Para qué sirve el aceite de escualeno

El escualeno debe su nombre a los tiburones o escualos, porque fue aislado originalmente del aceite de hígado de tiburón. Estos animales carecen de vejiga natatoria y algunas especies de aguas profundas almacenan enormes cantidades de aceite en un hígado que puede representar una parte importante de su cuerpo. Al ser menos denso que el agua, este aceite contribuye a proporcionarles flotabilidad.

Durante mucho tiempo esta fue además la principal fuente comercial de escualeno. Afortunadamente, hoy tenemos alternativas vegetales, especialmente el aceite de oliva y el amaranto, que permiten obtenerlo sin necesidad de recurrir al hígado de tiburón.

Y esto es importante porque el escualeno no es una sustancia extraña para nuestro organismo.

Nosotros también lo fabricamos.

Propiedades del escualeno

El escualeno es un triterpeno hidrocarbonado natural que ocupa un lugar fundamental como intermediario en la biosíntesis del colesterol.

Nuestro organismo lo sintetiza a partir de unidades de isopreno dentro de la vía del mevalonato. Posteriormente el escualeno se transforma en escualeno-2,3-epóxido, después en lanosterol y, a partir de ahí, continúa la ruta que conduce al colesterol y a numerosos compuestos derivados de él.

Esto significa que estamos ante una molécula integrada de manera natural en nuestro metabolismo.

También podemos obtener escualeno mediante la alimentación.

Una de las zonas del organismo donde encontramos cantidades especialmente elevadas es la piel. El escualeno constituye aproximadamente un 10-15 % de los lípidos del sebo humano y participa en esa película grasa que recubre y protege nuestra superficie cutánea.

Su estructura, con seis dobles enlaces, le proporciona unas características químicas muy particulares y una gran capacidad para reaccionar con determinadas especies reactivas de oxígeno.

Precisamente por eso se ha estudiado mucho su relación con estrés oxidativo, piel, metabolismo del colesterol y diferentes procesos celulares.

Fuentes de escualeno

La fuente histórica fueron los tiburones de aguas profundas, cuyos hígados pueden contener grandes concentraciones de escualeno.

El problema resulta evidente. Si podemos obtener la misma molécula de otras fuentes, no tiene demasiado sentido continuar sacrificando tiburones para conseguirla.

Entre las alternativas vegetales encontramos:

Aceite de oliva. Es una de las fuentes alimentarias más importantes de escualeno y una de las razones por las que esta molécula ha despertado tanto interés dentro de la dieta mediterránea. El contenido depende de la variedad de aceituna y del procesamiento del aceite.

Aceite de amaranto. Es especialmente interesante porque el aceite de las semillas de amaranto puede contener alrededor de un 6-8 % de escualeno, una concentración considerablemente superior a la de la mayoría de los aceites vegetales.

Salvado de arroz y germen de trigo. También contienen escualeno, aunque en cantidades menores.

Aceite de palma. Contiene escualeno junto con otros componentes minoritarios como tocoferoles, tocotrienoles y coenzima Q10.

Para suplementación prefiero, siempre que sea posible, escualeno de origen vegetal, especialmente procedente de oliva o amaranto.

Escualeno, colesterol y metabolismo lipídico

Aquí encontramos una de las partes más curiosas de esta molécula.

El escualeno pertenece a la propia ruta de síntesis del colesterol y, sin embargo, se ha investigado por sus efectos sobre el metabolismo lipídico.

En humanos se ha estudiado su relación con colesterol total, LDL, HDL, triglicéridos, esteroles plasmáticos y eliminación fecal de colesterol y ácidos biliares.

Uno de los trabajos más interesantes fue realizado por Chan y colaboradores en 102 pacientes con hipercolesterolemia.

Durante 20 semanas compararon pravastatina a dosis baja, escualeno, ambos combinados y placebo. La pravastatina utilizada fue de 10 mg y el escualeno de 860 mg.

La combinación de pravastatina y escualeno consiguió una reducción mayor del colesterol total y LDL y un aumento mayor del HDL que cualquiera de los dos utilizados por separado.

Esto abrió una línea especialmente interesante: la posibilidad de utilizar el escualeno dentro de estrategias destinadas a mejorar el metabolismo del colesterol y, en determinados casos, acompañando otros productos utilizados con esta finalidad.

También se ha observado una mayor eliminación intestinal de esteroles y ácidos biliares, otro mecanismo que puede influir sobre el balance final del colesterol.

Por eso el escualeno ha sido utilizado tradicionalmente en complementación nutricional cuando interesa trabajar sobre colesterol, metabolismo lipídico y terreno cardiovascular.

Escualeno como antioxidante y protector de la piel

La piel es probablemente uno de los lugares donde mejor podemos entender para qué sirve el escualeno.

Nuestro propio sebo contiene una cantidad considerable porque forma parte de la película lipídica que mantiene la superficie cutánea flexible y protegida.

