
La infección por Helicobacter pylori es una de las infecciones bacterianas más frecuentes del aparato digestivo. Esta bacteria tiene una extraordinaria capacidad para sobrevivir en el estómago y permanecer allí durante años, en muchas ocasiones sin producir síntomas.
Sin embargo, cuando altera la mucosa gástrica puede participar en procesos como la gastritis crónica y las úlceras gastroduodenales. Su presencia también está relacionada con un mayor riesgo de determinadas enfermedades gástricas.
Desde la medicina natural, además de valorar la propia infección, me interesa especialmente observar cómo se encuentra la mucosa digestiva, la microbiota, la alimentación y el terreno general de la persona.
¿Qué es el Helicobacter pylori?
Helicobacter pylori es una bacteria capaz de colonizar la mucosa del estómago. Su nombre hace referencia, por un lado, a su característica forma helicoidal y, por otro, al píloro, la zona de salida del estómago hacia el duodeno.
Su forma y sus flagelos facilitan su desplazamiento a través del moco que recubre el estómago, permitiéndole instalarse cerca del epitelio gástrico.
Y aquí aparece una de las características más interesantes de esta bacteria.
¿Cómo consigue sobrevivir en un lugar tan ácido como el estómago?
Una de sus principales estrategias consiste en producir una enzima llamada ureasa.
La ureasa transforma la urea en amoníaco y dióxido de carbono. El amoníaco contribuye a neutralizar localmente la acidez alrededor de la bacteria, creando un pequeño entorno en el que H. pylori puede sobrevivir.
Esta capacidad es tan característica que precisamente se utiliza para diagnosticar la infección mediante la conocida prueba del aliento con urea.
Además, H. pylori posee diferentes mecanismos que le permiten modificar y evadir parcialmente la respuesta inmunitaria, favoreciendo que la infección pueda mantenerse durante muchos años.
¿Cómo contraemos Helicobacter pylori?
Todavía existen aspectos de su transmisión que continúan estudiándose.
Las principales vías propuestas son la oral-oral y fecal-oral, y la infección se adquiere con mucha frecuencia durante la infancia.
H. pylori está presente en una proporción muy importante de la población mundial, aunque su prevalencia varía considerablemente dependiendo del país, las condiciones sanitarias y socioeconómicas y la edad.
Y aquí encontramos una peculiaridad muy interesante: estar infectado no significa necesariamente estar enfermo.
Muchas personas pueden albergar H. pylori durante años sin desarrollar síntomas importantes.
Además, la relación entre esta bacteria y el ser humano parece bastante más compleja que simplemente clasificarla como una bacteria perjudicial. Se han estudiado asociaciones inversas entre su presencia y determinados procesos inmunitarios, alérgicos e inflamatorios.
Esto no elimina los riesgos asociados a una infección problemática por H. pylori, pero sí nos recuerda que el ecosistema microbiano humano es mucho más complejo de lo que antiguamente pensábamos.
Síntomas de Helicobacter pylori
Muchas personas infectadas permanecen completamente asintomáticas.
Cuando aparecen síntomas, podemos encontrar:
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Dolor o quemazón en la parte superior del abdomen.
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Náuseas.
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Eructos frecuentes.
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Hinchazón.
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Sensación de digestión pesada.
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Disminución del apetito.
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Saciedad precoz.
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Pérdida de peso inexplicable.
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Vómitos en algunos casos.
El dolor puede aparecer cuando el estómago está vacío, entre comidas o durante la noche, aunque no existe un patrón idéntico para todas las personas.
La presencia de heces negras, vómitos con sangre, anemia inexplicada, pérdida importante de peso, dificultad para tragar o dolor persistente requiere valoración médica.
¿Cómo se detecta Helicobacter pylori?
Entre las pruebas utilizadas encontramos:
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Prueba del aliento con urea.
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Detección de antígeno de H. pylori en heces.
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Biopsias obtenidas mediante endoscopia en los casos en los que está indicada.
Las pruebas serológicas pueden detectar anticuerpos, pero tienen una limitación importante: pueden permanecer positivos después de haber desaparecido la infección, por lo que no son la mejor herramienta para comprobar una erradicación.
Helicobacter pylori y salud de la mucosa gástrica
Aquí llegamos a una de las partes que más me interesan desde el punto de vista de la medicina natural.
No debemos observar únicamente qué bacteria está presente, sino también en qué terreno está viviendo.
H. pylori puede alterar la barrera mucosa protectora del estómago, producir inflamación y modificar diferentes mecanismos relacionados con la secreción gástrica.
Pero la situación de la mucosa, la alimentación, la microbiota y el estado general de la persona también forman parte del contexto digestivo.
