
Una de las preguntas que más me hacéis en consulta es sobre la importancia de los cambios del color y el olor de la orina.
Aunque es cierto que algunos cambios pueden proporcionarnos información sobre nuestro estado de salud, en muchas ocasiones se deben simplemente a los alimentos que hemos comido, los medicamentos o suplementos que estamos tomando o la cantidad de agua que hemos bebido.
Para despejar muchas de las dudas que soléis tener, he intentado preparar una guía lo más completa posible sobre qué puede decirnos el color, el olor, el aspecto y la frecuencia de la orina.
La orina
La orina está formada mayoritariamente por agua, aproximadamente un 95 %, pero el resto es una mezcla compleja de sustancias que incluye urea, cloruro, sodio, potasio, creatinina y otros iones disueltos, además de diferentes compuestos orgánicos e inorgánicos.
Su característico color amarillo procede fundamentalmente de pigmentos derivados del metabolismo de la hemoglobina, especialmente la urobilina o urocromo, relacionados con la degradación y renovación de los glóbulos rojos.
Nuestros riñones producen la orina al filtrar la sangre, regulando agua y electrolitos y eliminando numerosos productos de desecho que el organismo no necesita.
Al igual que ocurre con las heces, la orina puede cambiar de color y olor dependiendo de los alimentos que comemos, los medicamentos y suplementos que tomamos, la cantidad de agua que bebemos, el ejercicio que hacemos e incluso la hora del día.
Sin embargo, algunas enfermedades también pueden modificar el color, el olor y otras características de la orina.
Precisamente por eso la observación de la orina ha sido una herramienta utilizada desde los primeros tiempos de la medicina. Su color, concentración, aspecto y olor pueden proporcionarnos pistas interesantes sobre lo que está sucediendo en nuestro organismo.
El color de la orina
La orina puede presentar una sorprendente variedad de colores.
En condiciones normales suele encontrarse dentro de una gama que va desde el amarillo muy pálido hasta el amarillo dorado, dependiendo especialmente de su concentración.
Transparente
Si prácticamente no tiene color, puede deberse simplemente a que hemos bebido mucha agua.
También puede ocurrir cuando tomamos medicamentos diuréticos, que aumentan la eliminación de agua a través de la orina.
Una orina completamente transparente de manera continua puede indicarnos que estamos bebiendo más líquido del necesario. Beber agua es fundamental, pero tampoco necesitamos forzarnos continuamente a beber grandes cantidades.
Amarillo pajizo o amarillo
Es el color habitual de una orina normal y suele corresponder a una hidratación adecuada.
Amarillo fosforito tirando a verde
Si estás tomando vitaminas del grupo B, no te asustes si observas una orina de un amarillo casi fluorescente.
La riboflavina o vitamina B2 posee una coloración amarilla intensa y, al tratarse de una vitamina hidrosoluble, parte del exceso puede eliminarse a través de la orina.
Es algo que vemos con bastante frecuencia después de tomar complejos de vitaminas B o determinados multivitamínicos.
Amarillo oscuro
Una orina amarilla más oscura puede seguir siendo perfectamente normal, especialmente por la mañana, cuando suele estar más concentrada.
También puede indicarnos simplemente que necesitamos beber algo más.
Ámbar o color miel
Cuando la orina se vuelve ámbar o adquiere un tono parecido a la miel, una de las primeras posibilidades que debemos considerar es que esté demasiado concentrada por falta de líquidos.
Podemos aumentar nuestra hidratación mediante agua, infusiones, sopas, caldos y alimentos ricos en agua y observar si recupera progresivamente un tono más claro.
Naranja
Aquí pueden estar ocurriendo varias cosas.
Por un lado, es posible que no estemos bebiendo suficiente agua. Podemos hidratarnos a lo largo del día y comprobar si el color se aclara.
La alimentación también puede modificar el tono de la orina. Una ingesta elevada de alimentos ricos en determinados pigmentos, como las zanahorias y su betacaroteno, puede producir cambios de coloración; un consumo muy elevado de carotenoides puede también conferir un tono amarillento-anaranjado a la piel.
