Para qué sirve el polen: propiedades y beneficios

El polen de abeja es uno de los alimentos más curiosos que nos proporciona la colmena. Las abejas recogen los diminutos granos de polen de las flores, los mezclan con néctar y secreciones propias y los transportan hasta la colmena formando las conocidas bolitas de polen que posteriormente podemos consumir.

El polen no es exactamente la “semilla masculina” de la flor, como se explicaba antiguamente, sino el conjunto de pequeños granos producidos por las anteras que contienen los gametofitos masculinos de la planta.

Para las abejas constituye una fuente fundamental de proteínas, aminoácidos, grasas, vitaminas y minerales, especialmente necesaria para alimentar a la colonia y permitir el desarrollo de las abejas jóvenes.

Y precisamente esa enorme concentración de nutrientes explica que el ser humano lleve muchísimo tiempo utilizando el polen como alimento reconstituyente.

Propiedades del polen

Siempre se ha considerado el polen uno de los alimentos naturales más completos desde el punto de vista nutricional.

Su composición varía muchísimo dependiendo de las plantas de las que proceda, la época del año, el clima y la zona geográfica. No existe, por tanto, una composición idéntica para todos los pólenes.

Contiene proteínas y aminoácidos, hidratos de carbono, lípidos, fibra, vitaminas, minerales, carotenoides, polifenoles, fitoesteroles y numerosas sustancias procedentes de las plantas visitadas por las abejas.

Su contenido proteico puede ser muy elevado en determinados pólenes, aunque no podemos establecer de manera general aquel antiguo 40 % que se atribuía a todos ellos. Lo interesante es que encontramos una gran variedad de aminoácidos, incluidos aminoácidos esenciales y aminoácidos de cadena ramificada o BCAA.

También aporta vitaminas del grupo B, folatos, carotenoides precursores de vitamina A y cantidades variables de vitaminas C y E.

Entre sus minerales podemos encontrar calcio, potasio, magnesio, hierro, manganeso, cobre, zinc, fósforo y otros oligoelementos.

La fracción lipídica contiene ácidos grasos, entre ellos omega 3 y omega 6, y encontramos además fosfolípidos y esteroles.

Pero una de las partes que actualmente me parece más interesante es su riqueza en compuestos fenólicos y flavonoides, entre ellos quercetina, kaempferol, rutina y otros antioxidantes cuya proporción depende, nuevamente, de las plantas de procedencia.

Por eso dos pólenes pueden tener colores completamente diferentes —amarillo, naranja, rojizo, marrón, verde o casi negro— y también composiciones distintas.

No estamos ante una sustancia química aislada, sino ante una mezcla enormemente compleja de materiales procedentes de muchas flores diferentes.

Beneficios del polen de abeja

Energía, cansancio y actividad física

Este es probablemente uno de sus usos tradicionales más conocidos.

Por su combinación de hidratos de carbono, proteínas, aminoácidos, vitaminas y minerales, el polen se utiliza como alimento energético y reconstituyente, especialmente durante épocas de cansancio, convalecencia, mayor actividad física o alimentación deficiente.

También tiene una larga tradición entre deportistas.

Aquí mantendría la idea de tu artículo original, pero no las cifras concretas del 40-50 % de aumento de fuerza o del 25 % de mejora del rendimiento, porque no he podido atribuirlas con seguridad a un ensayo deportivo concreto.

Lo interesante no es convertir el polen en una especie de estimulante deportivo, sino entender que estamos aportando una pequeña cantidad de alimento con una enorme diversidad nutricional.

Por eso puede tener sentido en personas sometidas a grandes requerimientos físicos, durante entrenamientos, convalecencias o épocas de agotamiento.

Sistema respiratorio

El polen contiene una elevada variedad de antioxidantes y compuestos vegetales con actividad antiinflamatoria.

Entre ellos encontramos flavonoides que participan en diferentes rutas relacionadas con inflamación y estrés oxidativo.

Tradicionalmente se ha utilizado en el terreno respiratorio y en personas con tendencia a determinados procesos alérgicos, aunque aquí aparece una de las grandes paradojas del polen: una sustancia utilizada tradicionalmente para trabajar el terreno alérgico también puede provocar alergia en personas sensibilizadas.

Esto hace que tengamos que distinguir siempre entre la utilización nutricional del polen y las técnicas específicas de desensibilización frente a alérgenos.

