Aprende cómo almacenar los vegetales en casa para que duren más

Comprar buenas frutas y verduras y descubrir pocos días después que tenemos la lechuga mustia, las zanahorias blandas o un manojo de hierbas convertido en una masa irreconocible da bastante rabia.

Y muchas veces no es porque el alimento estuviera en malas condiciones, sino porque no todas las verduras se conservan igual.

Algunas necesitan frío, otras detestan la humedad, las hortalizas de raíz agradecen una humedad relativamente alta y otras, como las patatas, cebollas o ajos, prefieren precisamente lo contrario: oscuridad, ventilación y un ambiente seco.

Son pequeños trucos que parecen una tontería, pero consiguen que la compra dure más, desperdiciemos menos alimentos y tengamos las verduras frescas y crujientes durante más tiempo.

Cómo conservar verduras y hortalizas

Alcachofas. Se conservan mejor en la nevera, sin lavar hasta el momento de utilizarlas. Podemos guardarlas dentro de una bolsa o recipiente que evite que pierdan demasiada humedad, pero sin dejarlas empapadas.

Espárragos. Uno de mis métodos favoritos es tratarlos casi como si fueran flores. Cortamos ligeramente la base y colocamos los tallos verticales en un vaso o tarro con unos centímetros de agua. Los guardamos en la nevera y podemos cubrirlos holgadamente con una bolsa. También pueden conservarse envueltos en un paño ligeramente húmedo.

Aguacates. Si todavía están duros, los dejamos madurar a temperatura ambiente. Para acelerar el proceso podemos introducirlos en una bolsa de papel junto a una manzana o un plátano, que liberan etileno. Una vez maduros, podemos pasarlos a la nevera para ganar algunos días.

Rúcula. La humedad excesiva la estropea rápidamente. Si la lavamos antes de guardarla, hay que secarla muy bien. Después puede conservarse refrigerada en un recipiente con papel absorbente para recoger la humedad que vaya apareciendo.

Albahaca. Es bastante delicada y el frío puede ennegrecer sus hojas. Si está fresca y conserva los tallos, podemos colocarla como un pequeño ramo en un vaso con agua, fuera de la luz directa y en un lugar fresco. Conviene cambiar el agua periódicamente.

Remolacha. Si viene con hojas, las cortamos dejando un pequeño fragmento de tallo y las guardamos aparte, porque las hojas continúan extrayendo agua de la raíz. La remolacha se conserva refrigerada y las hojas también se pueden comer.

Brócoli. Necesita frío. Lo guardaremos en el cajón de las verduras, preferiblemente sin lavar y evitando que quede encerrado con demasiada humedad. Es una verdura que merece la pena consumir bastante pronto.

Coles de Bruselas. Si vienen todavía unidas al tallo, podemos conservarlas así hasta utilizarlas. Si están sueltas, van directamente a la nevera en un recipiente o bolsa que permita cierta ventilación.

Repollo, lombarda y otras coles. Aguantan estupendamente en el cajón de las verduras. Es mejor mantener la pieza entera y retirar únicamente las hojas exteriores que se hayan deteriorado. Una col entera dura mucho más que una ya cortada.

Zanahorias. Si vienen con hojas, hay que retirarlas porque aceleran la pérdida de agua de la raíz. Después las guardamos en la nevera dentro de un recipiente o bolsa. Una humedad elevada ayuda a que no se vuelvan blandas, pero no necesitan estar permanentemente mojadas.

Coliflor. Refrigerada y sin lavar hasta que vayamos a utilizarla. Podemos mantenerla en una bolsa ligeramente abierta o recipiente que evite la acumulación de condensación.

Nabos y chirivías. Como las zanahorias, agradecen el frío y una humedad relativamente elevada. Si llevan hojas, las retiramos antes de guardarlos.

Maíz. Aquí no hay demasiado truco: cuanto antes lo comamos, mejor. Después de la cosecha va perdiendo rápidamente parte de las características que hacen tan agradable una mazorca fresca. Lo conservaremos sin desgranar y refrigerado hasta cocinarlo.

Pepinos. Se conservan en la nevera, procurando que no estén en la zona más fría. Si los vamos a consumir inmediatamente pueden permanecer unas horas o un día en un lugar fresco, pero para varios días es preferible refrigerarlos.

Apio. Un truco estupendo es envolverlo bien en papel de aluminio y guardarlo en la nevera. También podemos cortar los tallos y conservarlos refrigerados en un recipiente con agua, cambiándola periódicamente.

Berenjenas. Son sensibles tanto al frío intenso como a los golpes. Si vamos a utilizarlas pronto pueden permanecer en un lugar fresco; para conservarlas durante más tiempo utilizaremos el cajón de las verduras. Mejor no lavarlas hasta el momento de cocinarlas.

Habas. Las vainas frescas deben mantenerse refrigeradas. Es preferible desgranarlas cuando vayamos a utilizarlas para proteger mejor las semillas.

Hinojo. Lo guardamos en el cajón de las verduras, entero y sin lavar. Si conserva las hojas podemos separarlas y utilizarlas como hierba aromática.

Ajo. Necesita justamente lo contrario que muchas verduras: lugar seco, oscuro y bien ventilado. No lo encerraría en plástico.

Ajo verde. Al ser tierno contiene mucha más humedad que el ajo seco y por eso lo conservaremos en la nevera.

Vegetales de hoja verde. Espinacas, acelgas, kale y otras hojas necesitan frío. Quitamos gomas y ataduras, eliminamos las hojas deterioradas y las guardamos bien secas en un recipiente con papel o paño absorbente. La clave es mantenerlas frescas sin dejarlas empapadas.

