Beneficios y contraindicaciones de la vitamina B9 o ácido fólico

La vitamina B9 fue descubierta en la década de 1940 y probablemente sea una de las vitaminas del grupo B que más conocemos por su relación con el embarazo. Sin embargo, su función va muchísimo más allá.

Antes de continuar hay una pequeña distinción que merece la pena hacer porque utilizamos continuamente folato y ácido fólico como si fueran exactamente lo mismo.

La vitamina B9 comprende un grupo de compuestos llamados folatos, presentes de forma natural en los alimentos. El ácido fólico es una forma sintética de vitamina B9 utilizada principalmente en suplementos y alimentos enriquecidos.

También encontramos el 5-MTHF o 5-metiltetrahidrofolato, conocido como L-metilfolato, que es la principal forma de folato que circula en sangre y una forma biológicamente activa que nuestro organismo puede utilizar directamente.

Esta diferencia resulta especialmente interesante cuando hablamos de metabolismo, metilación y suplementación.

¿Para qué necesitamos vitamina B9?

Una de las grandes funciones del folato se encuentra a nivel celular.

Es indispensable para la síntesis y reparación del ADN, interviene en la formación de ARN y participa en el metabolismo de determinados aminoácidos. Por eso adquiere tanta importancia en tejidos en los que las células se dividen rápidamente.

También actúa como coenzima en las reacciones de transferencia de unidades de un carbono, una función que puede sonar muy técnica pero que está detrás de procesos fundamentales de nuestro metabolismo.

Uno de ellos es la metilación.

El folato participa junto con otras vitaminas, especialmente B12 y B6, en el metabolismo de la homocisteína y la metionina. Ésta es precisamente una de las razones de su relación con el sistema cardiovascular y el sistema nervioso.

También resulta imprescindible para la formación y maduración normal de las células sanguíneas. Cuando falta folato, la síntesis de ADN se altera y los precursores de los glóbulos rojos no maduran correctamente, pudiendo aparecer la característica anemia megaloblástica.

Y, por supuesto, tenemos su conocida función durante las primeras etapas del desarrollo embrionario.

Un aporte adecuado de folato antes de la concepción y durante las primeras semanas del embarazo disminuye considerablemente el riesgo de defectos del tubo neural, entre ellos la espina bífida y la anencefalia.

Éste es un detalle importante: el tubo neural se forma muy pronto, cuando muchas mujeres todavía no saben que están embarazadas. Por eso el aporte de vitamina B9 adquiere importancia antes de la concepción, no solamente cuando ya se ha confirmado el embarazo.

Cuando nos falta folato

Aunque podemos obtener vitamina B9 mediante una alimentación variada, existen circunstancias en las que su aporte, absorción o utilización pueden resultar insuficientes.

Una deficiencia importante puede producir anemia megaloblástica, acompañada de cansancio, debilidad, palidez y pérdida de apetito.

También pueden aparecer alteraciones de la lengua y de la mucosa oral, molestias gastrointestinales, diarrea, cambios de humor, irritabilidad y problemas relacionados con una renovación celular deficiente.

En niños y adolescentes, una carencia importante puede interferir con el crecimiento.

La microbiota intestinal también es capaz de producir determinados folatos, aunque nuestra principal fuente sigue siendo la alimentación.

Una vez ingeridos, los folatos se absorben fundamentalmente en el intestino delgado, pasan a la circulación y una parte se almacena en el hígado.

¿Quién puede necesitar prestar más atención a la vitamina B9?

Las mujeres que están planificando un embarazo constituyen probablemente el grupo más conocido. Mantener un aporte adecuado alrededor de la concepción y durante las primeras semanas de gestación es fundamental para el desarrollo normal del tubo neural.

También debemos prestarle atención durante el embarazo y la lactancia, etapas en las que aumentan las necesidades nutricionales.

Con la edad pueden aparecer cambios en la alimentación, digestión y absorción de diferentes nutrientes, por lo que en personas mayores merece la pena valorar el estado nutricional en conjunto y no solamente una vitamina aislada.

El tabaco y especialmente el consumo excesivo de alcohol pueden afectar al estado de diferentes vitaminas del grupo B.

También podemos encontrar problemas en personas con enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, diarreas persistentes u otras alteraciones intestinales que dificulten la absorción de nutrientes.

Y existen medicamentos capaces de interferir de diferentes maneras con el metabolismo del folato. Entre los más conocidos encontramos determinados antiepilépticos, metotrexato y otros antifolatos, además de algunos medicamentos utilizados en diferentes tratamientos crónicos.

En estos casos no conviene añadir ácido fólico alegremente por nuestra cuenta, porque en ocasiones la interacción con el folato forma parte precisamente del mecanismo del medicamento.

