Para qué sirve la apigenina: propiedades, beneficios y usos

La apigenina es un flavonoide natural presente en numerosas frutas, verduras, plantas medicinales y bebidas de origen vegetal. Pertenece concretamente al grupo de las flavonas y podemos encontrarla en alimentos y plantas tan habituales como el perejil, el apio, la cebolla, la manzanilla, el tomillo, el orégano, los cítricos o el té.

Es una sustancia especialmente interesante porque no actúa sobre una única ruta metabólica. Se han identificado numerosas proteínas celulares capaces de interaccionar con la apigenina y se ha estudiado su participación en mecanismos relacionados con la inflamación, el estrés oxidativo, la angiogénesis, la regulación genética, el metabolismo hepático, la circulación, la piel y la proliferación celular.

Fuentes naturales de apigenina

Una de las fuentes tradicionales más conocidas de apigenina es la manzanilla o camomila (Matricaria chamomilla).

De hecho, buena parte de las propiedades tradicionalmente asociadas a la manzanilla están relacionadas con sus flavonoides, entre los que destaca la apigenina y sus derivados.

Pero una de las fuentes alimentarias más concentradas es el perejil, especialmente el perejil seco. También podemos encontrar cantidades interesantes en:

  • apio y semillas de apio;

  • manzanilla;

  • perejil;

  • orégano;

  • tomillo;

  • cebolla;

  • alcachofa;

  • cítricos como naranja y pomelo;

  • té;

  • algunas legumbres;

  • y diferentes hierbas aromáticas.

También se encuentra en pequeñas cantidades en bebidas como el vino y la cerveza.

En las plantas no siempre aparece como apigenina libre. Con frecuencia se encuentra unida a azúcares formando diferentes glucósidos, como la apigenina-7-O-glucósido, la vitexina, la isovitexina o la rhoifolina.

Propiedades de la apigenina

La apigenina es un flavonoide bioactivo al que se atribuyen numerosas propiedades:

  • antioxidantes;

  • antiinflamatorias;

  • antiangiogénicas;

  • antialérgicas;

  • antigenotóxicas;

  • inmunomoduladoras;

  • neuroprotectoras;

  • hepatoprotectoras;

  • y antiproliferativas y anticancerígenas.

Cuando hablamos de actividad antiangiogénica, nos referimos a su capacidad para interferir en la formación de nuevos vasos sanguíneos.

La angiogénesis es un proceso completamente normal y necesario, por ejemplo, durante la cicatrización. Sin embargo, también puede ser utilizada por los tumores para desarrollar nuevos vasos que les permitan recibir oxígeno y nutrientes. Por esta razón, la regulación de la angiogénesis es una de las vías por las que se investiga la apigenina en oncología.

También resulta interesante su actividad antigenotóxica.

La genotoxicidad es la capacidad que tienen determinados agentes físicos, químicos o biológicos de producir alteraciones en el material genético. Y cuando hablamos de material genético no debemos pensar exclusivamente en el ADN, sino también en las estructuras y mecanismos celulares relacionados con la estabilidad y el comportamiento de los cromosomas.

Beneficios y mecanismos de acción de la apigenina

Una de las cosas más interesantes de la apigenina es precisamente que puede actuar sobre numerosas proteínas y rutas celulares diferentes.

Esto explica que encontremos investigaciones sobre ella en campos aparentemente tan distintos como cáncer, inflamación, enfermedades cardiovasculares, neurodegeneración, metabolismo, obesidad, osteoporosis, dermatitis, vitíligo o alopecia.

Apigenina, ARN mensajero y regulación de las proteínas

En 2013, investigadores de la Universidad Estatal de Ohio realizaron un trabajo especialmente interesante para comprender cómo actúa la apigenina.

Identificaron 160 posibles proteínas humanas con las que podía interaccionar, relacionadas principalmente con activación de GTPasas, transporte de membrana y metabolismo del ARN mensajero.

Entre ellas apareció una proteína llamada hnRNPA2, implicada en el procesamiento, estabilidad y transporte del ARN mensajero.

La apigenina se une a esta proteína y modifica su actividad, afectando al llamado splicing alternativo.

¿Y por qué es interesante?

Porque nuestros genes contienen la información necesaria para fabricar proteínas, pero esa información tiene que ser procesada antes de utilizarse. El splicing permite que un mismo gen pueda originar diferentes versiones de una proteína dependiendo de cómo se procese el ARN.

Por tanto, la apigenina no actúa simplemente como un antioxidante que circula por el organismo: puede interactuar directamente con mecanismos que regulan qué proteínas fabrica una célula y de qué manera las fabrica.

Esta capacidad ayuda a entender por qué una sola molécula vegetal puede tener efectos sobre procesos celulares tan diferentes.

Apigenina y cáncer

Probablemente este sea uno de los campos en los que más se ha investigado la apigenina.

