
Los pulmones forman parte del aparato respiratorio y realizan una función imprescindible para nuestra vida: permiten incorporar oxígeno y eliminar dióxido de carbono.
Pero cuidar nuestros pulmones no significa acordarnos de ellos solamente cuando tenemos tos, un resfriado o una bronquitis.
La calidad del aire que respiramos, el tabaco, el ejercicio, nuestra forma de respirar, la alimentación y el estado general del organismo también influyen en nuestra salud respiratoria.
¿Cómo funcionan los pulmones?
Los pulmones están situados dentro del tórax y protegidos por las costillas.
Tenemos dos, pero no son exactamente iguales. El pulmón izquierdo es algo más pequeño para dejar espacio al corazón.
Debajo de ellos encontramos el diafragma, el principal músculo de la respiración.
Cuando inspiramos, el aire entra por las vías respiratorias y pasa a través de la tráquea.
La tráquea se divide en dos bronquios principales, uno dirigido hacia cada pulmón.
A partir de ahí comienza una estructura que recuerda muchísimo a las ramas de un árbol.
Los bronquios se van dividiendo progresivamente en conductos cada vez más pequeños hasta convertirse en bronquiolos.
Al final encontramos los alvéolos.
Estos diminutos sacos están rodeados por una enorme red de capilares sanguíneos y es precisamente aquí donde se produce el intercambio gaseoso: el oxígeno pasa hacia la sangre y el dióxido de carbono realiza el camino contrario para ser eliminado mediante la respiración.
Infecciones del aparato respiratorio
Podemos dividir nuestro aparato respiratorio en dos grandes zonas.
Las vías respiratorias superiores incluyen:
- nariz;
- senos paranasales;
- boca;
- faringe;
- laringe.
Aquí encontramos problemas tan habituales como los resfriados, faringitis o sinusitis.
Las vías respiratorias inferiores incluyen:
- tráquea;
- bronquios;
- bronquiolos;
- pulmones.
En esta zona podemos encontrar problemas como bronquitis, bronquiolitis y neumonía.
Resfriados
El resfriado común es una infección vírica de las vías respiratorias superiores.
Existen numerosos virus capaces de provocarlo, aunque los rinovirus se encuentran entre los responsables más frecuentes.
También pueden intervenir coronavirus estacionales, virus parainfluenza, virus respiratorio sincitial, metapneumovirus y otros virus respiratorios.
Precisamente porque existen tantos virus diferentes podemos padecer numerosos resfriados a lo largo de nuestra vida.
Síntomas del resfriado
Entre los síntomas habituales podemos encontrar:
- garganta seca;
- dolor de garganta;
- tos;
- febrícula;
- estornudos;
- voz ronca;
- congestión nasal;
- dolor de cabeza;
- dolores musculares;
- escalofríos;
- debilidad;
- disminución del apetito;
- cansancio.
Normalmente el organismo consigue resolver la infección mediante la respuesta de nuestro sistema inmunitario.
Sin embargo, en algunas ocasiones pueden aparecer complicaciones o infecciones secundarias.
Entre ellas encontramos sinusitis, otitis, faringitis, bronquitis o neumonía.
Bronquitis
La bronquitis es una inflamación de los bronquios.
Cuando estos se inflaman puede aumentar la producción de moco y aparecer tos, sensación de falta de aire, molestias torácicas y, en algunos casos, fiebre.
Bronquitis aguda
La bronquitis aguda suele aparecer después de una infección respiratoria.
Al principio puede parecer simplemente un resfriado:
- secreción nasal;
- dolor de garganta;
- cansancio;
- estornudos;
- escalofríos;
- molestias musculares.
Posteriormente aparece la tos.
Puede comenzar siendo seca y posteriormente convertirse en productiva, con expulsión de mucosidad.
La tos puede mantenerse durante varias semanas incluso cuando el resto de la infección ya ha mejorado.
Y una curiosidad importante: que el moco se vuelva amarillo o verdoso no significa automáticamente que tengamos una infección bacteriana.
El color también puede cambiar debido a la propia actividad de las células de nuestro sistema inmunitario.
Bronquitis crónica
La bronquitis crónica es otra situación diferente y forma parte de las enfermedades pulmonares obstructivas crónicas.
No debemos confundirla con una bronquitis aguda que simplemente tarda unos días más en desaparecer.
¿Cuándo debemos preocuparnos por una infección respiratoria?
