Remedios naturales para los parásitos intestinales

Aunque parezca mentira, a pesar de todos los avances en higiene y saneamiento, los parásitos intestinales siguen existiendo y pueden afectar tanto a niños como a adultos.

El riesgo puede ser mayor en determinadas circunstancias: personas que viven o viajan a zonas donde existen problemas de saneamiento, contacto frecuente con tierra o animales, consumo de agua no potable, carne o pescado crudos o poco cocinados, determinados trabajos y actividades rurales, caza o pesca.

Los parásitos intestinales no son todos iguales. Existen gusanos planos, gusanos redondos y otros organismos capaces de instalarse en distintas zonas del aparato digestivo e incluso, en algunos casos, desplazarse hacia otros tejidos.

Y tampoco producen siempre los mismos síntomas.

Algunas personas pueden tener una infección parasitaria prácticamente asintomática, mientras que otras presentan problemas digestivos, alteraciones nutricionales o síntomas mucho más llamativos.

Además, algunas infecciones parasitarias crónicas se han relacionado con un mayor riesgo de determinados tipos de cáncer, por lo que no debemos considerar siempre las parasitosis como un simple problema digestivo.

Síntomas de los parásitos intestinales

Cada especie puede provocar síntomas diferentes y la intensidad dependerá también de la cantidad de parásitos, el tiempo de infección y las características de cada persona.

Entre los signos y síntomas más habituales podemos encontrar:

  • estreñimiento inexplicable, diarrea o gases persistentes;
  • dolor o molestias abdominales;
  • náuseas;
  • alteraciones del apetito;
  • hambre constante o sensación de no quedar nunca saciado;
  • pérdida de peso;
  • anemia por deficiencia de hierro;
  • fatiga incluso después de haber descansado;
  • picor alrededor del ano;
  • presencia de gusanos, segmentos o estructuras extrañas en las heces.

Desde la observación naturopática también se presta atención a otros signos menos específicos que pueden acompañar determinados desequilibrios intestinales, como:

  • erupciones, urticaria, eczema o picores;
  • dolores musculares y articulares;
  • bruxismo nocturno;
  • ansiedad o nerviosismo sin causa aparente;
  • infecciones recurrentes por Candida;
  • picor anal o genital.

Estos últimos síntomas pueden aparecer por muchas otras razones, por lo que su presencia aislada no significa necesariamente que tengamos parásitos.

En infestaciones importantes, algunos gusanos intestinales pueden incluso llegar a producir obstrucciones intestinales.

Parásitos intestinales más habituales

Existen diferentes tipos de parásitos capaces de afectar al ser humano. Estos son algunos de los más conocidos.

Tenia

La tenia es un gusano plano que vive en el intestino y se adhiere a su pared mediante las estructuras situadas en su cabeza.

Dependiendo de la especie, algunas tenias pueden alcanzar varios metros de longitud.

El contagio puede producirse mediante el consumo de carne de cerdo o vacuno insuficientemente cocinada, determinados pescados de agua dulce crudos o alimentos y agua contaminados, dependiendo de la especie de tenia.

Muchas personas apenas presentan síntomas, aunque pueden aparecer:

  • malestar abdominal;
  • diarrea;
  • pérdida de peso.

La tenia del cerdo, Taenia solium, merece especial atención porque sus larvas pueden formar quistes fuera del intestino. Cuando afectan al sistema nervioso pueden producir dolor de cabeza, convulsiones y alteraciones neurológicas.

Anquilostomas

Los anquilostomas son pequeños gusanos que viven en el intestino delgado, donde se adhieren a la mucosa y se alimentan de sangre.

Sus huevos salen al exterior a través de las heces y, en condiciones adecuadas, las larvas se desarrollan en el suelo.

Una de sus peculiaridades es que pueden penetrar a través de la piel, especialmente al caminar descalzo sobre suelos contaminados.

También puede producirse exposición mediante alimentos o agua contaminados.

Muchas infecciones son leves, pero pueden aparecer:

  • picor y lesiones en el lugar por donde penetraron las larvas, especialmente pies y espacios entre los dedos;
  • tos o irritación de garganta durante determinadas fases de la infección;
  • náuseas;
  • diarrea;
  • vómitos;
  • gases.

Cuando la infestación es importante y prolongada, la pérdida de sangre puede favorecer la aparición de anemia.

Fasciola hepatica

Fasciola hepatica es un gusano plano que afecta principalmente a animales herbívoros, aunque también puede infectar al ser humano.

