunitario, glucosa, sistema cardiovascular e incluso cerebro.
Entre las bacterias que forman parte de este ecosistema encontramos Lactobacillus gasseri, actualmente denominado Ligilactobacillus gasseri, aunque mantengo el nombre Lactobacillus porque continúa siendo, con diferencia, el más conocido y utilizado en complementos.
Es una bacteria especialmente interesante porque podemos encontrarla de forma natural en diferentes zonas del organismo humano y porque determinadas cepas han sido investigadas en campos tan distintos como peso corporal, Helicobacter pylori, salud vaginal, inmunidad, alergias y dolor asociado a endometriosis.
Pero antes de entrar en sus propiedades conviene recordar algo fundamental:
un probiótico no es solamente una especie; también es una cepa.
Y los resultados obtenidos con una cepa concreta de L. gasseri no tienen por qué repetirse automáticamente con todas las demás.
Lactobacillus gasseri, un habitante de nuestro organismo
L. gasseri pertenece al grupo de bacterias ácido-lácticas y puede encontrarse en el aparato gastrointestinal y el tracto genitourinario femenino.
También se han aislado cepas en leche materna humana, algo particularmente interesante cuando estudiamos cómo comienza a construirse la microbiota durante las primeras etapas de la vida.
Determinadas cepas presentan capacidad de adherirse a las superficies mucosas y de interaccionar con otras bacterias presentes en el mismo ecosistema.
Esta competencia por espacio y nutrientes forma parte de la denominada resistencia a la colonización: cuando una comunidad microbiana ocupa un ecosistema, los microorganismos que llegan posteriormente deben competir para establecerse.
Algunas cepas de L. gasseri producen además sustancias con actividad antimicrobiana, incluidas bacteriocinas, que pueden dificultar el crecimiento de determinados microorganismos competidores.
Esto no significa que tome posesión permanente del intestino y expulse a todas las bacterias indeseables. La microbiota es bastante más compleja. Un probiótico puede ejercer efectos mientras atraviesa el intestino e interacciona con él sin necesidad de convertirse en un residente permanente.
Lactobacillus gasseri y control del peso
Ésta es probablemente la propiedad que hizo famoso a Lactobacillus gasseri.
Determinadas cepas se han estudiado en personas con sobrepeso y adiposidad abdominal, observándose cambios en parámetros como peso corporal, perímetro de cintura y grasa abdominal o visceral.
Es una línea especialmente interesante porque nos recuerda que el tejido adiposo y el metabolismo no funcionan aislados del intestino.
La microbiota participa en la transformación de nutrientes, producción de metabolitos, regulación de la barrera intestinal y comunicación con diferentes señales metabólicas.
Entre ellas se encuentra la leptina, una hormona producida fundamentalmente por el tejido adiposo que informa al cerebro sobre nuestras reservas energéticas y participa en la regulación del apetito.
Cuando perdemos peso, los niveles de leptina pueden disminuir. Ésta es una de las adaptaciones que ayudan a explicar por qué, después de adelgazar, el organismo puede responder aumentando el hambre y reduciendo parcialmente el gasto energético.
La relación entre L. gasseri, microbiota, tejido adiposo y señales metabólicas continúa siendo objeto de estudio.
Lo que no haría es convertirlo en un simple «probiótico quemagrasas». Los efectos observados dependen de la cepa, la alimentación, la persona y el contexto metabólico.
Dolor menstrual y endometriosis
Ésta es una de las aplicaciones más curiosas de L. gasseri.
Determinadas cepas han sido estudiadas en mujeres con endometriosis y dolor menstrual, observándose mejoría del dolor en algunos trabajos.
La explicación propuesta no consiste en que la bacteria actúe directamente sobre las lesiones de endometriosis, sino en su posible influencia sobre la respuesta inmunitaria e inflamatoria.
Es un magnífico ejemplo de hasta dónde pueden llegar las comunicaciones entre microbiota, mucosas y sistema inmunitario.
Y también de por qué necesitamos conocer la cepa: no podemos coger el resultado obtenido con un L. gasseri concreto y adjudicárselo automáticamente a cualquier producto que contenga esta especie.
Lactobacillus gasseri y Helicobacter pylori
Helicobacter pylori es una bacteria capaz de colonizar la mucosa gástrica y está estrechamente relacionada con gastritis crónica y úlcera péptica, además de aumentar el riesgo de determinadas enfermedades gástricas a largo plazo.
Algunas cepas de L. gasseri han mostrado capacidad para interferir con H. pylori y se han estudiado como complemento dentro del abordaje de esta infección.
Los probióticos resultan especialmente interesantes aquí por dos motivos.
Por una parte, determinadas cepas pueden interactuar directamente con el ecosistema microbiano.
Por otra, los tratamientos utilizados para erradicar H. pylori combinan antibióticos y otros medicamentos que pueden producir diarrea, molestias digestivas y alteraciones de la microbiota.
Por eso encontramos diferentes probióticos investigados como acompañamiento de estos tratamientos.
Lo que sí separaría es H. pylori del reflujo gastroesofágico. Pueden coexistir, pero no podemos considerar a esta bacteria una causa general del reflujo ácido.
Colesterol y metabolismo
También se han estudiado determinadas cepas de L. gasseri en relación con colesterol, triglicéridos, glucosa y otros parámetros metabólicos.
Las bacterias intestinales pueden influir sobre el metabolismo de los ácidos biliares y transformar diferentes compuestos procedentes de nuestra alimentación.
Algunas bacterias ácido-lácticas poseen además actividad hidrolasa de sales biliares, uno de los mecanismos estudiados para explicar la relación entre determinadas cepas probióticas y el metabolismo del colesterol.
