¿Por qué estoy perdiendo peso sin hacer dieta?

Nuestro peso no permanece exactamente igual durante toda la vida.

Podemos engordar durante las vacaciones o en Navidad y también podemos perder algunos kilos después de una gastroenteritis, una época de mucho estrés o cualquier situación que modifique temporalmente nuestra alimentación.

Pero si estás perdiendo peso sin proponértelo, no has cambiado tu dieta ni has aumentado tu actividad física, conviene averiguar por qué está ocurriendo.

Como referencia, una pérdida involuntaria superior aproximadamente al 5 % del peso corporal en seis meses ya merece que prestemos atención.

Porque adelgazar sin estar intentando adelgazar no es un objetivo conseguido.

Es un síntoma.

Causas más habituales de una pérdida de peso sin explicación

1. Hipertiroidismo

La pérdida de peso es uno de los síntomas característicos cuando la tiroides se vuelve hiperactiva y comienza a producir demasiadas hormonas tiroideas.

Estas hormonas aumentan el metabolismo y el organismo empieza a gastar más energía.

Además de perder peso, podemos observar:

  • Hambre continua.

  • Palpitaciones.

  • Nerviosismo.

  • Problemas para dormir.

  • Sudoración.

  • Pérdida de cabello.

  • Intolerancia al calor.

  • Temblor.

  • Aumento del ritmo intestinal.

Una persona que come igual o incluso más que antes y, sin embargo, continúa perdiendo peso necesita valorar su función tiroidea.

2. Diabetes

La pérdida inexplicable de peso también puede aparecer en la diabetes, especialmente cuando existe una deficiencia importante de insulina.

Tenemos glucosa circulando por la sangre, pero las células no pueden utilizarla correctamente.

El organismo necesita energía y comienza entonces a recurrir a sus reservas de grasa y músculo, provocando una disminución del peso.

En estos casos suelen aparecer además síntomas bastante característicos:

  • Mucha sed.

  • Orinar con mucha frecuencia.

  • Hambre.

  • Cansancio.

  • Visión borrosa en algunos casos.

Perder peso mientras tenemos continuamente sed y orinamos muchísimo es una combinación que no deberíamos ignorar.

3. Enfermedad de Addison

La enfermedad de Addison o insuficiencia suprarrenal primaria aparece cuando las glándulas suprarrenales no producen cantidades suficientes de determinadas hormonas, especialmente cortisol y aldosterona.

Además de pérdida de peso pueden aparecer:

  • Náuseas.

  • Dolor abdominal.

  • Debilidad.

  • Mareos.

  • Tensión arterial baja.

  • Pérdida de apetito.

  • Deseo de alimentos salados.

Existe además un signo particularmente interesante: la hiperpigmentación de la piel.

La piel puede adquirir un tono más oscuro o bronceado, especialmente en pliegues, cicatrices, nudillos, codos y rodillas.

4. Pancreatitis crónica e insuficiencia pancreática

El páncreas produce enzimas fundamentales para digerir los alimentos.

Cuando existe una pancreatitis crónica o una insuficiencia pancreática, podemos tener dificultades para digerir y absorber correctamente determinados nutrientes, especialmente las grasas.

Podemos encontrar:

  • Pérdida de peso.

  • Dolor abdominal.

  • Diarrea.

  • Náuseas después de comidas grasas.

  • Heces voluminosas, pálidas, grasientas o difíciles de limpiar.

Aquí la persona puede estar comiendo suficiente y, sin embargo, no estar aprovechando adecuadamente lo que come.

5. Úlcera péptica

Las úlceras pépticas son lesiones que aparecen en la mucosa del estómago o del duodeno.

Pueden provocar:

  • Dolor o ardor.

  • Acidez.

  • Náuseas.

  • Sensación de plenitud.

  • Saciedad después de comer muy poca cantidad.

Y cuando comer produce molestias, es fácil empezar a comer menos casi sin darnos cuenta.

Por eso, si estás perdiendo peso, te duele el estómago y enseguida sientes que estás lleno, merece la pena investigar qué está ocurriendo.

6. Enfermedades intestinales y malabsorción

Ésta es una de las primeras cosas que debemos valorar cuando una persona come aparentemente suficiente pero sigue perdiendo peso.

Entre las posibles causas encontramos la enfermedad de Crohn, la enfermedad celíaca y otros trastornos capaces de producir inflamación o malabsorción intestinal.

En Crohn podemos encontrar:

  • Dolor abdominal.

  • Diarrea.

  • Fatiga.

  • Pérdida de apetito.

  • Pérdida de peso.

  • Úlceras bucales en algunas personas.

En la enfermedad celíaca, la exposición al gluten daña la mucosa del intestino delgado en personas predispuestas y puede dificultar la absorción de nutrientes.

Puede aparecer:

  • Hinchazón.

  • Diarrea.

  • Anemia.

  • Cansancio.

  • Pérdida de peso.

También podemos encontrarnos con otros problemas digestivos como SIBO, disbiosis intestinal u otras alteraciones digestivas que, dependiendo de su gravedad y causa, pueden acompañarse de cambios en la alimentación, diarrea o dificultades para mantener un buen estado nutricional.

No son exactamente el mismo problema ni necesariamente evolucionan uno hacia otro, por lo que habrá que identificar qué está ocurriendo realmente.

7. Parásitos intestinales

Determinadas parasitosis pueden alterar la digestión, producir diarrea, disminuir el apetito o interferir con el aprovechamiento de nutrientes.

Entre los síntomas podemos encontrar:

  • Náuseas.

