
La palmitoiletanolamida, conocida habitualmente como PEA, es una sustancia lipídica que nuestro propio organismo produce como parte de sus mecanismos naturales de regulación frente al dolor, la inflamación y el daño celular.
Durante los últimos años ha despertado un enorme interés especialmente en el tratamiento complementario del dolor crónico y neuropático, pero sus mecanismos de acción resultan mucho más amplios.
La encontramos distribuida en numerosos tejidos, incluido el sistema nervioso, y nuestro organismo puede aumentar localmente su producción cuando existe una lesión, inflamación o estrés celular.
Esto resulta especialmente interesante: la PEA no es simplemente una sustancia externa que administramos para intentar bloquear el dolor. Forma parte de los propios mecanismos que utiliza nuestro organismo para recuperar el equilibrio cuando un tejido está siendo agredido.
¿Qué es la PEA o palmitoiletanolamida?
La palmitoiletanolamida, también denominada palmitoiletanolamina o N-palmitoiletanolamina, pertenece a una familia de lípidos biológicamente activos conocidos como N-aciletanolaminas o NAE.
Dentro de esta familia encontramos también moléculas relacionadas con el sistema endocannabinoide.
La PEA se sintetiza a partir de componentes de las membranas celulares y puede producirse localmente cuando los tejidos necesitan responder frente a una lesión o una situación inflamatoria.
Se encuentra de manera natural en diferentes tejidos del organismo y también se han identificado pequeñas cantidades en alimentos como:
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Yema de huevo.
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Soja y lecitina de soja.
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Cacahuetes.
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Alfalfa.
Pero probablemente lo más interesante de la PEA sea comprender cómo actúa.
PEA y sistema endocannabinoide
Durante años se relacionó a la PEA directamente con los receptores cannabinoides, especialmente con CB2.
Hoy conocemos mucho mejor su funcionamiento.
La PEA no actúa fundamentalmente como un cannabinoide clásico uniéndose directamente a CB1 o CB2. Su acción es bastante más compleja y puede influir indirectamente sobre el sistema endocannabinoide.
Uno de los mecanismos utilizados para explicarlo es el denominado “efecto séquito” o entourage effect.
La PEA puede modificar la actividad o disponibilidad de otras moléculas endógenas relacionadas con este sistema y participar así en la regulación de las señales de dolor e inflamación.
También interactúa con otros mecanismos celulares, entre ellos PPAR-α, determinados canales TRP y diferentes vías implicadas en la respuesta inflamatoria.
Esta combinación de mecanismos explica por qué sus efectos no se limitan a una única vía.
PEA y PPAR-α
Uno de los principales mecanismos conocidos de la PEA es la activación del receptor PPAR-α.
PPAR-α pertenece a una familia de receptores celulares que regulan la expresión de numerosos genes relacionados con el metabolismo y la inflamación.
Cuando la PEA activa este sistema puede modificar diferentes señales inflamatorias y participar en la regulación de la respuesta del tejido frente a una agresión.
Por eso actualmente resulta mucho más preciso considerar la PEA como una molécula reguladora de la inflamación y la neuroinflamación que como un simple analgésico.
No bloquea necesariamente una única señal del dolor.
Actúa sobre el entorno biológico que está favoreciendo y manteniendo ese dolor.
PEA, mastocitos y microglía
Aquí encontramos probablemente una de las propiedades más interesantes de la PEA.
Los mastocitos son células del sistema inmunitario conocidas principalmente por su participación en las alergias y la liberación de histamina.
Pero hacen muchísimo más.
Se encuentran distribuidos en numerosos tejidos, especialmente cerca de vasos sanguíneos y terminaciones nerviosas, y participan en la respuesta inflamatoria.
Cuando se activan excesivamente pueden liberar:
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Histamina.
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Prostaglandinas.
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Citocinas.
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Proteasas.
-
Diferentes mediadores inflamatorios.
La PEA participa en la modulación de la activación de los mastocitos, ayudando a controlar una respuesta inflamatoria excesiva.
En el sistema nervioso encontramos además otras células fundamentales: la microglía.
La microglía constituye una parte importante del sistema inmunitario del cerebro y de la médula espinal.
Cuando existe una lesión nerviosa puede activarse y producir diferentes sustancias inflamatorias.
Esta respuesta inicialmente tiene una finalidad protectora.
El problema aparece cuando permanece activada durante demasiado tiempo.
