Para que sirve el agua Alcalina y el Agua Acida

El agua activada, producida mediante electrólisis, es un agua cuyas características cambian durante el proceso, dando lugar a dos tipos de agua completamente diferentes: agua alcalina o catolito y agua ácida o anolito.

Hace años trabajé durante bastante tiempo con jarras que permitían producir estas dos aguas y pude observar resultados realmente llamativos.

No estoy hablando simplemente de beber «agua alcalina» porque esté de moda ni de añadir sustancias al agua para modificar su pH. Hablo de equipos en los que, mediante electrólisis y separación de las dos fracciones, obteníamos por un lado agua alcalina y por otro agua ácida, cada una con unas características y aplicaciones diferentes.

Durante aquellos años vi respuestas que todavía recuerdo, entre ellas descensos importantes de tensiones arteriales elevadas en personas en las que estaba resultando muy difícil conseguir regularlas.

Por eso me parece importante explicar qué era realmente aquella agua, cómo se producía y por qué el agua alcalina y el agua ácida se utilizaban de maneras completamente distintas.

El origen del agua activada

La historia de estas aguas es bastante curiosa.

Los primeros trabajos se atribuyen a un grupo de científicos que investigaba en Tashkent, en el actual Uzbekistán, dentro de la antigua Unión Soviética.

Su objetivo inicial no tenía nada que ver con la salud. Estaban trabajando sobre una nueva composición de emulsiones utilizadas durante los sondeos para la búsqueda de gas y petróleo.

Durante las investigaciones colocaron entre los electrodos un diafragma que permitía el paso de iones pero mantenía separadas las dos fracciones del agua.

Después de la electrólisis comprobaron que el agua obtenida a cada lado había adquirido características completamente diferentes.

En la zona del ánodo aparecía un agua ácida, con características oxidantes: el anolito.

En la zona del cátodo aparecía un agua alcalina, más blanda y con características reductoras: el catolito.

A partir de ahí comenzó una historia que ya no tenía demasiado que ver con buscar petróleo.

Según los primeros relatos sobre estas investigaciones, algunos trabajadores comenzaron a utilizar aquella agua para lavarse y observaron una recuperación más rápida de pequeñas heridas y mejorías en determinados problemas de piel.

Posteriormente se experimentó con el agua ácida para la desinfección y con el agua alcalina en el cuidado de heridas.

También se estudió sobre cultivos de algodón, donde se describieron nuevamente comportamientos diferentes: el agua alcalina se utilizó por su efecto estimulante sobre las plantas y el agua ácida por sus propiedades bactericidas.

Las investigaciones continuaron y el agua activada terminó siendo conocida en diferentes países de Europa y Asia, especialmente en territorios de la antigua Unión Soviética y Japón.

Agua alcalina y agua ácida: no son la misma cosa

Ésta es la primera idea que tenemos que entender.

Si después de producirlas volvemos a mezclar el anolito y el catolito, sus características tienden nuevamente hacia el equilibrio.

Precisamente lo interesante era separarlas.

Para conocer su acidez o alcalinidad utilizamos el pH.

Un pH alrededor de 7 se considera neutro. Por debajo de 7 tenemos un medio ácido y por encima de 7, alcalino.

En los equipos de agua activada podían obtenerse aguas ácidas y alcalinas con diferentes pH dependiendo del aparato, del agua utilizada y del tiempo de electrólisis.

Pero el pH no era la única característica que cambiaba.

También lo hacía su potencial de oxidación-reducción o potencial redox (ORP).

El anolito presentaba características más oxidantes y el catolito, más reductoras.

Y esto es importante porque explica por qué no podemos equiparar automáticamente un catolito con cualquier botella que encontremos actualmente en el supermercado bajo la denominación de «agua alcalina».

Aquí estamos hablando específicamente de agua obtenida mediante electrólisis.

El hidrógeno y el agua alcalina

Una parte muy interesante de la investigación posterior se desarrolló en Japón.

El investigador japonés Sanetaka Shirahata estudió el agua electrolizada reducida y llamó la atención sobre el hidrógeno presente en este tipo de aguas y su relación con los procesos oxidativos.

En aquellos trabajos se utilizaba frecuentemente la expresión «hidrógeno activo».

