Los beneficios del cacao: propiedades y usos

El cacao está considerado uno de los alimentos vegetales más interesantes por su contenido en polifenoles, minerales y alcaloides como la teobromina. Tradicionalmente se ha relacionado con el corazón, la circulación sanguínea, la energía, la concentración, el estado de ánimo y la función sexual, además de utilizarse como alimento nutritivo y reconstituyente.

No es lo mismo hablar de cacao que de cualquier chocolate.

Un chocolate negro con un porcentaje elevado de cacao conserva una cantidad importante de sus compuestos, mientras que cuanto mayor sea la proporción de azúcar, leche, grasas añadidas y otros ingredientes, menor será proporcionalmente la cantidad de cacao que estamos consumiendo.

Por eso, cuando buscamos sus propiedades nutricionales, interesa fijarnos más en la cantidad y calidad del cacao que en la palabra “chocolate”.

Propiedades del cacao

El cacao se utiliza desde hace más de dos mil años en América.

Mayas, mexicas y otros pueblos mesoamericanos lo emplearon como alimento, bebida ceremonial y preparación medicinal. Tras la llegada de los españoles a América comenzó a introducirse en Europa durante el siglo XVI, donde también terminaron atribuyéndosele numerosos usos medicinales.

A lo largo de los siglos se han registrado aplicaciones tradicionales para el cansancio, debilidad, fiebre, anemia, problemas cardíacos y digestivos, falta de apetito y afecciones respiratorias, entre muchas otras.

Además, no se ha utilizado solamente la semilla.

En diferentes lugares se han empleado:

  • los granos de cacao;

  • la cáscara de las semillas;

  • la pulpa del fruto;

  • la manteca de cacao;

  • e incluso las hojas.

El cacao contiene grasas, proteínas, hidratos de carbono, magnesio, potasio, cobre, hierro y otros minerales, además de numerosas sustancias bioactivas.

Entre ellas destacan especialmente los flavanoles del cacao, como epicatequina y catequina, junto con proantocianidinas.

También encontramos teobromina, un alcaloide de la familia de las metilxantinas.

La teobromina tiene una acción estimulante más suave y prolongada que la cafeína y participa en algunos de los efectos del cacao sobre circulación, sistema nervioso y sensación de energía.

Pero buena parte del interés del cacao se debe precisamente a sus flavonoides.

Estas sustancias participan en la protección de la propia planta y, cuando las ingerimos, pueden influir en diferentes mecanismos relacionados con oxidación, inflamación, función vascular y señalización celular.

Uno de los puntos más interesantes es su efecto sobre el óxido nítrico, una molécula que ayuda a regular la dilatación de los vasos sanguíneos.

Esto explica buena parte de la antigua fama del cacao como alimento beneficioso para la circulación y el corazón.

Beneficios del cacao

Corazón y circulación

El cacao tiene una relación especialmente interesante con el sistema cardiovascular.

Sus flavanoles pueden favorecer la función del endotelio, la capa interna que recubre nuestros vasos sanguíneos, y contribuir a una mejor regulación del tono vascular.

También pueden disminuir la oxidación de las partículas LDL.

Este punto es importante porque la oxidación del LDL participa en el desarrollo de la placa aterosclerótica.

Además, algunos compuestos del cacao pueden influir sobre la actividad de las plaquetas, disminuyendo su tendencia excesiva a agregarse.

Todo ello ayuda a explicar su relación con:

  • circulación sanguínea;

  • presión arterial;

  • función endotelial;

  • aterosclerosis;

  • y salud cardiovascular.

Tradicionalmente el cacao se ha considerado además un cardiotónico.

La presencia conjunta de teobromina, magnesio, polifenoles y otros compuestos hace que esta asociación tenga bastante lógica dentro de una alimentación adecuada.

Cerebro, concentración y estado de ánimo

El cacao tiene también una interesante relación con el sistema nervioso.

Su teobromina produce una estimulación suave y puede aumentar la sensación de energía y alerta sin provocar exactamente el mismo efecto que el café.

También contiene pequeñas cantidades de cafeína.

A esto se añade su enorme riqueza en compuestos fenólicos y su influencia sobre la circulación cerebral.

Por eso tradicionalmente se ha relacionado con una mayor concentración, memoria y rendimiento mental.

Hay además algo bastante evidente para cualquiera que disfrute del cacao: modifica la percepción de bienestar.

Intervienen numerosos mecanismos y sustancias relacionadas con neurotransmisores y sistemas de recompensa, además del propio placer sensorial que produce su sabor y aroma.

Por eso el cacao se ha asociado durante siglos con estado de ánimo, placer, sensualidad y propiedades afrodisíacas.

También puede encajar dentro de una alimentación destinada al sistema nervioso por su contenido en magnesio, mineral fundamental para neurotransmisión, función muscular y respuesta al estrés.

Cacao, sueño y relajación

Puede parecer contradictorio hablar al mismo tiempo de estimulación y sueño.

Sin embargo, depende mucho de la cantidad y de la persona.

El cacao contiene teobromina y algo de cafeína, por lo que una persona especialmente sensible puede notar que tomar mucho cacao por la noche le dificulta dormir.

Pero también contiene magnesio y diferentes compuestos relacionados con el sistema nervioso y el bienestar.

Por eso algunas personas encuentran reconfortante una pequeña cantidad de cacao, mientras que otras deben evitarlo a última hora del día.

No todos metabolizamos igual las metilxantinas.

Inflamación, oxidación y sistema inmunitario

Los flavonoides del cacao pueden intervenir en distintas vías relacionadas con la respuesta inflamatoria.

