Hipertensión: alimentación y medicina natural

La hipertensión arterial es uno de los problemas cardiovasculares más frecuentes y tiene una particularidad que hace especialmente importante detectarla: durante mucho tiempo puede no producir ningún síntoma.

Podemos encontrarnos perfectamente bien y, sin embargo, mantener cifras de presión arterial demasiado elevadas.

Desde la naturopatía, cuando aparece hipertensión no me interesa observar únicamente el número que aparece en el tensiómetro. Me interesa preguntarme también qué puede estar favoreciendo que esa presión se mantenga elevada: alimentación, peso, metabolismo, riñón, sueño, estrés, actividad física, tabaco, alcohol, determinados medicamentos o diferentes alteraciones de salud.

Porque controlar la cifra es importante, pero comprender el terreno sobre el que aparece también lo es.

¿Qué es la presión arterial?

Nuestros vasos sanguíneos forman una enorme red por la que circula continuamente la sangre impulsada por el corazón.

La presión arterial expresa la fuerza que ejerce esa sangre sobre las paredes de las arterias.

Cuando medimos la tensión obtenemos dos cifras.

Presión sistólica

Es la cifra superior del tensiómetro y corresponde a la presión que se produce cuando el corazón se contrae y expulsa la sangre.

Presión diastólica

Es la cifra inferior y corresponde a la presión existente durante la fase de relajación del corazón entre latidos.

La presión arterial no permanece exactamente igual durante todo el día.

Puede cambiar dependiendo de:

  • Sueño.

  • Actividad física.

  • Estrés.

  • Dolor.

  • Temperatura.

  • Cafeína.

  • Tabaco.

  • Emociones.

  • Determinados medicamentos.

  • Momento del día.

Por eso una medición aislada elevada no significa necesariamente que una persona tenga hipertensión.

Lo que nos interesa es comprobar si las cifras permanecen elevadas de manera repetida y en condiciones adecuadas de medición.

¿Cuándo hablamos de hipertensión?

Los valores utilizados para diagnosticar y clasificar la hipertensión pueden variar ligeramente dependiendo de las guías utilizadas y de si la medición se realiza en consulta, en casa o mediante monitorización ambulatoria.

Por eso prefiero no convertir una única cifra en una frontera absoluta.

Cuando aparecen valores elevados repetidamente, lo adecuado es confirmarlos mediante nuevas mediciones y valorar el conjunto de la persona.

Esto resulta especialmente importante cuando las cifras son muy elevadas o existen otros factores de riesgo cardiovascular.

La hipertensión de bata blanca

Hay personas cuya presión arterial aumenta considerablemente cuando entran en una consulta médica.

Es lo que conocemos como hipertensión de bata blanca.

El estrés o la anticipación ante la medición pueden elevar temporalmente la presión.

También puede suceder lo contrario: que la tensión parezca normal en consulta pero sea elevada durante la vida cotidiana, fenómeno conocido como hipertensión enmascarada.

Por eso las mediciones realizadas correctamente en casa o la monitorización ambulatoria durante 24 horas pueden aportar información muy valiosa.

Cómo medir correctamente la tensión en casa

Si queremos conocer nuestra presión arterial real, no basta con colocarnos el manguito de cualquier manera.

Antes de medirla conviene:

  • Permanecer sentado y tranquilo unos minutos.

  • Apoyar la espalda.

  • Mantener los pies en el suelo y las piernas sin cruzar.

  • Apoyar el brazo aproximadamente a la altura del corazón.

  • Utilizar un manguito adecuado al perímetro del brazo.

  • No hablar durante la medición.

  • Evitar medirla inmediatamente después de hacer ejercicio, fumar o tomar café.

Y, sobre todo, resulta mucho más útil observar varias mediciones realizadas en diferentes momentos que obsesionarse con una cifra aislada.

¿Por qué es importante controlar la hipertensión?

Cuando la presión arterial permanece elevada durante años, aumenta la carga que soportan el corazón y los vasos sanguíneos.

Con el tiempo puede favorecer lesiones en diferentes órganos y aumentar el riesgo de:

  • Enfermedad cardiovascular.