El escualeno tiene una gran capacidad para interactuar con el oxígeno singlete, una especie reactiva de oxígeno generada, entre otras situaciones, durante la exposición a radiación ultravioleta.

Esto ha llevado a estudiar su papel dentro de los mecanismos antioxidantes de la superficie cutánea.

Pero aquí ocurre algo muy interesante.

Precisamente porque el escualeno es uno de los primeros lípidos que reaccionan frente al estrés oxidativo, él mismo puede oxidarse y formar peróxidos de escualeno.

Es decir, forma parte de la primera línea de interacción entre nuestra grasa cutánea y el medio exterior, pero necesita a su vez estar acompañado por un buen sistema antioxidante que impida que esa oxidación termine convirtiéndose en un problema.

Esta relación ayuda a comprender su presencia natural en el sebo y su utilización en cosmética.

El escualeno vegetal presenta una gran afinidad con los lípidos naturales de la piel. Ayuda a disminuir la pérdida de agua, mejora la flexibilidad y proporciona una sensación de suavidad sin necesidad de utilizar aceites excesivamente pesados.

Se utiliza en piel seca, áspera o deshidratada y como apoyo cosmético en pieles con tendencia a dermatitis, eccema o psoriasis. También puede utilizarse sobre cutículas y zonas especialmente secas o agrietadas.

Otra aplicación interesante es su utilización antes del maquillaje mineral, ya que suaviza la superficie cutánea sin dejar necesariamente una sensación excesivamente grasa.

No debemos confundir, por cierto, escualeno con escualano.

El escualano es la forma hidrogenada y saturada del escualeno. Al eliminar sus dobles enlaces se vuelve mucho más estable frente a la oxidación, razón por la que actualmente aparece con tanta frecuencia en cosmética.

Escualeno y detoxificación de xenobióticos

Esta es una de las aplicaciones menos conocidas y, para mí, una de las más interesantes.

El escualeno es una molécula extremadamente lipofílica y se ha investigado experimentalmente su interacción con determinados xenobióticos liposolubles.

Richter y colaboradores estudiaron su utilización en relación con hexaclorobenceno, un compuesto organoclorado muy persistente y lipofílico.

Otros trabajos experimentales investigaron si podía favorecer la eliminación de diferentes sustancias a través de las heces. Entre los compuestos estudiados aparecen teofilina y estricnina en modelos animales.

La lógica detrás de estos trabajos resulta especialmente interesante: determinadas sustancias tóxicas presentan gran afinidad por los lípidos y pueden almacenarse en los tejidos grasos. Una sustancia extremadamente lipofílica como el escualeno puede modificar su absorción, distribución o eliminación intestinal.

Esta línea llegó también al terreno de los metales pesados.

En Uruguay se utilizó escualeno en niños con niveles elevados de plomo en sangre dentro de un programa del Centro Hospitalario Pereira Rossell.

Los trabajos de Queirolo y colaboradores describieron la evolución ponderal, crecimiento y desarrollo neuromotor de los niños tratados y abrieron una línea de investigación especialmente curiosa sobre el posible papel del escualeno dentro del terreno toxicológico.

Es una conexión que merece seguir estudiándose porque plantea aplicaciones potenciales frente a diferentes sustancias ambientales persistentes.

Escualeno y cáncer

La relación entre escualeno y cáncer lleva décadas investigándose.

Parte del interés surgió al observar que las poblaciones mediterráneas con un consumo elevado de aceite de oliva presentaban una incidencia diferente de determinados tumores pese a consumir una cantidad relativamente alta de grasa.

El aceite de oliva contiene ácido oleico, polifenoles y numerosos compuestos minoritarios, por lo que sería absurdo atribuir todo su efecto a una sola molécula. Pero entre esos componentes aparece precisamente el escualeno.

Los investigadores Theresa J. Smith y Harold L. Newmark propusieron que el contenido en escualeno podía contribuir a parte de la relación observada entre aceite de oliva y menor riesgo de determinados tumores.

Esta hipótesis dio lugar a numerosos trabajos experimentales.

Se ha estudiado el escualeno en modelos de cáncer de colon, pulmón y piel inducidos químicamente, observándose una reducción de la formación de determinados tumores.

Uno de los mecanismos propuestos resulta especialmente interesante.

La ruta del mevalonato no sirve únicamente para fabricar colesterol. También produce moléculas necesarias para la prenilación de proteínas, un proceso que permite que determinadas proteínas se unan correctamente a las membranas celulares.

Entre ellas encontramos proteínas Ras.

Las mutaciones de los genes RAS aparecen en numerosos tumores y son especialmente frecuentes en determinados cánceres de páncreas, colon y pulmón.

El escualeno se ha estudiado por su posible capacidad para modificar esta ruta, incluyendo la actividad de HMG-CoA reductasa y la disponibilidad de farnesil pirofosfato necesaria para la prenilación de Ras.

