
Los sabañones son una afección de la piel relacionada con la exposición al frío y a los cambios bruscos de temperatura. Se manifiestan como inflamación dolorosa de la piel, acompañada en ocasiones de enrojecimiento, picor intenso, sensación de quemazón, grietas o pequeñas ampollas.
Suelen aparecer con más frecuencia en las manos, los pies, las orejas, la nariz y, más raramente, en los talones.
Una de las características más molestas de los sabañones es el intenso picor que producen, especialmente cuando se pasa rápidamente de un ambiente frío a uno caliente. Esta sensación puede llevar a rascarse de forma continua, aumentando el riesgo de heridas e incluso de infecciones secundarias si la piel se rompe.
Aunque hoy en día son menos frecuentes que hace unas décadas, siguen apareciendo cada invierno en muchas personas con problemas de circulación periférica, manos y pies fríos o especial sensibilidad al frío.
Cómo prevenir los sabañones
Cuando existe tendencia a sufrir sabañones, la prevención suele ser mucho más eficaz que intentar tratarlos una vez han aparecido.
Un remedio tradicional consiste en preparar una solución salina caliente utilizando:
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2 litros de agua a unos 37 ºC
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500 gramos de sal marina
Se disuelve la sal en el agua templada y se introducen las manos durante unos minutos antes de salir al exterior.
La operación puede repetirse:
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Por la mañana.
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Antes de cada salida al frío.
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Por la noche antes de acostarse.
El mismo agua puede reutilizarse durante el día, calentándola nuevamente cuando sea necesario. Al finalizar la jornada debe desecharse y preparar una nueva mezcla al día siguiente.
Después de cada baño es importante secar bien las manos mediante suaves toques con una toalla o dejarlas secar al aire. Nunca conviene exponerse al frío con la piel húmeda.
Además de este remedio tradicional, otras medidas preventivas incluyen:
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Utilizar guantes durante los meses fríos.
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Evitar cambios bruscos de temperatura.
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Mantener una buena hidratación de la piel.
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No acercar directamente manos o pies muy fríos a fuentes intensas de calor.
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Mantener una buena circulación mediante actividad física regular.
Un remedio tradicional con apio para los sabañones
Cuando los sabañones ya han aparecido, los antiguos manuales de remedios caseros recomendaban utilizar el caldo de cocción del apio.
El apio contiene vitaminas A, B y C, además de minerales como potasio, sodio, fósforo y calcio.
La vitamina A participa en los procesos de renovación de los tejidos y tradicionalmente se ha utilizado para favorecer la recuperación de la piel.
Preparación
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Cocer un buen manojo de apio en un litro de agua durante aproximadamente una hora.
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Filtrar y reservar el líquido de cocción.
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El apio cocido puede aprovecharse para consumo alimentario.
Aplicación
Calentar ligeramente el caldo y aplicarlo sobre la zona afectada mediante una gasa o algodón.
La aplicación puede realizarse dos o tres veces al día utilizando el líquido tan caliente como resulte confortable, evitando siempre quemaduras.
Tradicionalmente se ha utilizado hasta observar mejoría de la piel.
Cuándo consultar con un profesional
Aunque los sabañones suelen ser un problema leve, conviene consultar con un profesional sanitario si:
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Aparecen heridas abiertas.
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Existe supuración o signos de infección.
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El dolor es intenso.
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Los síntomas persisten varias semanas.
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Los sabañones aparecen repetidamente cada invierno.
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Existen problemas circulatorios previos o enfermedades autoinmunes.
En algunos casos los síntomas pueden confundirse con otras alteraciones de la circulación o de la piel que requieren una valoración adecuada.
Precauciones
Los remedios tradicionales pueden servir como apoyo, pero no sustituyen la valoración médica cuando existen complicaciones.
Si los sabañones presentan infección, ulceración importante o empeoran progresivamente, es necesario acudir a un profesional sanitario.
Un último consejo
Si eres una de esas personas que cada invierno acaba con las manos o los pies llenos de sabañones, merece la pena empezar a actuar antes de que aparezcan. Mantener una buena circulación, protegerse adecuadamente del frío y cuidar la piel desde los primeros días de bajas temperaturas suele dar mejores resultados que intentar solucionar el problema cuando ya está instaurado.
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