
El aceite de hígado de bacalao es uno de esos suplementos que utilizaban nuestros abuelos mucho antes de que empezáramos a hablar continuamente de omega-3 y vitamina D.
Durante generaciones se administró especialmente a los niños y fue muy utilizado en países con pocas horas de sol, donde mantener unos niveles adecuados de vitamina D podía resultar especialmente difícil durante buena parte del año.
Y aunque durante un tiempo pareció quedarse relegado a la alacena de nuestras abuelas, su composición explica perfectamente por qué tuvo tanta importancia.
El aceite de hígado de bacalao reúne de forma natural ácidos grasos omega-3 EPA y DHA, vitamina A y vitamina D, tres nutrientes con funciones muy diferentes pero tremendamente interesantes para huesos, cerebro, sistema inmunitario, visión, piel y sistema cardiovascular.
Tradicionalmente se obtenía calentando o cocinando al vapor los hígados de bacalao y separando posteriormente el aceite. Actualmente los métodos de obtención, purificación y conservación pueden variar considerablemente dependiendo del fabricante.
Y esto importa.
Un buen aceite de hígado de bacalao no debería saber a pescado podrido ni presentar un olor intensamente rancio.
Su color puede variar y posee naturalmente cierto sabor y olor a pescado, pero un olor desagradable a aceite oxidado puede indicarnos que las grasas se han deteriorado.
No es simplemente un aceite de pescado
Ésta es probablemente la principal diferencia.
Cuando tomamos un aceite de pescado buscamos fundamentalmente los ácidos grasos omega-3 EPA y DHA.
Cuando utilizamos aceite de hígado de bacalao, además de esos omega-3 obtenemos cantidades importantes de vitaminas A y D.
Y precisamente esto constituye al mismo tiempo su gran ventaja y una de sus principales precauciones.
La cantidad de estas vitaminas puede variar mucho entre fabricantes y métodos de procesamiento, por lo que no tiene demasiado sentido atribuir una composición idéntica a todos los aceites de hígado de bacalao.
Hay que mirar la etiqueta.
Omega-3 EPA y DHA
Los ácidos grasos EPA y DHA participan en numerosos procesos fisiológicos.
El DHA tiene una presencia especialmente importante en cerebro y retina, mientras que EPA y DHA intervienen en la producción de diferentes mediadores relacionados con la respuesta inflamatoria.
También tienen una estrecha relación con la salud cardiovascular y los triglicéridos.
Por eso muchos de los beneficios tradicionalmente atribuidos al aceite de hígado de bacalao proceden precisamente de su contenido en omega-3.
Pero no todos.
Vitamina D
Aquí encontramos otra de las grandes razones históricas para utilizarlo.
La vitamina D participa en la absorción y utilización del calcio y fósforo, en el mantenimiento de huesos y dientes y en el funcionamiento muscular e inmunitario.
La exposición de nuestra piel a la radiación UVB permite sintetizar vitamina D, pero esta producción depende de estación, latitud, hora del día, edad, pigmentación de la piel y hábitos de exposición solar, entre otros factores.
Por eso el aceite de hígado de bacalao adquirió tanta importancia en países con largos inviernos y poca radiación solar.
Antes de disponer de los suplementos actuales de vitamina D, era uno de los recursos utilizados para prevenir el raquitismo infantil.
Vitamina A
La vitamina A presente en el aceite de hígado de bacalao se encuentra fundamentalmente como vitamina A preformada o retinol.
Es esencial para la visión, especialmente para la adaptación a la oscuridad, además de participar en el mantenimiento de piel y mucosas, sistema inmunitario, crecimiento y diferenciación celular.
La vitamina A también tiene una importancia enorme durante el desarrollo.
Pero con el retinol existe una diferencia importante respecto a los carotenoides vegetales: podemos acumular cantidades excesivas.
Y ésa es una de las razones por las que con el aceite de hígado de bacalao más no significa necesariamente mejor.
Huesos, dientes y músculos
Probablemente ésta sea su aplicación tradicional más conocida.
La vitamina D facilita la absorción intestinal de calcio y participa en su regulación junto con el fósforo.
Por eso el aceite de hígado de bacalao se utilizó durante generaciones para el crecimiento y mineralización de huesos y dientes.
En adultos también resulta interesante dentro del mantenimiento de la salud ósea, especialmente cuando existe una ingesta o síntesis insuficiente de vitamina D.
Y hay otra cuestión que a veces olvidamos: la vitamina D también está relacionada con la función muscular.
Cuando existe una deficiencia importante pueden aparecer debilidad y dolores musculares.
De hecho, determinados cuadros de déficit de vitamina D pueden producir síntomas musculoesqueléticos y cansancio que inicialmente pueden confundirse con otros problemas.
Cerebro y sistema nervioso
Aquí se unen varios componentes del aceite.
El DHA es un componente estructural fundamental de las membranas neuronales y tiene especial importancia durante el desarrollo cerebral.
La vitamina D, por su parte, interviene en multitud de funciones del sistema nervioso.
Una relación interesante es su participación en la regulación de la tirosina hidroxilasa, enzima implicada en la síntesis de catecolaminas como dopamina, noradrenalina y adrenalina.