Actualmente hablamos con mayor precisión de hidrógeno molecular (H₂) disuelto cuando nos referimos al hidrógeno generado durante determinados procesos de electrólisis.

Este hidrógeno molecular ha despertado posteriormente mucho interés por su relación con procesos de estrés oxidativo, inflamación y señalización celular.

Nuestro organismo produce continuamente especies reactivas de oxígeno como consecuencia del metabolismo normal. También intervienen en la respuesta inmunitaria y en numerosos procesos celulares.

El equilibrio entre oxidación y sistemas antioxidantes forma parte de nuestra fisiología.

Precisamente por eso las características reductoras de determinadas aguas electrolizadas y la presencia de hidrógeno comenzaron a estudiarse en situaciones muy diferentes.

Y aquí se encuentra una parte importante de las aplicaciones que históricamente se atribuyeron al catolito.

Agua activada y alergias

Entre las primeras aplicaciones estudiadas encontramos las alergias.

La respuesta alérgica implica una activación inmunitaria y la liberación de numerosos mediadores inflamatorios, además de cambios relacionados con el estrés oxidativo.

Los antiguos trabajos sobre agua reducida relacionaron sus características con la modulación de estos procesos.

Por esta razón el agua activada comenzó a utilizarse en problemas como alergias y dermatitis alérgica, combinando en determinados protocolos las características del agua ácida y del agua alcalina.

Agua alcalina y diabetes

También se investigó el agua electrolizada reducida en relación con la diabetes y el metabolismo de la glucosa.

El interés se centró especialmente en la relación existente entre estrés oxidativo, células pancreáticas, sensibilidad a la insulina y metabolismo glucídico.

Éste fue uno de los campos en los que las aguas reducidas despertaron especial interés en Japón.

En los antiguos protocolos de agua activada encontramos por ello el catolito utilizado como apoyo en personas con alteraciones de la glucosa.

Agua activada e hipertensión

Ésta es una aplicación que conozco además por experiencia propia trabajando con aquellas jarras.

Durante los años en los que las utilicé pude observar descensos importantes de tensión arterial elevada, incluso en personas en las que estaba siendo difícil conseguir regularla.

Los antiguos trabajos sobre agua activada diferenciaban además entre hipertensión e hipotensión y utilizaban de manera diferente ambas fracciones.

Esto tenía bastante sentido dentro del sistema original, porque agua ácida y agua alcalina no se consideraban intercambiables.

Precisamente una de las características del método era seleccionar una u otra según el efecto que se buscaba.

Agua activada, circulación y arteriosclerosis

Los procesos oxidativos intervienen también en el metabolismo de los lípidos y en la salud vascular.

Por esta razón el agua electrolizada reducida comenzó a estudiarse en relación con circulación, presión arterial y procesos asociados a la oxidación lipídica.

En los antiguos protocolos aparecen aplicaciones relacionadas con arteriosclerosis, circulación periférica, hinchazón de manos y pies y venas varicosas.

También se utilizaba el agua de manera externa, especialmente en determinadas molestias circulatorias de las extremidades.

Agua activada e infecciones

Otra de las áreas históricas de utilización fue la relacionada con infecciones.

Aquí debemos diferenciar nuevamente las dos aguas.

El agua ácida o anolito presenta propiedades antimicrobianas y desinfectantes, mientras que el interés del catolito se centraba principalmente en sus características reductoras y recuperadoras.

Los antiguos investigadores relacionaron también el estrés oxidativo con la respuesta del sistema inmunitario frente a microorganismos.

A partir de ahí se estudiaron las aguas activadas en diferentes situaciones infecciosas y en los antiguos textos encontramos referencias a infecciones respiratorias, procesos virales, bronquitis, gripe, herpes, brucelosis, problemas de garganta y diferentes infecciones cutáneas.

¿Y el cáncer?

El cáncer fue también una de las áreas en las que comenzó a estudiarse el agua electrolizada reducida y el hidrógeno.

Los antiguos textos intentaban explicar estos efectos mediante mecanismos relacionados con radicales libres, oxidación y telómeros.

Actualmente sabemos que la biología de los telómeros y la telomerasa en las células cancerosas es bastante más compleja de lo que se explicaba en aquellos primeros trabajos, por lo que no conservaría literalmente aquel mecanismo.