Por eso, cuando trabajo con personas que han sufrido problemas gástricos recurrentes, no me interesa únicamente intentar eliminar una bacteria. También quiero favorecer que la mucosa recupere sus condiciones normales y que el ecosistema digestivo vuelva a estar equilibrado.
Helicobacter pylori y úlceras
Uno de los grandes descubrimientos de la gastroenterología moderna fue demostrar la relación entre H. pylori y la enfermedad ulcerosa.
Durante mucho tiempo se consideró que las úlceras estaban relacionadas fundamentalmente con el estrés, determinados alimentos o un exceso de ácido.
Hoy sabemos que H. pylori es una de las principales causas de úlcera péptica, junto con factores como el consumo de determinados antiinflamatorios.
La bacteria altera los mecanismos protectores de la mucosa y mantiene un proceso inflamatorio. Como consecuencia, la pared queda más vulnerable frente al propio contenido gástrico.
Helicobacter pylori y cáncer de estómago
La infección crónica por H. pylori está reconocida como uno de los principales factores de riesgo para determinados tipos de cáncer gástrico.
Esto no significa que una persona con H. pylori vaya a desarrollar cáncer. La inmensa mayoría no lo hará.
El riesgo depende de numerosos factores: características de la bacteria, genética de la persona, alimentación, tabaquismo, duración de la infección y grado de alteración de la mucosa, entre otros.
La inflamación crónica mantenida durante muchos años puede favorecer una secuencia de cambios en la mucosa gástrica que, en determinadas personas, aumenta el riesgo de transformación celular.
Esta relación es precisamente una de las razones por las que no debemos trivializar una infección confirmada por H. pylori.
Helicobacter pylori, apetito y grelina
Otra relación muy interesante es la existente entre H. pylori y la grelina, una hormona producida principalmente en el estómago y relacionada con la regulación del hambre y el metabolismo.
Se han observado modificaciones de los niveles de grelina asociadas a la infección y también cambios después de la erradicación.
Esto podría contribuir a explicar por qué algunas personas con gastritis por H. pylori presentan poco apetito o sensación de saciedad muy rápida.
Helicobacter pylori más allá del estómago
Durante los últimos años se ha estudiado la posible relación entre la infección crónica por H. pylori y diferentes alteraciones fuera del aparato digestivo.
Se han investigado asociaciones con trastornos metabólicos, cardiovasculares, hematológicos, dermatológicos, neurológicos y autoinmunes.
No todas estas relaciones significan que H. pylori sea directamente la causa de esas enfermedades. Sin embargo, este campo resulta especialmente interesante porque nos obliga a contemplar nuevamente la relación entre microbiota, mucosas, inflamación y respuesta inmunitaria desde una perspectiva más amplia.
Tratamiento médico para Helicobacter pylori
El tratamiento médico busca erradicar la bacteria, normalmente mediante una combinación de antibióticos y medicamentos que reducen temporalmente la secreción ácida del estómago.
Las combinaciones utilizadas han cambiado con los años debido, entre otras cosas, al aumento de las resistencias antibióticas.
Por eso actualmente no existe una única pauta adecuada para todo el mundo. La elección depende de factores como las resistencias locales, los antibióticos utilizados anteriormente, las alergias y los tratamientos previos.
Una vez terminado el tratamiento es importante comprobar que la bacteria realmente ha sido erradicada, habitualmente mediante prueba del aliento o antígeno en heces después del periodo indicado.
Desde mi punto de vista, aquí existe además otra cuestión importante.
Los antibióticos no actúan exclusivamente sobre H. pylori. También pueden modificar considerablemente la microbiota intestinal. Por eso tiene sentido prestar atención al ecosistema digestivo durante y después del proceso.
Los inhibidores de la bomba de protones también modifican temporalmente una función fisiológica importante: la producción de ácido gástrico. Ese ácido participa tanto en la digestión como en una de las primeras barreras frente a numerosos microorganismos que ingerimos.
Esto no significa que estos medicamentos no tengan utilidad. Significa que, desde una visión global, también debemos pensar qué ocurre con el terreno digestivo durante el tratamiento y cómo vamos a recuperarlo posteriormente.
Medicina natural y Helicobacter pylori
H. pylori no es una bacteria sencilla. Su capacidad para adherirse a la mucosa, producir ureasa, modificar el ambiente que la rodea y permanecer durante años explica por qué merece un abordaje bastante más interesante que buscar simplemente un alimento “antibacteriano”.
Desde la medicina natural podemos trabajar diferentes aspectos:
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Alimentación.
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Estado de la mucosa gástrica.
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Microbiota.
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Inflamación.
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Estrés.
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Plantas tradicionalmente utilizadas para el aparato digestivo.