Algunos suplementos vitamínicos pueden producir tonalidades muy intensas en la orina.
También existen medicamentos capaces de teñirla de naranja o rojizo, entre ellos la fenazopiridina, utilizada para aliviar síntomas urinarios, y otros fármacos pueden modificar notablemente su color.
Si aparece una orina naranja persistente sin una explicación alimentaria o farmacológica, especialmente acompañada de piel u ojos amarillentos, heces muy claras, picor u otros síntomas, conviene valorar el hígado y las vías biliares.
Marrón oscuro o color jarabe
Una orina muy concentrada puede adquirir un color ámbar oscuro o marronáceo en situaciones de deshidratación.
Si el color persiste después de recuperar una hidratación adecuada, debemos buscar otras posibles causas.
Algunos problemas hepáticos y biliares pueden producir una orina muy oscura debido a la presencia de pigmentos biliares.
Marrón y porfiria
Si aparece una orina marrón acompañada de síntomas como dolor abdominal importante, alteraciones neurológicas, convulsiones o determinados problemas cutáneos relacionados con la exposición a la luz, una de las enfermedades poco frecuentes que puede formar parte del diagnóstico diferencial es la porfiria.
Las porfirias son un grupo de trastornos relacionados con alteraciones en las enzimas que intervienen en la síntesis del grupo hemo, componente esencial de la hemoglobina y de otras proteínas.
Algunas formas pueden producir orina rojiza o marrón, que en determinados casos se oscurece al permanecer expuesta a la luz y al aire.
Popularmente algunas porfirias han recibido el curioso sobrenombre de «enfermedad de los vampiros», debido a la combinación de manifestaciones cutáneas y fotosensibilidad que pueden aparecer en algunas de ellas.
Marrón oscuro o negro
También existen alimentos y medicamentos capaces de oscurecer considerablemente la orina.
Entre los alimentos descritos encontramos grandes cantidades de ruibarbo, habas o determinados preparados de aloe.
Algunos medicamentos también pueden producir una coloración marrón muy oscura.
Existen además causas mucho menos frecuentes, como determinadas intoxicaciones o alteraciones metabólicas.
El melanoma puede producir excepcionalmente una orina oscura o negruzca denominada melanuria, relacionada con la presencia de melanina o sus precursores.
Una orina negra o marrón muy oscura persistente sin una explicación evidente debe ser valorada.
Rosa o rojo
Aquí tenemos que diferenciar muy bien entre pigmentos procedentes de alimentos y medicamentos y la presencia real de sangre.
Alimentos como:
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Remolacha.
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Zarzamoras.
-
Ruibarbo.
-
Algunos alimentos intensamente pigmentados.
pueden conferir a la orina una tonalidad rosada o rojiza.
También pueden hacerlo algunos medicamentos, entre ellos la rifampicina o la fenazopiridina.
En las mujeres, además, la proximidad de la menstruación puede hacer que pequeñas cantidades de sangre menstrual contaminen la muestra de orina y parezca que esta procede del aparato urinario.
Pero si no hemos comido nada que pueda justificarlo, no estamos tomando ningún medicamento capaz de teñir la orina y observamos una coloración rosa o roja, debemos considerar la posibilidad de sangre en la orina o hematuria.
Puede aparecer en infecciones urinarias, cálculos, enfermedades renales y problemas de próstata, entre otras causas.
Si además observamos coágulos de sangre o fragmentos de tejido, necesitamos valoración porque el sangrado puede proceder de diferentes estructuras del aparato urinario y hay que conocer su origen.
Entre las causas que deben descartarse se encuentran también las lesiones de vejiga o riñón.
Determinadas intoxicaciones por metales pesados pueden igualmente producir alteraciones urinarias y renales.
Verde
Algunos alimentos, colorantes y medicamentos pueden conferir tonalidades verdosas a la orina.