Folato, homocisteína y sistema cardiovascular

Ésta es una de las conexiones más interesantes de la vitamina B9.

La homocisteína es un aminoácido intermediario cuyo metabolismo depende, entre otros nutrientes, de folato, vitamina B12 y vitamina B6.

Cuando este ciclo no funciona correctamente, la homocisteína puede acumularse.

Por eso el estado de folato está estrechamente relacionado con su concentración y con los procesos de metilación, una enorme red bioquímica implicada en regulación genética, neurotransmisores, membranas celulares y numerosos procesos metabólicos.

Y aquí entendemos por qué hablar solamente de «ácido fólico para las embarazadas» es quedarse con una parte pequeñísima de la historia.

Vitamina B9 y división celular

Precisamente porque necesitamos folato para sintetizar ADN, su relación con la división celular es especialmente estrecha.

Esto explica tanto las consecuencias de una deficiencia como el enorme interés que ha despertado su metabolismo en tejidos de renovación rápida.

Y también explica una aparente paradoja: necesitamos folato para mantener una división celular normal, pero algunos medicamentos utilizados para frenar una proliferación celular excesiva actúan precisamente interfiriendo con las rutas del folato.

La bioquímica rara vez es tan sencilla como «más de algo bueno siempre es mejor».

¿Dónde encontramos vitamina B9?

Los folatos naturales aparecen en bastantes alimentos.

Las verduras de hoja verde son una de sus fuentes más conocidas: espinacas, diferentes coles, lechugas y otras hojas verdes.

También encontramos cantidades interesantes en espárragos, lentejas, habas, soja y otras legumbres, germen de trigo, cereales integrales, aguacate, naranja, plátano y melón.

Entre los alimentos de origen animal destaca especialmente el hígado, tanto de ternera como de pollo.

La propia palabra folato procede del latín folium, que significa hoja, una pista estupenda para recordar dónde podemos encontrarlo.

Hay que tener en cuenta que los folatos son relativamente sensibles al almacenamiento prolongado y a determinados procesos de cocción, especialmente cuando cocemos los alimentos en abundante agua y posteriormente la desechamos.

Ácido fólico y L-metilfolato no son exactamente lo mismo

Cuando obtenemos folatos de los alimentos, nuestro organismo debe transformarlos a través de diferentes pasos metabólicos hasta obtener formas que pueda utilizar.

El ácido fólico utilizado en numerosos suplementos también necesita ser metabolizado.

Uno de los pasos importantes dentro de estas rutas está relacionado con la enzima MTHFR, que participa en la formación de 5-MTHF.

Existen variantes genéticas de MTHFR que pueden modificar su actividad, aunque tener una de estas variantes no significa automáticamente que exista una enfermedad ni que todas las personas necesiten suplementarse de la misma manera.

El L-metilfolato o 5-MTHF proporciona directamente una forma biológicamente activa del folato, razón por la que se utiliza en determinados suplementos y situaciones concretas.

Es una diferencia que merece la pena conocer cuando elegimos una vitamina B9: mirar solamente los miligramos o microgramos de la etiqueta nos cuenta una parte de la historia, pero la forma química también importa.

Contraindicaciones y precauciones del ácido fólico

La vitamina B9 es necesaria, pero eso no significa que debamos suplementarla indiscriminadamente.

Una de las precauciones más importantes es su relación con la vitamina B12.

Cantidades elevadas de ácido fólico pueden corregir parcialmente la anemia provocada por una deficiencia de B12 mientras el problema neurológico continúa avanzando. Dicho de otra manera: podemos hacer desaparecer una de las señales que nos estaban avisando sin solucionar la verdadera carencia.

Por eso, ante una anemia megaloblástica o una suplementación importante y prolongada, interesa conocer también el estado de vitamina B12.

Hay que prestar especial atención igualmente cuando se utilizan medicamentos que interfieren con el metabolismo del folato, porque añadir un suplemento puede modificar el objetivo del tratamiento.

Y tampoco asumiría que una dosis elevada de ácido fólico es automáticamente mejor que una cantidad adecuada. Como ocurre con tantos nutrientes, necesidad y exceso no son sinónimos.

La vitamina B9 es mucho más que «la vitamina del embarazo». Participa en el ADN, la formación de células sanguíneas, la metilación, el metabolismo de la homocisteína, el sistema nervioso y el desarrollo embrionario.

Y además nos deja una enseñanza bastante útil para entender la nutrición: a veces hablamos de una vitamina como si fuese una única sustancia cuando, en realidad, detrás de un mismo nombre encontramos diferentes formas químicas con distintas rutas metabólicas.

Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. La elección entre folato, ácido fólico y formas activas, así como la necesidad de suplementación, debe adaptarse a la alimentación, situación individual y medicación de cada persona.

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