
El DMAE (2-dimetilaminoetanol) es una sustancia relacionada estructuralmente con la colina que se hizo conocida hace décadas por sus posibles efectos sobre la memoria, concentración, claridad mental y estado de alerta.
También podemos encontrar pequeñas cantidades de compuestos relacionados con el DMAE en determinados pescados, especialmente sardinas y anchoas.
Pero el DMAE tiene una peculiaridad bastante curiosa: no solamente se ha utilizado como complemento para el cerebro. También se emplea en cosmética reafirmante, por lo que podemos encontrar la misma sustancia en complementos destinados a la función mental y en cremas o geles para mejorar el aspecto de la piel.
DMAE, colina y acetilcolina
Químicamente, el DMAE está muy próximo a la colina; una forma sencilla de visualizarlo es pensar en una molécula de colina con un grupo metilo menos.
Esto resulta especialmente interesante porque la colina participa en la formación de acetilcolina, uno de nuestros neurotransmisores más importantes.
La acetilcolina interviene en memoria, aprendizaje y atención, pero también en la transmisión de los impulsos nerviosos hacia los músculos y en muchas otras funciones del sistema nervioso.
El DMAE se ha estudiado por su relación con el metabolismo de la colina y el sistema colinérgico. En estudios experimentales se han observado cambios en los niveles cerebrales de colina tras su administración, lo que explica buena parte de su utilización tradicional como complemento para memoria y concentración.
También se ha investigado su capacidad para atravesar la barrera hematoencefálica y alcanzar el sistema nervioso.
Muchas personas que utilizan DMAE describen una sensación de mayor concentración, claridad mental y facilidad para mantener la atención, especialmente durante periodos de trabajo intelectual intenso.
También se ha utilizado para los lapsos de memoria asociados al envejecimiento y suele aparecer combinado con otros nutrientes relacionados con las membranas neuronales y el metabolismo de la colina, como la fosfatidilcolina.
DMAE, envejecimiento cerebral y lipofuscina
Otra de las razones por las que el DMAE comenzó a estudiarse fue su relación con el envejecimiento celular.
Con el paso del tiempo puede acumularse dentro de algunas células un pigmento denominado lipofuscina, formado por residuos procedentes de diferentes procesos celulares y oxidativos.
La lipofuscina aumenta especialmente en células de larga vida, como determinadas neuronas, y durante años se la conoció popularmente como «pigmento del envejecimiento».
El DMAE se ha estudiado por su relación con las membranas celulares, el estrés oxidativo y la acumulación de lipofuscina.
También ha despertado interés su posible relación con los procesos que rodean a la beta-amiloide, una proteína estrechamente vinculada al estudio del deterioro cognitivo y la enfermedad de Alzheimer.
Por estas razones el DMAE terminó investigándose en diferentes alteraciones neurológicas, entre ellas Alzheimer y enfermedad de Huntington, además de su utilización mucho más habitual para memoria y función mental.
DMAE y TDAH: una historia bastante curiosa
Mucho antes de que el DMAE se popularizara como suplemento nutricional, ya había sido utilizado como medicamento.
Una forma denominada Deanol o Deaner se empleó durante las décadas de 1960 y 1970 en niños con problemas de aprendizaje, comportamiento y capacidad de atención.
En aquellos años se realizaron varios ensayos comparándolo incluso con metilfenidato, utilizado para el trastorno por déficit de atención e hiperactividad.
Uno de los trabajos más conocidos fue un ensayo doble ciego realizado en la década de 1970 con niños que presentaban problemas relacionados con hiperactividad y atención. Se observaron mejorías en determinadas pruebas de comportamiento y rendimiento.
Otros estudios de aquella época encontraron igualmente cambios en atención, concentración y comportamiento.
Finalmente Deaner dejó de comercializarse como medicamento. Sin embargo, el DMAE continuó utilizándose posteriormente como complemento nutricional.
Esta historia explica por qué todavía encontramos el TDAH entre las aplicaciones tradicionales del DMAE, aunque hoy su utilización más habitual sea como complemento para concentración, memoria y rendimiento intelectual.
DMAE y función mental
Algunas personas notan especialmente el DMAE cuando necesitan mantener durante muchas horas un trabajo que exige concentración.
Entre los efectos descritos por sus usuarios encontramos:
mayor claridad mental, mejor capacidad de concentración, memoria a corto plazo, estado de alerta y mayor facilidad para mantener la atención.
Esto ha hecho que durante años se utilice entre estudiantes, personas sometidas a un trabajo intelectual intenso y adultos que comienzan a notar los típicos pequeños lapsos de memoria asociados a la edad.
No funciona como un estimulante clásico. Su interés se encuentra principalmente en su relación con el sistema colinérgico y las membranas celulares.
Propiedades antioxidantes del DMAE
El DMAE también presenta una vertiente bastante menos conocida relacionada con la oxidación celular.