También se han propuesto otros mecanismos relacionados con actividad antioxidante y metabolismo de determinados carcinógenos.

Por tanto, la conexión entre escualeno y cáncer es bastante más compleja que una simple cuestión de antioxidantes.

Escualeno, radioterapia y quimioterapia

Otra línea experimental especialmente curiosa ha estudiado el escualeno alrededor de tratamientos que producen un intenso estrés celular.

Storm y colaboradores utilizaron una dieta con escualeno en animales sometidos posteriormente a irradiación corporal con rayos gamma.

Los animales suplementados mostraron diferencias en parámetros hematológicos y supervivencia, lo que llevó a investigar un posible efecto radioprotector sobre tejidos sanos.

También se ha estudiado la combinación del escualeno con determinados agentes quimioterápicos.

Yamaguchi y colaboradores investigaron su asociación con ACNU, una nitrosourea utilizada como agente antineoplásico, en un modelo experimental de leucemia.

La combinación produjo una mayor supervivencia en algunos animales sin un incremento importante de toxicidad para el huésped.

Estos trabajos son especialmente interesantes porque abrieron la posibilidad de estudiar el escualeno no solamente desde la prevención, sino también alrededor de la protección del organismo y la respuesta a determinados tratamientos oncológicos.

Escualeno y cáncer de mama

El cáncer de mama ha sido uno de los terrenos donde más interés despertó esta molécula, en parte por las observaciones realizadas alrededor del consumo mediterráneo de aceite de oliva.

Estudios epidemiológicos realizados en España, Grecia e Italia observaron asociaciones entre un consumo elevado de aceite de oliva y menor incidencia de determinados tumores, entre ellos cáncer de mama.

El aceite de oliva contiene muchísimas sustancias capaces de participar en este efecto: ácido oleico, polifenoles, vitamina E y escualeno, entre otras.

Pero el escualeno llamó especialmente la atención porque los modelos experimentales mostraban efectos sobre carcinogénesis, estrés oxidativo, metabolismo de xenobióticos y determinadas rutas de proliferación celular.

Por esta razón se empezó a estudiar su utilización como complemento nutricional dentro del terreno de prevención y acompañamiento metabólico de pacientes sometidos a diferentes tratamientos.

Esta conexión tiene además otro aspecto interesante: el hígado participa tanto en el metabolismo de lípidos como en la transformación y eliminación de numerosas sustancias utilizadas durante los tratamientos. De ahí surgió también el interés por estudiar el escualeno cuando existe una importante carga metabólica hepática.

Otros usos del escualeno

Además de colesterol, piel y las líneas experimentales anteriores, el escualeno se ha estudiado en relación con:

  • protección antioxidante;

  • metabolismo de lípidos;

  • colesterol y esteroles;

  • salud cardiovascular;

  • piel seca y deshidratada;

  • mantenimiento de la barrera cutánea;

  • envejecimiento cutáneo;

  • daño producido por radiación ultravioleta;

  • detoxificación de determinados xenobióticos;

  • toxicología ambiental;

  • investigación sobre metales pesados;

  • protección celular frente a determinados tipos de estrés oxidativo;

  • y diferentes líneas de investigación oncológica.

También existe interés por el metabolismo del escualeno en el ojo y la retina, tejidos especialmente sensibles al estrés oxidativo y con un metabolismo lipídico muy particular.

Dosificación y efectos secundarios del escualeno

El escualeno forma parte de nuestra alimentación y nuestro propio organismo lo sintetiza continuamente.

Las cantidades utilizadas en estudios son muy variables dependiendo del objetivo.

En el estudio de Chan sobre hipercolesterolemia se utilizaron 860 mg diarios durante 20 semanas.

En otros trabajos experimentales las dosis han sido muy superiores, por lo que no tiene sentido trasladarlas directamente a una suplementación nutricional habitual.

En los trabajos realizados en Uruguay con niños que presentaban plombemia elevada se llegaron a utilizar cantidades superiores a 2,25 gramos diarios dentro del protocolo estudiado.

En suplementación debemos distinguir además el escualeno obtenido de tiburón del procedente de fuentes vegetales.

Siempre que sea posible, prefiero utilizar escualeno vegetal de oliva o amaranto, tanto por sostenibilidad como porque no necesitamos sacrificar tiburones para obtener una molécula que podemos conseguir de otras fuentes.

También debemos diferenciar el escualeno destinado a suplementación oral del escualano cosmético, aunque sus nombres sean muy parecidos.

El escualeno es una molécula bastante peculiar: nuestro organismo la fabrica como paso intermedio para producir colesterol, nuestra piel la concentra en el sebo, forma parte del aceite de oliva y lleva décadas apareciendo en investigaciones aparentemente tan distintas como colesterol, radiación, xenobióticos, cáncer y protección cutánea.

Precisamente esa variedad de funciones es lo que hace que siga siendo una sustancia tan interesante.

Share

Productos relacionados

Añadir un comentario