La culebrilla o herpes zóster está causada por el virus varicela-zóster, el mismo responsable de la varicela. Después de haber pasado la varicela, el virus no desaparece completamente del organismo, sino que permanece latente en determinados ganglios nerviosos y puede reactivarse años después.
Por eso el herpes zóster tiene una característica muy particular: además de las lesiones de la piel, puede producir dolor, ardor, hormigueo o una sensibilidad muy intensa siguiendo el recorrido de un nervio.
Lo más habitual es que aparezca en un solo lado del cuerpo, especialmente en el tórax o la espalda, aunque también puede afectar otras zonas, incluida la cara.
En medicina natural, además del abordaje médico cuando es necesario, podemos trabajar sobre la alimentación, el descanso, el estrés, el terreno inmunitario y determinados nutrientes y plantas que tradicionalmente se han utilizado como apoyo durante este proceso.
Síntomas del herpes zóster
Muchas veces comienza antes de que podamos ver ninguna lesión. Puede aparecer picor, hormigueo, ardor, hipersensibilidad o un dolor punzante en una zona concreta de la piel.
Unos días después suele desarrollarse una erupción formada por pequeñas vesículas llenas de líquido, similares a las de la varicela. Posteriormente se secan y forman costras.
La evolución habitual se produce a lo largo de varias semanas, pero una de las complicaciones más conocidas es la neuralgia postherpética.
En estos casos, aunque las lesiones cutáneas hayan desaparecido, la zona puede continuar produciendo dolor, quemazón, picor, entumecimiento o una sensibilidad exagerada al tacto y a los cambios de temperatura.
Esta complicación puede prolongarse durante meses y es más frecuente a medida que aumenta la edad.
Además, haber tenido un episodio de herpes zóster no impide que pueda aparecer otro posteriormente, y no necesariamente tiene que hacerlo en la misma zona.
Cuando afecta determinadas áreas, especialmente la cara y la zona cercana al ojo o al oído, requiere una atención especial porque puede producir complicaciones neurológicas, oculares o auditivas.
Por este motivo, ante la sospecha de un herpes zóster conviene realizar una valoración médica temprana. Los antivirales utilizados para el zóster resultan especialmente interesantes cuando se administran al comienzo del episodio.
¿Por qué aparece el herpes zóster?
El responsable es el virus varicela-zóster (VZV), perteneciente a la familia de los herpesvirus.
Después de pasar la varicela, el virus permanece latente en los ganglios sensitivos del sistema nervioso. Años o incluso décadas después puede reactivarse y desplazarse por las fibras nerviosas hasta alcanzar la piel.
La reactivación se observa con mayor frecuencia cuando existe un descenso de la vigilancia inmunitaria, con la edad, determinadas enfermedades o tratamientos inmunosupresores.
También es bastante habitual encontrar episodios que aparecen después de periodos importantes de estrés físico o emocional, algo que merece la pena tener en cuenta al plantear el abordaje global de la persona.
¿El herpes zóster es contagioso?
La persona que entra en contacto con un herpes zóster no desarrolla directamente una culebrilla.
Sin embargo, el líquido de las vesículas contiene virus varicela-zóster. Una persona susceptible que nunca haya pasado la varicela ni esté inmunizada frente a ella puede infectarse y desarrollar varicela.
Mientras existan vesículas activas conviene, por tanto, extremar las precauciones, especialmente con embarazadas susceptibles, recién nacidos y personas con inmunidad muy comprometida.
Una vez que todas las lesiones se han secado y están cubiertas por costras, el riesgo de transmisión disminuye considerablemente.
Alimentación durante un episodio de herpes zóster
Durante la fase aguda me gusta simplificar la alimentación y reducir aquellos alimentos que aportan muchas calorías pero pocos micronutrientes.
Alimentos que reduciría temporalmente
Azúcar y dulces
Un consumo elevado de azúcar desplaza alimentos nutricionalmente más interesantes y no es lo que buscamos cuando el organismo está respondiendo a una infección.
Zumos de frutas
Aunque una naranja contiene vitamina C y otros micronutrientes, al convertir varias piezas en zumo concentramos los azúcares y perdemos buena parte de la fibra. En este momento prefiero la fruta entera.
Exceso de cafeína
Especialmente cuando existe nerviosismo, estrés o dificultades para descansar. El sueño y el descanso forman parte de la recuperación.
Refrescos y bebidas carbonatadas azucaradas
No aportan nutrientes que nos interesen especialmente durante esta etapa y pueden sustituirse por agua, infusiones o caldos.
Fritos y alimentos muy procesados
Durante unos días puede ser interesante favorecer preparaciones más sencillas y alimentos frescos.
Alimentos que podemos potenciar
Alimentos ricos en vitaminas del grupo B
Las vitaminas del grupo B participan en numerosos procesos relacionados con el metabolismo energético y el funcionamiento del sistema nervioso.
Podemos encontrarlas, dependiendo de cada vitamina, en huevos, pescado, carnes, lácteos, levadura nutricional o de cerveza, cereales integrales, legumbres y otros alimentos.
Agua
Mantener una buena hidratación es especialmente importante cuando existe fiebre o malestar general.
Ajo y cebolla
Son dos alimentos que utilizo muchísimo en alimentación natural. Además de sus compuestos azufrados, como los derivados de la aliína y la alicina en el ajo, permiten enriquecer una alimentación sencilla durante estos días.