Entonces puede contribuir a mantener un estado de neuroinflamación y sensibilización del sistema nervioso, haciendo que el dolor continúe incluso cuando la lesión inicial ya debería haber mejorado.
La capacidad de la PEA para modular mastocitos y microglía ayuda a comprender por qué resulta especialmente interesante en el dolor neuropático y crónico.
PEA y neuroinflamación
Durante muchos años se entendió el dolor fundamentalmente como una señal enviada desde un tejido lesionado hacia el cerebro.
Hoy sabemos que el dolor crónico puede ser muchísimo más complejo.
Cuando una señal dolorosa se mantiene durante demasiado tiempo pueden producirse cambios en:
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Terminaciones nerviosas.
-
Médula espinal.
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Microglía.
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Mastocitos.
-
Receptores del dolor.
-
Cerebro.
El propio sistema nervioso puede volverse progresivamente más sensible.
Esto ayuda a explicar por qué algunas personas continúan experimentando dolor intenso aunque el daño estructural observado no parezca justificarlo.
Es lo que conocemos como sensibilización periférica y central.
Y precisamente aquí la PEA resulta especialmente interesante.
Su acción no se dirige únicamente hacia la percepción del dolor, sino hacia algunos de los mecanismos inflamatorios y neuroinflamatorios que pueden contribuir a mantenerlo.
Historia de la PEA
Aunque actualmente parezca una sustancia novedosa, la historia de la PEA comenzó hace muchas décadas.
En los años 40 se realizaron observaciones relacionadas con la yema de huevo y la fiebre reumática infantil.
Se había observado una mayor frecuencia de fiebre reumática en determinados niños con una alimentación pobre en huevo y posteriormente se investigaron componentes de la yema que podían explicar sus propiedades.
Durante los años 50 se identificaron lípidos con actividad antiinflamatoria y posteriormente se aisló y caracterizó la palmitoiletanolamida.
Por tanto, no estamos ante una sustancia descubierta recientemente.
Lo que ha cambiado es nuestra capacidad para comprender los mecanismos celulares mediante los cuales actúa.
Beneficios de la PEA
PEA y dolor neuropático
El dolor neuropático aparece cuando existe una lesión o alteración del propio sistema nervioso.
Puede sentirse como:
-
Quemazón.
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Descargas eléctricas.
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Hormigueo.
-
Pinchazos.
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Dolor al roce.
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Hipersensibilidad.
-
Entumecimiento acompañado de dolor.
Este tipo de dolor puede resultar especialmente difícil porque no depende únicamente de la inflamación de un tejido.
El propio nervio y las células que lo rodean participan en mantener la señal dolorosa.
Por eso la PEA ha despertado tanto interés.
Su relación con mastocitos, microglía, PPAR-α y neuroinflamación permite intervenir sobre diferentes mecanismos implicados en este tipo de dolor.
Se ha estudiado en situaciones como:
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Ciática.
-
Neuropatía diabética.
-
Síndrome del túnel carpiano.
-
Neuralgia postherpética.
-
Neuropatías periféricas.
-
Dolor relacionado con hernias discales.
-
Dolor neuropático después de determinadas lesiones.
PEA y ciática
Una de las aplicaciones más estudiadas ha sido el dolor ciático.
En un amplio ensayo realizado con más de 600 personas se utilizaron diferentes dosis de PEA en pacientes con dolor asociado a compresión del nervio ciático.
La intensidad del dolor disminuyó de manera importante, especialmente con la dosis más elevada estudiada.
Este tipo de resultado ayudó a despertar el interés por la PEA como herramienta en aquellos dolores en los que existe un componente inflamatorio y neuropático simultáneamente.
PEA y dolor lumbar
También se ha utilizado en diferentes formas de dolor lumbar, especialmente cuando existe irritación o compromiso nervioso.
En estos casos resulta importante distinguir un simple dolor muscular de un dolor en el que aparecen síntomas como irradiación hacia la pierna, hormigueos, sensación eléctrica o alteraciones de la sensibilidad.
Cuando existe participación nerviosa, la neuroinflamación puede convertirse en una parte importante del problema.
PEA y recuperación del dolor
La PEA no funciona necesariamente como un analgésico convencional de acción inmediata.
En muchas de las aplicaciones estudiadas el efecto aparece de manera progresiva.
Esto tiene sentido si observamos su mecanismo.
No estamos simplemente bloqueando temporalmente la transmisión de una señal dolorosa, sino intentando modular el entorno inflamatorio y neuroinflamatorio que puede estar manteniéndola.