Hay síntomas ante los que no debemos quedarnos en casa probando infusiones.
Debemos buscar valoración médica cuando aparece:
- dificultad importante para respirar;
- dolor en el pecho;
- fiebre elevada o persistente;
- confusión;
- coloración azulada de labios o piel;
- empeoramiento importante del estado general;
- tos persistente que no mejora;
- sangre al toser.
También debemos tener especial precaución en bebés, personas mayores, embarazadas, personas inmunodeprimidas y quienes padecen enfermedades respiratorias o cardiovasculares.
Neumonía
La neumonía es una infección del tejido pulmonar que puede estar producida por diferentes microorganismos.
Los alvéolos pueden inflamarse y llenarse de líquido o secreciones, dificultando el intercambio normal de oxígeno.
Puede producir:
- tos;
- expectoración;
- fiebre;
- escalofríos;
- dificultad respiratoria;
- dolor torácico al respirar o toser;
- cansancio intenso;
- pérdida de apetito;
- náuseas;
- dolor de cabeza.
En las personas mayores puede aparecer incluso confusión o una temperatura inferior a la habitual.
La neumonía no es un resfriado fuerte y requiere valoración médica.
Cómo cuidarnos durante una infección respiratoria leve
Cuando tenemos un resfriado o una infección respiratoria leve podemos hacer muchas cosas sencillas en casa.
Descansar
Nuestro sistema inmunitario necesita energía para realizar su trabajo.
Si estamos enfermos, no es el momento de comportarnos como si no ocurriera nada.
Beber suficientes líquidos
Una hidratación adecuada ayuda a mantener fluidas las secreciones y facilita su expulsión.
Dormir ligeramente incorporados
Cuando existe mucha congestión puede resultar más cómodo elevar ligeramente la parte superior del cuerpo para dormir.
Humidificar el ambiente
Si el aire de casa está muy seco podemos utilizar un humidificador.
Los vahos también pueden proporcionar sensación de alivio, teniendo cuidado de no quemarnos.
Miel y limón
Una bebida caliente con miel y limón es uno de los remedios tradicionales más sencillos para suavizar una garganta irritada y calmar la tos.
Plantas medicinales para cuidar los pulmones
Aquí tenemos una estupenda pequeña farmacia vegetal.
Tomillo
El tomillo es una de las plantas clásicas de la Fitoterapia respiratoria.
Sus compuestos aromáticos, especialmente timol y carvacrol, explican buena parte de sus propiedades tradicionales.
Se utiliza especialmente cuando existe tos y acumulación de secreciones.
Eucalipto
El eucalipto es otra de las grandes plantas respiratorias.
Su componente más conocido, el 1,8-cineol o eucaliptol, está relacionado con su utilización tradicional en congestión y molestias respiratorias.
Regaliz
La raíz de regaliz tiene una acción suavizante sobre las mucosas y tradicionalmente se utiliza para garganta irritada y tos.
No es una planta para utilizar alegremente durante periodos prolongados, especialmente en personas con hipertensión.
Salvia
La salvia puede resultar especialmente útil cuando predominan las molestias de garganta.
También puede utilizarse tradicionalmente para realizar vahos.
Orégano
El orégano es rico en compuestos aromáticos como carvacrol y timol y posee una larga tradición de utilización en problemas respiratorios.
Menta
La menta proporciona una agradable sensación de frescor y puede ayudarnos a sentir las vías respiratorias más despejadas.
Llantén
El llantén es una planta especialmente interesante cuando existe irritación de las mucosas respiratorias y tos.
Sus mucílagos ayudan a explicar su tradicional efecto suavizante.
Gordolobo
El gordolobo es una de mis plantas favoritas para el aparato respiratorio.
Tradicionalmente se utiliza para suavizar las vías respiratorias y favorecer la expulsión de mucosidad.
Si preparamos una infusión con sus flores o sus hojas conviene filtrarla cuidadosamente debido a los pequeños pelos de la planta.
Los pulmones y el oxígeno
Cuando pensamos en nutrientes solemos pensar inmediatamente en vitaminas, minerales, proteínas, grasas o hidratos de carbono.
Pero sin oxígeno nuestras células sencillamente no pueden mantener durante mucho tiempo su metabolismo normal.
El oxígeno permite obtener de los nutrientes gran parte de la energía que necesitamos.
Cuando existe una falta importante de oxígeno, las células tienen que modificar su metabolismo y recurrir en mayor medida a vías anaerobias para obtener energía.
