Cómo elegir un probiótico para un niño y cuándo utilizarlo

Cada vez oímos hablar más de los probióticos. Se anuncian para mejorar las defensas, aliviar problemas digestivos, reducir los cólicos o recuperar la flora intestinal después de un tratamiento con antibióticos.

Sin embargo, una de las preguntas que más recibo en consulta es precisamente esta:

¿Qué probiótico debo darle a mi hijo?

La respuesta no siempre es sencilla, porque no todos los probióticos sirven para lo mismo. Elegir uno únicamente porque "es para niños" o porque contiene millones de bacterias no garantiza que sea el más adecuado.

Además, existen situaciones en las que un probiótico puede ser muy útil y otras en las que conviene valorar primero qué está ocurriendo en el intestino antes de empezar a tomarlo.

¿Qué es un probiótico?

Los probióticos son microorganismos vivos que, administrados en cantidades adecuadas, pueden aportar beneficios para la salud.

Nuestro intestino alberga miles de millones de bacterias beneficiosas que forman parte de la denominada microbiota intestinal. Este ecosistema participa en funciones tan importantes como:

  • La digestión.
  • La producción de determinadas vitaminas.
  • El funcionamiento del sistema inmunitario.
  • La protección frente a microorganismos patógenos.
  • La maduración del sistema digestivo durante la infancia.

Mantener una microbiota equilibrada es especialmente importante durante los primeros años de vida.

¿Cuándo puede ser útil un probiótico en un niño?

No todos los niños necesitan tomar probióticos.

En muchos casos basta con mantener una alimentación variada, rica en fibra, frutas, verduras y alimentos fermentados cuando la edad lo permita.

Sin embargo, existen algunas situaciones en las que pueden resultar de utilidad.

Después de un tratamiento con antibióticos

Los antibióticos no distinguen entre bacterias beneficiosas y perjudiciales, por lo que durante el tratamiento parte de la microbiota intestinal puede verse alterada.

En estos casos suele ser interesante elegir un probiótico que combine diferentes especies de Lactobacillus y Bifidobacterium, ya que ambas forman parte habitual de una microbiota sana.

Cuando aparece diarrea asociada a antibióticos

Algunos estudios han mostrado que determinadas cepas, especialmente Saccharomyces boulardii y Lacticaseibacillus rhamnosus GG, pueden ayudar a disminuir el riesgo o la duración de la diarrea asociada al uso de antibióticos.

No todos los probióticos contienen estas cepas, por lo que conviene revisar siempre la composición.

Durante algunos trastornos digestivos

Dependiendo del caso, algunos probióticos también pueden utilizarse como apoyo en situaciones como:

  • diarrea aguda,
  • estreñimiento funcional,
  • síndrome de intestino irritable,
  • cólicos del lactante,
  • recuperación tras una gastroenteritis.

Eso sí, cada situación requiere cepas diferentes y no existe un único probiótico válido para todos los problemas digestivos.

¿Los bebés necesitan probióticos?

En la mayoría de los casos, un bebé sano no necesita suplementación con probióticos.

Sin embargo, existen circunstancias en las que algunos profesionales pueden valorar su utilización.

Parto por cesárea

Durante un parto vaginal el bebé entra en contacto con parte de la microbiota materna. En una cesárea este proceso es diferente, lo que puede modificar la colonización inicial del intestino.

Actualmente se sabe que la microbiota de los niños nacidos por cesárea presenta algunas diferencias durante los primeros meses de vida, aunque también intervienen muchos otros factores.

Lactancia artificial

La leche materna contiene numerosos componentes que favorecen el desarrollo de una microbiota saludable.

Cuando no es posible la lactancia materna, algunos probióticos pueden ser útiles en situaciones concretas, siempre siguiendo la recomendación del pediatra o del profesional sanitario correspondiente.

¿Y después de los dos años?

A partir de esta edad la microbiota continúa evolucionando, aunque ya presenta una composición mucho más estable.

Los probióticos pueden seguir utilizándose cuando existe una indicación concreta, pero no es necesario administrarlos de forma continua en niños sanos.

¿Puede un probiótico sentar mal?

Sí.

Durante los primeros días algunas personas pueden notar:

  • gases,
  • distensión abdominal,
  • cambios transitorios en el ritmo intestinal,
  • molestias digestivas leves.

En la mayoría de los casos estos síntomas desaparecen conforme la microbiota se adapta.

Si las molestias son importantes o persisten, conviene suspender el suplemento y consultar con un profesional.

¿Cómo elegir un buen probiótico?

Más importante que el número de bacterias es conocer:

  • las cepas que contiene,
  • para qué se han estudiado,
  • si han demostrado utilidad en la situación concreta,
  • que el producto garantice su estabilidad y viabilidad.

No existe un probiótico perfecto para todo el mundo.

La microbiota infantil comienza a construirse desde el nacimiento

Cada niño desarrolla una microbiota única, influida por factores como el embarazo, el tipo de parto, la alimentación, el uso de antibióticos, el contacto con el entorno y el estilo de vida.

Por eso, antes de elegir un probiótico conviene preguntarse primero si realmente lo necesita y cuál es el objetivo que buscamos.

En muchas ocasiones, una alimentación equilibrada, rica en alimentos frescos y fibra, será la mejor forma de cuidar la salud intestinal.


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