La melatonina o N-acetil-5-metoxitriptamina es una hormona y molécula señalizadora que nuestro organismo sintetiza a partir del triptófano, siguiendo una ruta en la que participan primero la serotonina y posteriormente la N-acetilserotonina.
Aunque solemos conocerla como «la hormona del sueño», esta definición se queda bastante corta.
La melatonina participa en numerosos procesos circadianos, neuroendocrinos, celulares, antioxidantes e inmunológicos, y probablemente ésta sea una de las razones por las que continúa despertando tanto interés después de décadas de investigación.
Melatonina, oscuridad y reloj biológico
La principal fuente de melatonina que llega a la circulación sanguínea es la glándula pineal, una pequeña estructura situada en el cerebro.
Una de las características más interesantes de su producción es que cambia enormemente durante las 24 horas del día.
La información luminosa captada por la retina llega al núcleo supraquiasmático del hipotálamo, nuestro principal reloj circadiano, y desde allí se coordina la señal que termina regulando la secreción pineal de melatonina.
Cuando disminuye la luz ambiental y llega la noche, la producción aumenta. La luz, especialmente cuando alcanza suficiente intensidad y determinadas longitudes de onda, puede inhibirla.
Por eso la melatonina no funciona simplemente como una sustancia que «nos duerme».
Es fundamentalmente una señal biológica de oscuridad.
Le comunica al organismo en qué momento del ciclo de 24 horas nos encontramos y ayuda a sincronizar numerosos procesos fisiológicos con el día y la noche.
El ritmo circadiano comienza a organizarse durante los primeros meses de vida y la producción de melatonina presenta importantes cambios con la edad. Durante la infancia se alcanzan concentraciones nocturnas elevadas y posteriormente van modificándose a lo largo de la vida.
En las personas mayores es frecuente encontrar una señal nocturna de melatonina menos intensa o más fragmentada, aunque existe una enorme variabilidad entre individuos.
La melatonina no se produce solamente en la pineal
Durante mucho tiempo la melatonina estuvo asociada casi exclusivamente a la glándula pineal.
Después descubrimos algo mucho más interesante.
También existe producción de melatonina en otros tejidos y órganos, entre ellos retina, aparato gastrointestinal, hígado, riñones, glándulas suprarrenales, timo, tiroides, páncreas, ovarios, placenta y endometrio.
Y aquí aparece una diferencia importante.
La melatonina pineal circulante funciona fundamentalmente como una señal endocrina relacionada con la oscuridad y los ritmos circadianos, mientras que la producida localmente en otros tejidos puede ejercer funciones autocrinas y paracrinas relacionadas con protección y regulación celular.
Por tanto, hablar de melatonina únicamente como «hormona del sueño» es ignorar buena parte de su biología.
Melatonina y sueño
Ésta sigue siendo, naturalmente, su aplicación más conocida.
La melatonina ayuda a indicar al organismo que ha llegado la noche biológica, facilitando la sincronización del ciclo sueño-vigilia.
Por eso puede resultar especialmente interesante cuando el problema no consiste únicamente en «no poder dormir», sino en tener el reloj desplazado.
Es el caso del jet lag, determinados cambios de horario y algunas alteraciones del ritmo circadiano.
También puede utilizarse en diferentes problemas de conciliación del sueño.
Pero hay un detalle muy importante: con la melatonina el momento importa muchísimo.
No siempre tiene sentido pensar exclusivamente en «tomarla media hora antes de acostarse». Cuando pretendemos modificar un ritmo circadiano, el efecto depende del momento en que se administra respecto al reloj biológico de esa persona.
Ésta es una de las razones por las que dos personas pueden utilizar melatonina y obtener resultados completamente diferentes.
Melatonina y trabajadores por turnos
Los trabajadores nocturnos o con turnos cambiantes representan un ejemplo perfecto del conflicto entre nuestro reloj biológico y nuestro horario social.
El organismo recibe señales contradictorias: debe mantenerse despierto cuando biológicamente espera oscuridad y dormir cuando el ambiente le proporciona luz.
En estos casos la melatonina se ha utilizado para intentar favorecer la adaptación del ciclo sueño-vigilia, junto con algo igualmente importante: el manejo adecuado de la exposición a la luz.
Porque melatonina y luz son dos caras del mismo sistema circadiano.
Mucho más que una hormona del sueño
Una de las áreas que más me interesa de la melatonina es su relación con el estrés oxidativo.
