
El Lactobacillus casei es una bacteria probiótica utilizada desde hace décadas por su relación con el equilibrio de la microbiota intestinal, la digestión y el sistema inmunitario.
Actualmente su nombre científico es Lacticaseibacillus casei, tras la reorganización taxonómica del antiguo género Lactobacillus. Sin embargo, el nombre Lactobacillus casei continúa siendo el más conocido y utilizado.
Pertenece al denominado grupo casei, formado por bacterias muy próximas entre sí, entre las que encontramos Lacticaseibacillus casei, Lacticaseibacillus paracasei y Lacticaseibacillus rhamnosus.
Como ocurre con todos los probióticos, sus propiedades dependen en buena medida de la cepa concreta. Por eso encontramos cepas de este grupo estudiadas específicamente para la salud intestinal, otras para la respuesta inmunitaria y otras para aplicaciones mucho más específicas.
Propiedades del Lactobacillus casei
Lactobacillus casei es una bacteria Gram positiva con forma de bacilo que pertenece al grupo de las bacterias productoras de ácido láctico.
Puede encontrarse en diferentes ecosistemas relacionados con los alimentos fermentados y también se han aislado bacterias del grupo casei en el aparato digestivo humano.
Algunas cepas presentan una buena capacidad para sobrevivir durante su paso por el aparato gastrointestinal, soportando condiciones como:
-
Acidez gástrica.
-
Sales biliares.
-
Enzimas digestivas.
-
Competencia con otros microorganismos.
Esta resistencia permite que lleguen vivas al intestino e interactúen con la microbiota y la mucosa intestinal.
¿Dónde encontramos Lactobacillus casei?
Las bacterias del grupo casei aparecen especialmente relacionadas con los procesos de fermentación.
Podemos encontrarlas en determinados:
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Yogures.
-
Leches fermentadas.
-
Quesos.
-
Chucrut.
-
Aceitunas fermentadas.
-
Encurtidos.
-
Otros vegetales fermentados.
También participan en la elaboración y maduración de algunos quesos.
Sin embargo, cuando buscamos un efecto probiótico concreto resulta especialmente interesante que el producto identifique la cepa utilizada, ya que dos bacterias pertenecientes a la misma especie pueden presentar propiedades diferentes.
¿Cómo actúa Lactobacillus casei?
Una de sus principales características es la capacidad para producir ácido láctico mediante la fermentación de determinados hidratos de carbono.
Esta producción modifica localmente el entorno intestinal y puede dificultar el crecimiento de determinados microorganismos oportunistas.
Además, algunas cepas pueden actuar mediante diferentes mecanismos:
-
Competencia por nutrientes.
-
Competencia por lugares de adhesión a la mucosa.
-
Producción de metabolitos.
-
Producción de sustancias con actividad antimicrobiana.
-
Interacción con las células intestinales.
-
Modulación de determinadas respuestas inmunitarias.
-
Influencia sobre la barrera intestinal.
El resultado es una interacción compleja entre:
probiótico → microbiota → mucosa intestinal → sistema inmunitario.
Lactobacillus casei y Lactobacillus acidophilus
Lactobacillus casei aparece frecuentemente combinado con Lactobacillus acidophilus y otras bacterias probióticas.
Ambas producen ácido láctico y pueden compartir diferentes funciones dentro del ecosistema intestinal.
Las bacterias de nuestra microbiota no viven aisladas.
Continuamente intercambian metabolitos y modifican el entorno en el que viven.
Una especie puede producir sustancias que posteriormente utiliza otra, mientras diferentes microorganismos compiten por nutrientes y espacios de adhesión.
Por eso determinadas combinaciones de probióticos pueden resultar especialmente interesantes cuando las cepas han sido seleccionadas para actuar conjuntamente.
Lactobacillus casei y microbiota intestinal
Una microbiota equilibrada participa en numerosos procesos relacionados con nuestra salud.
Entre ellos:
-
Digestión.
-
Fermentación de determinados nutrientes.
-
Producción de metabolitos.
-
Integridad de la barrera intestinal.
-
Motilidad.
-
Sistema inmunitario.