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Nutrientes implicados en la reparación de las mucosas.
Alimentos que conviene reducir si tenemos Helicobacter pylori
No existe una dieta idéntica para todas las personas, porque depende mucho del estado de la mucosa y de los síntomas.
Sin embargo, durante una gastritis activa suele ser conveniente observar la tolerancia a:
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Alimentos muy picantes.
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Exceso de café y otras bebidas estimulantes.
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Alcohol.
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Refrescos.
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Alimentos muy grasos o fritos.
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Alimentos muy ácidos cuando producen molestias.
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Tabaco.
También merece especial atención el uso frecuente de antiinflamatorios no esteroideos (AINE) como ibuprofeno, naproxeno o ácido acetilsalicílico, ya que pueden lesionar la mucosa gastrointestinal y aumentar el riesgo de úlcera y sangrado.
Alimentos interesantes en Helicobacter pylori
Miel
La miel contiene numerosos compuestos bioactivos cuyo perfil varía dependiendo de su origen botánico y de cómo haya sido procesada.
Cuando utilizo miel, prefiero una miel cruda y de buena calidad, que conserva mejor sus características naturales.
Alimentos fermentados
Yogur natural, kéfir cuando se tolera, miso, chucrut y otros alimentos fermentados pueden ayudarnos a aumentar la diversidad de microorganismos y metabolitos procedentes de la fermentación.
No todas las personas con una gastritis activa los toleran igual, por lo que siempre hay que observar la respuesta individual.
Jengibre
El jengibre es una de las plantas digestivas que más utilizamos. Sus compuestos han sido estudiados por su actividad frente a diferentes microorganismos y por sus propiedades relacionadas con la digestión y la respuesta inflamatoria.
Tomillo
El tomillo no es solamente una planta aromática.
Contiene compuestos como timol y carvacrol y ha sido estudiado por su actividad antimicrobiana. Determinados extractos de tomillo también han mostrado actividad frente a H. pylori y su ureasa en estudios experimentales.
Regaliz
El regaliz tiene una larga tradición como planta destinada al aparato digestivo.
Resulta especialmente interesante por su relación con la protección y recuperación de la mucosa gástrica.
Existen además preparados de regaliz deglicirrizinado (DGL) utilizados específicamente cuando queremos aprovechar su acción sobre la mucosa reduciendo la exposición a glicirricina.
Cúrcuma
La cúrcuma y especialmente su curcumina han sido estudiadas por sus propiedades relacionadas con la inflamación y por su actividad frente a diferentes microorganismos, incluido H. pylori en estudios experimentales.
Alimentos ricos en vitamina C
La relación entre vitamina C y H. pylori resulta especialmente interesante.
La concentración de vitamina C en el medio gástrico puede verse alterada durante la infección y por eso me interesa asegurar una alimentación rica en frutas y verduras que aporten esta vitamina.
Podemos encontrarla en kiwi, cítricos, fresas, pimiento, brócoli y otras frutas y verduras frescas, siempre adaptándolas a la tolerancia de una mucosa irritada.
Té verde
Las catequinas del té verde han sido estudiadas por su actividad frente a H. pylori y por sus propiedades antioxidantes.
Sin embargo, si existe gastritis y el té produce ardor o molestias, no tiene sentido forzarlo simplemente porque contenga sustancias interesantes.
Resveratrol
El resveratrol también ha sido estudiado por su interacción con H. pylori.
Aunque una de sus fuentes conocidas es el vino tinto, cuando existe gastritis o lesión de la mucosa no utilizaría el alcohol como forma de obtener resveratrol.
Plantas y sustancias naturales que utilizo en el trabajo digestivo
Lentisco o mástique
El lentisco (Pistacia lentiscus) ocupa un lugar especialmente interesante.
Su resina, conocida como mástique o mastic gum, se utiliza tradicionalmente en el Mediterráneo oriental desde hace siglos para molestias digestivas.
Actualmente sabemos que contiene numerosos compuestos bioactivos y se ha estudiado su actividad frente a H. pylori, además de su relación con la mucosa gástrica.
Me parece especialmente interesante porque une algo que encontramos continuamente en fitoterapia: un uso tradicional muy antiguo que posteriormente comienza a estudiarse desde la microbiología y la gastroenterología.
Sangre de drago
La sangre de drago, obtenida de especies del género Croton, constituye otro de los remedios tradicionales que me interesa especialmente cuando hablamos de mucosas.
Su utilización tradicional en las poblaciones amazónicas está relacionada con heridas, alteraciones cutáneas y problemas gastrointestinales.
Por sus taninos y otros compuestos vegetales, la utilizo fundamentalmente dentro de estrategias destinadas a proteger y favorecer la recuperación de las mucosas, más que como una simple sustancia destinada a “matar” H. pylori.
