
Las enzimas digestivas son sustancias que permiten descomponer los alimentos que comemos en partículas suficientemente pequeñas para que nuestro intestino pueda absorberlas.
Porque nosotros comemos alimentos, pero nuestro cuerpo no absorbe directamente un filete, unas lentejas o una cucharada de aceite.
Necesita desmontarlos primero.
Las proteínas deben dividirse en aminoácidos y pequeños péptidos.
Los hidratos de carbono deben transformarse principalmente en azúcares simples.
Las grasas necesitan dividirse en ácidos grasos y monoglicéridos para poder ser absorbidas correctamente.
Y aquí entran en juego las enzimas digestivas.
Podemos imaginarlas como unas pequeñas tijeras químicas que van cortando las moléculas grandes de los alimentos hasta convertirlas en piezas que nuestro organismo pueda aprovechar.
¿Qué son las enzimas digestivas?
Las enzimas son catalizadores.
Esto significa que permiten que determinadas reacciones químicas se produzcan mucho más rápidamente.
Nuestro cuerpo fabrica miles de enzimas diferentes y prácticamente todos nuestros procesos metabólicos dependen de ellas.
Dentro del aparato digestivo encontramos enzimas especializadas en diferentes nutrientes.
Las más conocidas son:
-
Proteasas, que digieren proteínas.
-
Amilasas, que digieren almidones e hidratos de carbono.
-
Lipasas, que digieren grasas.
Pero existen muchas más.
Entre ellas:
-
Lactasa.
-
Alfa-galactosidasa.
-
Maltasa.
-
Sacarasa.
-
Pepsina.
-
Tripsina.
-
Quimotripsina.
-
Peptidasas.
Cada una trabaja sobre determinadas moléculas.
Por eso no tiene mucho sentido hablar simplemente de “tomar enzimas” sin preguntarnos primero qué alimento queremos digerir y qué parte de la digestión está fallando.
La digestión empieza en la boca
Tenemos la costumbre de pensar que la digestión empieza en el estómago.
En realidad comienza antes.
Empieza prácticamente cuando vemos, olemos o pensamos en comida.
Nuestro sistema nervioso prepara el aparato digestivo para recibirla.
Aumenta la producción de saliva y se ponen en marcha diferentes secreciones digestivas.
Y cuando el alimento entra en nuestra boca comienza ya la digestión química.
La saliva contiene amilasa salival, una enzima que empieza a romper el almidón.
Por eso siempre insisto tanto en algo tan sencillo como:
masticar bien.
Cuanto mejor trituramos la comida, mayor superficie dejamos disponible para que puedan trabajar posteriormente las enzimas.
Además, al mezclar el alimento correctamente con la saliva empezamos la digestión de los hidratos de carbono antes incluso de tragarlos.
¿Qué ocurre con las grasas en la boca?
También existe una lipasa lingual, relacionada con la digestión inicial de las grasas.
Sin embargo, la mayor parte de la digestión de los lípidos se producirá posteriormente gracias principalmente a la lipasa pancreática.
La boca inicia el proceso.
El estómago y, sobre todo, el intestino delgado lo continúan.
El estómago y la digestión de las proteínas
Una vez que tragamos, el alimento llega al estómago.
Aquí aparece un elemento fundamental:
el ácido clorhídrico.
El ácido del estómago ayuda a desnaturalizar las proteínas.
Podemos imaginarnos una proteína como un ovillo muy complejo.
El ácido ayuda a desplegar ese ovillo para que las enzimas puedan acceder mejor a él.
Además, el medio ácido permite activar la pepsina, una importante enzima encargada de empezar a cortar las proteínas.
La pepsina se fabrica inicialmente en forma de pepsinógeno, una forma inactiva.
Cuando entra en contacto con el medio ácido se activa y empieza a trabajar.
Por eso ácido estomacal y enzimas digestivas no funcionan de forma completamente independiente.
Forman parte del mismo proceso.