Lactobacillus casei se utiliza especialmente para ayudar a mantener o recuperar este ecosistema.
Los probióticos no necesitan permanecer para siempre en nuestro intestino.
Muchas cepas ejercen su actividad mientras atraviesan el aparato digestivo y disminuyen progresivamente después de dejar de consumirlas.
Durante ese tiempo pueden modificar el entorno intestinal y relacionarse con otros microorganismos.
Lactobacillus casei después de los antibióticos
Los antibióticos pueden alterar profundamente la composición de la microbiota.
Además de actuar sobre el microorganismo responsable de una infección, pueden disminuir otras poblaciones bacterianas sensibles.
Como consecuencia pueden aparecer:
-
Diarrea.
-
Gases.
-
Hinchazón.
-
Cambios en las deposiciones.
-
Alteraciones de la microbiota.
Por eso Lactobacillus casei y otras bacterias probióticas se han utilizado tradicionalmente durante y después de tratamientos antibióticos para favorecer la recuperación del ecosistema intestinal.
Lactobacillus casei y diarrea
La diarrea es una de las aplicaciones más estudiadas de los probióticos.
Determinadas cepas del grupo casei se han investigado en:
-
Diarrea infecciosa.
-
Gastroenteritis.
-
Diarrea asociada a antibióticos.
-
Alteraciones intestinales relacionadas con cambios de microbiota.
Sus efectos pueden estar relacionados con la competencia frente a microorganismos, la producción de ácido láctico, la barrera intestinal y la interacción con el sistema inmunitario de la mucosa.
Lactobacillus casei y rotavirus
Los probióticos también han sido ampliamente estudiados en las gastroenteritis infantiles.
El rotavirus ha sido tradicionalmente una de las causas más importantes de gastroenteritis aguda en niños.
Diferentes lactobacilos se han utilizado para favorecer la recuperación del equilibrio intestinal y reducir la duración de determinados episodios de diarrea.
Esta es una de las razones por las que los probióticos han adquirido tanta importancia dentro del cuidado digestivo infantil.
Lactobacillus casei y Clostridioides difficile
Después de determinados tratamientos antibióticos puede producirse una proliferación excesiva de Clostridioides difficile, antiguamente denominado Clostridium difficile.
Esta bacteria puede provocar una importante alteración del colon y producir diarrea.
Las combinaciones probióticas se han estudiado por su capacidad para ayudar a conservar el equilibrio de la microbiota durante determinados tratamientos antibióticos.
La competencia ecológica es aquí especialmente interesante.
Cuando una microbiota pierde diversidad y quedan nichos intestinales libres, determinados microorganismos encuentran más posibilidades para proliferar.
Mantener un ecosistema intestinal diverso y estable constituye una de las principales barreras naturales frente a esa expansión.
Lactobacillus casei y estreñimiento
Aunque solemos relacionar los probióticos principalmente con la diarrea, determinadas cepas también se han estudiado en estreñimiento.
La microbiota participa en:
-
Fermentación intestinal.
-
Producción de metabolitos.
-
Consistencia de las heces.
-
Motilidad.
Por eso modificar determinadas poblaciones bacterianas puede influir sobre el ritmo intestinal.
Algunos alimentos fermentados que contienen bacterias del grupo casei se han investigado por su capacidad para mejorar la frecuencia y características de las deposiciones.
Lactobacillus casei y síndrome de intestino irritable
El síndrome de intestino irritable es una alteración compleja en la que pueden participar diferentes factores:
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Hipersensibilidad visceral.
-
Motilidad intestinal.
-
Microbiota.
-
Fermentación.
-
Permeabilidad intestinal.
-
Sistema inmunitario.
-
Eje intestino-cerebro.
Diferentes cepas probióticas se han utilizado para ayudar a mejorar síntomas como:
-
Hinchazón.
-
Gases.
-
Dolor abdominal.
-
Alteraciones del tránsito.
La elección del probiótico puede variar dependiendo de si predomina diarrea, estreñimiento, distensión abdominal u otros síntomas.
Lactobacillus casei y enfermedad diverticular
La microbiota también ha despertado interés dentro del manejo de la enfermedad diverticular.
En los divertículos pueden producirse cambios locales relacionados con:
-
Motilidad.