  • Dolor abdominal.

  • Diarrea.

  • Cambios en las deposiciones.

  • Cansancio.

  • Anemia en determinadas parasitosis.

  • Pérdida de peso.

Algunas infecciones parasitarias pueden mantenerse durante bastante tiempo antes de ser identificadas.

Por eso, cuando existe una pérdida de peso acompañada de síntomas digestivos persistentes, viajes, determinadas exposiciones o antecedentes compatibles, también debemos tenerlas en cuenta.

8. Deficiencia de zinc

El zinc participa en multitud de funciones del organismo y también interviene en el gusto y el olfato.

Una deficiencia puede provocar:

  • Disminución del apetito.

  • Alteraciones del gusto.

  • Peor percepción de los sabores.

  • Problemas de cicatrización.

  • Alteraciones cutáneas.

  • Pérdida de peso cuando la falta de apetito se mantiene.

Podemos encontrar zinc en:

  • Ostras y marisco.

  • Carne.

  • Aves.

  • Huevos.

  • Legumbres.

  • Frutos secos.

  • Semillas.

Las personas que siguen dietas vegetarianas deben prestar especial atención al aporte de zinc, ya que los fitatos presentes en algunos alimentos vegetales pueden reducir su absorción.

9. Artritis reumatoide y enfermedades inflamatorias

La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria autoinmune.

Cuando existe una inflamación sistémica importante aumentan determinadas citocinas y pueden producirse alteraciones metabólicas que favorezcan la pérdida de peso y, especialmente, de masa muscular.

Además, el dolor, el cansancio y la propia enfermedad pueden hacer que la persona coma menos o se mueva menos.

Por eso algunas enfermedades inflamatorias crónicas pueden producir una combinación especialmente perjudicial:

menos músculo, menos fuerza y menos peso.

10. Desnutrición

Puede parecer extraño hablar de desnutrición viviendo en un país donde tenemos comida disponible prácticamente a cualquier hora.

Pero tener comida no significa necesariamente estar bien nutrido.

En consulta he encontrado personas jóvenes y aparentemente sanas cuya pérdida de peso estaba relacionada simplemente con una alimentación nutricionalmente insuficiente o desequilibrada.

Y esto puede ocurrir también en dietas vegetarianas o veganas mal planificadas.

No porque una alimentación vegetal produzca inevitablemente desnutrición, sino porque eliminar grupos enteros de alimentos sin sustituir correctamente sus nutrientes puede dejarnos con una dieta insuficiente.

Necesitamos:

  • Proteínas.

  • Grasas.

  • Carbohidratos.

  • Vitaminas.

  • Minerales.

  • Energía suficiente.

Si estamos comiendo poco o nuestra alimentación se ha vuelto extremadamente restrictiva, quizá no haya que buscar una enfermedad rarísima.

Quizá sencillamente no estamos comiendo lo suficiente para nuestras necesidades.

11. Sarcopenia o pérdida de masa muscular

No toda pérdida de peso significa pérdida de grasa.

También podemos estar perdiendo músculo.

Con la edad resulta progresivamente más difícil conservar la masa muscular si no aportamos suficiente proteína y, sobre todo, si no utilizamos nuestros músculos.

La inactividad, una alimentación insuficiente, enfermedades crónicas y determinados cambios hormonales pueden acelerar esta pérdida.

Por eso, especialmente a partir de la mediana edad, debemos prestar atención no solamente al número que aparece en la báscula.

Importa también:

  • Fuerza.

  • Masa muscular.

  • Actividad física.

  • Ingesta de proteínas.

  • Vitamina D.

  • Estado nutricional general.

Una persona puede incluso mantener un peso aparentemente normal mientras está perdiendo músculo y aumentando proporcionalmente su grasa corporal.

¿Y si quiero recuperar el peso perdido?

Lo primero es averiguar por qué lo has perdido.

No tiene ningún sentido intentar solucionar una pérdida inexplicable de peso comiendo simplemente más calorías si detrás tenemos un hipertiroidismo, diabetes, malabsorción, enfermedad intestinal, insuficiencia pancreática o cualquier otro problema que sigue activo.

Una vez descartada o tratada la causa, entonces sí podemos trabajar para recuperar peso y, sobre todo, masa muscular y estado nutricional.

Para ello necesitaremos combinar adecuadamente:

  • Proteínas.

  • Carbohidratos.

  • Grasas saludables.

  • Alimentos de alta densidad nutricional.

  • Suficientes calorías.

  • Ejercicio de fuerza cuando sea posible.

Pero ése es otro tema y merece su propio artículo.

Si estás perdiendo peso sin intentarlo, no mires solamente la báscula

Cuando alguien me dice:

«Estoy perdiendo peso y no sé por qué», la pregunta no es simplemente cuántos kilos ha perdido.

Quiero saber:

¿Está comiendo igual?

¿Tiene hambre?

¿Tiene mucha sed?

¿Orina más?

¿Tiene diarrea?

¿Sus heces han cambiado?

¿Le duele el abdomen?

¿Se sacia enseguida?

¿Tiene palpitaciones?

¿Tolera peor el calor?

¿Está perdiendo músculo?

¿Ha cambiado su alimentación?

¿Ha eliminado muchos alimentos?

¿Existe una enfermedad inflamatoria?

¿Está tomando algún medicamento nuevo?

Porque una pérdida de peso involuntaria no es un diagnóstico.

Es una pista.

Y cuanto antes sepamos de dónde viene, antes podremos decidir qué necesita realmente esa persona.

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