La leche de yegua es probablemente una de las leches menos conocidas en nuestra cultura y, sin embargo, su utilización como alimento tiene una historia larguísima.
Los pueblos nómadas de las estepas de Asia Central y Mongolia llevan siglos consumiendo leche de yegua, tanto fresca como fermentada. De esta tradición procede el conocido kumis o airag, una bebida obtenida mediante la fermentación de la leche de yegua que continúa formando parte de la alimentación tradicional de diferentes pueblos de Asia Central.
Durante mucho tiempo la leche de yegua también despertó interés por una característica bastante particular: su composición presenta algunas semejanzas con la leche humana mayores que las que encontramos en la leche de vaca.
Esto no significa que sean iguales, pero sí explica buena parte del interés nutricional que continúa teniendo actualmente.
¿Qué tiene de especial la leche de yegua?
Comparada con la leche de vaca, la leche de yegua contiene generalmente menos grasa y menos caseína, más lactosa y una proporción relativamente elevada de proteínas del suero.
Entre sus componentes encontramos alfa-lactoalbúmina, lactoferrina, lisozima e inmunoglobulinas, además de diferentes vitaminas, minerales, ácidos grasos y péptidos que pueden liberarse durante la digestión de sus proteínas.
También proporciona vitaminas del grupo B, vitamina C y diferentes vitaminas liposolubles, además de minerales y oligoelementos como calcio, fósforo, magnesio, zinc, cobre y hierro.
Su fracción grasa es pequeña comparada con otras leches, pero presenta una proporción interesante de ácidos grasos poliinsaturados, entre ellos omega-3 y omega-6.
Es, por tanto, una leche bastante particular tanto por la cantidad como por el tipo de proteínas y grasas que contiene.
Lactoferrina y lisozima: dos componentes especialmente interesantes
Dos de las sustancias que más llaman la atención cuando estudiamos la leche de yegua son la lactoferrina y la lisozima.
La lactoferrina es una glicoproteína capaz de unirse al hierro.
Esta característica explica parte de sus funciones biológicas, porque el hierro no solamente es necesario para nuestras células: también lo necesitan numerosos microorganismos.
La lactoferrina participa en la regulación de su disponibilidad y se ha estudiado por sus propiedades relacionadas con la defensa frente a microorganismos, regulación inmunitaria y protección de las mucosas.
La lisozima es una enzima con actividad antimicrobiana capaz de actuar sobre componentes de la pared de determinadas bacterias.
Y aquí encontramos una diferencia interesante respecto a la leche de vaca: la leche de yegua presenta una composición de determinadas proteínas defensivas que recuerda en algunos aspectos más a la leche humana.
Leche de yegua y microbiota intestinal
Ésta es probablemente una de las áreas que más interés ha despertado.
La combinación de lactosa, proteínas del suero, lactoferrina, lisozima y otros componentes puede influir sobre el entorno intestinal y la microbiota.
No debemos llamar probiótica a la leche de yegua simplemente por ser leche de yegua. Un probiótico implica microorganismos vivos concretos administrados en cantidades adecuadas.
Otra cosa diferente son los productos fermentados, como el kumis, en los que sí participan bacterias y levaduras.
Pero la leche de yegua puede formar parte de un entorno nutricional interesante para la microbiota y ésta es una de las razones por las que tradicionalmente se ha utilizado en personas con digestiones delicadas y diferentes alteraciones intestinales.
Además, durante la digestión de sus proteínas pueden liberarse péptidos bioactivos con diferentes actividades biológicas.
Leche de yegua y aparato digestivo
Por todas estas características, la leche de yegua ha despertado interés en diferentes problemas digestivos.
Tradicionalmente se ha utilizado en personas con digestiones difíciles, alteraciones intestinales y desequilibrios de la microbiota.
También se ha investigado su utilización nutricional en enfermedades intestinales inflamatorias.
En problemas como la enfermedad de Crohn, sin embargo, debemos distinguir entre utilizar un alimento como parte del apoyo nutricional y tratar la propia enfermedad.
Crohn es una enfermedad inflamatoria intestinal compleja y su tolerancia alimentaria puede variar muchísimo entre unas personas y otras, especialmente durante los brotes.
En estos casos me interesa especialmente la posible relación entre nutrición, barrera intestinal, microbiota e inflamación, pero siempre dentro del contexto individual.
