El uso medicinal del carbón es antiquísimo. Diferentes culturas utilizaron materiales carbonizados para tratar problemas digestivos, heridas y sustancias ingeridas que podían resultar perjudiciales.
Actualmente seguimos utilizando carbón, pero con una diferencia fundamental: hablamos de carbón activado, un material especialmente procesado para multiplicar extraordinariamente su superficie porosa.
Y precisamente ahí está el secreto de sus propiedades.
El carbón activado no actúa porque nuestro organismo lo absorba. Ocurre prácticamente lo contrario: permanece en el aparato digestivo y determinadas moléculas quedan adheridas a su superficie, siendo posteriormente eliminadas junto con él.
Por eso se utiliza principalmente en gases intestinales y determinadas intoxicaciones, aunque tradicionalmente ha tenido bastantes más aplicaciones.
¿Qué es el carbón vegetal activado?
El carbón vegetal medicinal puede obtenerse a partir de materias vegetales ricas en carbono, como cáscara de coco y diferentes tipos de madera.
Pero no debemos confundir carbón vegetal corriente con carbón activado.
Para producir carbón activado, el material se somete a un proceso de activación mediante temperaturas elevadas y vapor u otros procedimientos, generando una estructura extraordinariamente porosa.
Si pudiéramos observarlo a escala microscópica encontraríamos una inmensa red de pequeños poros.
Esto proporciona al carbón una superficie interna enorme.
Y cuanto mayor es esa superficie, mayor capacidad existe para que determinadas moléculas se adhieran a ella.
Aquí conviene corregir además una palabra que se utiliza muchísimo cuando hablamos de carbón.
El carbón activado no absorbe principalmente las sustancias como una esponja absorbe agua.
Las adsorbe.
En la adsorción, las moléculas quedan adheridas a la superficie del material.
Parece una diferencia de una sola letra, pero químicamente es un mecanismo completamente distinto.
¿Qué puede adsorber el carbón activado?
El carbón activado puede unirse a numerosas sustancias presentes en el aparato digestivo, entre ellas determinados medicamentos, compuestos químicos y sustancias tóxicas.
Pero no funciona con absolutamente todo.
Su eficacia depende del tamaño y estructura de la molécula, de su afinidad por el carbón, de la cantidad ingerida y del tiempo transcurrido.
Por eso es extraordinariamente útil frente a determinadas intoxicaciones y prácticamente inútil frente a otras.
Esta capacidad de adsorción explica también sus aplicaciones digestivas.
Gases, flatulencia e hinchazón
Éste es probablemente su uso doméstico más conocido.
El carbón activado puede adsorber determinados gases y compuestos presentes en el intestino, por lo que tradicionalmente se utiliza cuando existen flatulencias, sensación de fermentación y distensión abdominal.
Puede resultar especialmente interesante cuando después de determinadas comidas aparecen gases, eructos y sensación de vientre hinchado.
Pero si esto ocurre continuamente, el carbón no debería convertirse en la forma de silenciar el problema.
En consulta me interesa mucho más averiguar por qué una persona está produciendo tantos gases: alimentación, exceso de determinados azúcares fermentables, intolerancias, alteraciones de la microbiota, estreñimiento, mala digestión o cualquier otro problema digestivo.
El carbón puede ayudarnos con el síntoma.
La causa es otra historia.
Diarrea
El carbón vegetal también tiene una larga tradición de utilización en diarreas y alteraciones digestivas acompañadas de fermentación.
Su capacidad de adsorber diferentes compuestos presentes en el contenido intestinal explica parte de esta utilización.
Nuevamente debemos distinguir una molestia digestiva ocasional de una diarrea intensa, persistente o acompañada de fiebre, sangre, deshidratación o dolor importante, donde necesitamos saber qué está ocurriendo.
Halitosis de origen digestivo
No todo mal aliento procede de la boca.
En determinadas personas existen fermentaciones digestivas, reflujo u otros problemas gastrointestinales que pueden contribuir a la halitosis.
Cuando existe una producción elevada de gases y determinados compuestos intestinales, reducir parte de esa carga puede mejorar temporalmente el problema.