Antojos y adicciones

Otro uso tradicional del polen ha sido como complemento nutricional durante procesos destinados a reducir determinados antojos o dependencias.

En el artículo antiguo atribuía esta propiedad específicamente a la fenilalanina. El polen contiene fenilalanina, pero su efecto sobre los antojos no puede reducirse únicamente a este aminoácido.

Me interesa más contemplarlo dentro del conjunto: una persona mal alimentada, sometida a estrés y con grandes fluctuaciones de energía puede experimentar más hambre, cansancio y búsqueda de determinados alimentos o estimulantes.

En ese contexto, un alimento concentrado en aminoácidos y micronutrientes puede formar parte de una estrategia nutricional mucho más amplia.

Sistema circulatorio

El polen contiene rutina, quercetina y otros flavonoides muy interesantes para la circulación.

La rutina tiene una relación especialmente conocida con la resistencia y permeabilidad capilar, de ahí que tradicionalmente se utilicen alimentos y plantas ricos en este flavonoide cuando existe fragilidad capilar o tendencia a problemas circulatorios.

También se han estudiado diferentes extractos de polen por sus efectos sobre el metabolismo lipídico, estrés oxidativo y parámetros relacionados con colesterol y triglicéridos.

Por eso el polen ha tenido tradicionalmente interés en personas con mala circulación, fragilidad vascular y durante dietas destinadas a mejorar el terreno cardiovascular.

En algunos trabajos experimentales también se han observado modificaciones de parámetros sanguíneos y hematológicos, lo que explica su antigua utilización como alimento reconstituyente en estados de debilidad y anemia.

Aparato digestivo

Además de proteínas, vitaminas y minerales, el polen contiene fibra y diferentes enzimas procedentes tanto de las plantas como de la actividad de las abejas.

Tradicionalmente se le atribuye un efecto regulador sobre la función intestinal.

La fibra y los diferentes componentes vegetales pueden interactuar además con nuestra microbiota, algo especialmente interesante teniendo en cuenta que actualmente sabemos que los polifenoles no solamente se absorben: una parte llega al intestino y es transformada por nuestras bacterias.

Esto crea una relación bidireccional entre polen, polifenoles y microbiota intestinal que probablemente explique parte de sus efectos digestivos y metabólicos.

Sistema inmunitario

La enorme variedad de sustancias vegetales presentes en el polen explica también su interés sobre el sistema inmunitario.

Contiene polifenoles, carotenoides y otros antioxidantes capaces de participar en la protección frente al estrés oxidativo, además de diferentes compuestos que han mostrado actividad antimicrobiana en estudios experimentales.

Se han observado efectos frente a distintas bacterias y microorganismos dependiendo del origen botánico del polen.

Y nuevamente aparece una cuestión muy interesante: el polen no es solamente alimento para nosotros. Es alimento para una colmena entera, y necesita conservarse en un ambiente lleno de microorganismos. No resulta extraño que tanto las plantas como las abejas aporten sustancias capaces de dificultar determinados crecimientos microbianos.

Piel

El polen aparece con frecuencia en cosmética y preparados destinados a piel seca, envejecida o irritada.

Tiene sentido por su contenido en aminoácidos, lípidos, vitaminas, carotenoides, flavonoides y otros antioxidantes.

Tradicionalmente se ha utilizado como alimento reconstituyente también para mejorar el aspecto de piel, cabello y uñas, especialmente cuando existe una alimentación deficiente o un periodo de agotamiento.

Los polifenoles ayudan a proteger las estructuras celulares frente al estrés oxidativo y sus lípidos y aminoácidos proporcionan materiales necesarios para la renovación de tejidos.

Por eso siempre me ha parecido interesante observar la piel no solamente desde fuera. Una crema puede mejorar temporalmente hidratación y barrera, pero la piel también se fabrica desde dentro, y para ello necesita proteínas, grasas, vitaminas y minerales.

Acné

En el artículo antiguo relacionaba el acné con la mala alimentación y proponía el polen como forma de corregir carencias nutricionales.

Mantendría esa conexión, pero ampliándola un poco.

El acné es multifactorial: intervienen producción de sebo, queratinización, microbiota cutánea, inflamación, hormonas y también el terreno metabólico y nutricional.