  • Infarto.

  • Accidente cerebrovascular.

  • Insuficiencia cardíaca.

  • Enfermedad renal.

  • Alteraciones de la retina.

  • Enfermedad vascular.

Precisamente porque puede avanzar silenciosamente, medir la tensión periódicamente es una herramienta preventiva muy sencilla.

Síntomas de la hipertensión

La mayoría de las personas con hipertensión no presentan síntomas específicos.

De ahí que tradicionalmente se la haya denominado «el asesino silencioso».

Dolor de cabeza, mareo o hemorragia nasal pueden aparecer por muchas razones diferentes y no permiten saber por sí solos si existe hipertensión.

Cuando la presión alcanza cifras extremadamente elevadas, especialmente si aparecen dolor torácico, dificultad para respirar, alteraciones neurológicas, confusión, debilidad, cambios visuales u otros síntomas importantes, la situación requiere valoración médica urgente.

¿Por qué aparece la hipertensión?

Desde mi forma de trabajar, una de las preguntas más importantes es esta.

La hipertensión no aparece siempre por la misma razón.

En muchas personas hablamos de hipertensión primaria o esencial, en la que intervienen numerosos factores simultáneamente: edad, predisposición genética, alimentación, peso, actividad física, regulación hormonal, función renal y vascular, entre otros.

En otros casos existe una causa secundaria identificable.

Por eso no me gusta observar la hipertensión exclusivamente como una cifra que tenemos que hacer bajar. Quiero saber también qué está ocurriendo alrededor de esa cifra.

Alimentación y presión arterial

Exceso de sodio

El sodio participa en la regulación de los líquidos y de la presión arterial.

El problema no suele estar únicamente en la sal que añadimos conscientemente a la comida.

Una gran parte puede proceder de:

  • Embutidos.

  • Aperitivos de bolsa.

  • Platos preparados.

  • Salsas industriales.

  • Comida rápida.

  • Determinados quesos.

  • Conservas y productos procesados.

  • Sopas y caldos industriales.

Reducir estos alimentos disminuye simultáneamente sodio, ultraprocesados y otros componentes poco interesantes de la alimentación.

Potasio

El potasio y el sodio mantienen una relación estrecha en la regulación de líquidos y la función vascular.

En lugar de pensar automáticamente en suplementos de potasio, me interesa aumentar su presencia a través de alimentos como:

  • Verduras.

  • Frutas.

  • Legumbres.

  • Patata y boniato.

  • Aguacate.

  • Frutos secos.

La suplementación con potasio necesita especial prudencia en personas con enfermedad renal o que utilizan determinados medicamentos.

Magnesio

El magnesio participa en la función muscular y vascular y en numerosos mecanismos relacionados con la regulación de la presión arterial.

Podemos obtenerlo mediante:

  • Frutos secos.

  • Semillas.

  • Legumbres.

  • Cereales integrales.

  • Vegetales de hoja verde.

  • Cacao puro.

Omega-3

Los ácidos grasos omega-3 EPA y DHA forman parte de las membranas celulares y participan en diferentes mecanismos cardiovasculares y metabólicos.

Podemos obtenerlos especialmente del pescado azul.

Vitamina D

Los niveles bajos de vitamina D aparecen asociados con diferentes alteraciones cardiovasculares y metabólicas.

Cuando existe sospecha de déficit prefiero comprobar su estado y corregirlo individualmente antes que establecer una exposición solar idéntica para todo el mundo.

Alimentos interesantes cuando existe hipertensión

No necesitamos buscar un alimento milagroso.

Me interesa construir una alimentación en la que predominen:

  • Verduras y hortalizas.

  • Frutas.

  • Legumbres.

  • Frutos secos y semillas.

  • Pescado.

  • Aceite de oliva virgen extra.

  • Tubérculos.

  • Alimentos frescos y poco procesados.

Dentro de ellos encontramos algunos especialmente interesantes.

Remolacha

La remolacha contiene nitratos naturales.

Estos pueden participar en la formación de óxido nítrico, una molécula relacionada con la relajación vascular y la regulación del flujo sanguíneo.

