
La vitamina D, también denominada calciferol, es una vitamina liposoluble con una característica que la diferencia de la mayoría de las vitaminas: nuestro organismo puede producirla cuando la piel recibe una exposición adecuada a la radiación ultravioleta del sol.
Aunque existen diferentes compuestos con actividad vitamínica D, los dos más importantes son:
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Vitamina D2 o ergocalciferol.
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Vitamina D3 o colecalciferol.
Una vez dentro del organismo, la vitamina D se comporta más como un precursor hormonal que como una vitamina convencional. Para adquirir actividad biológica debe experimentar diferentes transformaciones, principalmente en el hígado y los riñones.
Su importancia va mucho más allá de los huesos: interviene en el metabolismo del calcio y el fósforo, la función muscular, el sistema nervioso, la respuesta inmunitaria y numerosos procesos celulares.
Propiedades de la vitamina D
Una de las funciones fundamentales de la vitamina D es favorecer la absorción intestinal del calcio y del fósforo y participar en la regulación de sus concentraciones en el organismo.
Para ello interviene en la producción de proteínas transportadoras que facilitan el paso del calcio desde el intestino hacia la sangre.
La vitamina D también participa, junto con la hormona paratiroidea (PTH) y la calcitonina, en el complejo sistema encargado de mantener la homeostasis del calcio.
Esto explica su enorme importancia para:
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Huesos y dientes.
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Contracción muscular.
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Transmisión nerviosa.
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Crecimiento.
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Mineralización ósea.
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Funcionamiento celular.
Además, existen receptores para la vitamina D en numerosos tejidos, lo que ayuda a comprender por qué actualmente sabemos que sus funciones son mucho más amplias que la prevención del raquitismo.
Beneficios de la vitamina D
Huesos y dientes
La vitamina D resulta imprescindible para mantener una correcta mineralización de los huesos.
Favorece la absorción intestinal de calcio y fósforo, dos minerales esenciales para la formación y mantenimiento del tejido óseo.
Una carencia mantenida puede provocar una mineralización deficiente, favoreciendo el raquitismo durante el crecimiento y la osteomalacia en los adultos.
También tiene especial importancia en la osteoporosis, donde unos niveles adecuados de vitamina D resultan necesarios para aprovechar correctamente el calcio.
Músculos
La vitamina D participa en el funcionamiento muscular.
El calcio es fundamental para la contracción de las fibras musculares y la vitamina D interviene precisamente en la regulación de este mineral.
Por ello, cuando existe una deficiencia importante pueden aparecer debilidad muscular, hipotonía, molestias y mayor dificultad funcional.
Sistema nervioso
Los niveles adecuados de calcio también son necesarios para la transmisión del impulso nervioso.
Al participar en la regulación del calcio, la vitamina D interviene indirectamente en el funcionamiento normal de nervios y músculos.
Sistema inmunitario
La vitamina D participa activamente en la regulación del sistema inmunitario.
Sus receptores se encuentran en diferentes células inmunitarias y participa tanto en la inmunidad innata como en la regulación de la respuesta inmunológica.
Esta relación ha despertado un enorme interés por su posible papel en la susceptibilidad a infecciones, inflamación y enfermedades autoinmunes.
Crecimiento y maduración celular
La vitamina D interviene en mecanismos relacionados con el crecimiento, diferenciación y maduración de las células.
Precisamente esta capacidad ha llevado a estudiar ampliamente su relación con diferentes procesos proliferativos y con determinados tipos de cáncer.
Vitamina D e insulina
La vitamina D también se relaciona con la función de las células beta pancreáticas y la secreción de insulina.
El calcio desempeña un papel importante en este proceso y, puesto que la vitamina D participa en su regulación, unos niveles adecuados forman parte del equilibrio metabólico.
La relación entre vitamina D, sensibilidad a la insulina y metabolismo de la glucosa continúa siendo una importante línea de investigación.
Vitamina D y magnesio
Hay un mineral que no deberíamos olvidar cuando hablamos de vitamina D: el magnesio.
La vitamina D que obtenemos mediante los alimentos, el sol o los complementos necesita ser transformada posteriormente hasta alcanzar sus formas metabólicamente activas.
El magnesio participa como cofactor en diferentes reacciones enzimáticas relacionadas con este metabolismo.
Por ello, no siempre tiene sentido valorar la vitamina D de manera completamente aislada. El metabolismo del calcio, fósforo, magnesio y vitamina D está estrechamente relacionado.