Hipoclorhidria y digestión
Cuando existe una producción insuficiente de ácido clorhídrico hablamos de hipoclorhidria.
Esto puede afectar especialmente a la digestión de las proteínas.
Y puede provocar síntomas como:
-
Pesadez después de comer.
-
Digestiones lentas.
-
Sensación de comida parada en el estómago.
-
Eructos.
-
Hinchazón.
-
Saciedad muy rápida.
Además, una acidez adecuada ayuda también a preparar el alimento para la siguiente etapa de la digestión.
Por eso, en algunas personas, el problema no está únicamente en que falten enzimas pancreáticas.
Puede empezar un paso antes.
El páncreas: nuestra gran fábrica de enzimas digestivas
Cuando el alimento parcialmente digerido sale del estómago y llega al duodeno, entra en escena el páncreas.
El páncreas tiene dos grandes trabajos.
Por un lado funciona como glándula endocrina y fabrica hormonas como:
-
Insulina.
-
Glucagón.
Pero también funciona como glándula exocrina.
En esta función produce un jugo digestivo cargado de enzimas que se libera directamente al intestino.
Entre ellas encontramos:
-
Amilasa pancreática.
-
Lipasa pancreática.
-
Tripsina.
-
Quimotripsina.
-
Carboxipeptidasas.
El páncreas proporciona así buena parte de la maquinaria necesaria para terminar de desmontar nuestra comida.
¿Por qué el páncreas no se digiere a sí mismo?
Esta es una de esas curiosidades que merece la pena saber.
El páncreas fabrica algunas de sus enzimas proteolíticas en formas inactivas.
Por ejemplo:
-
Tripsinógeno.
-
Quimotripsinógeno.
Si fabricara directamente grandes cantidades de enzimas activas capaces de destruir proteínas dentro del propio páncreas, podría dañarse a sí mismo.
Por eso las envía al intestino en estado inactivo.
Una vez allí, el tripsinógeno se transforma en tripsina.
Y la tripsina activa después otras enzimas.
Es un pequeño sistema de seguridad para que las tijeras empiecen a cortar donde deben hacerlo.
El intestino delgado termina el trabajo
Todavía queda una última fase.
La superficie del intestino delgado está cubierta de unas estructuras microscópicas llamadas microvellosidades.
Forman lo que se denomina borde en cepillo.
En esa superficie encontramos más enzimas.
Entre ellas:
-
Lactasa.
-
Sacarasa.
-
Maltasa.
-
Peptidasas.
Estas enzimas realizan muchos de los últimos cortes necesarios antes de absorber los nutrientes.
Por eso podemos tener una digestión pancreática razonablemente buena y, sin embargo, tener problemas con una enzima concreta del borde intestinal.
El ejemplo perfecto es la lactasa.
Lactasa y lactosa
La lactosa es el azúcar natural de la leche.
Para absorberla necesitamos dividirla en:
-
Glucosa.
-
Galactosa.
Esta tarea la realiza la lactasa.
Cuando producimos poca lactasa, parte de la lactosa llega sin digerir al colon.
Allí las bacterias intestinales la fermentan y pueden aparecer:
-
Gases.
-
Hinchazón.
-
Dolor abdominal.
-
Diarrea.
Por eso un suplemento de lactasa debe tomarse junto con el alimento que contiene lactosa.
Tomarla por la mañana y beber leche seis horas después tendría poco sentido.
La enzima y el alimento necesitan coincidir.
Alfa-galactosidasa para legumbres y algunas verduras
Aquí existe otra enzima especialmente interesante.
Las legumbres contienen unos hidratos de carbono llamados oligosacáridos, entre ellos:
-
Rafinosa.
-
Estaquiosa.
Nuestro intestino tiene dificultad para digerirlos.
Por eso llegan al colon, donde las bacterias los fermentan.
Y eso explica buena parte de los famosos gases de:
-
Lentejas.
-
Garbanzos.
-
Judías.
-
Algunas verduras.