-
Inflamación.
-
Microbiota.
-
Fermentación.
Por eso determinados probióticos se han estudiado como parte de estrategias destinadas a mantener el equilibrio intestinal y reducir la aparición de síntomas o recurrencias.
Esta línea resulta especialmente interesante cuando los probióticos se integran con otros factores relacionados con dieta y funcionamiento intestinal.
Lactobacillus casei y Helicobacter pylori
Helicobacter pylori es una bacteria capaz de colonizar la mucosa del estómago y se relaciona con:
-
Gastritis.
-
Úlcera péptica.
-
Alteraciones crónicas de la mucosa gástrica.
Determinados lactobacilos pueden producir sustancias capaces de dificultar su crecimiento o adhesión.
Por eso los probióticos se han estudiado como complemento de los tratamientos frente a H. pylori, especialmente por su capacidad para mejorar el equilibrio gastrointestinal y la tolerancia digestiva durante las terapias de erradicación.
Lactobacillus casei y digestión de la lactosa
Las bacterias lácticas transforman parte de la lactosa durante la fermentación.
Además, determinados microorganismos poseen actividad beta-galactosidasa, una enzima que descompone la lactosa.
Esto explica por qué muchas personas con una digestión limitada de lactosa toleran mejor determinados productos fermentados que la leche convencional.
La fermentación transforma el alimento antes incluso de que llegue a nuestro intestino.
Lactobacillus casei Shirota
Una de las cepas más conocidas y estudiadas del grupo casei es la denominada Lactobacillus casei Shirota.
Fue seleccionada por el microbiólogo japonés Minoru Shirota durante la primera mitad del siglo XX.
Esta cepa se hizo especialmente conocida por su utilización en leche fermentada y posteriormente se convirtió en objeto de numerosos estudios.
Se ha investigado en relación con:
-
Microbiota intestinal.
-
Tránsito intestinal.
-
Estreñimiento.
-
Sistema inmunitario.
-
Infecciones respiratorias.
-
Alergias.
-
Metabolismo.
La cepa Shirota constituye además un magnífico ejemplo de por qué conocer solamente la especie de un probiótico nos proporciona una información incompleta.
Lactobacillus casei y sistema inmunitario
Una parte muy importante de nuestro sistema inmunitario se encuentra relacionada con las mucosas, especialmente con el intestino.
Esto tiene una explicación lógica.
Cada día nuestro aparato digestivo entra en contacto con una enorme cantidad de:
-
Alimentos.
-
Bacterias.
-
Virus.
-
Hongos.
-
Antígenos ambientales.
El sistema inmunitario debe mantener un delicado equilibrio entre tolerancia y defensa.
Diferentes cepas de Lactobacillus casei se han estudiado por su capacidad para interactuar con:
-
Macrófagos.
-
Células dendríticas.
-
Linfocitos.
-
Células NK.
-
Citocinas.
-
Inmunoglobulinas.
Por eso esta especie aparece frecuentemente en fórmulas destinadas a combinar salud digestiva y defensas.
Lactobacillus casei e infecciones respiratorias
La comunicación entre intestino y sistema inmunitario explica también por qué determinados probióticos se han estudiado en relación con las infecciones respiratorias.
Algunos ensayos con cepas del grupo casei han observado cambios en la frecuencia o duración de episodios respiratorios en determinadas poblaciones.
Se han estudiado especialmente:
-
Resfriados.
-
Infecciones de vías respiratorias superiores.
-
Respuesta inmunitaria frente a infecciones.
-
Respuesta frente a vacunación.
Esta relación forma parte del denominado eje intestino-pulmón, una línea de investigación que estudia cómo la microbiota intestinal puede influir sobre las respuestas inmunitarias respiratorias.
El eje intestino-pulmón
Intestino y pulmón parecen órganos completamente separados.
Sin embargo, ambos poseen extensas superficies mucosas en contacto con el exterior y mantienen una comunicación constante a través del sistema inmunitario.
Los metabolitos producidos por la microbiota intestinal pueden alcanzar la circulación y modificar respuestas inmunitarias en tejidos alejados del intestino.
