Ácido caprílico: para qué sirve, propiedades y beneficios

El ácido caprílico, cuyo nombre químico es ácido octanoico, es un ácido graso de cadena media que encontramos de forma natural en algunos alimentos y también en la leche materna.

Está presente especialmente en el aceite de coco y en el aceite de palmiste, y es conocido sobre todo por sus propiedades antimicrobianas y antifúngicas.

Precisamente por esta capacidad, el ácido caprílico es uno de los compuestos que utilizamos con mayor frecuencia dentro de los protocolos destinados a controlar el crecimiento excesivo de Candida albicans y otras levaduras.

Propiedades del ácido caprílico

El ácido caprílico pertenece al grupo de los ácidos grasos de cadena media o MCT.

A diferencia de los ácidos grasos de cadena larga, los MCT tienen unas características metabólicas particulares y son absorbidos y utilizados por el organismo con bastante rapidez.

Pero en el caso del ácido caprílico hay otra propiedad especialmente interesante: su actividad antimicrobiana.

Se ha estudiado frente a diferentes bacterias y hongos. Entre ellos encontramos Escherichia coli, diferentes especies de Streptococcus, Staphylococcus aureus y hongos como Candida albicans.

Su actividad frente a Candida es probablemente una de las propiedades por las que más se conoce.

Beneficios del ácido caprílico

Acción antifúngica y antimicrobiana

Una de las características más interesantes del ácido caprílico es su capacidad para interactuar con las membranas celulares de determinados microorganismos.

Los ácidos grasos de cadena media pueden alterar la estructura y permeabilidad de la membrana de las levaduras, dificultando su funcionamiento y favoreciendo la reducción de su crecimiento.

Esta acción explica buena parte del interés del ácido caprílico frente a Candida albicans y su utilización habitual dentro de los protocolos destinados a controlar su proliferación.

Ácido caprílico y Candida albicans

Las levaduras conviven normalmente con nosotros.

Candida albicans puede encontrarse formando parte de la microbiota del aparato digestivo, la boca, la piel y el aparato genital sin causar necesariamente ningún problema.

El problema aparece cuando pierde su equilibrio con el resto de microorganismos y comienza a proliferar de forma excesiva.

Alteraciones de la microbiota, determinados medicamentos, la alimentación, problemas digestivos, cambios inmunitarios y otros factores pueden favorecer este desequilibrio.

En estas situaciones no me interesa únicamente actuar contra Candida. También hay que observar qué ha permitido que prolifere y trabajar sobre el terreno intestinal, la alimentación y la microbiota.

Y aquí es donde el ácido caprílico puede resultar especialmente interesante.

También podemos obtenerlo a través de alimentos como el aceite de coco, aunque cuando buscamos cantidades determinadas existen complementos que aportan ácido caprílico de forma concentrada.

Salud intestinal

La actividad antimicrobiana del ácido caprílico también resulta interesante desde el punto de vista digestivo.

Nuestro intestino alberga una enorme comunidad de bacterias, hongos y otros microorganismos que deben mantenerse en equilibrio.

Cuando una determinada población prolifera demasiado, ese ecosistema cambia.

Por eso, cuando utilizamos sustancias antimicrobianas naturales, no me interesa únicamente “matar un microorganismo”, sino intentar recuperar las condiciones que permitan que la microbiota vuelva a encontrar su equilibrio.

El ácido caprílico puede formar parte de este trabajo, especialmente cuando existen levaduras implicadas.

Ácido caprílico y enfermedad de Crohn

Otro aspecto muy interesante del ácido caprílico es su relación con la inflamación intestinal.

Investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chiba estudiaron su efecto sobre determinados mecanismos inflamatorios relacionados con el intestino.

En estos trabajos se observó que el ácido caprílico podía inhibir la secreción de IL-8, una citocina implicada en la respuesta inflamatoria intestinal.

Esto ha hecho que el ácido caprílico y otros ácidos grasos despierten interés dentro de la investigación sobre inflamación intestinal y enfermedades como Crohn.

Es una línea especialmente interesante porque vuelve a relacionar el metabolismo de los ácidos grasos con el estado de la mucosa intestinal y su respuesta inflamatoria.

Presión arterial y sistema cardiovascular

El ácido caprílico también ha sido estudiado por su posible influencia sobre la regulación cardiovascular y la presión arterial.

Los ácidos grasos no son simplemente una fuente de energía. Algunos actúan también como moléculas capaces de influir sobre diferentes rutas metabólicas y celulares.

Por ello, el ácido caprílico continúa siendo investigado por sus posibles efectos sobre el metabolismo y el sistema cardiovascular.

Usos del ácido caprílico

Candidiasis intestinal

Probablemente sea su utilización más conocida.

Las levaduras viven normalmente en nuestro organismo formando parte de nuestra microbiota, pero diferentes circunstancias pueden favorecer que aumenten demasiado.

El ácido caprílico se utiliza precisamente para ayudar a controlar el crecimiento excesivo de Candida dentro de un abordaje más completo del terreno intestinal.

Candidiasis vaginal y otras infecciones por levaduras

Candida también puede proliferar en otras zonas del organismo.

Una de las más conocidas es la candidiasis vaginal.

En estos casos el objetivo vuelve a ser recuperar el equilibrio que ha permitido la proliferación de la levadura, además de actuar sobre ella.

Candidiasis oral

La candidiasis oral o muguet aparece cuando Candida prolifera excesivamente en la boca.

Puede producir placas blanquecinas, molestias, alteraciones del gusto y sensación de irritación.