También puede aparecer con determinados fármacos, entre ellos el anestésico propofol.
En determinadas infecciones urinarias, especialmente las producidas por bacterias capaces de generar pigmentos como Pseudomonas aeruginosa, la orina puede adquirir una coloración verde o azul verdosa.
Azul
Algunos medicamentos y colorantes pueden producir una orina azulada o azul verdosa.
También existen enfermedades metabólicas hereditarias extremadamente raras relacionadas con el metabolismo del triptófano que pueden producir pigmentos azulados.
Una de las más conocidas popularmente es el llamado síndrome del pañal azul, descrito sobre todo en lactantes.
La densidad y el aspecto de la orina
No solo debemos observar el color. La transparencia, la presencia de espuma, sedimentos o un aspecto lechoso también pueden proporcionarnos información.
Orina espumosa
Una orina ocasionalmente espumosa no tiene por qué significar que exista un problema.
A veces ocurre simplemente por la fuerza y velocidad con la que el chorro golpea el agua.
Pero si la orina aparece persistentemente muy espumosa, conviene comprobar si existe proteína en la orina o proteinuria.
La presencia persistente de proteínas puede aparecer en diferentes situaciones y también puede ser un indicador de alteraciones renales, por lo que merece ser estudiada.
Blanca, nublada o lechosa
Una orina turbia o blanquecina puede tener diferentes explicaciones.
Puede relacionarse con:
-
Cristales minerales.
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Calcio o fosfatos.
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Infecciones urinarias.
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Leucocitos.
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Proteínas.
-
Cálculos urinarios.
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Diferentes tipos de sedimentos.
En una infección importante puede existir piuria, es decir, presencia abundante de leucocitos o pus en la orina.
Si la turbidez persiste o aparece acompañada de dolor, fiebre, escozor u otros síntomas, conviene averiguar su causa.
Aspecto graso o aceitoso en la orina
Si observamos una película aceitosa, gotitas de aspecto graso o una orina que parece contener grasa de manera persistente, no debemos interpretarlo simplemente como una señal de que estamos quemando grasa corporal y adelgazando.
Cuando utilizamos nuestras reservas grasas para obtener energía, los triglicéridos se metabolizan fundamentalmente en dióxido de carbono y agua, y no salen directamente del organismo como grasa visible a través de la orina.
Existen diferentes razones por las que la orina puede presentar un aspecto aceitoso, desde sustancias presentes en el recipiente o determinados componentes urinarios hasta situaciones poco frecuentes en las que aparecen lípidos en la orina.
Si ocurre repetidamente, merece la pena comprobar qué está sucediendo.
El olor de la orina
La orina recién emitida normalmente tiene un olor característico pero no debería presentar de manera continua un olor extraordinariamente fuerte.
Sin embargo, muchísimas cosas pueden modificarlo.
Alimentos como:
-
Espárragos.
-
Cebolla.
-
Ajo.
contienen compuestos que pueden producir olores muy característicos después de metabolizarse.
El café también puede modificar notablemente el olor de la orina en algunas personas.
La vitamina B6 y otros suplementos pueden cambiar igualmente su olor.
Una dieta muy salada o cualquier situación que favorezca una orina más concentrada puede hacer que el olor resulte más intenso.
Cuando el cambio procede de un alimento concreto, suele desaparecer después de dejar de consumirlo y eliminar sus metabolitos.
Olor a amoníaco
Cuando estamos deshidratados y la orina se concentra puede desarrollar un olor más fuerte que algunas personas describen como parecido al amoníaco.
Normalmente mejora al recuperar una hidratación adecuada.
Si además del olor fuerte existe confusión mental, debilidad, cansancio extremo, mareo u otros síntomas importantes, debemos considerar la posibilidad de una deshidratación considerable u otra alteración y buscar valoración.
Infecciones urinarias
Una de las causas frecuentes de cambios llamativos en el olor de la orina son las infecciones urinarias.
Las bacterias pueden modificar su olor y también hacer que aparezca turbia o incluso sanguinolenta.
