Vitamina A: beneficios, usos y contraindicaciones

La vitamina A es una vitamina liposoluble que desempeña un papel fundamental en la salud de nuestros ojos, la piel, las mucosas, el sistema inmunitario, la reproducción y el desarrollo celular.

Cuando hablamos de vitamina A conviene distinguir entre la vitamina A preformada, presente fundamentalmente como retinol y sus derivados en alimentos de origen animal, y los carotenoides provitamina A, como el betacaroteno, presentes principalmente en los vegetales y que nuestro organismo puede transformar en vitamina A.

Al ser una vitamina soluble en grasa, nuestro cuerpo tiene capacidad para almacenarla, fundamentalmente en el hígado. Esta característica permite disponer de reservas, pero también explica por qué debemos tener más cuidado con el exceso de suplementos de vitamina A que con el de muchas vitaminas hidrosolubles.

Principales funciones de la vitamina A

Una de sus funciones más conocidas es su participación en la salud de los ojos y la visión.

La vitamina A se combina con una proteína llamada opsina para formar rodopsina, un pigmento visual presente en los bastones de la retina y necesario para que nuestros ojos puedan adaptarse a condiciones de poca luz.

Por eso, uno de los síntomas clásicos de su deficiencia es la dificultad para adaptarse a la oscuridad, conocida como ceguera nocturna.

Pero sus funciones van muchísimo más allá de los ojos.

La vitamina A regula el desarrollo y funcionamiento del tejido epitelial. Cuando existe una carencia importante, las membranas que revisten la nariz, garganta, vías respiratorias y tractos gastrointestinal y genitourinario pueden sufrir alteraciones y queratinización.

Otro signo característico puede ser la aparición de una piel seca, áspera o escamosa, especialmente en brazos y muslos.

Esto tiene además una consecuencia importante: nuestras mucosas no son simplemente un revestimiento. Constituyen una de las primeras barreras físicas del organismo frente al exterior. Si pierden su integridad, también se altera uno de nuestros mecanismos naturales de protección.

De ahí la estrecha relación de la vitamina A con el sistema inmunitario.

Además de ayudar a mantener la integridad de piel y mucosas, participa en el desarrollo, diferenciación y funcionamiento de distintas células del sistema inmunitario.

Vitamina A y diferenciación celular

Esta es probablemente una de las funciones más interesantes de la vitamina A y, sin embargo, se habla bastante menos de ella.

La vitamina A y sus derivados participan en la expresión génica, el crecimiento y la diferenciación celular.

Dicho de una forma sencilla: las células de nuestro organismo no solamente necesitan multiplicarse; también necesitan recibir las señales adecuadas para especializarse y desempeñar correctamente su función.

Los derivados activos de la vitamina A, especialmente el ácido retinoico, intervienen precisamente en estos mecanismos de regulación celular.

Esta función explica también la enorme importancia de la vitamina A durante el desarrollo embrionario, cuando las células tienen que multiplicarse, diferenciarse y organizarse para formar correctamente tejidos y órganos.

Y precisamente porque interviene de manera tan potente en estos procesos, durante el embarazo tan importante es evitar una deficiencia como no excederse con la vitamina A preformada.

Otras funciones de la vitamina A

La vitamina A también:

  • Participa en el mantenimiento normal de los huesos.

  • Es especialmente importante durante las etapas de crecimiento.

  • Interviene en la síntesis y metabolismo de las proteínas.

  • Participa en los procesos reproductivos.

  • Interviene en el mantenimiento de la piel y las mucosas.

  • Contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunitario.

  • Participa en el metabolismo normal del hierro.

  • Es necesaria para el mantenimiento de una visión normal.

  • Tiene un papel importante durante el desarrollo embrionario.

Absorción y almacenamiento de la vitamina A

Al tratarse de una vitamina liposoluble, su absorción está estrechamente relacionada con la digestión de las grasas.

En el intestino participan las enzimas digestivas y las sales biliares, permitiendo posteriormente su absorción a través de la mucosa intestinal.

Desde allí pasa al organismo y se distribuye hacia los diferentes tejidos.

Una parte muy importante de nuestras reservas de vitamina A se almacena en el hígado, que actúa como almacén y permite mantener durante cierto tiempo unos niveles adecuados incluso cuando la dieta disminuye temporalmente su aporte.

Esto explica también por qué los problemas que interfieren con la digestión o absorción de las grasas pueden terminar afectando al estado de esta vitamina.

Alimentos ricos en vitamina A

Entre las fuentes alimentarias encontramos:

  • Aceite de hígado de bacalao.

  • Hígado.

  • Yema de huevo.

  • Mantequilla.

  • Quesos y productos lácteos enteros.

  • Zanahoria.

  • Boniato.

  • Calabaza.

  • Kale.

  • Espinacas.

  • Brócoli.

  • Tomate.

  • Albaricoque.

  • Perejil.

Aquí también existe una diferencia importante.

Los alimentos animales aportan fundamentalmente vitamina A preformada, mientras que muchos vegetales aportan carotenoides como el betacaroteno, que nuestro organismo transformará en vitamina A según sus necesidades y capacidad de conversión.

El aceite de hígado de bacalao constituye una fuente muy concentrada de vitamina A y además aporta vitamina D y ácidos grasos omega-3. Precisamente por su concentración, conviene tener en cuenta la cantidad de vitaminas A y D que aporta cada producto.