Por ello, dependiendo de la situación, pueden ser necesarias varias semanas para observar plenamente sus efectos.
PEA y artritis
La PEA resulta especialmente interesante en la artritis y la osteoartritis porque actualmente sabemos que el dolor articular no depende únicamente del desgaste del cartílago.
En una articulación encontramos:
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Cartílago.
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Hueso subcondral.
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Membrana sinovial.
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Vasos sanguíneos.
-
Terminaciones nerviosas.
-
Células inmunitarias.
-
Matriz extracelular.
Todas estas estructuras se comunican constantemente.
Cuando aparece inflamación mantenida pueden activarse mastocitos y otras células inmunitarias, aumentando la liberación de mediadores inflamatorios y sensibilizando las terminaciones nerviosas.
Además, las señales procedentes de una articulación dolorosa pueden producir cambios progresivos en la médula espinal y el sistema nervioso central.
Aquí aparece nuevamente la sensibilización central.
En algunos pacientes con artritis los umbrales frente a presión, pinchazo u otros estímulos son inferiores a los encontrados en personas sanas.
Esto significa que el sistema nervioso comienza a responder de manera exagerada a estímulos que normalmente producirían mucho menos dolor.
Y resulta especialmente interesante que la intensidad de este fenómeno no siempre coincide con lo que vemos en una radiografía.
Una persona puede presentar cambios estructurales relativamente modestos y muchísimo dolor, mientras otra puede tener una articulación radiológicamente deteriorada y experimentar menos molestias.
Esto demuestra que el dolor articular no depende exclusivamente de cuánto cartílago hemos perdido.
La neuroinflamación y la sensibilización del sistema nervioso también importan.
PEA en el líquido sinovial
La PEA se encuentra naturalmente en el líquido sinovial, que rodea y lubrica nuestras articulaciones.
Se han observado alteraciones en los niveles de diferentes mediadores lipídicos, incluida la PEA, en personas con enfermedades articulares.
También se han encontrado modificaciones de estas vías en estructuras relacionadas con la médula espinal.
Estas observaciones apoyan una idea especialmente interesante: ante una lesión o inflamación, nuestro organismo puede intentar aumentar localmente moléculas como la PEA para contrarrestar el proceso inflamatorio y recuperar la homeostasis.
Cuando ese mecanismo resulta insuficiente, el dolor puede mantenerse.
Por eso la suplementación con PEA se ha estudiado como una forma de reforzar un mecanismo regulador que nuestro propio organismo ya utiliza.
PEA y fibromialgia
La fibromialgia constituye otro campo especialmente interesante debido a la importancia que tiene en ella la sensibilización central.
En esta situación el dolor no puede entenderse simplemente buscando una lesión en cada músculo que duele.
Existe una alteración en la forma en que el sistema nervioso procesa y amplifica determinadas señales.
Precisamente por su relación con microglía, mastocitos y neuroinflamación, la PEA ha sido estudiada como complemento en personas con fibromialgia.
PEA y dolor pélvico
Otra aplicación interesante aparece en determinados tipos de dolor pélvico crónico.
La PEA se ha estudiado en situaciones como:
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Endometriosis.
-
Dolor pélvico crónico.
-
Cistitis intersticial.
-
Vulvodinia.
Son problemas muy diferentes entre sí, pero pueden compartir mecanismos de inflamación, activación mastocitaria, irritación nerviosa y sensibilización.
Esto vuelve a explicar por qué una misma sustancia aparece estudiada en patologías aparentemente tan alejadas.
El denominador común no es necesariamente la enfermedad.
Puede ser el mecanismo que está manteniendo el dolor.
PEA e intestino
El intestino contiene una enorme cantidad de células inmunitarias, terminaciones nerviosas y mediadores lipídicos.
Además, existe una comunicación permanente entre:
microbiota → mucosa intestinal → sistema inmunitario → sistema nervioso.
La PEA forma parte de este sistema regulador.
En estudios realizados sobre tejidos intestinales obtenidos mediante biopsia se ha observado su capacidad para modular diferentes mediadores inflamatorios.
También se ha investigado su relación con la activación de neutrófilos y mastocitos y con determinadas citocinas implicadas en la inflamación intestinal.
Por ello existe interés en su utilización dentro del estudio de las enfermedades inflamatorias intestinales y otras alteraciones en las que participan inflamación y sensibilidad visceral.