Leche de yegua y dermatitis atópica
Ésta es otra aplicación bastante curiosa.
Se han realizado pequeños estudios sobre el consumo de leche de yegua en personas con dermatitis atópica, observándose cambios tanto en determinados síntomas cutáneos como en la composición de la microbiota intestinal en algunos participantes.
La relación entre intestino, microbiota, sistema inmunitario y piel resulta especialmente interesante y actualmente sabemos que estos sistemas mantienen una comunicación mucho mayor de lo que antiguamente imaginábamos.
Esto también puede ayudar a entender por qué un alimento consumido por vía oral terminó estudiándose en un problema aparentemente tan alejado del intestino como la dermatitis.
Además, existen productos cosméticos elaborados con leche de yegua destinados a pieles secas, sensibles o con tendencia a la irritación.
Leche de yegua, triptófano y sistema nervioso
La leche de yegua contiene alfa-lactoalbúmina, una proteína del suero especialmente interesante por su composición en aminoácidos y su contenido relativo en triptófano.
El triptófano es un aminoácido esencial que debemos obtener mediante la alimentación y que nuestro organismo utiliza, entre otras funciones, como precursor para sintetizar serotonina y posteriormente melatonina.
La serotonina participa en numerosas funciones relacionadas con el estado de ánimo, apetito, sueño y otros procesos del sistema nervioso.
Esto no significa que beber leche de yegua equivalga a administrar serotonina ni que una depresión pueda reducirse simplemente a una carencia de triptófano.
Pero sí convierte su composición proteica en un aspecto nutricional interesante cuando estudiamos la relación entre alimentación, aminoácidos y sistema nervioso.
Cansancio y recuperación nutricional
La leche de yegua proporciona proteínas, aminoácidos, lactosa, vitaminas y minerales dentro de un alimento relativamente fácil de incorporar a la dieta cuando existe buena tolerancia.
Por eso también se ha utilizado tradicionalmente durante periodos de debilidad, cansancio, convalecencia o mayores necesidades nutricionales.
La lactosa proporciona una fuente de hidratos de carbono y sus proteínas aportan aminoácidos necesarios para numerosos procesos de reparación y mantenimiento del organismo.
No hablaría de ella como un estimulante energético.
Me parece mucho más interesante considerarla un alimento nutricionalmente particular que puede incorporarse cuando sus características encajan con las necesidades de la persona.
¿Puede ayudar en la anemia?
La leche de yegua contiene hierro, pero no podemos considerarla por ello un tratamiento para una anemia ferropénica.
Lo interesante vuelve a ser la lactoferrina.
Por su capacidad para unirse al hierro y participar en su metabolismo, la lactoferrina lleva años despertando interés nutricional.
Esto no significa que toda anemia vaya a responder a la leche de yegua. Antes debemos saber qué anemia tenemos.
Hierro, ferritina, transferrina, vitamina B12, folato, pérdidas sanguíneas, inflamación y absorción intestinal son solamente algunas de las cuestiones que pueden estar detrás de una anemia.
Y ése es precisamente un buen ejemplo de por qué un alimento interesante no debe convertirse automáticamente en un tratamiento universal.
Leche de yegua, hígado y metabolismo del hierro
La relación entre lactoferrina, metabolismo del hierro e inflamación también explica que se haya investigado el interés de la leche de yegua en el metabolismo hepático.
El hígado es uno de los órganos fundamentales para el almacenamiento y regulación del hierro y participa además en el metabolismo de prácticamente todos los nutrientes que ingerimos.
Existen investigaciones experimentales sobre componentes de la leche de yegua y diferentes marcadores metabólicos y hepáticos.
Es un campo interesante, aunque aquí me parece especialmente importante valorar la causa concreta del problema hepático en lugar de hablar simplemente de «limpiar el hígado».
Psoriasis, piel e inmunidad
La utilización tradicional de leche de yegua también llegó a enfermedades como la psoriasis.
Aquí volvemos a encontrarnos con tres terrenos que están íntimamente relacionados: intestino, inmunidad y piel.
Se han descrito experiencias de personas que observan cambios en sequedad, picor o características de sus brotes después de utilizar leche de yegua de manera continuada, y también se utiliza externamente incorporada a diferentes cosméticos.
No significa que todas las psoriasis respondan de la misma manera.
Pero la relación entre microbiota, barrera intestinal, sistema inmunitario y enfermedades inflamatorias de la piel hace especialmente interesante conservar esta utilización tradicional y continuar estudiándola.