Por eso desde hace años se investiga la relación entre vitamina D, omega-3, funcionamiento cerebral y estado de ánimo.
Aceite de hígado de bacalao y depresión
Hay un estudio especialmente curioso realizado en Noruega que merece la pena conservar.
Los investigadores estudiaron a casi 22.000 personas mayores de 40 años y observaron que quienes utilizaban regularmente aceite de hígado de bacalao presentaban una frecuencia menor de síntomas depresivos que quienes no lo utilizaban.
La diferencia observada fue aproximadamente de un 2,5 % frente a un 3,8 %.
Expresado como diferencia relativa, aquello dio origen a titulares que hablaban de una reducción cercana al 30 %.
Pero hay que entender qué significa.
El estudio encontró una asociación entre consumo habitual de aceite de hígado de bacalao y menor prevalencia de síntomas depresivos. No significa que tomar una cucharada produzca automáticamente una reducción del 30 % de la depresión.
Aun así, el dato resulta interesante por la combinación de omega-3 y vitamina D, dos nutrientes que siguen investigándose por su relación con cerebro y estado de ánimo.
Inflamación y articulaciones
El aceite de hígado de bacalao también tiene una larga tradición como remedio para dolor y rigidez articular.
EPA y DHA son precursores de diferentes moléculas que intervienen en la resolución y regulación de los procesos inflamatorios.
Por esta razón los omega-3 se han estudiado ampliamente en problemas articulares y enfermedades inflamatorias.
Es probablemente una de las explicaciones de por qué tantas personas utilizaban tradicionalmente aceite de hígado de bacalao para artritis, articulaciones rígidas y molestias musculoesqueléticas mucho antes de conocer estos mecanismos.
Corazón, circulación y triglicéridos
Los omega-3 EPA y DHA también explican buena parte del interés cardiovascular del aceite de hígado de bacalao.
Participan en el metabolismo de los lípidos y son especialmente conocidos por su capacidad para ayudar a regular concentraciones elevadas de triglicéridos.
También se han estudiado por su relación con presión arterial, función vascular, agregación plaquetaria y diferentes mecanismos cardiovasculares.
En el artículo antiguo aparecía además como un producto capaz de bajar LDL y aumentar HDL.
Aquí prefiero no simplificarlo tanto porque la respuesta del perfil lipídico a los omega-3 no es idéntica en todas las personas ni con todas las preparaciones.
Su efecto más conocido y consistente sobre los lípidos se encuentra en los triglicéridos.
Visión
Aquí el protagonista vuelve a ser el retinol.
La vitamina A es imprescindible para el funcionamiento normal de la retina y para nuestra capacidad de adaptarnos a la oscuridad.
Una deficiencia importante puede producir ceguera nocturna y, si progresa, alteraciones oculares mucho más graves.
El DHA también forma parte de las estructuras de la retina.
Por eso el aceite de hígado de bacalao reúne dos nutrientes especialmente relacionados con la salud visual: vitamina A y DHA.
Piel y mucosas
La vitamina A participa en el mantenimiento y diferenciación de los tejidos epiteliales.
Esto incluye piel y mucosas, que además constituyen una de nuestras primeras barreras frente al exterior.
De ahí procede parte de la utilización tradicional del aceite de hígado de bacalao en personas con determinados problemas cutáneos y durante épocas de mayor susceptibilidad a infecciones respiratorias.
También se utilizó como apoyo nutricional en acné y diferentes alteraciones de la piel.
Defensas e infecciones respiratorias
Durante generaciones se daba aceite de hígado de bacalao a los niños especialmente durante los meses fríos.
Y no todo aquello era una manía de nuestras abuelas.
Las vitaminas A y D tienen funciones importantes en el sistema inmunitario.
La vitamina A participa además en el mantenimiento de la integridad de las mucosas respiratorias y digestivas.
Por eso el aceite se utilizaba tradicionalmente durante el invierno, en personas con tendencia a catarros, tos e infecciones respiratorias recurrentes.
No era simplemente «aceite para los huesos».
Aceite de hígado de bacalao y glucosa
La vitamina D también se ha investigado en relación con secreción de insulina, sensibilidad a la insulina y metabolismo de la glucosa.
Además, los procesos metabólicos asociados a la diabetes están estrechamente relacionados con inflamación y estrés oxidativo.
La vitamina A y los omega-3 añaden otras vías de interés.
En personas con diabetes también adquieren especial importancia el mantenimiento de visión, piel, circulación y correcta reparación de los tejidos, áreas en las que los nutrientes presentes en este aceite desempeñan diferentes funciones fisiológicas.
Esto explica por qué el aceite de hígado de bacalao ha despertado interés dentro del apoyo nutricional metabólico, aunque no podamos reducir el control de la diabetes a tomar vitamina D o aceite de pescado.
Vitamina D y absorción: una combinación natural con grasa
Hay otra característica muy lógica del aceite de hígado de bacalao.
Las vitaminas A y D son liposolubles.
Es decir, necesitan grasa para su correcta absorción intestinal.