Podemos encontrar además:
-
Escozor al orinar.
-
Necesidad de orinar repetidamente.
-
Sensación urgente de tener que ir al baño.
-
Dolor o presión.
-
Dificultad para vaciar cómodamente la vejiga.
Olor dulce
Si la orina adquiere un olor dulce o afrutado y además orinamos con mucha más frecuencia de lo habitual, tenemos mucha sed u observamos otros síntomas metabólicos, debemos valorar la posibilidad de alteraciones de la glucosa.
En determinadas situaciones de diabetes descompensada pueden aparecer glucosa y cetonas en la orina y modificar su olor.
Infecciones vaginales
A veces pensamos que el olor procede directamente de la orina cuando realmente procede de secreciones vaginales.
Las alteraciones de la microbiota vaginal y algunas infecciones pueden producir olores característicos que percibimos precisamente al ir al baño.
Olor a pescado
Un olor corporal y urinario intensamente parecido al pescado puede aparecer en una enfermedad metabólica poco frecuente llamada trimetilaminuria.
En ella el organismo tiene dificultades para metabolizar adecuadamente la trimetilamina, un compuesto de olor muy característico.
Ovulación
Durante la ovulación algunas mujeres perciben los olores con mayor intensidad.
Los cambios hormonales que se producen durante el ciclo pueden modificar nuestra percepción olfativa, de modo que podemos notar más el olor de la orina aunque esta no haya cambiado sustancialmente.
Embarazo
Durante el embarazo también puede cambiar tanto la percepción de los olores como la frecuencia urinaria.
Especialmente durante el primer trimestre, muchas mujeres desarrollan una gran sensibilidad olfativa y perciben olores que antes prácticamente pasaban inadvertidos.
Infecciones de transmisión sexual
Algunas infecciones genitales o de transmisión sexual pueden producir secreciones y cambios de olor que podemos percibir al orinar.
Entre ellas se encuentran la tricomoniasis y otras infecciones urogenitales.
Causas menos habituales de cambios importantes en el olor
Fístula de la vejiga
Una comunicación anormal entre el intestino y la vejiga puede permitir el paso de bacterias y, en determinadas circunstancias, incluso gas o contenido intestinal hacia el aparato urinario.
Puede aparecer como consecuencia de determinadas enfermedades intestinales, procesos inflamatorios, lesiones o intervenciones quirúrgicas.
Entre las enfermedades relacionadas encontramos la enfermedad de Crohn y otros procesos inflamatorios intestinales.
Enfermedad hepática
Algunas enfermedades hepáticas pueden acompañarse de cambios importantes en la orina.
Si además aparecen síntomas como:
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Náuseas.
-
Vómitos.
-
Dolor abdominal.
-
Piel u ojos amarillentos.
-
Debilidad importante.
-
Distensión abdominal.
-
Pérdida de peso inexplicada.
conviene valorar qué está ocurriendo.
Fenilcetonuria
La fenilcetonuria es una enfermedad metabólica genética presente desde el nacimiento que altera el metabolismo de la fenilalanina.
Sin tratamiento puede producir una acumulación de determinados metabolitos y un olor corporal y urinario característico.
Cetoaciduria de cadena ramificada
La cetoaciduria de cadena ramificada, conocida también como enfermedad de la orina con olor a jarabe de arce, es otra enfermedad metabólica hereditaria rara.
Su nombre procede precisamente del característico olor dulce que pueden adquirir la orina y otros fluidos corporales.
¿Con qué frecuencia debemos orinar?
Esta es otra de las preguntas que me hacéis muchísimo en consulta: ¿cuántas veces es normal orinar al día?
Todo el mundo es diferente.
La frecuencia depende de la cantidad de líquidos que bebemos, nuestra alimentación, la temperatura, el ejercicio, la capacidad de nuestra vejiga, la edad y los medicamentos que utilizamos.