Pero una halitosis persistente requiere buscar su origen, que puede estar en boca, encías, dientes, amígdalas, aparato digestivo o vías respiratorias, entre otros lugares.
Acidez, náuseas y digestiones pesadas
Tradicionalmente el carbón vegetal se ha utilizado también para molestias como digestiones pesadas, eructos, náuseas, gases y sensación de fermentación.
No es realmente un antiácido en el mismo sentido que una sustancia que neutraliza químicamente el ácido gástrico.
Su interés procede fundamentalmente de su capacidad adsorbente.
Por eso puede resultar útil en determinados cuadros digestivos y no hacer absolutamente nada en otros.
Carbón activado en las intoxicaciones
Ésta es probablemente la utilización médica más importante del carbón activado.
En determinadas intoxicaciones agudas puede administrarse para que el tóxico todavía presente en el aparato digestivo quede adsorbido sobre su superficie y se reduzca su absorción hacia el organismo.
Cuanto antes pueda actuar sobre una sustancia adecuada, mayor puede ser su utilidad.
Pero hay una cuestión fundamental:
el carbón activado no sirve para todos los venenos ni para todas las intoxicaciones.
Existen sustancias que apenas se unen a él y situaciones en las que administrarlo puede incluso resultar contraproducente.
Por eso una intoxicación no es el momento de buscar el bote de carbón de casa y experimentar.
Tampoco debemos provocar el vómito por nuestra cuenta, administrar carbón normal, carbón de una chimenea o pan quemado ni realizar procedimientos caseros para «vaciar el estómago».
Ante una intoxicación debemos identificar, siempre que sea posible, qué sustancia se ha ingerido, cuánto y cuándo, y contactar inmediatamente con los servicios sanitarios o de información toxicológica.
El carbón activado utilizado médicamente es un producto preparado específicamente para este fin.
¿Por qué no sirve para cualquier tóxico?
Porque la adsorción es selectiva.
El carbón activado puede unirse muy bien a determinadas moléculas y muy poco a otras.
Por ejemplo, existen sustancias como determinados alcoholes, metales y compuestos corrosivos cuya adsorción mediante carbón es escasa o inadecuada.
Esto también explica por qué la frase «el carbón elimina todas las toxinas del organismo» resulta demasiado simplificada.
No funciona como una aspiradora que entra en nuestro cuerpo y limpia todo lo que encuentra.
Actúa principalmente dentro del tubo digestivo, sobre determinadas sustancias con las que entra en contacto.
Y precisamente porque prácticamente no se absorbe, aquello que queda adsorbido puede eliminarse posteriormente con las heces.
Uso externo tradicional
El carbón vegetal también ha tenido numerosos usos externos.
Mezclado con agua puede formar una pasta que tradicionalmente se ha utilizado sobre la piel para absorber humedad, secreciones y determinados compuestos responsables del olor.
También encontramos antiguas cataplasmas de carbón utilizadas para picaduras y molestias cutáneas.
A veces se mezclaba con linaza molida o almidón para mantener la humedad de la cataplasma durante más tiempo.
Es una utilización tradicional interesante que merece conservarse, pero con un límite bastante lógico.
Una picadura corriente no es lo mismo que una mordedura de serpiente, una reacción alérgica grave o una infección profunda.
En estos casos una cataplasma de carbón no neutraliza el veneno que ya se ha inoculado en los tejidos ni sustituye el tratamiento correspondiente.
Tampoco utilizaría carbón dentro de ojos u oídos.
Y sobre una herida abierta puede dejar partículas retenidas y producir incluso una pigmentación permanente similar a un tatuaje traumático.
Carbón activado para dientes y encías
El carbón también se ha utilizado tradicionalmente para la higiene bucal y actualmente ha reaparecido en numerosos dentífricos y productos blanqueadores.
Su capacidad adsorbente puede ayudar a retirar determinados compuestos superficiales responsables de manchas y olores.
Pero aquí más tampoco significa mejor.
