
Nuestro sistema inmunitario trabaja las veinticuatro horas del día protegiéndonos frente a virus, bacterias, hongos y otros microorganismos con los que convivimos constantemente.
Aunque no podemos evitar entrar en contacto con ellos, sí podemos crear las mejores condiciones para que nuestro organismo funcione con normalidad. La alimentación, el descanso, la actividad física, la microbiota intestinal y el control del estrés desempeñan un papel mucho más importante de lo que imaginamos.
No existe ningún alimento, planta o complemento capaz de sustituir el trabajo del sistema inmunitario, pero sí existen hábitos que ayudan a mantenerlo en buenas condiciones.
El sistema inmunitario comienza mucho antes de que enfermemos
Cuando pensamos en las defensas solemos imaginarnos glóbulos blancos luchando contra virus y bacterias. Sin embargo, la protección del organismo empieza mucho antes.
Nuestra primera línea de defensa está formada por la piel y las mucosas.
La segunda corresponde a todas las células del sistema inmunitario.
Y una tercera pieza fundamental es la microbiota intestinal, donde reside una parte muy importante de nuestras defensas.
Por ello, cuidar cualquiera de estos tres pilares supone ayudar al organismo a responder mejor frente a las agresiones externas.
Hábitos que ayudan a mantener unas defensas fuertes
Dormir lo suficiente
Mientras dormimos el organismo realiza numerosos procesos de reparación y regulación del sistema inmunitario.
Dormir pocas horas de forma continuada puede afectar al equilibrio normal de las defensas.
Alimentación variada
Una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pescado y alimentos frescos aporta muchas de las vitaminas y minerales que necesita el sistema inmunitario para funcionar correctamente.
Especialmente importantes son:
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Vitamina C.
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Vitamina D.
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Vitamina A.
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Zinc.
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Selenio.
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Hierro.
Cuidar la microbiota
Una microbiota equilibrada participa activamente en el funcionamiento del sistema inmunitario.
Los alimentos fermentados, la fibra, los prebióticos y los probióticos pueden formar parte de una estrategia para mantener ese equilibrio.
Mantenerse activo
La actividad física realizada de forma regular contribuye al bienestar general y ayuda al correcto funcionamiento de numerosos sistemas del organismo, incluido el inmunitario.
Gestionar el estrés
El estrés mantenido en el tiempo puede influir negativamente sobre muchos procesos fisiológicos.
Dedicar tiempo al descanso, la respiración, el contacto con la naturaleza o cualquier actividad que favorezca el equilibrio emocional también forma parte del cuidado de las defensas.
Nutrientes que suelen utilizarse como apoyo
Cuando la alimentación no es suficiente o existe una necesidad concreta, algunas personas recurren a complementos alimenticios.
Entre los más utilizados encontramos:
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Vitamina C.
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Vitamina D.
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Zinc.
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Selenio.
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Equinácea.
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Propóleo.
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Saúco.
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Tomillo.
La elección del complemento dependerá siempre de las necesidades de cada persona y del objetivo que se persiga.
La actitud también forma parte del bienestar
Cada vez existen más investigaciones sobre la relación entre el sistema nervioso, el sistema endocrino y el sistema inmunitario.
Aunque mantener una actitud positiva no evita por sí sola las enfermedades, cuidar la salud emocional, reducir el estrés y mantener una vida social satisfactoria forman parte de un estilo de vida saludable y pueden contribuir al bienestar general.
Como decía Deepak Chopra:
"Cuando identificas tus talentos singulares y te comprometes a ponerlos al servicio de los demás, fortaleces tu sistema inmune."
Más allá de la frase, el mensaje es sencillo: cuidar el cuerpo también implica cuidar la mente.
Unas buenas defensas no dependen de un único alimento o de un complemento concreto, sino de la suma de pequeños hábitos mantenidos en el tiempo.


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