Probióticos y Helicobacter pylori
Este es probablemente uno de los apartados más interesantes.
Los probióticos no son todos iguales. Hablar simplemente de “tomar probióticos” nos dice muy poco, porque diferentes microorganismos pueden actuar mediante mecanismos distintos.
Además, cuando existe un tratamiento antibiótico, determinadas cepas se han estudiado como acompañamiento para favorecer la tolerancia digestiva y dificultar la colonización de H. pylori.
Veamos algunos microorganismos que se han investigado:
Lactobacillus acidophilus
Determinadas cepas pueden influir sobre la actividad de la ureasa y producir sustancias que dificultan el crecimiento de H. pylori.
Lactobacillus johnsonii
Se ha estudiado por su capacidad para producir sustancias antimicrobianas y dificultar la interacción de H. pylori con la mucosa.
Streptococcus salivarius
Algunas cepas producen bacteriocinas y otras sustancias antimicrobianas que hacen especialmente interesante el estudio de esta especie dentro del ecosistema digestivo y oral.
Lactobacillus casei
Puede producir ácido láctico y otros metabolitos que modifican el entorno en el que intenta desarrollarse H. pylori.
Lactobacillus reuteri
Es una de las especies más interesantes en este campo.
Determinadas cepas de L. reuteri pueden interferir en la adhesión de H. pylori y se han utilizado como apoyo en diferentes estrategias dirigidas a esta bacteria.
Lactobacillus plantarum
Además de producir diferentes sustancias antimicrobianas, determinadas cepas se estudian por su relación con la barrera intestinal y la producción de mucinas.
Lactobacillus rhamnosus
Tiene interés por su interacción con la barrera intestinal, la mucosa y la respuesta inmunitaria.
Lactobacillus gasseri
También se ha estudiado por su posible capacidad para disminuir la carga de H. pylori.
Lactobacillus delbrueckii subsp. bulgaricus
Conocido tradicionalmente por su participación en la elaboración del yogur, produce ácido láctico y participa en las modificaciones del entorno intestinal asociadas a los alimentos fermentados.
Bifidobacterium bifidum
Determinadas cepas han mostrado capacidad para interferir con H. pylori y, además, tienen interés por su relación con la mucosa intestinal.
Bifidobacterium animalis subsp. lactis
También encontramos cepas estudiadas por sus efectos sobre la microbiota, la respuesta inmunitaria y la interacción con microorganismos gastrointestinales.
Esto explica por qué, cuando trabajo la microbiota, me interesa mucho más saber qué cepas contiene un producto que limitarme a mirar cuántos miles de millones de bacterias anuncia el envase.
Té de Matula
El té de Matula es una mezcla comercial de diferentes plantas que se popularizó especialmente como preparado natural destinado al aparato digestivo y a H. pylori.
Su composición se ha relacionado con plantas pertenecientes a diferentes familias botánicas, entre ellas Oleaceae, Asteraceae, Alliaceae, Fabaceae y Myrtaceae.
Algunas de estas plantas contienen sustancias con actividad antimicrobiana y otras se utilizan tradicionalmente por su relación con las mucosas y el aparato digestivo.
Lo incluyo porque aparece con frecuencia cuando investigamos remedios naturales utilizados específicamente alrededor de H. pylori, aunque no debemos confundir una mezcla comercial de plantas con un tratamiento de erradicación confirmado.
No se trata solamente de eliminar una bacteria
Cuando trabajo un problema digestivo de este tipo, mi objetivo no termina en H. pylori.
Quiero saber por qué esa persona tiene síntomas, cómo se encuentra su mucosa, cómo digiere, cómo está su microbiota, qué alimentación mantiene, cuánto estrés soporta y qué ha ocurrido después de los tratamientos anteriores.
Podemos encontrar dos personas con H. pylori y situaciones digestivas completamente diferentes.
Y esa es precisamente una de las razones por las que la medicina natural puede aportar una visión interesante: no limitarse al microorganismo, sino observar el terreno en el que ese microorganismo está viviendo.
La alimentación, determinadas plantas, los alimentos fermentados, los probióticos y el cuidado de la mucosa pueden formar parte de ese trabajo.
Este artículo tiene una finalidad educativa e informativa y recoge conocimientos sobre alimentación, fitoterapia y medicina natural. No constituye una pauta individual ni sustituye el diagnóstico, la valoración o el tratamiento médico. En una infección confirmada por H. pylori es especialmente importante comprobar posteriormente su erradicación.


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Por Mónica 25/12/2022 19:43:35
Muchísimas gracias por su trabajo. Feliz Navidad para Ud. y sus seres queridos.