No todos los L. gasseri se comportan exactamente igual, pero esta conexión entre microbiota intestinal y metabolismo lipídico es mucho más interesante que pensar exclusivamente en una bacteria destinada a adelgazar.
Sistema inmunitario
Nuestro intestino constituye una de las principales superficies de contacto entre el organismo y el mundo exterior.
Por eso alrededor de la mucosa intestinal existe una enorme actividad inmunitaria.
Los microorganismos que viven allí mantienen una comunicación constante con nuestras células y determinadas cepas de L. gasseri pueden modular diferentes aspectos de esta respuesta.
En lugar de decir simplemente que «sube las defensas», resulta más interesante hablar de inmunomodulación.
Un sistema inmunitario sano no es el que responde siempre con más intensidad. Necesita saber cuándo reaccionar, contra qué hacerlo y cuándo detener la respuesta.
Alergias, rinitis y vías respiratorias
Precisamente por esa relación con el sistema inmunitario se ha investigado L. gasseri en diferentes modelos relacionados con alergia e inflamación.
Existen trabajos sobre respuesta alérgica, rinitis y vías respiratorias, incluyendo investigaciones experimentales sobre inflamación asociada al asma alérgica.
Aquí volvemos a encontrarnos con el denominado eje intestino-pulmón.
El intestino y las vías respiratorias parecen estructuras muy alejadas, pero ambos son grandes sistemas mucosos y mantienen comunicación a través de células inmunitarias, mediadores y metabolitos producidos por la microbiota.
Esto ayuda a comprender por qué determinadas bacterias intestinales se investigan en problemas que aparentemente no tienen nada que ver con el aparato digestivo.
Inflamación intestinal
Lactobacillus gasseri también se ha estudiado por su relación con la barrera intestinal y la regulación de diferentes respuestas inflamatorias.
Una mucosa intestinal sana debe realizar dos tareas aparentemente contradictorias: permitir la absorción de nutrientes y, al mismo tiempo, controlar el paso de microorganismos y sustancias potencialmente perjudiciales.
La microbiota participa activamente en ese equilibrio.
Por esta razón determinadas cepas probióticas se investigan en situaciones relacionadas con inflamación intestinal y alteraciones funcionales como el síndrome del intestino irritable.
¿Dónde encontramos Lactobacillus gasseri?
Aquí conviene diferenciar entre un alimento fermentado y una fuente garantizada de una determinada especie probiótica.
Kéfir, yogur, chucrut, kimchi, miso, tempeh y otros fermentados pueden contener una gran diversidad de microorganismos dependiendo de cómo se elaboren, los cultivos utilizados y el proceso de fermentación.
Pero comer cualquiera de ellos no garantiza que estemos consumiendo Lactobacillus gasseri.
Si buscamos específicamente esta bacteria, debemos comprobar que el alimento o complemento indique en su composición la especie y, preferiblemente, también la cepa.
Una fuente natural especialmente interesante es la leche materna, en la que se han identificado diferentes bacterias ácido-lácticas, incluidas cepas de L. gasseri.
Principales usos de Lactobacillus gasseri
Dependiendo de la cepa utilizada, encontramos investigaciones y aplicaciones relacionadas con:
-
equilibrio de la microbiota intestinal;
-
control del peso y adiposidad abdominal;
-
metabolismo del colesterol y otros lípidos;
-
Helicobacter pylori;
-
diarrea y alteraciones digestivas;
-
síndrome del intestino irritable;
-
inmunidad;
-
alergias y rinitis;
-
inflamación;
-
salud vaginal;
-
y dolor menstrual asociado a endometriosis.
Esta variedad de aplicaciones no significa que una misma cepa sirva necesariamente para todas ellas.
Precisamente por eso, cuando elegimos un probiótico, cada vez considero más importante mirar más allá del número de millones de bacterias que anuncia el envase y comprobar qué microorganismos contiene realmente.
Contraindicaciones de Lactobacillus gasseri
En personas sanas, las cepas de L. gasseri utilizadas como probióticos suelen tolerarse bien.
Al comenzar un probiótico pueden aparecer gases, distensión abdominal o cambios en el tránsito, especialmente en personas cuya microbiota está muy alterada o cuando se introducen simultáneamente otros cambios en la alimentación.
No interpretaría automáticamente estos síntomas como que «las bacterias malas están muriendo». La fermentación y el propio cambio del ecosistema intestinal pueden modificar temporalmente la producción de gases.
Si las molestias son intensas o persistentes, merece la pena revisar el producto y valorar qué está ocurriendo en lugar de insistir simplemente porque sea un probiótico.
En personas con inmunosupresión importante, enfermedad grave o síndrome de intestino corto, la utilización de microorganismos vivos merece una valoración individual.
Una bacteria, muchas cepas
Lactobacillus gasseri es un buen ejemplo de cuánto ha cambiado nuestra manera de comprender los probióticos.
Hace años hablábamos simplemente de «Lactobacillus para recuperar la flora».
Hoy podemos estudiar una bacteria concreta, identificar una cepa y descubrir que presenta determinadas características de adherencia, produce determinadas sustancias o ha sido investigada para una aplicación específica.
Y eso cambia completamente la forma de elegir un probiótico.
No se trata únicamente de llenar el intestino de «bacterias buenas».
Se trata de comprender un ecosistema y, cuando utilizamos un probiótico, saber qué microorganismo estamos introduciendo y qué esperamos conseguir con él.
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. Los efectos de los probióticos son dependientes de la cepa y no todas las cepas de Lactobacillus gasseri han sido estudiadas para las mismas aplicaciones.


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