Podemos consumirla como alimento y también encontramos remolacha deshidratada en polvo que puede incorporarse a diferentes preparaciones.

Vegetales de hoja verde

También proporcionan nitratos naturales además de potasio, magnesio, folatos y numerosos compuestos vegetales.

Ajo

El ajo tiene una larga tradición dentro de la alimentación y la fitoterapia cardiovascular.

Sus compuestos azufrados han despertado especial interés por su relación con la función vascular.

Frutos rojos

Las bayas aportan antocianinas y otros polifenoles que resultan interesantes dentro de una alimentación destinada al cuidado vascular.

Cítricos

Proporcionan vitamina C, flavonoides y otros compuestos vegetales.

El ejercicio como regulador metabólico y vascular

Moverse regularmente es una de las mejores herramientas que tenemos para cuidar la presión arterial.

El ejercicio favorece:

  • La función vascular.

  • La sensibilidad a la insulina.

  • El control del peso.

  • La circulación.

  • La capacidad cardiovascular.

  • El mantenimiento de la masa muscular.

No hace falta convertirse de repente en deportista.

Caminar, realizar ejercicio aeróbico y añadir progresivamente trabajo de fuerza adaptado a la persona puede producir cambios importantes.

También me interesa evitar pasar muchas horas consecutivas sentado.

Peso y metabolismo

Cuando existe exceso de grasa corporal, especialmente grasa visceral, disminuirla puede ayudar a mejorar considerablemente la presión arterial.

Aquí encontramos nuevamente conexiones metabólicas importantes.

Hipertensión, resistencia a la insulina, glucosa elevada, triglicéridos altos y obesidad abdominal aparecen con frecuencia formando parte del mismo terreno.

Por eso muchas veces trabajar el metabolismo completo mejora varios parámetros simultáneamente.

Riñón e hipertensión

El riñón desempeña un papel fundamental en la regulación de líquidos, sodio y presión arterial.

Y la relación funciona en ambas direcciones.

Una alteración renal puede favorecer hipertensión y una hipertensión mantenida puede terminar dañando los riñones.

Por eso, especialmente ante una hipertensión difícil de controlar, la función renal merece nuestra atención.

Apnea del sueño

Este es otro factor que no deberíamos olvidar.

Durante los episodios de apnea se producen interrupciones repetidas de la respiración y descensos de oxígeno que activan mecanismos del sistema nervioso simpático.

Una persona que ronca intensamente, presenta pausas respiratorias durante el sueño y además tiene hipertensión merece valorar la posibilidad de apnea obstructiva del sueño.

Estrés y sistema nervioso

Cuando estamos sometidos a estrés se activa el sistema nervioso simpático.

Aumentan la frecuencia cardíaca y diferentes señales hormonales y nerviosas destinadas a preparar al organismo para responder a una amenaza.

El problema aparece cuando vivimos permanentemente en ese estado.

Por eso dentro del trabajo sobre hipertensión también puede ser interesante revisar:

  • Calidad del sueño.

  • Horarios.

  • Descanso.

  • Respiración.

  • Ejercicio.

  • Tiempo libre.

  • Relaciones sociales.

  • Técnicas de relajación.

No porque toda hipertensión sea «emocional», sino porque sistema nervioso y sistema cardiovascular están permanentemente comunicándose.

Tabaco y alcohol

La nicotina produce efectos inmediatos sobre el sistema cardiovascular y puede aumentar temporalmente la presión y la frecuencia cardíaca.

Además, fumar daña el endotelio y aumenta enormemente el riesgo cardiovascular global.

El consumo elevado de alcohol también puede contribuir al aumento de la presión arterial.

Reducir ambos factores es mucho más importante que buscar posteriormente un suplemento que intente compensar sus efectos.

Dormir también forma parte del tratamiento del terreno

Durante el sueño nuestro organismo regula numerosos procesos hormonales, nerviosos y metabólicos.

Dormir poco o mal de manera mantenida se relaciona con mayor actividad simpática y alteraciones metabólicas que pueden favorecer la hipertensión.