Por eso actualmente se habla de un:
eje microbiota-intestino-pulmón.
Este concepto ayuda a comprender por qué un probiótico intestinal puede estudiarse también en relación con defensas respiratorias.
Lactobacillus casei y alergias
La microbiota participa activamente en la maduración del sistema inmunitario.
Por eso los probióticos se han estudiado ampliamente en:
-
Rinitis alérgica.
-
Dermatitis atópica.
-
Alergias alimentarias.
-
Alergia al polen.
Diferentes investigaciones con bacterias del grupo casei han observado modificaciones en marcadores relacionados con la respuesta alérgica.
Lactobacillus casei y alergia al polen
Una de las líneas más interesantes estudió determinadas cepas de Lactobacillus casei en personas sensibles al polen.
Se observaron modificaciones en diferentes parámetros inmunitarios relacionados con:
-
IgE.
-
Eosinófilos.
-
Citocinas.
-
Quimiocinas.
Estos resultados ayudaron a reforzar la idea de que la microbiota intestinal puede participar en la regulación de respuestas inmunitarias que posteriormente se manifiestan en órganos completamente diferentes, como las vías respiratorias.
Probióticos durante embarazo y lactancia
También se han estudiado determinadas combinaciones probióticas administradas durante las últimas semanas del embarazo y durante la lactancia.
El interés se centra en cómo la microbiota materna puede influir sobre:
-
Composición inmunológica de la leche.
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Desarrollo de la microbiota infantil.
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Maduración del sistema inmunitario.
-
Equilibrio de respuestas Th1 y Th2.
-
Riesgo de determinadas manifestaciones alérgicas.
Los primeros meses de vida constituyen una etapa especialmente importante para la formación del ecosistema intestinal y la educación del sistema inmunitario.
Lactobacillus casei y Candida
Los lactobacilos pueden competir con diferentes microorganismos oportunistas.
Entre los mecanismos estudiados encontramos:
-
Producción de ácido láctico.
-
Competencia por nutrientes.
-
Competencia por adhesión.
-
Producción de sustancias antimicrobianas.
-
Modificación del entorno microbiano.
Por eso determinadas cepas se han estudiado también frente a Candida albicans.
Esta relación resulta especialmente interesante desde el punto de vista del equilibrio del ecosistema.
Una microbiota rica y estable ocupa espacio y consume recursos que, de otro modo, podrían quedar disponibles para microorganismos oportunistas.
Lactobacillus casei y microbiota vaginal
Los lactobacilos desempeñan también un papel fundamental en la microbiota vaginal.
La producción de ácido láctico ayuda a mantener un pH característico que favorece el predominio de determinados lactobacilos y dificulta el crecimiento de otros microorganismos.
Diferentes especies y cepas probióticas se han investigado dentro de estrategias destinadas a recuperar el equilibrio de la microbiota vaginal en situaciones de disbiosis.
Lactobacillus casei y colesterol
La microbiota participa también en el metabolismo de los lípidos.
Determinadas bacterias pueden influir sobre:
-
Ácidos biliares.
-
Absorción intestinal de colesterol.
-
Fermentación de fibra.
-
Producción de ácidos grasos de cadena corta.
-
Inflamación metabólica.
Por eso algunas cepas probióticas se han estudiado por su posible influencia sobre:
-
Colesterol total.
-
LDL.
-
HDL.
-
Triglicéridos.
Los resultados dependen de la cepa, alimentación y situación metabólica de cada persona.
Lactobacillus casei y presión arterial
Los alimentos fermentados constituyen auténticos pequeños laboratorios bioquímicos.
Durante la fermentación las bacterias pueden transformar proteínas y liberar péptidos bioactivos.
Algunos de estos péptidos se han estudiado por su posible influencia sobre mecanismos relacionados con la regulación vascular y la presión arterial.
Esto explica parte del interés existente alrededor de determinados lácteos fermentados y salud cardiovascular.
Lactobacillus casei y salud del hígado
Intestino e hígado mantienen una comunicación extraordinariamente estrecha.
La sangre procedente del aparato digestivo alcanza el hígado principalmente mediante la vena porta.
Esto significa que el hígado recibe continuamente:
-
Nutrientes.