Leche de yegua durante tratamientos oncológicos
La leche de yegua también se ha utilizado como alimento durante periodos de recuperación y convalecencia, incluidos algunos pacientes sometidos a tratamientos oncológicos.
Aquí lo que me interesa fundamentalmente es su valor nutricional y tolerancia individual.
Durante quimioterapia o radioterapia pueden aparecer pérdida de apetito, alteraciones digestivas, cambios del gusto, mucositis, diarrea, estreñimiento y otros problemas que hacen especialmente importante mantener un buen estado nutricional.
En ese contexto, cualquier alimento que queramos incorporar debe adaptarse al tratamiento, a la situación inmunitaria, a la tolerancia digestiva y a las indicaciones del equipo de oncología.
No existe una regla general que obligue a retirar la leche de yegua durante una sesión de radioterapia o quimioterapia, pero tampoco utilizaría un producto de este tipo sin valorar el contexto.
Y en personas inmunodeprimidas resulta especialmente importante que cualquier producto lácteo haya sido procesado y controlado microbiológicamente de forma segura.
Leche de yegua cruda, congelada o liofilizada
La leche de yegua puede encontrarse en diferentes presentaciones.
Uno de los problemas es que algunos de sus componentes son sensibles al procesamiento y a las temperaturas elevadas. Por eso se han desarrollado sistemas como la liofilización, que permiten retirar el agua a baja temperatura y obtener un producto estable intentando conservar al máximo sus características.
Esto explica que podamos encontrar leche de yegua en polvo o cápsulas además de productos congelados.
Pero no debemos confundir «menos procesado» con «más seguro».
La leche cruda puede contener microorganismos patógenos, exactamente igual que otras leches crudas.
Cuando buscamos conservar componentes bioactivos interesa utilizar métodos de procesamiento adecuados, pero también garantizar la seguridad microbiológica del producto.
¿Puede tomarla una persona intolerante a la leche de vaca?
Depende de qué signifique exactamente «intolerante».
Si una persona tiene alergia a las proteínas de la leche, no debemos asumir que la leche de yegua sea automáticamente segura. Existe posibilidad de reacción cruzada y debe valorarse individualmente.
Si hablamos de intolerancia a la lactosa, tampoco podemos utilizarla como sustituto automático, porque la leche de yegua contiene bastante lactosa.
Otra situación diferente es que una persona tolere mal determinadas características de la leche de vaca y encuentre más digestiva la composición de la leche de yegua.
Pero primero necesitamos saber qué está provocando realmente el problema.
Contraindicaciones de la leche de yegua
La leche de yegua es un alimento, pero eso no significa que sea apropiada para absolutamente todo el mundo.
Hay que tener especialmente en cuenta:
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La alergia a proteínas de la leche.
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La intolerancia a la lactosa.
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La procedencia y seguridad microbiológica del producto.
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La situación de personas inmunodeprimidas.
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La tolerancia digestiva individual.
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El contexto nutricional en niños pequeños, embarazo y lactancia.
Y tampoco debemos utilizarla como sustituto de la leche materna o de las fórmulas infantiles simplemente porque determinados aspectos de su composición se parezcan más a la leche humana que los de la leche de vaca.
Entonces, ¿para qué sirve la leche de yegua?
La leche de yegua es, ante todo, un alimento con una composición extraordinariamente interesante.
Su combinación de proteínas del suero, alfa-lactoalbúmina, lactoferrina, lisozima, inmunoglobulinas, ácidos grasos poliinsaturados, vitaminas, minerales y otros componentes explica que lleve siglos utilizándose como alimento y que continúe despertando interés actualmente.
Sus campos más interesantes se encuentran alrededor de la nutrición, microbiota intestinal, aparato digestivo, piel, inmunidad y recuperación nutricional.
Y quizá lo más curioso sea que, mientras nosotros la presentamos ahora como un alimento novedoso, en las estepas de Asia Central llevan generaciones sabiendo que una yegua no solamente servía para transportarse.
También proporcionaba uno de sus alimentos más valiosos.
Este contenido tiene carácter educativo e informativo. Cuando existe enfermedad inflamatoria intestinal, alergia alimentaria, inmunosupresión o tratamiento oncológico, la incorporación de leche de yegua debe adaptarse a la situación individual y al tratamiento.



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