Por eso siempre preguntaría también: ¿cómo duerme esta persona?

Suplementos y recursos naturales que podemos valorar

Los complementos no sustituyen los cambios de alimentación y estilo de vida, pero existen nutrientes y recursos naturales que pueden resultar interesantes según el caso.

Magnesio

Además de obtenerlo mediante la alimentación, puede valorarse su aporte cuando existe una ingesta insuficiente o una necesidad aumentada.

Me interesa especialmente por su participación en la función muscular, nerviosa y vascular.

Omega-3 EPA y DHA

EPA y DHA pueden resultar interesantes dentro de una estrategia cardiovascular global, especialmente cuando la alimentación aporta poco pescado azul.

Coenzima Q10

La coenzima Q10 no es una enzima, sino una molécula presente en las membranas celulares y especialmente importante en las mitocondrias.

Participa en la producción de energía celular y posee funciones antioxidantes.

El corazón es un órgano con enormes necesidades energéticas, por lo que la CoQ10 lleva décadas despertando interés dentro del ámbito cardiovascular.

Ajo

Además de utilizarlo como alimento, existen preparados estandarizados de ajo empleados dentro de la fitoterapia cardiovascular.

Su elección dependerá del conjunto de la persona y de la medicación que utilice, especialmente cuando existen tratamientos que modifican la coagulación.

Remolacha y nitratos naturales

La remolacha puede utilizarse como alimento, zumo o polvo deshidratado.

Su interés procede fundamentalmente de sus nitratos naturales y su relación con la vía nitrato-nitrito-óxido nítrico.

En lugar de pensar simplemente que «dilata las arterias», me interesa entenderla como parte de una alimentación rica en vegetales que favorece la función vascular.

No suplementaría potasio automáticamente

Este punto merece una aclaración especial porque antiguamente era frecuente recomendar potasio simplemente porque una persona tenía hipertensión.

No lo haría de manera automática.

Determinados medicamentos antihipertensivos pueden aumentar el potasio sanguíneo y la enfermedad renal puede dificultar su eliminación.

Por tanto, una cosa es aumentar alimentos vegetales ricos en potasio cuando son apropiados y otra muy distinta añadir un suplemento concentrado sin conocer la situación renal, la analítica y la medicación.

Hipertensión y genética: heredar no significa estar condenado

Durante años he insistido mucho en consulta en que cuando varias personas de una familia tienen hipertensión debemos observar también qué comen, cómo viven, cuánto se mueven y qué hábitos comparten.

Esa observación sigue pareciéndome importantísima.

Pero hoy añadiría un matiz: también existe una predisposición genética a desarrollar hipertensión.

No heredamos necesariamente un destino inevitable.

Heredamos genes y, al mismo tiempo, familias enteras pueden compartir alimentación, horarios, relación con el ejercicio, peso, estrés y otros factores ambientales.

Por eso unos antecedentes familiares de hipertensión deberían servirnos, sobre todo, para empezar a cuidar esos factores antes.

La hipertensión desde una visión global

Para mí, trabajar una hipertensión desde la medicina natural no significa buscar «la planta que baja la tensión».

Significa observar a la persona completa.

Me interesa saber:

cómo come, cuánto sodio consume, si obtiene suficiente potasio y magnesio, cómo está su peso y su metabolismo, si hace ejercicio, cómo duerme, cómo funciona su riñón, si existe apnea, cuánto estrés soporta, si fuma, cuánto alcohol consume y qué medicación utiliza.

Y después podemos valorar qué recursos nutricionales o fitoterapéuticos tienen sentido en ese caso concreto.

Cuando existe medicación antihipertensiva, los cambios importantes de estilo de vida pueden modificar las necesidades de tratamiento. Por eso la presión debe seguir controlándose y cualquier ajuste de la medicación corresponde al profesional que la haya prescrito.

La información de este artículo tiene finalidad educativa e informativa y recoge alimentación, hábitos y recursos utilizados dentro de la medicina natural. Una hipertensión mantenida requiere conocer sus cifras, valorar el riesgo cardiovascular y estudiar posibles causas o enfermedades asociadas.

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