Se han estudiado diferentes mecanismos: regulación de la apoptosis, proliferación celular, angiogénesis, inflamación, estrés oxidativo, invasión tumoral, metástasis y respuesta a determinados tratamientos.

Apoptosis: enseñar a la célula cuándo debe morir

Nuestro organismo posee un mecanismo denominado apoptosis, una especie de programa interno de muerte celular.

Las células envejecidas, dañadas o que ya no deberían continuar funcionando pueden activar este mecanismo y eliminarse de manera ordenada.

Uno de los problemas que aparecen durante el desarrollo tumoral es precisamente que algunas células adquieren mecanismos que les permiten escapar de la apoptosis.

La apigenina ha despertado mucho interés porque puede intervenir sobre diferentes proteínas y vías de señalización relacionadas con este proceso, favoreciendo la apoptosis en distintos modelos de células tumorales.

También se han estudiado sus propiedades quimiopreventivas, entre ellas su respuesta frente al daño provocado por radiación ultravioleta.

Apigenina y angiogénesis

Otra vía importante es su acción sobre la angiogénesis.

Para crecer por encima de determinado tamaño, un tumor necesita desarrollar una red vascular que le proporcione nutrientes y oxígeno.

La apigenina puede interferir en diferentes señales relacionadas con este proceso, lo que explica que la encontremos repetidamente en investigaciones sobre crecimiento y progresión tumoral.

Apigenina y tratamientos oncológicos

También se ha investigado combinada con diferentes sustancias utilizadas en oncología.

Entre las asociaciones estudiadas encontramos:

  • gemcitabina en cáncer de páncreas;

  • 5-fluorouracilo en cáncer colorrectal;

  • EGCG y otros polifenoles;

  • mecanismos relacionados con resistencia a diferentes fármacos;

  • invasión y metástasis.

Encontramos además estudios experimentales sobre apigenina en neuroblastoma y cáncer de esófago, páncreas, mama, cuello uterino, vejiga, ovario, hígado, tiroides y próstata, además de glioblastoma, linfomas y otros tipos tumorales.

Una de las razones por las que aparece en tantos modelos diferentes es precisamente esa capacidad de intervenir simultáneamente sobre numerosas dianas celulares.

Propiedades antiinflamatorias

La apigenina puede modular diferentes mediadores relacionados con la respuesta inflamatoria.

Entre otras acciones, se ha estudiado su capacidad para actuar sobre:

  • prostaglandinas;

  • óxido nítrico;

  • metabolismo del ácido araquidónico;

  • ciclooxigenasas y lipoxigenasas;

  • TNF-alfa;

  • diferentes interleucinas;

  • NF-κB;

  • y otras vías intracelulares relacionadas con la inflamación.

Esta actividad ayuda a explicar por qué encontramos investigaciones sobre apigenina en procesos inflamatorios tan diferentes como artritis reumatoide, dermatitis, inflamación intestinal, alteraciones neurológicas o enfermedades metabólicas.

Apigenina, hígado y glucuronidación

Otra propiedad menos conocida y particularmente interesante de la apigenina es su relación con las UDP-glucuronosiltransferasas, conocidas como UGT.

Estas enzimas realizan la glucuronidación, una reacción de conjugación en la que una sustancia se une al ácido glucurónico para facilitar su transformación y posterior eliminación.

Es una de las principales vías metabólicas utilizadas por el organismo para procesar:

  • medicamentos;

  • xenobióticos;

  • determinados compuestos procedentes de la alimentación;

  • hormonas esteroideas;

  • y sustancias endógenas como la bilirrubina.

La apigenina ha mostrado capacidad para inducir la expresión de UGT1A1, una enzima especialmente importante en la glucuronidación de la bilirrubina.

Esta conexión explica otra aplicación muy curiosa de la apigenina: su utilización en cosmética para determinadas ojeras.

Apigenina para las ojeras vasculares

No todas las ojeras tienen el mismo origen.

Las ojeras de coloración vascular están directamente relacionadas con el estado de la microcirculación de la zona infraorbital.

La piel que rodea los ojos es extremadamente fina. Cuando la microcirculación funciona mal, los capilares pueden hacerse más visibles y puede aparecer estancamiento sanguíneo y mayor permeabilidad vascular.

Parte de la hemoglobina que sale de los capilares termina degradándose en diferentes productos, entre ellos:

  • biliverdina, de tonalidad verdosa o violácea;

  • bilirrubina, de tonalidad amarillenta, anaranjada o marrón;

  • y hierro.

La acumulación de estos pigmentos contribuye a la coloración característica de determinadas ojeras.

Además, el hierro libre puede favorecer procesos oxidativos y peroxidación lipídica, creando un entorno inflamatorio que puede empeorar todavía más la microcirculación local.

Aquí la apigenina resulta especialmente interesante porque actúa sobre varios puntos al mismo tiempo.