El polen aporta vitaminas del grupo B, antioxidantes, aminoácidos, minerales y una fracción lipídica con diferentes ácidos grasos y fosfolípidos.

Por eso puede resultar interesante como alimento reconstituyente dentro de una estrategia nutricional destinada a mejorar el terreno de la piel, especialmente cuando encontramos simultáneamente cansancio, alimentación pobre o necesidades aumentadas.

Polen y procesos naturales de depuración

Nuestro organismo dispone continuamente de mecanismos para procesar y eliminar sustancias a través del hígado, riñones, intestino, pulmones y piel.

Para realizar correctamente todos esos procesos necesita aminoácidos, vitaminas, minerales y energía.

Y aquí es donde siempre he situado el polen.

No porque el polen “saque” por sí mismo las toxinas, sino porque proporciona una enorme variedad de nutrientes y compuestos vegetales que pueden acompañar una alimentación destinada a mejorar el terreno metabólico.

Vivimos expuestos a contaminantes ambientales, pesticidas, metales, productos químicos y numerosas sustancias que el organismo tiene que transformar y eliminar.

Un buen estado nutricional resulta fundamental para que nuestras propias rutas metabólicas funcionen correctamente.

Por eso el polen se ha utilizado tradicionalmente en dietas reconstituyentes, depurativas y durante periodos de recuperación.

Al comenzar a tomarlo prefiero hacerlo progresivamente, especialmente si la persona nunca lo ha utilizado.

Si aparecen picor de garganta, urticaria, opresión en el pecho, inflamación o dificultad respiratoria, no hablamos de una reacción de “desintoxicación”, sino de una posible reacción alérgica y hay que suspenderlo.

Polen y alergias

Este es uno de los usos tradicionales más conocidos y también uno de los que requiere más cuidado.

Durante muchos años se ha utilizado la administración progresiva de cantidades muy pequeñas de alérgenos para modificar la respuesta inmunitaria. De este principio nació la inmunoterapia con alérgenos.

La historia que aparecía en el artículo original tiene una base muy interesante: a comienzos del siglo XX, Leonard Noon trabajó en el St Mary's Hospital de Londres con extractos de polen de gramíneas administrados en dosis progresivas a pacientes con fiebre del heno. Aquellos experimentos fueron uno de los orígenes de la inmunoterapia moderna.

Pero aquí hay que distinguir una cosa importante: Noon trabajaba con extractos de polen preparados y dosificados, no simplemente haciendo que los pacientes tomaran cucharadas de polen de abeja.

El principio de exposición progresiva al alérgeno sí pertenece a la historia de la desensibilización, pero la utilización doméstica de polen de abeja no equivale a una inmunoterapia estandarizada.

Desde la naturopatía se ha utilizado tradicionalmente el polen comenzando con cantidades muy pequeñas antes de la temporada de alergia y aumentando progresivamente según tolerancia.

Precisamente porque contiene pólenes de diferentes plantas, una persona con alergia respiratoria debe ser especialmente prudente.

Polen y metabolismo de la glucosa

El polen también se ha utilizado tradicionalmente en personas con alteraciones metabólicas, sobrepeso y diabetes tipo 2.

Aquí me interesan especialmente varios aspectos de su composición: antioxidantes, flavonoides, aminoácidos, minerales y compuestos vegetales que se han estudiado en relación con metabolismo de glucosa y lípidos.

En una persona con prediabetes o diabetes tipo 2 puede tener interés dentro de una alimentación orientada a mejorar el terreno metabólico, especialmente cuando existen simultáneamente cansancio, alimentación deficiente, dificultad para recuperarse o mayor estrés oxidativo.

Entre las propiedades que tradicionalmente han resultado interesantes en este contexto encontramos:

  • apoyo nutricional;

  • aporte de antioxidantes;

  • relación con el metabolismo de colesterol y triglicéridos;

  • apoyo del sistema inmunitario;

  • aporte energético;

  • y ayuda durante periodos de cansancio y recuperación.

Naturalmente hay que contabilizar también los hidratos de carbono que aporta el propio polen dentro del conjunto de la alimentación.

Polen y próstata

Esta es una de las aplicaciones más interesantes del polen y merece conservarla.

Los extractos de polen llevan décadas estudiándose en Europa en relación con la próstata y especialmente con síntomas urinarios asociados a hiperplasia benigna de próstata y prostatitis crónica.