Se ha estudiado su interacción con determinados radicales libres y su posible capacidad para proteger estructuras celulares frente al daño oxidativo.
Su relación con las membranas celulares resulta especialmente interesante porque éstas contienen una importante proporción de lípidos susceptibles de oxidarse.
Esta combinación de sistema nervioso, membranas y envejecimiento celular explica por qué el DMAE acabó siendo investigado desde perspectivas bastante diferentes.
Y probablemente también explica algo que a primera vista resulta extraño: que una sustancia conocida por el cerebro terminara apareciendo en cremas para la cara.
DMAE para reafirmar la piel
Ésta es la otra gran aplicación del DMAE.
El DMAE tópico se utiliza en cosmética para mejorar la firmeza y tonicidad de la piel, especialmente en productos destinados a piel madura o con pérdida de elasticidad.
En estudios realizados con geles que contenían DMAE se observaron cambios en la firmeza de la piel después de su aplicación.
Se han propuesto varios mecanismos para explicar este efecto.
Uno de ellos está relacionado con cambios en la hidratación y estructura del tejido, capaces de modificar temporalmente la tensión superficial de la piel.
Otro resulta especialmente curioso: la piel también posee un sistema colinérgico y responde a la acetilcolina. Esto abrió la posibilidad de que parte del efecto del DMAE estuviera relacionado con mecanismos colinérgicos presentes en el propio tejido cutáneo.
Por eso encontramos DMAE en productos destinados a mejorar el aspecto de la flacidez facial, cuello y otras zonas donde se pierde firmeza.
No es simplemente un ingrediente hidratante. Precisamente su efecto tensor es lo que ha hecho que permanezca durante tantos años en determinadas formulaciones cosméticas.
DMAE, lipofuscina y manchas de la edad
La relación entre DMAE y lipofuscina también terminó trasladándose a la piel.
La lipofuscina es un pigmento amarillento-parduzco que se acumula progresivamente dentro de determinadas células y cuya presencia aumenta con la edad.
Por esta razón el DMAE también se ha utilizado tradicionalmente en productos destinados a piel envejecida y manchas asociadas a la edad.
Esta aplicación resulta especialmente interesante porque conecta las dos caras aparentemente diferentes del DMAE: su utilización sobre envejecimiento cerebral y su utilización cosmética.
En ambos casos volvemos a encontrarnos con los mismos protagonistas: membranas celulares, oxidación, metabolismo celular y envejecimiento.
Principales usos del DMAE
El DMAE se ha utilizado fundamentalmente para:
-
favorecer la concentración y claridad mental;
-
pequeños lapsos de memoria;
-
mantener la atención durante el trabajo intelectual;
-
apoyar la función cognitiva asociada al envejecimiento;
-
TDAH y problemas de atención, especialmente dentro de su utilización histórica;
-
protección frente al estrés oxidativo;
-
mejorar la firmeza y tonicidad de la piel;
-
piel madura;
-
y productos cosméticos destinados a manchas relacionadas con la edad.
Contraindicaciones del DMAE
Aunque el DMAE se utiliza tanto por vía oral como tópica, no todo el mundo responde igual.
Por vía oral se han descrito molestias gastrointestinales, estreñimiento, dolor de cabeza, insomnio, excitación, sueños especialmente vívidos, irritabilidad y cambios en el estado de ánimo.
Precisamente porque actúa sobre mecanismos relacionados con el sistema nervioso, no lo utilizaría alegremente en personas con epilepsia o antecedentes de trastornos convulsivos.
También merece especial precaución cuando existen trastorno bipolar, esquizofrenia o depresión importante, ya que se han descrito cambios o empeoramiento de determinados síntomas en personas susceptibles.
No lo utilizaría durante embarazo y lactancia.
Y existe otro detalle importante que muchas veces se olvida: debido a su relación con el sistema colinérgico, puede interaccionar con medicamentos que actúan precisamente sobre la acetilcolina.
Aquí encontramos tanto fármacos con actividad anticolinérgica como medicamentos que inhiben la acetilcolinesterasa y aumentan la disponibilidad de acetilcolina, utilizados entre otras cosas en determinadas fases de la enfermedad de Alzheimer.
Por eso, paradójicamente, una sustancia que se estudió por su posible interés sobre memoria y deterioro cognitivo requiere especial cuidado cuando la persona ya está utilizando medicación para estos mismos procesos.
El DMAE es una de esas sustancias que ha ido cambiando de lugar con el paso de las décadas: primero medicamento relacionado con atención y comportamiento, después complemento para memoria y rendimiento mental, y finalmente también ingrediente habitual de la cosmética reafirmante.
Y detrás de esas aplicaciones aparentemente tan distintas encontramos un hilo bastante coherente: colina, acetilcolina, membranas celulares, oxidación y envejecimiento.
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa y no constituye una pauta individual de suplementación.


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