La melatonina tiene actividad antioxidante y participa además en la regulación de diferentes sistemas antioxidantes celulares.
Puede interactuar con especies reactivas derivadas del oxígeno y del nitrógeno y también influir sobre enzimas relacionadas con la defensa antioxidante.
Esto resulta especialmente interesante porque su acción no depende exclusivamente de un único mecanismo.
Además, varios de los metabolitos que aparecen durante su transformación mantienen actividad antioxidante, dando lugar a una especie de cascada de protección molecular.
También se ha estudiado ampliamente su relación con las mitocondrias, auténticas centrales energéticas de nuestras células y, al mismo tiempo, una de las estructuras más expuestas al estrés oxidativo.
Melatonina, inflamación y óxido nítrico
La relación entre melatonina e inflamación también ha sido objeto de numerosos estudios.
El óxido nítrico no es una sustancia mala que debamos eliminar: es una molécula señalizadora fundamental para nuestro organismo y participa, entre otras cosas, en la regulación vascular y en numerosos procesos celulares.
El problema aparece cuando determinadas situaciones inflamatorias inducen una producción excesiva de especies reactivas de nitrógeno.
La melatonina puede modular diferentes vías relacionadas con este proceso, incluida la actividad de determinadas formas de óxido nítrico sintasa, además de influir sobre señales inflamatorias y sistemas antioxidantes.
Por eso resulta especialmente interesante hablar conjuntamente de estrés oxidativo y nitrosativo.
Melatonina y envejecimiento
Aquí entramos en uno de los campos más fascinantes de su investigación.
Con la edad cambian nuestros ritmos circadianos y en muchas personas disminuye la amplitud de la secreción nocturna de melatonina.
Al mismo tiempo, el envejecimiento está relacionado con cambios mitocondriales, inflamación de bajo grado, alteraciones circadianas y acumulación progresiva de daño celular.
Por esta razón se ha estudiado durante décadas la posibilidad de que la melatonina participe en mecanismos relacionados con un envejecimiento saludable.
No podemos convertir ese razonamiento en una ecuación sencilla según la cual menos melatonina = envejecimiento, ni establecer una edad concreta en la que comienza inevitablemente su déficit.
Pero la relación entre melatonina, ritmos circadianos, mitocondrias, oxidación y envejecimiento continúa siendo extraordinariamente interesante.
Los estudios de envejecimiento con melatonina
Una parte particularmente curiosa de la investigación procede de modelos animales.
Investigadores españoles han trabajado durante años con melatonina, estrés oxidativo, mitocondrias y envejecimiento utilizando diferentes modelos experimentales.
En trabajos realizados con ratones envejecidos y modelos de senescencia acelerada, la administración de melatonina se ha relacionado con una reducción de diferentes marcadores de daño oxidativo y nitrosativo y con cambios en tejidos como cerebro, corazón e hígado.
También se observaron diferencias en determinadas capacidades físicas y cognitivas entre animales tratados y controles.
Otros experimentos estudiaron la supervivencia de ratones, encontrando una prolongación de la vida en determinados modelos experimentales acompañada de una mejor conservación funcional.
Estos experimentos son especialmente interesantes porque permiten estudiar mecanismos biológicos que serían prácticamente imposibles de investigar de la misma manera durante toda una vida humana.
Los resultados obtenidos en ratones no pueden trasladarse matemáticamente a nuestra longevidad, pero sí han permitido profundizar muchísimo en la relación entre melatonina, mitocondrias, inflamación, estrés oxidativo y envejecimiento.
¿Puede la melatonina prolongar la vida?
Ésta es probablemente una de las preguntas que más fascinación ha provocado alrededor de esta hormona.
En modelos animales existen resultados muy interesantes relacionados con longevidad y conservación de funciones durante el envejecimiento.
En seres humanos, hablar de «prolongar la vida» es otra cuestión.
Para mí hay una pregunta incluso más interesante: cómo llegamos a esos años.
Dormir adecuadamente, mantener nuestros ritmos circadianos, conservar actividad física y cognitiva, alimentarnos bien y proteger el funcionamiento metabólico probablemente tenga mucho más sentido que perseguir simplemente un número de años.
Y precisamente aquí la melatonina vuelve a resultar interesante porque el sistema circadiano forma parte de prácticamente toda nuestra fisiología.
Melatonina y sistema inmunitario
Existe además una estrecha comunicación entre ritmos circadianos y sistema inmunitario.