Se han investigado preparados estandarizados elaborados a partir de diferentes pólenes por su posible acción sobre inflamación, musculatura del tracto urinario y metabolismo prostático.

Esto puede traducirse en mejoría de síntomas como:

  • aumento de la frecuencia urinaria;

  • necesidad de levantarse por la noche;

  • dificultad para iniciar la micción;

  • sensación de vaciado incompleto;

  • y molestias asociadas a inflamación prostática.

En el artículo antiguo relacionaba este efecto directamente con una supresión de dihidrotestosterona o DHT. La DHT tiene efectivamente una relación importante con el crecimiento prostático y existen investigaciones experimentales sobre extractos vegetales y metabolismo androgénico, pero no reduciría toda la acción del polen sobre próstata a este único mecanismo.

Aquí además existe una distinción importante: buena parte de los estudios clínicos sobre próstata se han realizado con extractos estandarizados de polen, como los conocidos preparados de extracto de polen de gramíneas, y no necesariamente con las bolitas de polen de abeja que compramos como alimento.

La conexión polen-próstata se mantiene; lo que cambia es saber exactamente qué preparado se estudió.

Polen y fertilidad

El polen también tiene una larga tradición como alimento destinado a vitalidad, libido y fertilidad.

Tiene sentido que haya llamado la atención en este terreno porque aporta proteínas, aminoácidos, zinc, antioxidantes, ácidos grasos y numerosos compuestos vegetales relacionados con la función reproductiva.

Experimentalmente se han estudiado diferentes extractos de polen y productos apícolas sobre función ovárica, parámetros hormonales, calidad espermática y estrés oxidativo reproductivo.

En mujeres se ha utilizado tradicionalmente como alimento reconstituyente cuando existen agotamiento, alimentación deficiente o necesidad de mejorar el terreno nutricional antes de la concepción.

En hombres resulta especialmente interesante el aporte de antioxidantes y micronutrientes relacionados con la espermatogénesis.

No mantendría como cifra universal que sustituir proteína animal por polen aumenta directamente la intensidad de la ovulación, porque este tipo de resultados procede fundamentalmente de experimentación animal y no podemos trasladar matemáticamente el efecto a una mujer.

Sí mantengo la conexión que había detrás: estado nutricional, disponibilidad energética, estrés oxidativo y fertilidad están profundamente relacionados, y el polen es uno de los alimentos tradicionalmente utilizados para mejorar ese terreno.

Polen y pérdida de peso

El polen se ha utilizado también como complemento en programas de pérdida de peso.

No porque “disuelva la grasa” directamente, sino porque puede aportar nutrientes en muy poco volumen y resultar útil cuando estamos reduciendo la ingesta energética.

Su contenido en proteínas y aminoácidos puede contribuir además a la saciedad.

Entre esos aminoácidos encontramos fenilalanina, relacionada con diferentes mecanismos neuroquímicos, aunque no consideraría el polen un supresor farmacológico del apetito por contenerla.

La antigua cifra de un 15 % de lecitina tampoco puede aplicarse a todos los pólenes. Sí encontramos fosfolípidos y diferentes componentes lipídicos cuya concentración depende del origen botánico.

Por eso me interesa mucho más utilizarlo como alimento concentrado dentro de una dieta de pérdida de peso que venderlo como quemagrasas.

Cuando una persona disminuye calorías pero mantiene una alimentación rica en micronutrientes, proteínas y alimentos de buena calidad, resulta mucho más sencillo conservar energía y evitar esa sensación de estar permanentemente agotada.

Polen y menopausia

Otra aplicación especialmente interesante es la menopausia.

Durante esta etapa pueden aparecer cansancio, alteraciones del sueño, cambios de humor, sofocos, dificultad para concentrarse y cambios metabólicos.

El polen puede aportar proteínas, aminoácidos, vitaminas, minerales, antioxidantes, fitoesteroles y diferentes compuestos vegetales, por lo que tradicionalmente se ha utilizado como alimento reconstituyente durante esta etapa.

Existen además estudios con preparados y extractos de polen utilizados específicamente para síntomas climatéricos, en los que se han observado mejorías de sofocos y otros síntomas de menopausia.

Aquí también debemos distinguir el extracto utilizado en un ensayo del polen de abeja alimentario, porque no siempre estamos hablando del mismo producto.