Causas de deficiencia de vitamina A

Una carencia puede aparecer por diferentes razones:

  • Una alimentación insuficiente en vitamina A y carotenoides.

  • Dietas extremadamente bajas en grasa.

  • Problemas que dificulten la absorción de las grasas.

  • Alteraciones hepáticas que interfieran con su almacenamiento.

  • Problemas en la producción o circulación de la bilis.

  • Determinadas enfermedades intestinales con malabsorción.

  • Algunos trastornos pancreáticos.

  • Consumo prolongado de determinados medicamentos que interfieren con la absorción de nutrientes.

  • Utilización de aceite mineral por vía oral, que puede disminuir la absorción de vitaminas liposolubles.

La conversión de carotenoides en vitamina A también puede variar considerablemente entre unas personas y otras, por lo que no siempre podemos considerar equivalentes una fuente de retinol y una fuente de betacaroteno.

Síntomas de falta de vitamina A

Entre los signos y síntomas relacionados con una deficiencia encontramos:

  • Ceguera nocturna.

  • Dificultad para adaptarse a la oscuridad.

  • Xeroftalmía o sequedad ocular.

  • Sequedad de la conjuntiva y la córnea.

  • En casos graves, ulceración y lesiones de la córnea.

  • Piel áspera y seca.

  • Hiperqueratosis folicular o aspecto de "piel de gallina".

  • Alteraciones de las mucosas.

  • Mayor susceptibilidad a las infecciones.

  • Alteraciones del crecimiento en niños.

  • Problemas de cicatrización.

  • Cabello y piel deteriorados.

  • Alteraciones del gusto y del olfato en deficiencias importantes.

Principales usos de la vitamina A

Por sus diferentes funciones, tradicionalmente se ha utilizado o tenido en cuenta en situaciones relacionadas con:

  • Ceguera nocturna.

  • Sequedad ocular.

  • Problemas de piel seca.

  • Hiperqueratosis.

  • Acné.

  • Dermatitis.

  • Eccemas.

  • Psoriasis.

  • Alteraciones de piel y mucosas.

  • Problemas de dientes y encías.

  • Procesos infecciosos recurrentes.

  • Problemas respiratorios relacionados con el estado de las mucosas.

  • Situaciones de malabsorción.

  • Estados carenciales.

No siempre que aparezca uno de estos problemas existe una deficiencia de vitamina A. Precisamente por tratarse de una vitamina que puede acumularse, antes de utilizar cantidades elevadas conviene valorar si realmente necesitamos aumentar su aporte.

Cuánta vitamina A necesitamos

Las necesidades de vitamina A varían según la edad, el sexo y determinadas situaciones fisiológicas.

En adultos, las necesidades diarias se sitúan aproximadamente en 700 µg RAE para las mujeres y 900 µg RAE para los hombres.

Cuando utilizamos suplementos hay que distinguir además entre el retinol o vitamina A preformada y el betacaroteno, porque su metabolismo y su potencial de toxicidad son diferentes.

Las dosis elevadas de vitamina A preformada no deberían utilizarse de manera rutinaria sin una razón concreta y supervisión profesional.

Y aquí aparece una característica muy particular de esta vitamina: tan importante es evitar su carencia como evitar su exceso.

Exceso de vitamina A

Como la vitamina A preformada es liposoluble y se almacena en el organismo, un consumo excesivo y mantenido mediante suplementos puede producir hipervitaminosis A.

Entre sus síntomas pueden aparecer:

  • Náuseas.

  • Vómitos.

  • Dolor de cabeza.

  • Pérdida de apetito.

  • Sequedad de piel.

  • Descamación y picor.

  • Caída del cabello.

  • Irritabilidad.

  • Alteraciones hepáticas.

  • Dolor óseo o articular en intoxicaciones mantenidas.

La toxicidad está relacionada fundamentalmente con cantidades excesivas de vitamina A preformada, no con los carotenoides procedentes normalmente de frutas y verduras.

Betacaroteno y piel naranja

Consumir muchos alimentos ricos en betacaroteno, como zanahorias, calabaza o boniato, puede producir una coloración amarillenta o anaranjada de la piel denominada carotenemia.

Aunque puede resultar bastante llamativa, no es lo mismo que una intoxicación por vitamina A y suele desaparecer al reducir el consumo excesivo de estos alimentos.

Contraindicaciones y precauciones

Hay que tener especial cuidado con los suplementos que contienen cantidades elevadas de vitamina A preformada.

Durante el embarazo o cuando se está intentando concebir, no deben utilizarse dosis elevadas de retinol sin supervisión, debido a su posible efecto sobre el desarrollo fetal.

También conviene revisar su utilización cuando existen:

  • Enfermedades hepáticas.

  • Consumo elevado de alcohol.

  • Tratamientos dermatológicos con retinoides, como isotretinoína.

  • Otros medicamentos derivados de la vitamina A.

  • Utilización simultánea de varios complementos que contengan vitamina A.

Este último punto es bastante fácil de pasar por alto. Podemos estar tomando un multivitamínico, un complemento para la piel y otro producto nutricional y descubrir que los tres contienen vitamina A.

La vitamina A es imprescindible para nuestro organismo. La necesitamos para ver, mantener nuestras mucosas, defendernos, conservar la piel y permitir que nuestras células crezcan y se diferencien correctamente.

Pero precisamente porque nuestro cuerpo sabe almacenarla, con la vitamina A no se cumple aquello de que cuanto más tomemos, mejor.

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