Muchas células inmunitarias poseen relojes moleculares y diferentes componentes de la respuesta inmunológica presentan oscilaciones a lo largo del día.
La melatonina participa en esta compleja comunicación y puede ejercer acciones inmunomoduladoras.
Prefiero este término a decir simplemente que «aumenta las defensas», porque su interacción con la inmunidad es bastante más compleja.
Precisamente por ello también se ha investigado su relación con inflamación, infecciones, autoinmunidad y diferentes procesos asociados al envejecimiento.
Principales usos de la melatonina
La aplicación más consolidada continúa estando relacionada con el sueño y la regulación circadiana, especialmente en situaciones como:
-
dificultad para conciliar el sueño;
-
jet lag;
-
alteraciones del ritmo sueño-vigilia;
-
cambios importantes de horario;
-
y determinados problemas asociados al trabajo por turnos.
A esto se suma todo un campo de investigación relacionado con estrés oxidativo, inflamación, función mitocondrial, envejecimiento y neuroprotección.
Son precisamente estas últimas áreas las que hacen de la melatonina una molécula mucho más interesante de lo que podría parecer si solamente la contemplamos como una ayuda para dormir.
¿Es mejor la melatonina vegetal?
Podemos encontrar melatonina naturalmente en diferentes organismos y también pequeñas cantidades en alimentos vegetales, incluido el cacao, además de cereales, frutos secos y determinadas frutas.
Pero esto no significa que «la mejor melatonina sea la extraída del cacao».
La melatonina utilizada en complementos puede obtenerse mediante diferentes procedimientos y actualmente existen también procesos de producción biotecnológica.
Lo importante en un producto es conocer qué contiene realmente, su calidad, formulación y cantidad, no asumir que por llevar la palabra vegetal será necesariamente más eficaz.
Contraindicaciones y precauciones de la melatonina
Que nuestro organismo fabrique melatonina no significa que administrarla desde fuera carezca completamente de efectos secundarios o precauciones.
Puede producir somnolencia, cefalea, mareo, sueños intensos o molestias digestivas en algunas personas.
Además, precisamente porque interviene en el sistema circadiano, importa tanto cuánto se utiliza como cuándo se utiliza.
Durante el embarazo y la lactancia merece una valoración específica.
También conviene valorar individualmente su utilización en personas con enfermedades autoinmunes, especialmente cuando existen tratamientos que modifican la respuesta inmunitaria.
En niños y adolescentes la melatonina tiene además una consideración especial.
Existe una relación fisiológica entre la señal de melatonina y el eje neuroendocrino-reproductivo, razón por la que durante años se ha estudiado su posible influencia sobre el desarrollo puberal.
No podemos afirmar simplemente que la melatonina «inhibe la pubertad» en los niños que la utilizan. Pero tampoco me parece una sustancia para administrar indiscriminadamente durante largos periodos durante el desarrollo sin valorar por qué existe el problema de sueño.
También puede interactuar con determinados medicamentos, especialmente aquellos que producen somnolencia, modifican la coagulación, la presión arterial, la glucemia o la actividad inmunitaria.
La oscuridad también forma parte del tratamiento
Hay algo que a veces olvidamos cuando hablamos de melatonina.
Podemos comprarla en un frasco, pero nuestro organismo posee desde hace millones de años un mecanismo extraordinariamente eficaz para regular su producción:
la alternancia entre luz y oscuridad.
Exponernos a suficiente luz durante el día y reducir la luz intensa durante las horas previas al sueño ayuda a proporcionar al cerebro la información temporal que necesita.
Dormir en oscuridad, mantener horarios relativamente regulares y respetar el ritmo sueño-vigilia forma parte de esa misma fisiología.
Por eso la melatonina me parece mucho más interesante cuando dejamos de verla simplemente como «algo que se toma para dormir».
Es una de las señales mediante las que nuestro organismo sabe qué hora es.
Y detrás de esa aparentemente sencilla información se coordinan el sueño, las hormonas, el metabolismo, la inmunidad, la temperatura corporal y multitud de procesos celulares que siguen funcionando mientras nosotros ni siquiera somos conscientes de ellos.
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. La utilización de melatonina debe adaptarse a la edad, el problema que se pretende abordar, el momento de administración y las circunstancias individuales.



Batido para reforzar nuestro cerebro: memoria, concentración y cerebro
Zumo alcalino para combatir el estrés: receta natural y beneficios
Trucos para aliviar el estreñimiento en los bebés