Lo interesante de aquella investigación fue que abrió el estudio de las aguas reducidas y posteriormente del hidrógeno molecular en procesos relacionados con estrés oxidativo, proliferación celular, inflamación y daño celular.

Por tanto, el interés histórico de esta línea se mantiene, aunque hoy podamos explicar sus mecanismos de una manera bastante más precisa.

Agua ácida o anolito

El anolito es un agua de carácter ácido y oxidante.

Dependiendo de cómo se produzca puede ser transparente o presentar una ligera tonalidad y un olor característico.

Su principal característica es su acción antimicrobiana y desinfectante.

Por eso se ha utilizado para la higiene de superficies, instrumental, ropa, calzado, instalaciones y determinados productos alimentarios, además de diferentes aplicaciones sobre piel y mucosas cuando el agua estaba preparada específicamente para ese uso.

El agua ácida también se utilizaba tradicionalmente en problemas de boca y encías, garganta, procesos respiratorios, hongos, acné, heridas, supuraciones, herpes, dermatomicosis, olor de pies y diferentes problemas cutáneos.

En el sistema tradicional de agua activada se relacionaba además con un efecto calmante y se utilizaba en determinadas situaciones de dolor, inflamación, alteraciones del sueño y tensión arterial elevada.

Una de las ventajas prácticas de esta agua era precisamente disponer de una solución producida en casa que podía utilizarse también en determinadas tareas de limpieza y desinfección, reduciendo la necesidad de otros productos.

Agua alcalina o catolito

El catolito es la fracción alcalina y reductora.

Puede aparecer inicialmente algo turbio o blanquecino y posteriormente formar un sedimento dependiendo de los minerales presentes en el agua utilizada para producirlo.

Tradicionalmente se describía como un agua estimulante, tonificante y recuperadora.

Se utilizaba para favorecer la recuperación, mejorar la vitalidad, estimular determinados procesos metabólicos y acompañar diferentes alteraciones digestivas.

También se empleaba externamente en el cuidado de los tejidos.

Una característica muy interesante de los antiguos protocolos era precisamente combinar las dos aguas: primero se aprovechaban las características higienizantes del anolito y posteriormente las propiedades atribuidas al catolito para favorecer la recuperación.

Agua alcalina y aparato digestivo

El catolito se utilizó muchísimo en problemas digestivos.

Entre sus aplicaciones tradicionales encontramos gastritis, acidez de estómago, úlcera gástrica y duodenal, estreñimiento, alteraciones digestivas, colitis y problemas biliares como la colecistitis.

En determinados problemas se combinaban además las dos aguas.

El agua alcalina puede modificar temporalmente la acidez con la que entra en contacto, pero el interés tradicional del catolito no se limitaba únicamente a neutralizar ácido: se utilizaba dentro del concepto general de agua reducida y recuperadora.

Agua activada y aparato respiratorio

También encontramos una larga tradición de utilización en anginas, dolor de garganta, bronquitis, laringitis, tos, catarros, resfriados y gripe.

El agua ácida se utilizaba especialmente aprovechando sus características antimicrobianas y el agua alcalina formaba parte posteriormente de muchos de aquellos protocolos.

De nuevo vemos que la idea no consistía en utilizar una única agua para todo.

El sistema trabajaba precisamente con dos aguas de características opuestas.

Piel, heridas y quemaduras

Ésta fue una de las aplicaciones que aparecieron desde los primeros años de investigación.

El agua activada se utilizó en heridas, cortes, rasguños, supuraciones, abscesos, quemaduras, úlceras cutáneas y lesiones producidas por presión mantenida.

También encontramos aplicaciones tradicionales en psoriasis, eczema, dermatitis, acné, grietas de los talones, forunculosis y diferentes erupciones.

En estos usos se aprovechaba especialmente la diferencia entre ambas aguas: el anolito por sus propiedades higienizantes y el catolito dentro de la fase de recuperación de los tejidos.

Hongos y problemas de piel

El agua ácida se utilizaba también en hongos y dermatomicosis, tanto por sus características antimicrobianas como por la facilidad de utilizarla externamente.