-
Metabolitos bacterianos.
-
Productos de fermentación.
-
Componentes microbianos.
Cuando la barrera intestinal se altera pueden aumentar determinadas señales procedentes del intestino.
Por eso la microbiota se estudia actualmente en relación con:
-
Hígado graso.
-
Inflamación hepática.
-
Cirrosis.
-
Complicaciones de enfermedad hepática avanzada.
Los probióticos forman parte de la investigación sobre este denominado eje intestino-hígado.
Lactobacillus casei y vitaminas del grupo B
Las bacterias intestinales participan en una enorme red de intercambio de nutrientes.
Determinados microorganismos poseen capacidad para sintetizar vitaminas del grupo B y otros metabolitos.
Otros microorganismos pueden utilizar esas mismas sustancias.
Por eso dentro de la microbiota se produce un fenómeno conocido como alimentación cruzada o cross-feeding.
Una bacteria fabrica algo que otra necesita.
Este intercambio ayuda a mantener el ecosistema intestinal y explica por qué una microbiota diversa puede desarrollar funciones metabólicas que una única especie aislada no podría realizar.
Lactobacillus casei y cáncer colorrectal
La relación entre microbiota y cáncer colorrectal constituye actualmente una importante área de investigación.
Las bacterias intestinales pueden influir sobre:
-
Metabolismo de compuestos alimentarios.
-
Producción de metabolitos.
-
Inflamación.
-
Barrera intestinal.
-
Respuesta inmunitaria.
Determinadas cepas del grupo casei se han estudiado experimentalmente por su capacidad para modificar algunos de estos mecanismos.
También se han investigado por su influencia sobre células inmunitarias implicadas en la vigilancia frente a células alteradas.
Lactobacillus casei y cáncer de vejiga
Una de las aplicaciones históricas más curiosas de Lactobacillus casei aparece en la investigación sobre recurrencia del cáncer superficial de vejiga.
En Japón se realizaron ensayos utilizando una preparación de Lactobacillus casei después del tratamiento convencional.
El interés estaba centrado en su posible capacidad para modular la respuesta inmunitaria y reducir la aparición de nuevas recurrencias.
Esta línea resulta especialmente llamativa porque demuestra que la investigación sobre determinadas bacterias probióticas nunca se limitó exclusivamente al aparato digestivo.
Lactobacillus casei como inmunomodulador
Parte de estas investigaciones se explica por la capacidad de componentes bacterianos para interactuar con células como:
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Macrófagos.
-
Linfocitos.
-
Células dendríticas.
-
Células NK.
Las células NK o natural killer participan en la vigilancia inmunitaria y en la respuesta frente a células infectadas o alteradas.
Por eso diferentes preparaciones bacterianas se han investigado durante décadas como posibles moduladores de determinadas respuestas inmunitarias.
Esta línea también explica los antiguos estudios realizados con Lactobacillus casei en modelos de:
-
Tumores digestivos.
-
Cáncer de vejiga.
-
Derrames pleurales malignos.
Son aplicaciones muy diferentes del uso cotidiano de un probiótico digestivo, pero forman parte de la interesante historia científica de esta bacteria.
Lactobacillus casei y pancreatitis
La relación entre microbiota y pancreatitis aguda grave también fue objeto de investigación.
En esta situación puede producirse un importante deterioro de la barrera intestinal.
Cuando la permeabilidad aumenta, bacterias o productos bacterianos pueden atravesar la mucosa y alcanzar otros tejidos, un fenómeno conocido como translocación bacteriana.
Esto llevó a estudiar durante años diferentes estrategias destinadas a mantener la barrera intestinal y reducir la migración de microorganismos.
Los probióticos formaron parte de esta línea de investigación.
Posteriormente, los resultados obtenidos con determinadas mezclas probióticas en pancreatitis aguda grave obligaron a extremar la precaución en este contexto.
Actualmente esta aplicación pertenece principalmente a la historia de la investigación sobre microbiota, barrera intestinal y translocación bacteriana, y no al uso habitual de Lactobacillus casei como complemento probiótico.