Puede participar en la protección de la matriz dérmica y de las estructuras que sostienen la microcirculación, posee actividad antioxidante y antiinflamatoria e interviene sobre enzimas relacionadas con el metabolismo lipídico.

Pero, además, su relación con UGT1A1 resulta especialmente llamativa, porque esta enzima participa en la conjugación y eliminación de la bilirrubina.

Por eso encontramos apigenina formando parte de determinados activos cosméticos destinados específicamente a mejorar las ojeras de componente vascular.

Apigenina, piel y vitíligo

La relación entre apigenina y pigmentación cutánea es otro de sus aspectos más curiosos.

Su estructura fenólica, su actividad antioxidante y su capacidad para actuar sobre diferentes vías celulares hicieron que hace años comenzara a investigarse como posible activo complementario en el vitíligo.

Desde entonces esta línea de investigación ha avanzado bastante.

Se ha observado que la apigenina puede proteger a los melanocitos frente al estrés oxidativo mediante vías relacionadas con Nrf2 y aumentar la actividad de enzimas antioxidantes como:

  • superóxido dismutasa (SOD);

  • catalasa;

  • y glutatión peroxidasa.

También se ha estudiado su capacidad para estimular la melanogénesis.

Investigaciones más recientes han encontrado que la apigenina puede actuar sobre la vía c-KIT/Raf-1/MAPK/CREB, aumentando la expresión de MITF, uno de los principales reguladores de la formación de melanina.

A partir de ahí aumenta la expresión de tirosinasa, TRP-1 y TRP-2 y favorece tanto la formación de melanina como la maduración y el transporte de los melanosomas.

Es una conexión especialmente interesante porque reúne en una misma molécula protección antioxidante del melanocito y estimulación de los mecanismos relacionados con la pigmentación.

Apigenina y enfermedades cardiovasculares

La apigenina también se ha estudiado en enfermedades vasculares asociadas al estrés oxidativo.

Posee actividad sobre diferentes mecanismos relacionados con:

  • oxidación de lípidos;

  • inflamación vascular;

  • función endotelial;

  • adhesión y agregación plaquetaria;

  • formación de trombos;

  • y desarrollo de aterosclerosis.

Por esta combinación de efectos antioxidantes, antiinflamatorios y vasculares resulta interesante dentro de la protección cardiovascular.

Apigenina y sistema nervioso

La capacidad de la apigenina para atravesar diferentes vías relacionadas con inflamación y estrés oxidativo explica también su interés en neurología.

Se ha estudiado especialmente por sus efectos sobre la neuroinflamación.

Encontramos investigaciones relacionadas con:

  • enfermedad de Alzheimer;

  • enfermedad de Parkinson;

  • isquemia cerebral;

  • deterioro cognitivo;

  • memoria;

  • y diferentes procesos neurodegenerativos.

Su interés no se limita a una única acción antioxidante, ya que interviene sobre microglía, mediadores inflamatorios y diferentes rutas de señalización celular relacionadas con la supervivencia neuronal.

Apigenina, hueso y artritis reumatoide

La apigenina también se ha investigado en fibroblastos sinoviales, unas células que tienen un papel importante en las articulaciones y cuya actividad puede alterarse considerablemente en la artritis reumatoide.

Su capacidad para modular inflamación y determinadas señales celulares explica su interés en este campo.

También existen investigaciones sobre pérdida de masa ósea y osteoporosis, incluyendo modelos de pérdida ósea relacionada con la disminución de estrógenos.

Otros usos estudiados de la apigenina

La cantidad de vías metabólicas sobre las que actúa explica la enorme variedad de campos en los que ha sido estudiada.

Entre ellos encontramos:

  • hipoxia;

  • alopecia androgénica;

  • protección hepática;

  • modulación de la respuesta inmunitaria;

  • obesidad y metabolismo de la glucosa;

  • dermatitis atópica;

  • hiperuricemia y gota;

  • asma y respuesta alérgica;

  • espasmo gastrointestinal, también en combinación con otros flavonoides como la quercetina;

  • enfermedades autoinmunes;

  • lupus eritematoso sistémico;

  • artritis reumatoide;

  • osteoporosis;

  • enfermedades cardiovasculares;

  • y diferentes enfermedades neurodegenerativas.

Una molécula pequeña con muchísimas dianas

Quizá lo más interesante de la apigenina sea precisamente que resulta difícil reducirla a una única propiedad.

No es simplemente «un antioxidante».

Interactúa con numerosas proteínas celulares y puede influir sobre inflamación, estrés oxidativo, metabolismo del ARN, apoptosis, angiogénesis, glucuronidación, función vascular, melanogénesis y diferentes vías de señalización celular.

Y esto también explica por qué aparece en áreas aparentemente tan alejadas entre sí como la investigación oncológica, el vitíligo, las ojeras vasculares, la salud cardiovascular, la neuroinflamación o la protección hepática.

Es uno de esos compuestos naturales en los que, cuanto más profundizamos en su bioquímica, más conexiones aparecen.

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