Judías verdes. Mejor refrigeradas, sin lavar y protegidas de la deshidratación. La humedad excesiva también puede favorecer su deterioro, así que no deben quedar mojadas dentro de la bolsa.

Tomates verdes. Si queremos que maduren, los dejamos a temperatura ambiente. Si queremos retrasar la maduración, buscamos el lugar más fresco de la casa y los mantenemos alejados del sol.

Hierbas aromáticas. No todas se comportan igual. Perejil y cilantro pueden conservarse como un ramo en un recipiente con un poco de agua dentro de la nevera. Otras hierbas pueden guardarse envueltas en papel ligeramente húmedo. La albahaca, como hemos visto, prefiere temperaturas menos frías.

Lechuga. Fría sí; empapada, no. Si la lavamos, hay que secarla concienzudamente antes de guardarla. Un recipiente cerrado con papel absorbente ayuda muchísimo a mantener las hojas crujientes.

Puerros. Al cajón de las verduras, preferentemente sin lavar. Podemos envolverlos ligeramente para evitar que pierdan humedad y que su aroma se extienda por toda la nevera.

Cebollas. Lugar fresco, oscuro, seco y ventilado. No debemos amontonarlas ni encerrarlas en una bolsa de plástico. Y hay otro detalle importante: mejor separarlas de las patatas, porque almacenarlas juntas favorece que ambas se deterioren antes.

Setas y champiñones. Necesitan frío pero no les gusta quedar encerrados con condensación. Una bolsa de papel o un envase transpirable dentro de la nevera funciona mejor que una bolsa hermética de plástico. Los lavaremos justo antes de utilizarlos.

Pimientos. Los guardamos secos y sin lavar en el cajón de las verduras. Si tenemos demasiados, se pueden congelar perfectamente: lavamos, secamos, retiramos semillas y pedúnculo, cortamos y congelamos en porciones.

Patatas. Como ajos y cebollas, necesitan oscuridad, ventilación y un lugar fresco y seco. Una caja ventilada, cesta o bolsa de papel funciona bien. La luz favorece que reverdezcan y desarrollen mayor cantidad de glicoalcaloides, por lo que las patatas verdes no deben consumirse alegremente como si no hubiera ocurrido nada.

Rábanos. Si conservan las hojas, las retiramos y las guardamos aparte. Después refrigeramos los rábanos protegidos para que no pierdan humedad.

Ruibarbo. Se conserva en la nevera, envuelto o dentro de una bolsa. Y recordemos que del ruibarbo utilizamos los tallos; las hojas no son comestibles por su elevado contenido en oxalatos y otros compuestos.

Guisantes frescos. Conviene mantenerlos refrigerados y consumirlos pronto. Al igual que ocurre con el maíz, su calidad disminuye con el almacenamiento.

Espinacas. Cuanto antes lleguen al frío, mejor. Son bastante perecederas. Las guardaremos secas, retirando las hojas estropeadas y utilizando papel absorbente si es necesario.

Cebolletas. Quitamos las gomas que puedan comprimirlas y las conservamos en la nevera. También podemos mantener las raíces en una pequeña cantidad de agua durante un periodo corto.

Brotes y germinados. Son probablemente el grupo de esta lista con el que más cuidado debemos tener. Necesitan refrigeración continua y es preferible consumirlos muy frescos. Su combinación de humedad, nutrientes y condiciones de germinación también favorece el crecimiento microbiano, por lo que no intentaría alargar su conservación durante diez o catorce días.

Calabaza de verano y calabacín. Enteros se conservan en el cajón de las verduras. No los lavamos hasta utilizarlos. Una vez cortados, deben guardarse tapados en la nevera y consumirse pronto.

Boniatos o batatas. Igual que las patatas, prefieren un lugar oscuro, seco y ventilado. El frigorífico no es su mejor lugar mientras están enteros y crudos.

Tomates. Si todavía tienen que madurar, los dejamos a temperatura ambiente y fuera del sol directo. Una vez maduros, lo ideal es consumirlos pronto. Si necesitamos conservarlos más días podemos refrigerarlos y sacarlos con antelación antes de comerlos, porque a temperatura ambiente recuperan mejor aroma y sabor.

Calabaza de invierno. Entera puede durar muchísimo tiempo en un lugar fresco, seco, oscuro y ventilado. Una vez abierta cambia completamente la historia: hay que refrigerarla, proteger la superficie cortada y consumirla en los días siguientes.

Tres reglas que solucionan casi todo

Aunque parezca imposible acordarse de cómo guardar tantas verduras, en realidad podemos resumir buena parte de esta lista en tres ideas.

Las hojas, crucíferas y verduras tiernas suelen necesitar refrigeración y protección frente a la pérdida de agua, pero sin permanecer mojadas.

Las patatas, boniatos, cebollas y ajos prefieren lugares oscuros, secos y ventilados.

Y los productos que todavía necesitan madurar, como aguacates y tomates, pueden permanecer a temperatura ambiente hasta alcanzar el punto que buscamos.

Después está el sentido común: comprar cantidades que realmente vayamos a consumir, colocar delante lo que lleva más tiempo en casa y revisar el cajón de las verduras antes de volver a llenar la nevera.

Parece poca cosa, pero conservar correctamente los vegetales significa tirar menos comida, ahorrar dinero y tener alimentos frescos disponibles cuando queremos cocinar.

Y eso también forma parte de comer bien.

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