Alimentos ricos en vitamina C
Cítricos, kiwi, fresas, pimiento, brócoli y otras frutas y verduras frescas son buenas fuentes alimentarias de vitamina C.
Vegetales de hoja verde
Aportan folatos, carotenoides, minerales y numerosos compuestos vegetales interesantes, por lo que deberían formar parte habitual de la alimentación.
También podemos incluir:
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Levadura de cerveza.
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Arroz integral.
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Cereales integrales.
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Huevos.
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Pescado.
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Legumbres.
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Verduras variadas.
Complementos y plantas que utilizo como apoyo
Aquí es importante distinguir entre una receta tradicional y una pauta de suplementación. Las cantidades de los suplementos deben individualizarse según la persona, su alimentación, medicación, antecedentes y situación particular.
Vitamina C
La vitamina C participa en el funcionamiento normal del sistema inmunitario y actúa además como antioxidante.
Equinácea
La equinácea es una de las plantas tradicionalmente utilizadas para acompañar determinados procesos infecciosos y apoyar la respuesta inmunitaria.
Orégano
El orégano y su aceite contienen compuestos como carvacrol y timol, responsables de buena parte de las propiedades antimicrobianas estudiadas de esta planta.
Los aceites esenciales y preparados concentrados de orégano no deben confundirse con utilizar simplemente orégano como alimento.
Vitamina B12
La vitamina B12 participa en el funcionamiento normal del sistema nervioso y en la formación de glóbulos rojos.
En una situación en la que existe afectación nerviosa resulta un nutriente interesante que conviene valorar dentro del conjunto de vitaminas del grupo B y del estado nutricional de la persona.
Zinc
El zinc interviene en el funcionamiento normal del sistema inmunitario, la cicatrización y numerosos procesos celulares.
Neem
El neem (Azadirachta indica) tiene una larguísima tradición de utilización en Ayurveda. Sus hojas y su aceite se han empleado tradicionalmente en diferentes problemas cutáneos y como parte de preparados destinados al cuidado de la piel.
Recetas de la abuela para el herpes zóster
Infusión-decocto de equinácea
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40 g de equinácea por litro de agua.
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Cocer durante aproximadamente 30 minutos.
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Tomar una taza tres veces al día.
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Puede prepararse para varias tomas y conservarse en la nevera un máximo de 48 horas.
Compresa de llantén
Preparar una infusión de llantén, dejarla enfriar y utilizarla para empapar una compresa limpia que se coloca suavemente sobre la zona.
Tradicionalmente se ha utilizado para calmar el picor y la irritación de la piel.
Compresa de puerro
Otro remedio tradicional consiste en aplicar zumo fresco de puerro sobre la zona afectada.
En pieles muy sensibles o con vesículas abiertas prefiero ser especialmente prudente con cualquier aplicación tópica que pueda irritar.
Remedio ayurvédico con neem
En Ayurveda encontramos también el uso tradicional del neem tanto internamente como en preparados destinados a la piel.
El aceite de neem se ha utilizado de forma tópica, siempre teniendo en cuenta el estado de las lesiones y la tolerancia individual.
Otros consejos que pueden ayudar
El estrés merece una atención especial. No solo porque muchas personas relacionan el comienzo del episodio con una etapa particularmente intensa, sino porque descansar adecuadamente es fundamental durante la recuperación.
Las compresas frescas o las duchas de agua fresca pueden resultar agradables cuando existe sensación de quemazón o picor. No hace falta utilizar agua extremadamente fría.
También conviene utilizar ropa holgada y transpirable y evitar rascar o manipular las vesículas.
En cuanto al sol, prefiero actualmente no recomendar la exposición directa de las lesiones activas durante un tiempo determinado. Una piel inflamada y lesionada necesita protección y la exposición solar deberá adaptarse al estado de la piel.
Aceites esenciales y herpes zóster
Tradicionalmente se han utilizado aceites esenciales como el árbol del té, helicriso, lavanda o menta buscando aprovechar sus propiedades y proporcionar sensación de alivio.
Una combinación que encontramos en remedios naturales es:
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2 gotas de aceite esencial de árbol del té.
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2 gotas de aceite esencial de helicriso.
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2 gotas de aceite esencial de menta.
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Aceite vegetal de coco como base.
Aquí sí haría una modificación respecto a antiguas fórmulas muy concentradas: los aceites esenciales no deben aplicarse puros ni en concentraciones elevadas sobre vesículas abiertas o piel muy inflamada, porque pueden aumentar la irritación.
El aceite de neem también puede utilizarse como ingrediente de preparados tópicos para el cuidado de la piel.
Medicina natural y herpes zóster: trabajar más allá de la erupción
Cuando aparece un herpes zóster, no me interesa únicamente mirar las vesículas.
También me interesa preguntarme qué estaba ocurriendo antes de que apareciera: cómo estaba descansando esa persona, qué nivel de estrés llevaba acumulado, cómo era su alimentación, qué medicamentos estaba tomando, si existían carencias nutricionales y cómo se encontraba su terreno inmunitario.
Las plantas, la alimentación, los nutrientes y los remedios tradicionales pueden formar parte de ese trabajo global.
Pero hay algo que no debemos perder de vista: el herpes zóster puede afectar al nervio y determinadas localizaciones pueden producir complicaciones importantes. La medicina natural puede acompañar el proceso, pero no merece la pena retrasar una valoración médica temprana por estar probando remedios caseros, especialmente cuando afecta la cara, el ojo o el oído, el dolor es intenso, existe fiebre importante o la persona está inmunodeprimida.



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