Un producto excesivamente abrasivo utilizado continuamente puede afectar al esmalte y aumentar la sensibilidad dental.
Y si existe dolor de muelas, inflamación o infección de encías, el carbón no elimina la causa de una infección dental.
Puede ser un complemento de higiene en determinados productos bien formulados, no una alternativa a solucionar el problema que existe debajo.
Una propiedad importante que también puede convertirse en problema
Precisamente porque el carbón activado adsorbe sustancias con tanta eficacia, puede hacer lo mismo con algo que queremos conservar:
nuestros medicamentos.
Puede disminuir la absorción de diferentes fármacos administrados por vía oral y también interferir con algunos suplementos.
Ésta es probablemente una de las precauciones más importantes cuando alguien decide utilizar carbón activado para problemas digestivos.
No debemos pensar:
«Como es natural y no se absorbe, no puede interferir con nada».
Puede hacerlo precisamente porque no se absorbe y porque adsorbe otras moléculas antes de que éstas puedan absorberse.
Por eso debe mantenerse separado de medicamentos y valorar individualmente su utilización cuando existe un tratamiento farmacológico.
¿Tiene efectos secundarios?
Aunque el carbón activado prácticamente no pase al torrente sanguíneo, eso no significa que sea completamente incapaz de producir efectos indeseados.
Puede provocar estreñimiento, náuseas, vómitos y heces negras.
Esto último es completamente lógico: el carbón entra negro y termina saliendo negro.
En determinadas circunstancias puede producir problemas intestinales más importantes, especialmente cuando se utilizan grandes cantidades o existe previamente una alteración del tránsito.
Y existe un riesgo especialmente relevante si una persona está somnolienta, vomitando o no puede proteger adecuadamente la vía respiratoria: aspirar carbón hacia los pulmones puede ser peligroso.
Ésta es otra razón por la que su utilización en intoxicaciones debe decidirse correctamente.
¿Sirve para «desintoxicarse»?
Aquí distinguiría dos cosas.
El carbón activado tiene una capacidad real y extraordinaria para adsorber determinadas sustancias dentro del aparato digestivo.
Eso está fuera de discusión y explica que siga teniendo utilidad médica.
Pero tomar carbón todos los días para «limpiar el organismo» es otra cuestión.
Nuestro hígado, riñones, intestino, pulmones y piel poseen sus propios mecanismos de transformación y eliminación.
El carbón no circula por nuestra sangre limpiando metales, toxinas y residuos acumulados.
Se queda fundamentalmente en el intestino.
Y si lo utilizamos continuamente sin necesidad también puede adsorber medicamentos y otros compuestos que sí queríamos absorber.
Por eso me parece mucho más interesante utilizarlo cuando tiene una función concreta que convertirlo en una rutina indiscriminada de detoxificación.
Un remedio antiguo que sigue teniendo su lugar
Pocas sustancias tan sencillas tienen una propiedad física tan espectacular.
Tomamos una materia rica en carbono, multiplicamos mediante activación su estructura porosa y obtenemos una superficie capaz de retener multitud de moléculas.
De ahí nacen prácticamente todos sus usos.
Gases y fermentaciones intestinales, hinchazón, determinadas molestias digestivas, control de olores y, sobre todo, su utilización médica frente a intoxicaciones concretas.
No necesitamos atribuirle la capacidad de eliminar cualquier tóxico imaginable para reconocer que el carbón activado es una herramienta extraordinariamente interesante.
Pero precisamente porque adsorbe, debemos recordar siempre la otra cara de la moneda:
no distingue nuestras intenciones.
Si encuentra una molécula por la que tiene afinidad puede retenerla, tanto si queríamos eliminarla como si se trataba de un medicamento que necesitábamos absorber.
Y entender esto es probablemente la mejor manera de utilizar correctamente uno de los remedios más antiguos que seguimos teniendo a nuestro alcance.
Este contenido tiene carácter educativo e informativo. Ante una posible intoxicación, la utilización de carbón activado depende de la sustancia ingerida y de las circunstancias concretas y debe ser valorada como una urgencia toxicológica.



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