Crema natural para el cuidado de la dermatitis atópica

Esta es una crema elaborada con ingredientes 100 % ecológicos y de la mejor calidad para ayudar al cuidado de las pieles sensibles, con irritación, picor e inflamación.

No es una receta nueva. Es una vieja fórmula que se conocía desde hace muchos años, pero que poco a poco fue cayendo en el olvido. He querido recuperarla porque, a lo largo de mi trayectoria como naturópata, la he utilizado con muy buenos resultados en niños con dermatitis atópica y en personas con diferentes problemas de la piel, como urticaria, prurito e incluso prurigo por picaduras de insectos.

Cada uno de sus ingredientes posee propiedades ampliamente conocidas para ayudar a mantener la piel hidratada, protegida y en buen estado. Además, muchos de ellos destacan por sus propiedades antiinflamatorias naturales.

Todos los aceites utilizados para elaborar esta receta son ecológicos certificados y obtenidos mediante primera presión en frío, conservando así todas sus propiedades.


Sus componentes

Aceite de onagra

El aceite de onagra es uno de los ingredientes más importantes de esta receta por su capacidad para ayudar a mantener la piel equilibrada e hidratada.

Posee propiedades antiinflamatorias, calma las irritaciones, favorece la regeneración cutánea y ayuda a proteger la piel frente a las agresiones externas como el sol, el viento, el frío o la contaminación.

Tradicionalmente se ha utilizado con muy buenos resultados en el cuidado de pieles con eccema atópico, psoriasis, rosácea, acné y otras alteraciones cutáneas. También contribuye a mejorar la textura de la piel y a atenuar las manchas faciales.

La onagra ayuda a hidratar las capas más profundas de la piel. Su acción suavizante y humectante favorece el equilibrio de la hidratación natural y reduce la pérdida de agua, algo especialmente importante en personas con piel seca o dermatitis atópica.

También es un excelente aliado para el cuidado de la piel madura, ya que favorece la regeneración celular, mejora la elasticidad cutánea y ayuda a mantener la tersura y suavidad propias de una piel sana. Su utilización continuada contribuye a preservar las fibras de colágeno y a mejorar el aspecto general de la piel.

Gran parte de estas propiedades se atribuyen a su elevado contenido en ácido gamma-linolénico (GLA), un ácido graso que ayuda a controlar la inflamación, el picor y el enrojecimiento que con frecuencia acompañan a muchos trastornos cutáneos.


Aceite de almendras dulces

El aceite de almendras dulces es uno de los aceites vegetales más apreciados para el cuidado de todo tipo de pieles gracias a su extraordinaria capacidad para hidratar, suavizar y calmar la irritación.

Es especialmente adecuado para bebés y niños debido a su excelente tolerancia, siendo un magnífico aliado cuando existe sequedad, deshidratación, descamación o sensibilidad cutánea.

Su riqueza en vitaminas A y E le confiere una importante acción antioxidante, ayudando a proteger la piel frente al envejecimiento prematuro y frente a las agresiones del medio ambiente.

Además, favorece la producción natural de colágeno y elastina, aportando suavidad, flexibilidad y elasticidad a la piel.

Su acción emoliente ayuda a reblandecer las zonas endurecidas, aliviar el picor y mejorar el aspecto de la piel cuando existe eccema, ictiosis, psoriasis u otras alteraciones cutáneas.

También favorece la hidratación al ayudar a retener la humedad, formando una fina película protectora que protege la epidermis de las agresiones externas.

Gracias a estas propiedades, también se recomienda para prevenir estrías durante el embarazo y para el cuidado diario de las pieles más delicadas.


Aceite de girasol

Aunque muchas personas lo consideran un aceite común, el aceite de girasol posee interesantes propiedades para el cuidado de la piel.

Tradicionalmente se ha utilizado para limpiar heridas y favorecer el mantenimiento de la barrera cutánea. También se ha empleado como ayuda en diferentes procesos inflamatorios.

Es especialmente rico en vitamina E, ácido linoleico y ácido cafeico, nutrientes que ayudan a proteger la piel frente al estrés oxidativo y contribuyen a mantenerla sana.

Además, contiene cobre, un mineral necesario para la producción de melanina, el pigmento responsable del color de la piel y uno de los mecanismos naturales de protección frente a la radiación ultravioleta.

El aceite de girasol también destaca por su extraordinaria capacidad hidratante. Ayuda a la piel a retener mejor la humedad, reforzando la barrera cutánea y disminuyendo la pérdida de agua.