Los antiguos protocolos recogen aplicaciones sobre cuero cabelludo, piel y pies.

También se empleaba en determinados casos de alopecia y problemas del cuero cabelludo, aunque aquí el objetivo y el tipo de utilización eran diferentes.

Boca, dientes y encías

Otra aplicación muy habitual era la higiene bucal.

El anolito se utilizaba tradicionalmente en gingivitis, estomatitis, molestias dentales, sangrado de encías y problemas de garganta.

Sus características antimicrobianas hicieron que el agua electrolizada despertara también interés para la higiene de la cavidad oral.

Articulaciones y aparato locomotor

En los antiguos protocolos encontramos aplicaciones para dolores articulares, osteoartritis, poliartritis y reumatismo.

Se utilizaban tanto aplicaciones externas como el empleo de una u otra agua dependiendo del objetivo perseguido.

El carácter diferente de anolito y catolito volvía a ser la base del método.

Aparato urogenital

El agua activada también se utilizó tradicionalmente en problemas del aparato urogenital, incluyendo vaginitis y determinadas alteraciones prostáticas.

Igualmente aparece en antiguos protocolos destinados a molestias relacionadas con la función sexual.

Las pautas históricas incluían aplicaciones internas y sobre mucosas que no reproduzco aquí porque requieren conocer exactamente qué agua se ha producido, con qué equipo, pH y características, y no cualquier agua denominada ácida o alcalina sirve para esos usos.

Parásitos y problemas intestinales

Otra de las aplicaciones tradicionales del anolito estaba relacionada con parásitos intestinales, aprovechando sus características antimicrobianas.

Los protocolos antiguos para lombrices alternaban posteriormente ambas aguas.

También aparecen usos diferentes para diarrea y estreñimiento: tradicionalmente se escogía agua ácida o alcalina dependiendo del problema.

Es otro ejemplo de por qué hablar simplemente de «beneficios del agua alcalina» deja fuera la mitad de esta terapia.

Ojos y oídos

Los antiguos protocolos de agua activada también recogían aplicaciones en conjuntivitis, orzuelos y otitis.

Existían formas concretas de utilización de las dos aguas para estos problemas.

No reproduzco esas técnicas porque ojos y oído son zonas en las que necesitamos conocer exactamente las características y esterilidad del preparado que estamos utilizando.

Pero forman parte de las aplicaciones históricas del agua activada y por eso las mantengo recogidas.

Otras aplicaciones tradicionales

Cuando revisamos los trabajos y protocolos antiguos encontramos una lista realmente extensa.

Además de todo lo anterior, el agua activada se utilizó en dolor de cabeza, hemorroides, hepatitis y alteraciones hepáticas, inflamación del colon, problemas circulatorios, edema, insomnio, irritabilidad, debilidad, alteraciones metabólicas y diferentes procesos inflamatorios.

Precisamente esta enorme variedad de aplicaciones fue la que hizo que el agua activada alcanzara tanta popularidad en determinados países.

Y también explica por qué aquellas jarras resultaban tan interesantes: con un mismo aparato se obtenían dos aguas distintas para usos completamente diferentes.

Agua activada para plantas y agricultura

No todo eran aplicaciones humanas.

El catolito se utilizó también en semillas y plantas.

Las semillas tratadas con agua alcalina podían presentar cambios en la germinación y tradicionalmente se utilizaba para estimular el crecimiento.

También se describió que determinadas plantas marchitas recuperaban mejor su aspecto al utilizar agua alcalina.

En agricultura se investigaron ambas fracciones precisamente porque una podía utilizarse por sus características antimicrobianas y la otra por su relación con crecimiento y recuperación.

Es una de las partes más curiosas de la historia del agua activada y demuestra que sus aplicaciones fueron mucho más allá del consumo humano.

Agua alcalina para limpiar

El catolito tiene además una utilidad doméstica bastante práctica.

Por sus características alcalinas puede ayudar a desengrasar y limpiar determinadas superficies.

Mientras el anolito se utilizaba fundamentalmente como agua higienizante, el catolito podía aprovecharse en tareas de limpieza relacionadas con grasa y suciedad.

Así que aquellas jarras no producían simplemente «un agua para beber».