El contagio puede producirse mediante agua contaminada o por el consumo de plantas acuáticas crudas, especialmente berros procedentes de aguas contaminadas.

Una vez dentro del organismo, el parásito migra hacia el hígado y los ejemplares adultos terminan alojándose principalmente en los conductos biliares.

Algunas personas permanecen asintomáticas, mientras que otras pueden desarrollar alteraciones hepáticas y biliares, inflamación de los conductos biliares y cambios en las pruebas de función hepática.

Oxiuros

Los oxiuros son pequeños gusanos redondos y blanquecinos que viven principalmente en el colon.

Son especialmente conocidos por el intenso picor alrededor del ano durante la noche.

Esto ocurre porque las hembras salen hacia la región perianal para depositar sus huevos. El rascado facilita que estos queden en las manos, uñas, ropa de cama y objetos, favoreciendo enormemente el contagio entre personas.

En algunas personas el picor puede llegar a interferir seriamente con el sueño.

Ascaris

Ascaris lumbricoides es un gusano redondo que utiliza al ser humano como hospedador y cuyos adultos pueden alcanzar un tamaño considerable.

La infección se produce al ingerir sus huevos a través de alimentos, agua o manos contaminadas con tierra o materia fecal.

Muchas personas apenas presentan síntomas cuando la cantidad de parásitos es pequeña.

Cuando la infestación es mayor pueden aparecer:

  • dolor abdominal;
  • náuseas y vómitos;
  • diarrea;
  • pérdida de peso;
  • desnutrición;
  • cansancio;
  • presencia ocasional de gusanos en las heces o el vómito.

Una curiosidad importante de Ascaris es su ciclo dentro del organismo. Las larvas atraviesan la pared intestinal y migran por la circulación hasta los pulmones antes de regresar posteriormente al aparato digestivo.

Durante esta fase pueden aparecer tos, dificultad respiratoria o silbidos al respirar.

Triquina

La triquina, Trichinella, es otro tipo de gusano redondo que puede transmitirse mediante el consumo de carne cruda o insuficientemente cocinada que contenga larvas.

Tradicionalmente se ha relacionado especialmente con carne de cerdo y jabalí, aunque también puede encontrarse en otros animales silvestres.

Después de la fase intestinal, las larvas pueden desplazarse hacia el tejido muscular.

Además de síntomas gastrointestinales pueden aparecer:

  • fiebre y síntomas parecidos a los de una infección;
  • dolores musculares;
  • dolor articular;
  • hinchazón de la cara y alrededor de los ojos;
  • sensibilidad a la luz;
  • conjuntivitis.

Cómo prevenir los parásitos intestinales

Aquí sigue funcionando perfectamente aquello de que más vale prevenir que curar.

No necesitamos vivir obsesionados con los microorganismos, pero sí mantener unas precauciones lógicas.

Una de las medidas más importantes es algo tan sencillo como lavarnos bien las manos después de utilizar el baño y antes de cocinar o manipular alimentos.

También conviene:

  • cocinar adecuadamente la carne de cerdo, vacuno, caza y otras carnes;
  • evitar pescado crudo que no haya recibido el tratamiento adecuado;
  • separar las tablas y utensilios utilizados para alimentos crudos de los destinados a alimentos que ya vamos a consumir;
  • lavar cuidadosamente frutas y verduras;
  • no beber agua si desconocemos si es potable;
  • extremar las precauciones cuando viajamos a lugares con problemas de saneamiento;
  • evitar caminar descalzos sobre terrenos donde pueda existir contaminación fecal.

Con frutas y verduras podemos realizar un buen lavado con agua potable, prestando especial atención a aquellas que vayamos a consumir crudas.

Plantas medicinales utilizadas tradicionalmente frente a los parásitos intestinales

Dentro de la Naturopatía y la tradición herbolaria existe también la costumbre de realizar periodos de limpieza o desparasitación estacional, especialmente en primavera y otoño.

No se trata de vivir pensando permanentemente que tenemos parásitos, sino de combinar unas buenas medidas preventivas con el cuidado periódico del terreno intestinal cuando consideremos que puede ser necesario.

Entre las plantas, alimentos y sustancias tradicionalmente utilizadas encontramos:

  • ajenjo;
  • aceite de orégano combinado con aceite de lino;
  • nogal negro;
  • berberina;
  • extracto de semilla de pomelo;
  • semillas de papaya;
  • semillas de calabaza;
  • ajo;
  • aceite esencial de pino marítimo acompañado de aceite de lino;
  • MSM y otras fuentes de azufre biodisponible;
  • aceite de Haarlem.