Muchas personas orinan aproximadamente entre seis y ocho veces al día, aunque existe bastante variabilidad individual. Por eso es más importante conocer nuestro patrón habitual que obsesionarnos con alcanzar un número exacto.
La cafeína y el alcohol pueden aumentar la producción de orina en algunas personas.
Orinar con mucha frecuencia también puede ser un efecto de determinados medicamentos, especialmente los diuréticos utilizados, entre otras cosas, para tratar la hipertensión.
Las mujeres embarazadas y muchas personas mayores también pueden necesitar ir al baño con mayor frecuencia.
En invierno podemos orinar más que en verano
Hay algo que quiero recordar porque también genera bastantes dudas: es perfectamente posible que orinemos más durante el invierno que durante el verano sin que esto signifique que nos esté pasando nada malo.
Durante los meses de calor perdemos una cantidad mayor de agua a través de la sudoración. Parte del líquido que ingerimos sale del organismo a través de la piel y, por tanto, no tiene que eliminarse en forma de orina.
En invierno normalmente sudamos menos. Estamos expuestos a temperaturas más bajas y, aunque vayamos abrigados, la pérdida de agua mediante el sudor suele ser menor que durante los meses calurosos.
Por tanto, una mayor proporción del agua que ingerimos puede terminar eliminándose a través de los riñones y la orina.
Además existe un fenómeno conocido como diuresis por frío. Cuando estamos expuestos al frío, los vasos sanguíneos de la piel se contraen para conservar el calor corporal. Este cambio en la distribución de la sangre puede favorecer que los riñones eliminen más agua y sodio y aumentar temporalmente la producción de orina.
Así que si llega el invierno y observas que vas algo más al baño que durante julio o agosto, no significa automáticamente que tengas un problema urinario. Puede formar parte de la adaptación normal de nuestro organismo a los cambios de temperatura y a una menor pérdida de líquidos mediante el sudor.
Otra cosa diferente sería que apareciera un aumento muy marcado y persistente de la cantidad o frecuencia de la orina, especialmente acompañado de mucha sed, pérdida de peso, escozor, dolor, fiebre u otros síntomas.
Si de repente comenzamos a orinar mucho más de lo habitual, podemos valorar diferentes posibilidades:
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Infección urinaria.
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Alteraciones de la glucosa o diabetes.
-
Problemas prostáticos en los hombres.
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Alteraciones vaginales o pélvicas en las mujeres.
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Cistitis intersticial.
-
Medicamentos.
-
Aumento importante de la ingesta de líquidos.
Si sentimos repetidamente una necesidad súbita e intensa de orinar y en ocasiones no conseguimos llegar al baño a tiempo, podemos estar ante una vejiga hiperactiva.
¿Cuándo debemos preocuparnos?
Un cambio aislado de color u olor no significa automáticamente que exista una enfermedad.
Antes podemos preguntarnos:
¿He comido algo diferente?
¿Estoy tomando un suplemento nuevo?
¿He comenzado algún medicamento?
¿He bebido mucha menos agua?
¿He realizado ejercicio intenso?
¿Estoy menstruando?
Pero si observamos un cambio importante en el olor, color o aspecto de la orina que no parece estar relacionado con alimentos, medicamentos o suplementos, especialmente si persiste, debemos prestar atención.
Y si además aparece:
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Fiebre.
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Dolor lumbar o en un costado.
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Dolor intenso.
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Vómitos.
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Mucha sed.
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Debilidad importante.
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Sangre visible.
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Coágulos.
-
Dificultad para orinar.
-
Disminución llamativa de la cantidad de orina.
conviene valorar su causa.
¿Cuánta agua deberíamos beber?
No existe una cantidad idéntica de agua que sirva para todas las personas.
Las necesidades cambian dependiendo de:
-
Peso y tamaño corporal.
-
Alimentación.
-
Temperatura ambiental.
-
Actividad física.
-
Sudoración.
-
Embarazo y lactancia.
-
Edad.
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Estado de salud.
-
Medicamentos.
Nuestro organismo dispone además de un mecanismo extraordinariamente útil: la sed.