Producían dos soluciones que podían aprovecharse de muchas maneras diferentes.

¿Cuánto duran sus propiedades?

Otra característica que recuerdo perfectamente de estas aguas es que era preferible utilizarlas frescas.

El catolito pierde progresivamente algunas de las características adquiridas durante la electrólisis y el hidrógeno molecular disuelto puede escapar con el tiempo.

El anolito puede conservar determinadas propiedades durante más tiempo, dependiendo de su composición y de cómo se almacene.

Tradicionalmente se recomendaba conservar ambas aguas en recipientes bien cerrados y no preparar cantidades enormes para almacenarlas durante largos periodos.

Tampoco tenía demasiado sentido guardarlas en el frigorífico pensando que así se conservaban indefinidamente.

Y si calentamos intensamente o hervimos un agua recién activada también podemos modificar las características que precisamente queríamos obtener con la electrólisis.

La lógica era bastante sencilla: hacerla y utilizarla fresca.

¿Cuánta agua alcalina se puede tomar?

Los antiguos investigadores realizaron incluso experimentos personales con cantidades importantes de agua alcalina y describieron fundamentalmente aumento de la diuresis y cambios en determinados parámetros.

Sin embargo, no considero necesario convertir este artículo en una pauta de cuántos vasos hay que beber ni durante cuántos días.

Cuando yo trabajaba con estas jarras, la utilización dependía precisamente de qué queríamos conseguir y de las características de la persona.

Además, no es lo mismo un agua ligeramente alcalina que un catolito con un pH mucho más elevado.

La cantidad no puede separarse de la concentración y del objetivo.

¿Puede utilizarse junto con medicamentos?

En los antiguos protocolos se recomendaba separar temporalmente la toma de agua activada de determinados medicamentos.

Actualmente prefiero individualizar esta cuestión porque no todos los medicamentos se absorben de la misma manera ni tienen las mismas características.

Lo importante es entender que un agua con un pH muy diferente del habitual puede modificar temporalmente las condiciones del aparato digestivo y que determinados medicamentos tienen requisitos concretos de administración.

Por eso, cuando existe medicación, hay que valorar el medicamento que estamos utilizando en lugar de aplicar una única regla para todos.

El agua activada no es simplemente «agua alcalina»

Creo que ésta es la conclusión más importante.

Cuando hace años trabajábamos con aquellas jarras no estábamos utilizando simplemente un agua de pH elevado.

Obteníamos dos aguas.

Una era ácida, oxidante y con unas aplicaciones determinadas.

La otra era alcalina, reductora y se utilizaba de manera completamente diferente.

El anolito se empleaba especialmente por sus características antimicrobianas, higienizantes y desinfectantes.

El catolito se utilizaba tradicionalmente como agua recuperadora, estimulante y reductora y fue objeto de numerosas aplicaciones relacionadas con metabolismo, digestión, circulación, tejidos y diferentes problemas de salud.

Después llegaron las investigaciones sobre agua electrolizada reducida e hidrógeno molecular y pudimos empezar a comprender mejor algunos de los fenómenos que anteriormente se explicaban bajo el nombre genérico de «hidrógeno activo».

Yo trabajé durante años con estas jarras y por eso no las conozco únicamente por haber leído sobre ellas.

Vi sus resultados.

Y algunas de las respuestas que observé, especialmente en personas con tensiones arteriales altas difíciles de regular, fueron suficientemente llamativas como para que siga considerando el agua activada uno de esos recursos de la medicina natural que merece la pena conocer y recordar.

Hoy podemos explicar mejor parte de su química y utilizar una terminología más precisa que hace unas décadas.

Pero eso no cambia lo que hacía especialmente interesante al sistema original: mediante un proceso físico relativamente sencillo conseguíamos obtener dos aguas con propiedades y aplicaciones completamente distintas.

Y precisamente ahí estaba su interés.

Este contenido tiene carácter educativo e informativo y recoge tanto los usos tradicionales del agua activada como mi experiencia profesional con este tipo de equipos. Las aplicaciones terapéuticas dependen del tipo de agua obtenida, su pH, características y forma de utilización; no cualquier producto denominado «agua alcalina» o «agua ácida» es equivalente al anolito y catolito producidos por estos sistemas.

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