Pero la conexión es muy interesante y explica que el polen aparezca repetidamente en formulaciones naturales destinadas a la mujer durante el climaterio.

Y hay otra razón por la que me gusta en esta etapa: muchas veces hablamos de hormonas y nos olvidamos de algo mucho más básico. Una mujer que llega a la menopausia agotada, con poca masa muscular, mala alimentación y carencias nutricionales tiene un terreno completamente diferente de otra que llega bien nutrida.

Antes de buscar cosas extraordinarias, hay que asegurarse de que el cuerpo tenga material con el que trabajar.

¿Cómo consumir el polen?

El polen puede tomarse solo o incorporarse a yogur, kéfir, fruta, batidos, ensaladas o diferentes preparaciones frías.

Tradicionalmente se recomienda tomarlo con las comidas y muchas personas lo combinan con fruta.

Los gránulos también pueden dejarse hidratar previamente, lo que los ablanda y facilita su consumo.

Cuando una persona nunca ha tomado polen, especialmente si tiene antecedentes alérgicos, prefiero empezar con cantidades muy pequeñas y observar tolerancia antes de aumentar.

No necesitamos cantidades enormes. Es un alimento concentrado y precisamente una de sus ventajas es que podemos incorporarlo fácilmente a nuestra alimentación en pequeñas cantidades.

Usos habituales del polen

Tradicionalmente el polen se ha utilizado en situaciones muy diferentes:

  • cansancio y falta de energía;

  • convalecencias;

  • alimentación deficiente;

  • apoyo nutricional;

  • actividad física y deporte;

  • recuperación después de periodos de enfermedad;

  • falta de apetito y bajo peso;

  • regulación intestinal;

  • terreno respiratorio;

  • alergias estacionales mediante estrategias progresivas de exposición;

  • apoyo del sistema inmunitario;

  • circulación y fragilidad capilar;

  • piel, cabello y uñas;

  • próstata y síntomas urinarios;

  • menopausia;

  • fertilidad y libido;

  • dietas de control de peso;

  • épocas de estrés;

  • y como tónico general para mejorar resistencia y vitalidad.

También se ha investigado experimentalmente en relación con protección frente al estrés oxidativo, radiación, toxicidad de determinados tratamientos y diferentes procesos celulares relacionados con el cáncer, líneas de investigación que tienen mucho que ver con su enorme concentración y variedad de antioxidantes.

Contraindicaciones del polen de abeja

La principal precaución del polen son las reacciones alérgicas.

Las personas con alergia al polen o antecedentes de reacciones importantes a productos apícolas deben tener especial cuidado. Una reacción puede manifestarse con picor, urticaria, inflamación, molestias respiratorias y, excepcionalmente, anafilaxia.

Ser alérgico a una picadura de abeja y ser alérgico al polen no son exactamente lo mismo —en una picadura reaccionamos fundamentalmente frente a proteínas del veneno—, pero una persona con antecedentes de reacciones alérgicas graves debe ser especialmente prudente con cualquier producto de la colmena.

Durante embarazo y lactancia prefiero no utilizar polen como suplemento concentrado si no existe una razón concreta para hacerlo, especialmente por la posibilidad de reacciones alérgicas y porque la información disponible sobre suplementación en estas etapas es limitada.

También se han descrito interacciones y aumento del riesgo de sangrado en personas que utilizan warfarina, por lo que este punto debe tenerse en cuenta con tratamientos anticoagulantes.

La calidad del producto es especialmente importante. El polen refleja en buena medida el entorno en el que han trabajado las abejas y puede contaminarse con pesticidas, metales pesados, micotoxinas y otros contaminantes ambientales.

Por eso me interesa saber de dónde procede, cómo se ha recogido, cómo se ha conservado y qué controles ha pasado.

Y precisamente ahí está una de las cosas que hacen tan especial al polen: cada pequeño gránulo es una especie de fotografía del territorio que rodeaba a la colmena. Su color, sus flavonoides, sus aminoácidos y buena parte de su composición dependen de las flores que visitaron las abejas.

No existe realmente “el polen” como un alimento idéntico en todas partes.

Existe ese polen, de esas plantas, recogido por esas abejas y en ese lugar.

Y quizá esa enorme diversidad sea precisamente una de las razones por las que llevamos tanto tiempo utilizándolo como uno de los grandes alimentos reconstituyentes de la colmena.

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