PEA y cerebro
La relación de la PEA con la microglía ha llevado inevitablemente a investigar sus posibles aplicaciones en el sistema nervioso central.
La neuroinflamación participa en numerosos procesos neurológicos.
Cuando el cerebro sufre una lesión, infección, traumatismo o alteración metabólica, la microglía se activa para proteger y reparar el tejido.
Pero una activación excesiva o mantenida puede contribuir al daño neuronal.
Por ello la PEA se investiga en diferentes situaciones relacionadas con:
-
Neuroinflamación.
-
Lesión cerebral traumática.
-
Accidentes cerebrovasculares.
-
Enfermedades neurodegenerativas.
-
Alteraciones cognitivas.
-
Dolor central.
Gran parte de esta investigación intenta comprender hasta qué punto modular la respuesta de microglía y otras células puede ayudar a proteger el tejido nervioso.
PEA y luteolina
Una combinación particularmente interesante es PEA + luteolina.
La luteolina es un flavonoide vegetal con propiedades antioxidantes y moduladoras de la inflamación.
La combinación se ha estudiado especialmente dentro del campo neurológico buscando actuar simultáneamente sobre neuroinflamación y estrés oxidativo.
En personas que habían sufrido un accidente cerebrovascular se han estudiado formulaciones de PEA y luteolina observándose mejoras en diferentes parámetros relacionados con recuperación neurológica y funcional.
También existe investigación sobre esta combinación en otros contextos de lesión y neuroinflamación.
PEA y depresión
La relación entre inflamación, sistema nervioso y estado de ánimo ha abierto otra línea de investigación.
En un ensayo realizado en personas con depresión, se estudió PEA añadida al tratamiento convencional con citalopram.
La administración de PEA se relacionó con una mejoría más rápida de determinados síntomas depresivos.
Es un campo especialmente interesante porque vuelve a mostrarnos que el sistema nervioso, el sistema inmunitario y los procesos inflamatorios no funcionan como compartimentos independientes.
La PEA no debe entenderse por ello simplemente como un antidepresivo, sino como una molécula cuya capacidad para modular determinadas vías neuroinflamatorias está siendo estudiada también en este contexto.
PEA y esclerosis múltiple
La esclerosis múltiple combina procesos inmunitarios, inflamatorios y neurodegenerativos, por lo que también se ha estudiado la PEA en este ámbito.
En pequeños ensayos se ha utilizado como complemento de determinados tratamientos, estudiando aspectos relacionados con:
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Dolor.
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Fatiga.
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Calidad de vida.
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Función cognitiva.
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Respuesta inflamatoria.
La investigación específica continúa siendo limitada, pero resulta coherente con el interés general por la PEA en aquellas situaciones en las que participan neuroinflamación y daño nervioso.
PEA y salud ocular
Los efectos neuroprotectores estudiados de la PEA no se limitan al cerebro o los nervios periféricos.
La retina y el nervio óptico también son tejido nervioso.
Por ello se ha investigado la PEA en diferentes alteraciones oculares, especialmente aquellas en las que intervienen inflamación, presión intraocular o daño neuronal.
Uno de los campos más estudiados ha sido el glaucoma.
En diferentes ensayos se ha observado su relación con la regulación de la presión intraocular y con mecanismos destinados a proteger las estructuras nerviosas del ojo.
También se ha investigado en alteraciones retinianas asociadas a diferentes enfermedades metabólicas.
PEA y dolor asociado a tratamientos oncológicos
Determinados tratamientos, especialmente algunos tipos de quimioterapia, pueden producir neuropatía periférica.
Las personas pueden experimentar hormigueo, entumecimiento, quemazón o dolor especialmente en manos y pies.
Este daño nervioso puede persistir incluso después de finalizar el tratamiento.
Precisamente por su relación con la neuroinflamación y el dolor neuropático, la PEA ha sido investigada como apoyo en la neuropatía periférica inducida por quimioterapia.
Principales usos estudiados de la PEA
La palmitoiletanolamida se utiliza o investiga principalmente en situaciones relacionadas con dolor, inflamación y neuroinflamación.
Entre ellas encontramos:
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Artritis y osteoartritis.
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Fibromialgia.
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Dolor neuropático.
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Neuropatía diabética.
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Neuropatía periférica inducida por quimioterapia.
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Síndrome del túnel carpiano.
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Dolor lumbar.
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Hernia discal.
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Ciática.
