
Si llevas años utilizando plantas medicinales, probablemente hayas oído hablar de la sangre de drago o sangre de grado. Es una de las plantas más conocidas cuando se habla de reparación de las mucosas digestivas y cicatrización.
Sin embargo, hace poco me encontré con un producto que me hizo detenerme a mirar la etiqueta dos veces. En el envase ponía Sangre de Drago (Pterocarpus officinalis).
Mi primera reacción fue pensar que se trataba de la sangre de drago que todos conocemos, Croton lechleri. Pero bastó leer el nombre botánico para darme cuenta de que no era la misma planta.
Y aquí aparece un problema que veo con frecuencia en fitoterapia: muchas personas compran una planta por su nombre popular sin fijarse en el nombre científico.
En fitoterapia trabajamos por Linneo
Los fitoterapeutas solemos decir, medio en broma, que trabajamos "por Linneo".
Carlos Linneo fue quien desarrolló el sistema de clasificación botánica que seguimos utilizando hoy en día. Gracias a él sabemos que dos plantas pueden compartir el mismo nombre popular y, sin embargo, pertenecer a familias completamente distintas.
Eso es exactamente lo que ocurre con la sangre de drago.
Cuando un producto indica únicamente "Sangre de Drago", esa información no siempre es suficiente. Lo verdaderamente importante es leer el nombre botánico que aparece en la etiqueta.
La sangre de drago que utilizo: Croton lechleri
Cuando en consulta recomiendo sangre de drago, me refiero siempre a Croton lechleri.
Se trata de un árbol amazónico del que se obtiene una resina de color rojo intenso que ha sido ampliamente estudiada por su capacidad para favorecer la reparación de las mucosas y la cicatrización de los tejidos.
Es la especie sobre la que existe la mayor parte de la bibliografía científica relacionada con la protección digestiva, la reparación de la mucosa intestinal y diferentes aplicaciones tradicionales.
Por eso es la sangre de drago con la que trabajo habitualmente.
Entonces... ¿qué es Pterocarpus officinalis?
Pterocarpus officinalis también recibe en algunos lugares el nombre de sangre de drago o sangre de dragón.
Sin embargo, no pertenece al mismo género botánico, ni presenta la misma composición química, ni dispone de una documentación científica comparable a la de Croton lechleri.
Después de revisar la bibliografía disponible, la información específica sobre esta especie resulta muy limitada y gran parte de los textos que circulan por Internet mezclan datos correspondientes a otras plantas conocidas con el mismo nombre.
Eso hace que resulte muy difícil saber qué propiedades pertenecen realmente a Pterocarpus officinalis y cuáles se han extrapolado desde otras especies.
¿Y qué ocurre con Pterocarpus marsupium?
La confusión aumenta todavía más porque existe otra especie del mismo género: Pterocarpus marsupium.
Esta planta sí cuenta con una bibliografía mucho más amplia y ha despertado un gran interés por su posible papel en el metabolismo de la glucosa, la salud cardiovascular y la protección frente al estrés oxidativo.
Es decir, incluso dentro del mismo género Pterocarpus, las aplicaciones pueden ser completamente diferentes.
Comparando las tres especies
Croton lechleri
- Es la sangre de drago amazónica tradicional.
- Se obtiene una resina roja del tronco.
- Es la especie mejor estudiada.
- Tradicionalmente se utiliza para favorecer la reparación de las mucosas y la cicatrización.
- Es la que utilizo cuando trabajo protocolos digestivos.
Pterocarpus officinalis
- Comparte el nombre popular de sangre de drago en algunos países.
- Su composición química es diferente.
- Existe muy poca bibliografía específica.
- No he encontrado evidencia comparable a la disponible para Croton lechleri.
- Personalmente no forma parte de mis protocolos habituales.
Pterocarpus marsupium
- No suele comercializarse como sangre de drago, aunque pertenece al mismo género que Pterocarpus officinalis.
- Es una de las especies más estudiadas del género.
- Su interés principal se centra en el metabolismo de la glucosa y la salud metabólica.
- Sus aplicaciones no tienen relación con las de Croton lechleri.
Entonces... ¿cuál elegiría?
Si mi objetivo fuera favorecer la reparación de la mucosa digestiva o trabajar dentro de un protocolo intestinal, seguiría eligiendo Croton lechleri.
Si buscara una planta para apoyar el metabolismo de la glucosa, estudiaría el uso de Pterocarpus marsupium.
En cuanto a Pterocarpus officinalis, después de revisar la información disponible, personalmente no encuentro una evidencia suficientemente sólida como para incorporarlo a mis protocolos de trabajo.
Eso no significa que sea una mala planta. Significa simplemente que, a día de hoy, prefiero utilizar especies cuya composición, tradición de uso y bibliografía científica conozco mucho mejor.
La importancia del nombre botánico
Este artículo no pretende decirte qué producto debes comprar.
Pretende enseñarte algo mucho más importante.
Cuando compres una planta medicinal, no te quedes únicamente con el nombre comercial.
Busca siempre el nombre botánico.
Es la única forma de saber realmente qué especie estás comprando y sobre cuál se han realizado los estudios científicos.
En fitoterapia, dos plantas pueden llamarse exactamente igual y no tener absolutamente nada que ver entre sí.
Y ese pequeño detalle puede cambiar por completo la utilidad de un producto.
Un último consejo
Este es un buen ejemplo de por qué no recomiendo utilizar plantas medicinales únicamente porque alguien las haya mencionado en un vídeo, en una red social o porque compartan un mismo nombre popular.
Dos plantas pueden llamarse igual y tener composiciones completamente distintas. Incluso pueden pertenecer a familias botánicas diferentes y utilizarse con objetivos que no tienen nada que ver entre sí.
Por eso, cuando alguien decide recoger una planta del campo, cultivarla en casa o comprarla para consumirla por su cuenta, sin comprobar antes su nombre botánico y sus aplicaciones reales, está asumiendo un riesgo innecesario.
En fitoterapia no basta con conocer el nombre de una planta. Hay que saber exactamente qué especie es, qué parte se utiliza, cuáles son sus principios activos, qué evidencia existe sobre ella y en qué situaciones tiene sentido emplearla.
Precisamente por eso los fitoterapeutas trabajamos con el nombre botánico. Es la forma más segura de saber qué planta tenemos realmente delante.


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