La vitamina E presente en este aceite actúa además como un excelente protector celular, favoreciendo que la piel conserve su hidratación y resistencia frente a las agresiones externas.

Tradicionalmente también se ha utilizado para el cuidado de pieles con dermatitis, acné y otras alteraciones cutáneas, así como para proteger la piel especialmente delicada de los bebés.

Aceite de oliva

El aceite de oliva es uno de los hidratantes naturales más eficaces que existen y un ingrediente fundamental para mantener la piel nutrida, protegida y flexible.

Uno de sus principales beneficios es su capacidad para favorecer la reparación de los tejidos cutáneos dañados. Por ello, tradicionalmente se ha utilizado en el cuidado de heridas, marcas y cicatrices, aportando hidratación y vitaminas a la piel para favorecer su recuperación.

Además, posee compuestos naturales con actividad antimicrobiana y diferentes estudios han observado que el oleocantal, uno de sus componentes, presenta una actividad antiinflamatoria mediante mecanismos similares a los de determinados antiinflamatorios convencionales, al actuar sobre las enzimas COX.

Gracias a su riqueza en ácidos grasos naturales y vitaminas E y K, el aceite de oliva ayuda a mantener la elasticidad de la piel, favoreciendo un aspecto más suave, flexible y saludable, además de contribuir a retrasar los signos visibles del envejecimiento cutáneo.


Cera virgen de panal

Las propiedades terapéuticas de la cera de abejas eran ya conocidas en la Antigüedad. Tradicionalmente se utilizaba para proteger la piel y favorecer la recuperación de diferentes lesiones cutáneas.

La cera virgen recién elaborada es de color blanco. Conforme permanece en el panal va adquiriendo un tono más oscuro debido a la incorporación de polen, propóleos y otras sustancias producidas por las propias abejas.

Para elaborar esta receta utilizo cera virgen amarilla, de color dorado y con su característico aroma a miel, ya que de esta forma también se aprovechan muchas de las sustancias naturales presentes en el panal.

La cera virgen posee propiedades cicatrizantes y antiinflamatorias. Es un excelente emoliente que ayuda a suavizar la piel sin obstruir los poros.

Además, es muy rica en vitamina A, necesaria para el correcto desarrollo y renovación de las células cutáneas.

Forma una película protectora transpirable que ayuda a conservar la hidratación de la piel sin impedir su respiración natural. También posee propiedades antioxidantes, antibacterianas y repelentes al agua, ayudando a proteger la piel frente a las agresiones externas.


Ingredientes

  • 50 ml de aceite de onagra.
  • 50 ml de aceite de oliva.
  • 50 ml de aceite de almendras dulces.
  • 50 ml de aceite de girasol.
  • 30 g de cera virgen de panal amarilla.
  • 5 gotas de aceite esencial de lavanda.
  • 5 gotas de aceite esencial de árbol del té.


Preparación

  1. Ponga una cazuela con agua y, dentro de ella, un recipiente de cristal resistente al calor con capacidad aproximada para 500 ml.
  2. Caliente el agua para preparar un baño María.
  3. Añada al recipiente de cristal todos los aceites y remueva con una cuchara de madera.
  4. Incorpore poco a poco la cera de panal mientras continúa removiendo hasta que se funda completamente.
  5. Cuando toda la cera esté perfectamente integrada, retire el recipiente del fuego.
  6. Añada los aceites esenciales, remueva nuevamente y vierta la mezcla en el recipiente donde vaya a conservar la crema.
  7. Deje enfriar completamente antes de utilizarla.

Importante: no caliente nunca los aceites directamente sobre el fuego. El proceso debe realizarse siempre al baño María para evitar su oxidación y conservar todas sus propiedades.


Aplicación

Aplicar todas las veces que sea necesario, como mínimo dos veces al día, realizando un suave masaje para favorecer su absorción, hidratar la piel y calmar la zona afectada.

Habitualmente ayuda a aliviar el picor desde las primeras aplicaciones y muchas personas refieren notar una disminución de la sensación de inflamación en pocos minutos.

Si la zona estuviera especialmente irritada o existiera dolor al contacto, aplique inicialmente la crema mediante pequeños toques, sin masajear. Espere unos diez minutos y vuelva a aplicarla realizando un masaje muy suave, a medida que la piel vaya tolerando mejor el contacto.

Share

Añadir un comentario