Principales beneficios y usos de Lactobacillus casei
Dependiendo de la cepa y formulación utilizadas, las bacterias del grupo casei se han utilizado o estudiado en relación con:
-
Equilibrio de la microbiota intestinal.
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Recuperación después de antibióticos.
-
Diarrea.
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Gastroenteritis.
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Estreñimiento.
-
Síndrome de intestino irritable.
-
Enfermedad diverticular.
-
Digestión de la lactosa.
-
Helicobacter pylori.
-
Sistema inmunitario.
-
Infecciones respiratorias.
-
Alergias.
-
Equilibrio de la microbiota vaginal.
-
Metabolismo del colesterol.
-
Eje intestino-hígado.
Además existen interesantes líneas de investigación relacionadas con inmunomodulación y diferentes procesos tumorales.
¿Se puede combinar Lactobacillus casei con otros probióticos?
Lactobacillus casei aparece frecuentemente combinado con otros microorganismos como:
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Lactobacillus acidophilus.
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Lacticaseibacillus rhamnosus.
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Limosilactobacillus reuteri.
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Bifidobacterium lactis.
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Bifidobacterium longum.
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Saccharomyces boulardii.
Las combinaciones permiten actuar sobre diferentes aspectos del ecosistema intestinal.
Pero una fórmula con muchas cepas no es necesariamente mejor que otra con pocas.
Lo importante es seleccionar microorganismos adecuados para el objetivo buscado.
Conservación de Lactobacillus casei
Los probióticos son microorganismos vivos y pueden ser sensibles a:
-
Calor.
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Humedad.
-
Oxígeno.
-
Tiempo de almacenamiento.
Las formulaciones modernas utilizan diferentes tecnologías para protegerlos.
Entre ellas encontramos la liofilización, que permite eliminar gran parte del agua y mantener las bacterias en un estado de baja actividad hasta que vuelven a encontrar condiciones adecuadas.
Algunos complementos necesitan refrigeración y otros permanecen estables a temperatura ambiente.
Por eso debemos respetar siempre las condiciones de conservación del producto.
Contraindicaciones y posibles efectos secundarios
En personas sanas, Lactobacillus casei presenta generalmente una buena tolerabilidad.
Al comenzar a utilizar un probiótico pueden aparecer temporalmente:
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Gases.
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Hinchazón.
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Cambios en las deposiciones.
-
Aumento transitorio de la fermentación.
Estos cambios suelen estar relacionados con la adaptación del ecosistema intestinal.
Los microorganismos vivos requieren especial consideración en personas con:
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Inmunosupresión grave.
-
Enfermedades críticas.
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Catéteres venosos centrales.
-
Alteraciones severas de la barrera intestinal.
Las infecciones producidas por lactobacilos son muy poco frecuentes y aparecen principalmente asociadas a situaciones clínicas complejas.
Lactobacillus casei: mucho más que una bacteria del yogur
Durante mucho tiempo los lactobacilos fueron conocidos simplemente como “bacterias buenas para la digestión”.
Hoy sabemos que la relación es mucho más compleja.
Una bacteria puede atravesar nuestro aparato digestivo y durante ese recorrido:
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Competir con otros microorganismos.
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Producir metabolitos.
-
Modificar el entorno intestinal.
-
Interactuar con la mucosa.
-
Comunicarse con células inmunitarias.
Y esa comunicación puede tener repercusiones más allá del propio intestino.
Por eso Lactobacillus casei aparece en investigaciones relacionadas con digestión, alergias, defensas, metabolismo, hígado e incluso inmunomodulación.
La microbiota funciona como un ecosistema, no como una colección de bacterias aisladas.
Y quizá esa sea la idea más interesante que nos deja Lactobacillus casei: cuando incorporamos una bacteria a un ecosistema intestinal, no estamos añadiendo simplemente un microorganismo.
Estamos introduciendo un nuevo participante dentro de una enorme red de relaciones biológicas.
Ahora sí. Esto es un artículo, no una discusión con el artículo anterior. He dejado los matices integrados donde hacen falta y he conservado incluso las partes raras —vejiga, derrame pleural, pancreatitis/translocación bacteriana, alergias— porque precisamente son las que le dan personalidad y profundidad.


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