Una alimentación pobre en magnesio puede dificultar el funcionamiento adecuado de numerosos procesos metabólicos, incluidos aquellos relacionados con el metabolismo óseo.
Deficiencia de vitamina D
Una carencia importante y mantenida de vitamina D puede alterar especialmente la mineralización del esqueleto.
Entre sus manifestaciones podemos encontrar:
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Hipotonía y debilidad muscular.
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Dolor óseo, especialmente en extremidades, columna y pelvis.
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Mayor tendencia a las fracturas.
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Alteraciones en la mineralización dental.
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Debilidad de los huesos.
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Alteraciones del crecimiento.
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Osteomalacia en adultos.
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Raquitismo en niños.
En las deficiencias graves durante el crecimiento pueden aparecer deformaciones óseas como arqueamiento de las piernas, alteraciones de la columna y deformidades del tórax y del cráneo.
Raquitismo y vitamina D
El raquitismo es una alteración de la mineralización del hueso durante la infancia.
Cuando existe una deficiencia importante de vitamina D, calcio o fósforo, el hueso en crecimiento no puede mineralizarse correctamente y puede volverse más blando y deformable.
La relación entre la luz solar y el raquitismo fue precisamente una de las claves que permitió descubrir la importancia de la vitamina D.
La exposición de la piel a la radiación UVB transforma el 7-dehidrocolesterol presente en ella en previtamina D3, que posteriormente dará lugar a vitamina D3.
Osteomalacia
La osteomalacia podría considerarse el equivalente adulto del raquitismo.
Se caracteriza por una mineralización deficiente del hueso y puede producir:
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Dolor óseo.
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Debilidad muscular.
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Mayor susceptibilidad a fracturas.
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Dificultades para caminar.
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Molestias especialmente localizadas en pelvis, caderas y extremidades.
Una deficiencia de vitamina D es una de sus posibles causas.
Osteoporosis
La osteoporosis se caracteriza por una reducción de la resistencia ósea y un aumento del riesgo de fracturas.
Aunque intervienen numerosos factores, la vitamina D es especialmente importante porque una cantidad insuficiente reduce la absorción intestinal de calcio.
Por eso resulta especialmente relevante mantener un buen estado de vitamina D durante el envejecimiento y después de la menopausia.
¿Quién puede necesitar más vitamina D?
Hay situaciones en las que aumenta la posibilidad de presentar niveles insuficientes:
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Personas con muy poca exposición solar.
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Personas mayores.
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Personas con piel muy pigmentada.
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Personas que pasan la mayor parte del día en interiores.
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Personas que trabajan de noche.
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Personas con problemas de absorción intestinal.
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Personas con malabsorción de grasas.
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Enfermedad de Crohn.
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Enfermedad celíaca.
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Fibrosis quística.
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Insuficiencia pancreática.
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Algunas enfermedades hepáticas.
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Alteraciones renales que dificultan su activación.
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Determinadas cirugías digestivas.
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Consumo prolongado de algunos medicamentos, entre ellos determinados anticonvulsivos y corticoides.
Con la edad, además, la capacidad de la piel para producir vitamina D disminuye y los riñones pueden ser menos eficientes en su transformación a la forma activa.
Vitamina D y corticoides
Los tratamientos prolongados con corticoides pueden afectar negativamente al metabolismo óseo.
Entre otros mecanismos, pueden reducir la absorción intestinal de calcio e interferir en diferentes aspectos del metabolismo de la vitamina D, aumentando con ello el riesgo de pérdida de masa ósea.
Por esta razón, el estado de vitamina D y la salud ósea adquieren especial importancia en tratamientos prolongados con estos medicamentos.
Vitamina D y enfermedades autoinmunes
La presencia de receptores de vitamina D en diferentes células del sistema inmunitario ha despertado especial interés por su relación con las enfermedades autoinmunes.
La vitamina D participa en la modulación de la respuesta inmunitaria y se investigan sus relaciones con diferentes procesos inflamatorios y autoinmunes, entre ellos artritis reumatoide, esclerosis múltiple y otras alteraciones inmunitarias.
Vitamina D y cáncer
La vitamina D participa en procesos relacionados con la proliferación, diferenciación y muerte celular programada.
Por ello se lleva décadas estudiando su posible relación con diferentes tipos de cáncer, especialmente de colon, mama y próstata.
Esta es una de las áreas de investigación más amplias relacionadas con la vitamina D, aunque no debemos confundir el mantenimiento de unos niveles adecuados con utilizar grandes dosis de vitamina D como tratamiento de un cáncer.