En herbolarios podemos encontrar también preparados que combinan varias de estas sustancias.

La elección no tiene por qué ser igual para todo el mundo. Dependerá del terreno intestinal, la tolerancia y de lo que pretendamos trabajar.

Remedios naturales para los parásitos intestinales

Además de las plantas medicinales existen antiguas recetas populares que han utilizado diferentes culturas para cuidar el intestino y dificultar la proliferación de parásitos.

Algunas son tan sencillas que pueden incorporarse fácilmente a la alimentación.

Semillas de calabaza con miel

Las semillas de calabaza son probablemente uno de los remedios tradicionales contra los parásitos intestinales más conocidos.

Ingredientes:

  • 300 g de semillas de calabaza;
  • 300 ml de agua;
  • 1 cucharadita de miel cruda, opcional.

Preparación:

Si las semillas no están peladas, las pelamos y posteriormente las trituramos.

Ponemos el agua a hervir y la incorporamos poco a poco a las semillas trituradas hasta conseguir una pasta.

Podemos añadir una cucharadita de miel cruda para mejorar el sabor.

Tradicionalmente esta preparación se ha tomado en ayunas, poco a poco, durante aproximadamente una hora.

Clavo de olor con semillas de lino

Ingredientes:

  • 1 cucharada de clavo de olor;
  • 10 cucharadas de semillas de lino.

Preparación:

Molemos juntos los clavos y las semillas de lino.

La receta tradicional utiliza 2 cucharadas de la mezcla en ayunas con medio vaso de agua tibia, durante tres días, seguidos de tres días de descanso, hasta completar doce días.

Semillas de papaya

Las semillas de papaya también aparecen en numerosas preparaciones tradicionales destinadas al cuidado intestinal.

Ingredientes:

  • 40 semillas de papaya;
  • zumo de limón;
  • 1 cucharada de miel cruda.

Preparación:

Molemos las semillas de papaya, añadimos una cucharada de zumo de limón y otra de miel cruda.

Tradicionalmente se toma en ayunas durante siete días, se descansa otros siete y posteriormente se repite durante otros siete días.

Zumo de pepino

Ingredientes:

  • 1 pepino entero;
  • 1 manzana verde;
  • ½ limón con su piel, muy bien lavado;
  • 1 puñado de cilantro.

Preparación:

Pasamos el pepino, la manzana, el medio limón y el cilantro por una licuadora o extractora.

La receta propone tomar esta preparación en ayunas durante una semana.

Zumo de zanahoria

Esta es probablemente la receta más sencilla de todas.

Ingredientes:

  • 2 o 3 zanahorias.

Preparación:

Lavamos y pelamos bien las zanahorias y extraemos su zumo.

Tradicionalmente se toma un vaso en ayunas durante siete días.

Antigua receta medieval con ajo

El ajo aparece desde hace siglos en multitud de preparaciones tradicionales relacionadas con el intestino.

Ingredientes:

  • 2 dientes de ajo;
  • ½ litro de agua.

Preparación:

Ponemos los dos dientes de ajo en medio litro de agua, tapamos el recipiente y lo llevamos lentamente hasta el punto de ebullición.

Lo dejamos hervir a fuego lento durante cinco minutos y después lo colamos.

La receta tradicional indica beber un vaso por la mañana en ayunas y otro por la noche antes de acostarse durante una semana.

El intestino después de una parasitosis

Hay otra parte que no deberíamos olvidar.

Cuando ha existido una parasitosis intestinal, nuestro trabajo no tiene por qué terminar en el momento en que desaparece el parásito.

Dependiendo del microorganismo, del tiempo que haya permanecido en el organismo y del estado previo de la persona, podemos encontrarnos con una mucosa intestinal irritada, alteraciones de la microbiota, problemas digestivos o déficits nutricionales.

Desde la Naturopatía tiene sentido prestar atención también a ese terreno y ayudar posteriormente a recuperar el equilibrio intestinal.

Porque una cosa es eliminar aquello que no debería estar allí y otra conseguir que el intestino vuelva a funcionar correctamente después.

La presencia de síntomas compatibles con una parasitosis no permite identificar por sí sola qué organismo está implicado. Cuando existe sospecha de infección parasitaria es importante determinar el parásito, especialmente ante pérdida de peso, anemia, sangre en heces, fiebre, síntomas neurológicos o dolor abdominal intenso.

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