Si la hipoxia es suficientemente intensa o prolongada, el funcionamiento celular termina alterándose.
¿Qué puede perjudicar nuestra oxigenación?
Hay muchos factores que pueden perjudicar nuestra salud respiratoria:
- tabaco;
- contaminación ambiental;
- mala calidad del aire interior;
- determinadas enfermedades pulmonares;
- problemas cardiovasculares;
- sedentarismo;
- estrés y respiración excesivamente superficial.
Por eso cuidar los pulmones no consiste solamente en tomar una planta cuando estamos resfriados.
Haz ejercicio
El ejercicio obliga a nuestro aparato respiratorio y cardiovascular a trabajar.
No necesitamos convertirnos en atletas.
Caminar, bailar, montar en bicicleta, nadar o realizar ejercicio de fuerza regularmente ya supone una enorme diferencia frente al sedentarismo.
Incluso en casa podemos movernos.
Lo importante es hacerlo.
Ventila tu casa todos los días
Una de las cosas más sencillas que podemos hacer por nuestros pulmones es renovar regularmente el aire interior.
Ventilar ayuda a reducir la concentración de contaminantes producidos dentro de casa, humedad excesiva, olores y partículas acumuladas.
Si vivimos en una zona con mucha contaminación exterior, podemos escoger los momentos del día en los que la calidad del aire sea mejor.
Llena tu alimentación de antioxidantes
También podemos cuidar nuestros tejidos mediante una alimentación rica en antioxidantes.
Las vitaminas A, C y E, los carotenoides y los diferentes polifenoles vegetales participan en los mecanismos antioxidantes del organismo.
Y aquí tenemos muchísimas posibilidades.
Frutas
- arándanos;
- fresas;
- frambuesas;
- moras;
- guayaba;
- uvas negras;
- grosella negra;
- mango;
- naranja;
- mandarina;
- limón;
- manzana;
- kiwi;
- melón;
- plátano;
- pera;
- aguacate;
- tomate.
Verduras
- zanahoria;
- remolacha;
- pimiento rojo;
- brócoli;
- espárragos;
- espinacas;
- acelgas;
- col rizada;
- perejil;
- apio;
- ajo;
- cebolla.
Otros alimentos
También podemos incluir:
- aceite de oliva virgen extra;
- almendras;
- cacahuetes;
- avena;
- arroz integral;
- cacao.
Una manera sencilla de aumentar nuestra ingesta vegetal es preparar ensaladas, gazpachos, cremas de verduras y zumos vegetales.
En casa, incluso cuando hace frío, casi todas las noches tomamos un vasito de gazpacho.
Remedio casero para cuidar los pulmones durante el invierno
Y, como siempre, os dejo uno de nuestros remedios caseros.
Esta preparación tradicional combina ajo, cebolla, jengibre, limón y miel y puede utilizarse especialmente durante los meses fríos para acompañar resfriados, tos y molestias de garganta.
Ingredientes
- 3 dientes de ajo;
- 1 cebolla, mejor si es morada;
- 1 trozo de raíz de jengibre de unos 3 cm;
- 3 limones;
- ½ taza de miel pura, aproximadamente 150 g.
Preparación
Pelamos los ajos, los picamos y los machacamos en un mortero hasta conseguir una especie de pasta.
Pelamos la cebolla y la rallamos sobre los ajos.
Rallamos también la raíz de jengibre.
Exprimimos los limones y añadimos el zumo junto con la miel.
Tapamos la preparación y la dejamos reposar durante toda la noche, aproximadamente ocho horas.
Después la filtramos y la guardamos en un frasco de vidrio con tapa en la nevera.
Puede conservarse refrigerada durante aproximadamente un mes.
Tradicionalmente puede tomarse una cucharada al día durante los meses fríos y aumentar su utilización durante unos días cuando aparecen las primeras molestias de garganta, tos o resfriado.
Cuidar los pulmones antes de estar enfermos
No tenemos por qué esperar a tener una bronquitis para acordarnos de nuestros pulmones.
Mover nuestro cuerpo, respirar aire limpio, ventilar la casa, evitar el tabaco, cuidar nuestra alimentación, mantener una buena hidratación y utilizar correctamente las plantas medicinales son cosas sencillas que podemos hacer durante todo el año.
Nuestros pulmones trabajan por nosotros unas 24 horas al día.
Qué menos que echarles una mano de vez en cuando.


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