Vitamina D y salud cardiovascular
También se ha investigado la relación entre niveles bajos de vitamina D y diferentes alteraciones cardiovasculares.
La vitamina D participa en numerosos mecanismos relacionados con la función vascular, la inflamación y el metabolismo mineral.
Esto no significa que cuanto más alta sea la vitamina D mejor: como ocurre con otros nutrientes, necesitamos niveles adecuados, ya que tanto la deficiencia como el exceso pueden resultar problemáticos.
Fuentes de vitamina D
Podemos obtener vitamina D mediante la exposición solar y determinados alimentos.
Entre sus principales fuentes alimentarias encontramos:
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Pescados grasos como salmón, sardina, caballa y arenque.
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Aceite de hígado de bacalao.
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Hígado.
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Yema de huevo.
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Algunos lácteos y alimentos enriquecidos.
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Determinadas setas, especialmente cuando han estado expuestas a radiación ultravioleta.
Los pescados grasos constituyen una de las fuentes alimentarias naturales más interesantes.
Vitamina D y exposición al sol
Nuestra piel puede fabricar vitamina D cuando recibe radiación UVB.
Sin embargo, no existe un número de minutos de exposición solar que pueda recomendarse de manera idéntica para todo el mundo.
La producción depende de muchos factores:
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Hora del día.
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Estación del año.
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Latitud.
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Edad.
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Pigmentación de la piel.
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Superficie corporal expuesta.
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Ropa.
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Uso de protección solar.
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Condiciones atmosféricas.
Por eso dos personas que permanecen el mismo tiempo al sol pueden producir cantidades muy diferentes de vitamina D.
Vitamina D2 y vitamina D3
En complementos alimenticios podemos encontrar principalmente dos formas.
Vitamina D2 o ergocalciferol
Procede fundamentalmente de fuentes fúngicas y vegetales y también puede utilizarse para enriquecer alimentos o elaborar complementos.
Vitamina D3 o colecalciferol
Es la misma forma de vitamina D que se produce en nuestra piel después de la exposición solar.
Tradicionalmente se obtiene de fuentes animales, aunque actualmente también existe vitamina D3 procedente de líquenes, adecuada para personas que siguen una alimentación vegana.
La vitamina D3 suele mostrar una mayor capacidad para mantener las concentraciones sanguíneas de 25-hidroxivitamina D, por lo que es la forma más habitual en numerosos complementos nutricionales.
Vitamina D y aceite de hígado de bacalao
El aceite de hígado de bacalao constituye una fuente tradicional de vitamina D y además aporta vitamina A y ácidos grasos omega 3.
Precisamente porque contiene varios nutrientes liposolubles, cuando se utiliza de manera habitual hay que tener en cuenta la cantidad total de vitaminas A y D que estamos aportando y evitar acumular innecesariamente diferentes complementos que las contengan.
Contraindicaciones de la vitamina D
La vitamina D es liposoluble y, a diferencia de muchas vitaminas hidrosolubles, puede acumularse en el organismo.
La toxicidad aparece fundamentalmente por un consumo excesivo de complementos de vitamina D, no por la exposición normal al sol.
Un exceso mantenido puede provocar hipercalcemia, es decir, una concentración excesivamente elevada de calcio en sangre.
Entre sus posibles síntomas encontramos:
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Sed excesiva.
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Micción frecuente.
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Náuseas.
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Vómitos.
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Pérdida de apetito.
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Estreñimiento.
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Debilidad muscular.
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Confusión.
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Letargo.
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Dolor abdominal.
Cuando la situación se mantiene, el exceso de calcio puede favorecer la aparición de cálculos renales, daño renal y calcificación de tejidos blandos.
Por esta razón, las dosis elevadas de vitamina D no deberían mantenerse durante largos periodos sin conocer previamente las necesidades reales.
Vitamina D: una vitamina que funciona como hormona
Durante muchos años se relacionó la vitamina D casi exclusivamente con los huesos y el raquitismo.
Hoy sabemos que su campo de actuación es muchísimo más amplio.
Participa en el metabolismo del calcio y el fósforo, la función muscular y nerviosa, la inmunidad, la maduración celular y diferentes mecanismos metabólicos.
Y precisamente porque interviene en tantos procesos, el objetivo no debería ser tomar cantidades cada vez mayores, sino mantener unos niveles adecuados y un metabolismo equilibrado de vitamina D, calcio, fósforo y magnesio.


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