También ayudan a proteger lípidos y otras estructuras celulares frente a determinados procesos oxidativos.

Esta combinación de actividad antioxidante y regulación inflamatoria explica por qué el cacao se ha estudiado en relación con salud cardiovascular, envejecimiento, metabolismo y diferentes procesos degenerativos.

Existen además numerosas líneas de investigación sobre los polifenoles del cacao y proliferación celular, apoptosis, angiogénesis y otros mecanismos relacionados con cáncer.

No reduciría por ello el cacao a un simple alimento “antioxidante”.

Sus polifenoles interactúan con enzimas, receptores, vasos sanguíneos, microbiota y sistemas de señalización bastante más complejos.

Intestino y microbiota

El cacao también tiene una conexión tradicional con el aparato digestivo.

La cáscara del cacao, rica en taninos, se ha utilizado como astringente en diarreas.

Los taninos pueden disminuir determinadas secreciones intestinales y modificar la interacción con microorganismos.

El cacao no es un probiótico, porque un probiótico debe aportar microorganismos vivos.

Pero sus polifenoles y determinados componentes de su fibra pueden llegar al colon e interactuar con la microbiota intestinal, favoreciendo unas poblaciones bacterianas frente a otras.

Esto resulta especialmente interesante porque parte de los polifenoles que no absorbemos directamente son transformados precisamente por nuestras bacterias intestinales.

Por tanto existe una interacción en dos direcciones: el cacao modifica la microbiota y la microbiota transforma compuestos del cacao.

Energía y actividad física

El cacao es un alimento energéticamente denso cuando consumimos el grano completo o preparaciones con su manteca natural.

La manteca de cacao aporta grasa, mientras que el propio cacao contiene minerales y sustancias estimulantes.

Tradicionalmente fue utilizado como alimento reconstituyente y energético, algo completamente lógico en culturas que necesitaban alimentos concentrados y fáciles de transportar.

La teobromina y la pequeña cantidad de cafeína pueden contribuir además a la sensación de energía y activación mental.

Por eso el cacao puede resultar interesante antes de determinadas actividades físicas o intelectuales, siempre que no lo confundamos con chocolates cargados de azúcar.

Usos tradicionales de las distintas partes del cacao

Una de las partes más interesantes del cacao es que tradicionalmente no se utilizaba únicamente el grano.

La cáscara de la semilla se ha empleado en diferentes preparaciones populares para afecciones digestivas, hepáticas, renales y urinarias, y especialmente como astringente en diarreas debido a su contenido en taninos.

También se ha utilizado como tónico general.

Los cocimientos de semillas y hojas aparecen en diferentes tradiciones americanas relacionados con debilidad, inapetencia, tos, afecciones respiratorias, diarrea, parasitismo, fiebre y diferentes problemas digestivos.

Muchas de estas preparaciones pertenecen a sistemas tradicionales concretos, donde además la especie, la parte utilizada y la forma de preparación tenían importancia.

La manteca de cacao ha tenido tradicionalmente una aplicación mucho más externa.

Por su contenido en grasas y su capacidad emoliente se utiliza para:

  • labios secos y agrietados;

  • piel muy seca;

  • pequeñas heridas;

  • irritaciones;

  • zonas sometidas a roce;

  • y como base para preparaciones cosméticas y medicinales.

Forma sobre la piel una película grasa que disminuye la pérdida de agua y ayuda a mantenerla flexible.

También ha sido utilizada durante generaciones para masaje y cuidado de la piel.

¿Y qué ocurre con la leche y el azúcar?

El cacao no deja automáticamente de tener propiedades porque lo mezclemos con leche.

Lo que ocurre es mucho más sencillo: si un chocolate contiene solamente un pequeño porcentaje de cacao y una enorme cantidad de azúcar, estamos consumiendo muy poco cacao y mucho azúcar.

Por ejemplo, no es comparable un chocolate con un 85 % de cacao con otro cuyo principal ingrediente sea azúcar.

También importa el procesado.

La fermentación, el tostado y especialmente determinados tratamientos de alcalinización pueden reducir una parte de los polifenoles.

Por eso, cuanto más nos interese aprovechar el cacao como alimento funcional, más me fijaría en:

  • porcentaje elevado de cacao;

  • poca cantidad de azúcar;

  • buena calidad de la materia prima;

  • y el menor procesado innecesario posible.

El cacao puro en polvo, el cacao en grano o nibs y un buen chocolate negro son formas sencillas de introducirlo en la alimentación.

Precauciones con el cacao

Aunque sea un alimento, no todo el mundo tolera igual grandes cantidades.

La teobromina y la cafeína pueden provocar en personas sensibles nerviosismo, palpitaciones, reflujo o dificultad para dormir.

También puede aparecer migraña o dolor de cabeza en personas susceptibles a determinados alimentos.

Y, como ocurre con otros alimentos vegetales concentrados, la procedencia importa.

El cacao puede acumular cadmio procedente del suelo, por lo que en productos de consumo habitual interesa elegir fabricantes que controlen correctamente la materia prima.

También debemos tener especial cuidado con los animales domésticos.

La teobromina es tóxica para los perros, que la metabolizan mucho peor que nosotros.

Por eso chocolate y cacao deben mantenerse fuera de su alcance.

El cacao es un magnífico ejemplo de cómo un alimento utilizado durante siglos puede terminar convertido en algo completamente distinto por la industria.

El problema no está en el cacao.

Está en confundir una semilla extraordinariamente rica en polifenoles, minerales y sustancias bioactivas con una tableta formada fundamentalmente por azúcar.

Cuando hablamos de sus propiedades, hablamos de cacao de verdad.

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