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Neuralgia postherpética.
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Dolor pélvico crónico.
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Endometriosis.
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Cistitis intersticial.
-
Vulvodinia.
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Dolor dental y postoperatorio.
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Enfermedad inflamatoria intestinal.
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Dolor relacionado con determinadas enfermedades neurológicas.
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Esclerosis múltiple.
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Lesión cerebral traumática.
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Neuroinflamación.
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Determinadas alteraciones oculares.
Lo verdaderamente interesante es que no estamos ante una colección de enfermedades elegidas al azar.
En muchas de ellas encontramos uno o varios mecanismos comunes:
inflamación + activación mastocitaria + neuroinflamación + sensibilización nerviosa + dolor crónico.
Ahí es donde podemos comprender realmente por qué la PEA puede resultar interesante.
PEA micronizada y ultramicronizada
Cuando buscamos complementos de PEA podemos encontrar términos como PEA micronizada o ultramicronizada.
Esto tiene una explicación.
La palmitoiletanolamida presenta unas características físicas que dificultan su dispersión y absorción.
Reducir el tamaño de sus partículas aumenta su superficie de contacto y puede mejorar su disponibilidad.
Por eso buena parte de la investigación clínica moderna se ha realizado con formulaciones micronizadas o ultramicronizadas de PEA.
No se trata de una PEA químicamente diferente.
Es la misma molécula preparada mediante una tecnología destinada a mejorar sus características de absorción y utilización.
¿Cuánto tarda en actuar la PEA?
Esto dependerá considerablemente del problema para el que se esté utilizando.
En el dolor crónico no debemos esperar necesariamente la misma respuesta que obtenemos de un analgésico convencional tomado puntualmente.
La PEA interviene sobre mecanismos relacionados con inflamación, mastocitos, microglía y sensibilización nerviosa, por lo que sus efectos pueden desarrollarse progresivamente.
En diferentes estudios se han observado cambios durante las primeras semanas y una mejoría progresiva al mantener la administración.
Esto explica por qué muchas veces se utiliza durante periodos continuados y no simplemente cuando aparece un episodio puntual de dolor.
Seguridad y contraindicaciones de la PEA
La PEA es una sustancia producida naturalmente por nuestro organismo y, en los estudios realizados, ha mostrado generalmente un buen perfil de tolerabilidad.
No es un opioide y no produce los mecanismos de dependencia característicos de los opioides.
Tampoco parece desarrollar la misma tolerancia farmacológica que obliga a aumentar progresivamente las dosis de determinados analgésicos para obtener el mismo efecto.
Los efectos adversos descritos suelen ser poco frecuentes y generalmente leves, principalmente de tipo digestivo.
Otra característica interesante es que su metabolismo se produce en gran medida mediante sistemas celulares propios de las N-aciletanolaminas, por lo que presenta un comportamiento diferente al de muchos fármacos metabolizados principalmente por hígado o eliminados por riñón.
La información disponible sobre interacciones farmacológicas importantes es limitada y hasta el momento la PEA presenta un perfil bastante favorable en este sentido.
Sin embargo, esto no significa que podamos afirmar que no existe ninguna interacción posible, especialmente a medida que aumentan su utilización y el número de estudios.
En embarazo, lactancia y niños existe mucha menos información clínica, por lo que se aconseja especial precaución.
Una forma diferente de entender el dolor crónico
Quizá lo más interesante de la PEA sea que obliga a abandonar una visión excesivamente sencilla del dolor.
Un tejido se lesiona, duele y posteriormente debería recuperarse.
Pero algunas veces el proceso no termina ahí.
Los mastocitos continúan activados.
La microglía mantiene señales inflamatorias.
Las terminaciones nerviosas aumentan su sensibilidad.
La médula espinal amplifica las señales.
Y el cerebro termina recibiendo una señal dolorosa muchísimo mayor de la que esperaríamos observando únicamente el tejido lesionado.
El dolor se ha convertido entonces en un proceso en sí mismo.
La palmitoiletanolamida forma parte de los mecanismos naturales que utiliza nuestro organismo para intentar regular precisamente ese entorno inflamatorio y neuroinflamatorio.
Y probablemente sea esa capacidad de actuar en la frontera entre sistema inmunitario, inflamación y sistema nervioso la que explica por qué una misma molécula aparece una y otra vez cuando estudiamos problemas tan diferentes como ciática, artritis, fibromialgia, neuropatías o dolor pélvico crónico.


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