Cuando estamos al aire libre con mucho calor, realizamos ejercicio vigoroso o sudamos considerablemente, necesitaremos reponer más líquido de lo habitual.
También obtenemos agua mediante frutas, verduras, sopas, caldos, infusiones y otros alimentos.
La propia orina puede servirnos como una referencia práctica. Una orina habitualmente amarillo pálido suele ser compatible con una hidratación adecuada, siempre teniendo en cuenta que medicamentos y suplementos pueden modificar el color.
La vitamina B2 o riboflavina, por ejemplo, puede producir ese espectacular amarillo fluorescente aunque estemos perfectamente hidratados.
La sed y las personas mayores
A medida que envejecemos, el mecanismo de la sed puede hacerse menos eficaz.
Por eso las personas mayores no siempre sienten una necesidad intensa de beber aunque necesiten líquidos.
En estos casos puede ser útil prestar algo más de atención a la ingesta regular de líquidos y al aspecto de la orina, teniendo siempre en cuenta las necesidades particulares de cada persona.
Agua, cálculos e infecciones urinarias
Mantener una hidratación adecuada es especialmente importante para el aparato urinario.
En muchas personas con tendencia a determinados cálculos renales, aumentar el volumen urinario mediante una ingesta suficiente de líquidos forma parte de las medidas preventivas.
También es importante evitar la deshidratación durante una infección urinaria.
La cantidad concreta de líquido debe adaptarse a cada situación, especialmente cuando existen enfermedades renales, cardíacas u otras circunstancias en las que la ingesta de agua necesita controlarse.
Si te levantas muchas veces por la noche
Si eres de los que se levantan repetidamente a orinar durante la noche, puede ser útil evitar beber grandes cantidades de líquido durante las horas inmediatamente anteriores a acostarte.
La cafeína y el alcohol también pueden aumentar la producción de orina o empeorar determinados síntomas de la vejiga en algunas personas.
Pero si la nocturia aparece de repente, es muy frecuente o interfiere considerablemente con el sueño, también merece la pena buscar la causa.
Alimentación y salud urinaria
Además de mantener una hidratación adecuada, me interesa que la alimentación aporte suficiente magnesio y una buena variedad de alimentos naturales.
El consumo excesivo de azúcar y bebidas azucaradas tampoco resulta interesante dentro de una alimentación destinada a cuidar el metabolismo y el aparato urinario.
Los oxalatos están presentes de manera natural en numerosos alimentos vegetales y pueden tener importancia en determinadas personas con tendencia a formar cálculos de oxalato cálcico.
La soja, especialmente algunos productos derivados de ella, puede aportar cantidades variables de oxalatos, al igual que otros alimentos vegetales. En personas con tendencia a este tipo concreto de cálculos interesa valorar el conjunto de la dieta y no únicamente un alimento aislado.
Y por último: no te aguantes
Cuando tengas ganas de ir al baño, ve.
No necesitamos salir corriendo ante la primera mínima sensación de llenado, pero tampoco es buena idea convertir en costumbre el aguantar la orina durante muchas horas.
Retrasar repetidamente el vaciado cuando la vejiga está llena puede producir molestias y favorecer una distensión excesiva.
Nuestra orina es algo que vemos todos los días y, precisamente por eso, aprender a observarla puede proporcionarnos información muy útil.
La mayoría de los cambios ocasionales tendrán explicaciones sencillas: lo que hemos comido, lo que hemos bebido, un medicamento, un suplemento o incluso la época del año en la que nos encontramos.
Lo interesante es conocer nuestro patrón habitual y prestar atención cuando aparece un cambio persistente, inexplicable o acompañado de otros síntomas.
Este artículo tiene una finalidad educativa e informativa y pretende ayudar a comprender los cambios que podemos observar en la orina. Un color, olor o aspecto determinado no permite por sí solo diagnosticar una enfermedad y, cuando un cambio es persistente o aparece acompañado de síntomas importantes, debe valorarse su causa.


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