Y aquí las encontramos naturalmente incorporadas dentro de un alimento graso.
Por eso el aceite de hígado de bacalao constituye una matriz especialmente interesante para aportar estas vitaminas.
Además, en el mismo producto tenemos omega-3 EPA y DHA.
Ésta es precisamente la peculiaridad del aceite de hígado de bacalao: no aporta un único nutriente aislado, sino varios nutrientes que trabajan sobre sistemas diferentes y que en algunos casos se complementan entre sí.
¿Es antioxidante?
En el artículo original aparecía descrito como un producto de «alto poder antioxidante».
Aquí haría una precisión.
Los omega-3 son grasas poliinsaturadas y, precisamente por sus dobles enlaces, son especialmente susceptibles a oxidarse.
Por eso la calidad y conservación del aceite son fundamentales.
Algunos preparados incorporan vitamina E u otros antioxidantes para ayudar a proteger el propio aceite frente a la oxidación.
No elegiría por tanto el aceite de hígado de bacalao porque sea un gran antioxidante directo.
Su interés está mucho más en EPA, DHA y vitaminas A y D.
¿Por qué importa tanto la calidad?
Porque estamos hablando de un aceite muy delicado.
Las grasas poliinsaturadas pueden oxidarse por efecto del oxígeno, luz, temperatura y tiempo de almacenamiento.
Un aceite deteriorado puede desarrollar un sabor y olor intensamente rancios.
Por eso conviene escoger fabricantes que controlen adecuadamente materia prima, purificación, oxidación y conservación.
Y una vez abierto debemos respetar las instrucciones de almacenamiento del producto.
En un aceite de pescado, la calidad no es un detalle.
Precauciones del aceite de hígado de bacalao
Aquí tenemos que recordar algo fundamental:
contiene vitaminas A y D y ambas pueden acumularse.
Tomar cantidades excesivas durante periodos prolongados puede producir hipervitaminosis A o D.
El exceso de vitamina A puede provocar diferentes síntomas, incluyendo molestias digestivas, cefalea y alteraciones hepáticas, entre otros problemas.
Un exceso importante de vitamina D puede producir hipercalcemia y llegar a afectar riñones, corazón y otros tejidos.
Además, cantidades elevadas de omega-3 pueden modificar la agregación plaquetaria, algo que debe tenerse en cuenta especialmente en personas que utilizan medicación anticoagulante o antiagregante.
También puede producir molestias digestivas, reflujo, náuseas, diarrea o regusto a pescado en algunas personas.
Y si una persona tiene tendencia a la presión arterial baja, conviene tener presente que los omega-3 pueden contribuir a modificar ligeramente la presión arterial.
Por eso no establecería una cantidad universal de aceite de hígado de bacalao.
Dos productos pueden aportar cantidades completamente diferentes de retinol y vitamina D en la misma cantidad de aceite.
Hay que mirar la composición.
Aceite de hígado de bacalao y embarazo
Éste merece un apartado propio.
La vitamina A es imprescindible durante el embarazo y también lo son el DHA y la vitamina D para numerosos procesos relacionados con el desarrollo materno y fetal.
Pero el exceso de vitamina A preformada o retinol durante el embarazo puede resultar perjudicial para el desarrollo fetal.
Y el aceite de hígado de bacalao puede contener cantidades importantes de retinol.
Por eso una mujer embarazada, que esté buscando embarazo o que ya utilice un suplemento prenatal con vitamina A y D no debería añadir aceite de hígado de bacalao sin revisar antes la cantidad total que está recibiendo.
No es que las vitaminas A y D sean malas durante el embarazo.
Todo lo contrario: son esenciales.
Precisamente por eso necesitamos la cantidad adecuada y la forma adecuada, no acumular suplementos sin mirar lo que contiene cada uno.
Un remedio antiguo que tenía bastante lógica
Durante años el aceite de hígado de bacalao estuvo en miles de hogares.
Se daba a los niños.
Se utilizaba en invierno.
Se tomaba para los huesos.
Para recuperarse.
Para las articulaciones.
Para las defensas.
Y para quienes vivían en lugares donde el sol desaparecía durante buena parte del año.
Muchas de aquellas personas no sabían qué era el DHA, no conocían los receptores de vitamina D ni habían oído hablar de mediadores derivados de los omega-3.
Pero sabían que aquel aceite era nutritivo.
Ahora conocemos mucho mejor su composición y podemos entender por qué aquel viejo remedio sobrevivió durante generaciones.
El aceite de hígado de bacalao reúne omega-3 EPA y DHA, vitamina A y vitamina D en un mismo alimento.
Eso lo convierte en un suplemento nutricional extraordinariamente interesante.
Y también explica por qué debemos utilizarlo con más cabeza que un simple aceite de pescado: sus vitaminas liposolubles son una parte fundamental de sus beneficios, pero también determinan sus principales precauciones.
Este contenido tiene carácter educativo e informativo y recoge las propiedades nutricionales y los usos tradicionales del aceite de hígado de bacalao. Su contenido en vitaminas A y D puede variar considerablemente entre productos, por lo que debe valorarse siempre la composición concreta.


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