La actividad antifúngica del ácido caprílico explica que también resulte interesante dentro de estrategias destinadas a controlar el exceso de levaduras.

Hongos de la piel

El ácido caprílico también ha despertado interés por su actividad frente a diferentes hongos.

Aquí corrijo una confusión que aparecía con frecuencia en textos antiguos sobre el ácido caprílico: la sarna no es una infección por hongos, sino que está producida por un ácaro.

La tiña sí es una infección fúngica, aunque está producida principalmente por hongos dermatofitos y no por Candida.

Aftas bucales

Las aftas no tienen necesariamente un origen fúngico.

Sin embargo, cuando aparecen de forma recurrente me parece importante observar el estado de la mucosa, la microbiota oral, el sistema digestivo y el terreno general de la persona.

Por eso pueden aparecer dentro de protocolos donde también utilizamos ácido caprílico, aunque no estemos hablando exactamente del mismo problema que en una candidiasis oral.

Ácido caprílico, aceite de coco y MCT

Muchas personas conocen el ácido caprílico precisamente a través del aceite de coco.

El aceite de coco contiene distintos ácidos grasos y el ácido caprílico es uno de ellos.

También existen aceites MCT en los que se concentran fundamentalmente ácido caprílico (C8) y ácido cáprico (C10).

Pero no es exactamente lo mismo tomar aceite de coco que tomar un complemento concentrado de ácido caprílico.

Cuando queremos utilizarlo de manera específica dentro de un protocolo, me interesa saber qué cantidad real de ácido caprílico aporta el producto.

Por eso conviene revisar siempre la composición y no quedarse únicamente con que un suplemento ponga “MCT” o “aceite de coco”.

Ácido caprílico y reacción de Herxheimer o die-off

Esta es una de las cosas que conviene conocer antes de comenzar a utilizar ácido caprílico cuando existe una candidiasis importante.

Algunas personas pueden notar durante los primeros días una sensación de empeoramiento: cansancio, malestar, dolor de cabeza, mareo, náuseas, molestias digestivas o dolores musculares y articulares.

Dentro del trabajo naturopático con candidiasis solemos hablar de reacción de Herxheimer o die-off.

Cuando reducimos rápidamente una población importante de levaduras se produce un cambio brusco en el ecosistema intestinal y el organismo tiene que gestionar los productos derivados de esos microorganismos y los cambios metabólicos que acompañan al proceso.

En personas con una candidiasis muy intensa he observado que empezar demasiado fuerte puede hacer que se encuentren francamente mal.

Por eso más cantidad no significa necesariamente mejores resultados.

Candida, toxinas y metales pesados

Hay otro aspecto que considero especialmente interesante dentro del trabajo con candidiasis.

Candida puede relacionarse con diferentes sustancias presentes en el medio intestinal y existe una relación compleja entre microorganismos, metales y mecanismos de defensa celular.

En determinados terrenos también encontramos una elevada carga de sustancias que el organismo necesita eliminar.

Cuando comenzamos a modificar de forma brusca una población de levaduras, todo ese equilibrio puede cambiar.

Por esta razón, dentro de un protocolo de candidiasis no suelo trabajar únicamente con un antifúngico: también me interesa observar intestino, hígado, eliminación, alimentación y microbiota.

Es uno de los motivos por los que prefiero trabajar el terreno completo y no limitarme a intentar eliminar Candida.

Cómo tomar ácido caprílico

Cuando utilizamos ácido caprílico, especialmente en personas con una proliferación importante de Candida, prefiero comenzar poco a poco.

Empezar directamente con cantidades elevadas puede producir una reacción demasiado intensa.

Es mucho más sensato comenzar por la dosis mínima del producto e ir aumentando progresivamente según la tolerancia de cada persona.

También recomiendo mantener una buena hidratación durante el proceso para facilitar los mecanismos normales de eliminación del organismo.

Contraindicaciones del ácido caprílico

El ácido caprílico está presente naturalmente en determinados alimentos y también forma parte de la leche materna.

En las cantidades utilizadas habitualmente suele presentar buena tolerancia.

Sin embargo, los complementos concentrados pueden provocar molestias digestivas en algunas personas, especialmente al comenzar con cantidades demasiado elevadas.

Pueden aparecer náuseas, molestias abdominales, cambios en el tránsito intestinal, sensación de malestar, dolor de cabeza o mareo.

En personas que están trabajando una candidiasis importante también puede aparecer la reacción de die-off que hemos explicado anteriormente.

Por eso una de mis recomendaciones habituales es muy sencilla: empezar poco a poco, observar cómo responde el organismo y aumentar progresivamente.

Entonces, ¿para qué sirve el ácido caprílico?

El ácido caprílico es mucho más que uno de los ácidos grasos presentes en el aceite de coco.

Su capacidad para interactuar con las membranas de determinados microorganismos explica buena parte de su interés como sustancia antifúngica y antimicrobiana.

Es especialmente conocido por su utilización frente al crecimiento excesivo de Candida, pero también resulta interesante por su relación con la microbiota intestinal, determinados procesos inflamatorios y el metabolismo.

Y precisamente en la candidiasis es donde creo que debemos evitar uno de los errores más habituales: pensar únicamente en matar el hongo.

Si el terreno que permitió su proliferación sigue exactamente igual, no hemos solucionado el problema.

Por eso el ácido caprílico puede ser una herramienta estupenda, pero siempre me interesa entender qué ha provocado ese desequilibrio y trabajar también sobre ello.

Share

Añadir un comentario