
Enterococcus faecium es una bacteria que puede formar parte de la microbiota intestinal de seres humanos y animales. También podemos encontrar determinadas cepas en alimentos fermentados y otras han sido seleccionadas por sus características para utilizarlas como probióticos.
Y con esta bacteria hay algo especialmente importante que debemos comprender desde el principio: cuando hablamos de probióticos, no basta con conocer el nombre de la especie.
La cepa importa. Y en Enterococcus faecium importa muchísimo.
Dentro de una misma especie podemos encontrar microorganismos con comportamientos muy diferentes. Existen cepas de E. faecium estudiadas y utilizadas como probióticos, mientras que otras se comportan como microorganismos oportunistas y pueden ocasionar infecciones, especialmente en el medio hospitalario y en personas vulnerables.
Por eso un Enterococcus faecium seleccionado como probiótico no debe confundirse con cualquier bacteria que pertenezca a esta especie.
Enterococcus faecium y microbiota intestinal
Los enterococos forman parte de la compleja comunidad microbiana que puede habitar nuestro aparato digestivo.
Allí conviven con una cantidad inmensa de bacterias, arqueas, hongos, virus y otros microorganismos formando un ecosistema dinámico que cambia con alimentación, edad, medicamentos, enfermedades, entorno y estilo de vida.
En una microbiota equilibrada, los diferentes microorganismos compiten continuamente por nutrientes y lugares donde desarrollarse.
Ésta es la base de uno de los mecanismos que siempre me ha parecido más interesantes de la microbiota: la exclusión competitiva.
Cuando un ecosistema intestinal está bien ocupado y dispone de una comunidad microbiana diversa, un microorganismo que llega desde el exterior debe competir por espacio y alimento.
No encuentra simplemente un intestino vacío en el que instalarse.
Además, las bacterias residentes modifican el medio, consumen nutrientes y producen diferentes sustancias capaces de influir sobre otros microorganismos.
Es una auténtica lucha ecológica microscópica.
Esto no significa que una microbiota equilibrada nos haga invulnerables frente a una infección. La capacidad de un patógeno para producir enfermedad depende también de la cantidad ingerida, su virulencia, nuestras defensas, la barrera intestinal y muchas otras circunstancias.
Pero sí ayuda a comprender por qué resistencia a la colonización y microbiota intestinal están íntimamente relacionadas.
¿Qué ocurre después de tomar antibióticos?
Aquí encontramos una de las aplicaciones que hicieron interesantes a los probióticos.
Los antibióticos están diseñados para actuar contra bacterias, pero no pueden distinguir simplemente entre «las malas» que queremos eliminar y «las buenas» que queremos conservar.
Dependiendo del antibiótico, su espectro y la duración del tratamiento, pueden modificar de manera considerable la microbiota intestinal.
Algunas poblaciones disminuyen, otras encuentran de repente más espacio disponible y el ecosistema puede necesitar tiempo para reorganizarse.
La recuperación tampoco sigue un calendario fijo.
En algunas personas una parte importante de la microbiota se recupera relativamente pronto; en otras pueden persistir modificaciones durante meses. También influye enormemente cómo era el ecosistema intestinal antes del tratamiento.
Por esta razón determinadas cepas probióticas se han estudiado durante y después de tratamientos antibióticos, especialmente en relación con diarrea y recuperación del equilibrio intestinal.
Algunas cepas concretas de Enterococcus faecium se han utilizado precisamente dentro de este contexto.
Enterococcus faecium y diarrea
La relación de determinadas cepas de E. faecium con la diarrea se ha estudiado tanto en seres humanos como en animales.
Entre los mecanismos de interés encontramos su capacidad para competir con otros microorganismos y, en algunas cepas, producir sustancias antimicrobianas conocidas como enterocinas.
Las enterocinas son bacteriocinas: péptidos producidos por determinadas bacterias que pueden dificultar el crecimiento de otros microorganismos.
Algunas producidas por enterococos presentan actividad frente a bacterias de interés alimentario, entre ellas Listeria monocytogenes.
Esto explica por qué Enterococcus faecium ha despertado interés no solamente en microbiota y probióticos, sino también en microbiología de los alimentos y bioconservación.
Enterococcus faecium en los alimentos
Los enterococos pueden aparecer de manera natural en diferentes alimentos fermentados, incluidos algunos quesos y productos tradicionales fermentados.
En determinados quesos participan incluso en características relacionadas con la maduración, aroma y sabor.
Sin embargo, aquí vuelve a ser fundamental no meter todos los enterococos en el mismo saco.
La presencia de una especie en un alimento no significa automáticamente que estemos delante de un probiótico, del mismo modo que encontrar una cepa útil no convierte en beneficiosas a todas las bacterias de esa especie.
Precisamente por eso las cepas destinadas a aplicaciones alimentarias o probióticas deben estar perfectamente identificadas y caracterizadas.
Principales beneficios de las cepas probióticas
Dependiendo de la cepa utilizada, Enterococcus faecium se ha estudiado por su posible participación en diferentes funciones relacionadas con el ecosistema intestinal.
Entre las más interesantes encontramos:
-
favorecer el equilibrio de la microbiota intestinal;
-
competir con determinados microorganismos;
-
contribuir a la resistencia frente a la colonización;
-
participar en la interacción entre microbiota y sistema inmunitario;
-
favorecer determinadas funciones digestivas;
-
y ayudar en algunos tipos de diarrea, dependiendo de la cepa y de la situación que la produce.
También existe una gran cantidad de investigación veterinaria, ya que determinadas cepas de E. faecium se utilizan como probióticos en animales.
Digestión, nutrientes y metabolismo
Cuando hablamos de probióticos solemos pensar únicamente en «bacterias buenas contra bacterias malas», pero el ecosistema intestinal es bastante más complejo.
Los microorganismos intestinales participan en la transformación de sustancias procedentes de los alimentos y producen numerosos metabolitos que posteriormente interactúan con nuestras propias células.
Una cepa probiótica puede modificar el ecosistema no sólo mediante competencia directa, sino también alterando el entorno metabólico intestinal.
Por eso algunas investigaciones con E. faecium han estudiado parámetros relacionados con digestión, aprovechamiento de nutrientes y metabolismo.
Los resultados dependen, nuevamente, de la cepa utilizada.
¿Puede utilizarse para el estreñimiento?
También encontramos E. faecium en algunas formulaciones probióticas destinadas a regular el tránsito intestinal.
Aquí prefiero contemplarlo dentro de una intervención sobre la microbiota y el ecosistema intestinal y no como si la bacteria fuera un laxante.
El estreñimiento puede depender de alimentación, hidratación, motilidad intestinal, medicamentos, actividad física, función tiroidea, suelo pélvico y muchas otras circunstancias.
Cuando existe una alteración de la microbiota, trabajar sobre ella puede formar parte del planteamiento, pero necesitamos saber qué está provocando realmente el problema.
No todos los Enterococcus faecium son probióticos
Ésta es probablemente la parte más importante de este artículo.
Enterococcus faecium posee una doble cara microbiológica muy interesante.
Por una parte encontramos cepas seleccionadas como probióticos, utilizadas durante años y estudiadas por sus propiedades intestinales.
Por otra existen cepas oportunistas responsables de infecciones, especialmente en hospitales, donde además pueden presentar resistencia a múltiples antibióticos.
Algunas han adquirido resistencia a la vancomicina y constituyen un problema importante dentro del control de infecciones hospitalarias.
Esto no significa que un probiótico correctamente seleccionado vaya a comportarse como una cepa hospitalaria.
Significa que con esta especie resulta particularmente importante conocer qué cepa contiene realmente el producto.
Para seleccionar una cepa probiótica de E. faecium no basta con comprobar que sobreviva en el intestino. También interesa conocer su identidad, estabilidad y características de seguridad y asegurarse de que no presente factores indeseables que puedan convertirla en problemática.
Contraindicaciones de Enterococcus faecium
En una persona sana, una cepa adecuadamente seleccionada para uso probiótico tiene un contexto completamente diferente al de una infección por un enterococo oportunista.
Pero existen situaciones en las que yo tendría especial precaución.
En personas gravemente inmunodeprimidas, críticamente enfermas, hospitalizadas o con determinadas alteraciones importantes de la barrera intestinal, la utilización de microorganismos vivos debe valorarse individualmente.
Lo mismo ocurre cuando existen dispositivos invasivos o circunstancias clínicas que aumenten considerablemente el riesgo de infección.
No me gusta, por tanto, la idea de que cualquier probiótico sea automáticamente apropiado para cualquier persona sólo porque contenga microorganismos que podemos encontrar normalmente en nuestro intestino.
Especie, cepa y microbiota
Enterococcus faecium sirve además para explicar una de las cuestiones que más se olvidan cuando hablamos de probióticos.
Podemos decir:
Enterococcus: género.
faecium: especie.
Y después necesitamos conocer la cepa.
Esa última información puede cambiar muchísimo las cosas.
Dos bacterias pertenecientes a la misma especie pueden diferenciarse en las sustancias que producen, su capacidad de adherencia, su interacción con otros microorganismos e incluso en características relacionadas con su seguridad.
Por eso, después de estudiar tantos probióticos, cada vez me parece menos útil preguntar simplemente:
«¿Para qué sirve esta bacteria?»
La pregunta realmente interesante es:
¿Qué cepa es y para qué se ha estudiado esa cepa?
Ahí empieza de verdad el mundo de los probióticos.
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. En personas con inmunosupresión importante, enfermedad grave o situaciones clínicas complejas, la utilización de probióticos con microorganismos vivos debe valorarse individualmente.


Batido para reforzar nuestro cerebro: memoria, concentración y cerebro
Zumo alcalino para combatir el estrés: receta natural y beneficios
Trucos para aliviar el estreñimiento en los bebés