Para estos hidratos concretos la enzima interesante no es tanto la amilasa como la alfa-galactosidasa.
Tomada junto con la comida ayuda a romper estos oligosacáridos antes de que lleguen al colon.
Esta es una buena demostración de por qué conviene saber qué enzima necesitamos en lugar de utilizar cualquier fórmula indiscriminadamente.
Proteasas: las enzimas que digieren proteínas
Las proteasas rompen las proteínas en fragmentos cada vez más pequeños.
Dentro de nuestra digestión encontramos diferentes proteasas.
Por ejemplo:
Pepsina
Trabaja principalmente en el estómago y necesita un medio ácido.
Tripsina y quimotripsina
Proceden del páncreas y trabajan principalmente en el intestino delgado.
Peptidasas intestinales
Terminan de dividir pequeños fragmentos de proteínas hasta obtener aminoácidos y péptidos suficientemente pequeños para poder absorberlos.
Las proteasas resultan especialmente interesantes cuando las comidas ricas en proteínas producen:
-
Pesadez.
-
Llenura.
-
Digestión lenta.
-
Sensación de comida retenida.
Inhibidores de ácido y digestión de proteínas
Los medicamentos que disminuyen la producción de ácido gástrico, como:
-
Omeprazol.
-
Esomeprazol.
-
Otros inhibidores de la bomba de protones.
modifican el entorno ácido del estómago.
Y esto puede influir en la primera fase de digestión de las proteínas, porque la pepsina necesita precisamente un medio ácido para trabajar correctamente.
Esto no significa que todas las personas que toman omeprazol necesiten automáticamente enzimas.
Pero sí merece la pena entender la conexión:
menos ácido → menor activación de pepsina → diferente digestión gástrica de las proteínas.
Amilasa: la enzima de los almidones
La amilasa participa principalmente en la digestión del almidón.
La encontramos tanto:
-
En la saliva.
-
Como en las secreciones pancreáticas.
Actúa sobre alimentos como:
-
Patata.
-
Arroz.
-
Pan.
-
Pasta.
-
Cereales.
-
Tubérculos.
Va rompiendo las grandes cadenas de almidón en moléculas progresivamente más pequeñas.
Posteriormente las enzimas del borde intestinal terminan el proceso hasta obtener principalmente glucosa.
Lipasa: la enzima que digiere las grasas
La lipasa pancreática es una de las enzimas más importantes para la digestión de las grasas.
Su misión principal es romper los triglicéridos de los alimentos.
Pero aquí aparece otro protagonista imprescindible:
la bilis.
La lipasa no trabaja sola.
Bilis y lipasa: un trabajo en equipo
Las grasas no se mezclan bien con el agua.
Nuestro intestino, sin embargo, es un medio fundamentalmente acuoso.
¿Cómo resolvemos esto?
Con la bilis.
La bilis se fabrica en el hígado y se almacena normalmente en la vesícula biliar.
Cuando comemos grasas, la vesícula libera bilis hacia el intestino.
Las sales biliares ayudan a emulsionar la grasa.
Es decir, dividen grandes gotas grasas en partículas muchísimo más pequeñas.
Así aumentan enormemente la superficie disponible para que pueda trabajar la lipasa.
Podemos imaginarlo de esta manera:
la bilis prepara el terreno y la lipasa hace el corte.
¿Qué ocurre después de una cirugía de vesícula?
Cuando una persona ya no tiene vesícula biliar, el hígado continúa fabricando bilis.
Lo que desaparece es el depósito que la almacenaba y concentraba.
La bilis pasa entonces de una forma más continua hacia el intestino.
Muchas personas digieren perfectamente las grasas después de una colecistectomía.
Pero otras pueden notar durante un tiempo:
-
Pesadez.
-
Diarrea.
-
Molestias después de comidas muy grasas.
-
Dificultad para tolerar grandes cantidades de grasa de una sola vez.
En estos casos merece la pena valorar toda la digestión de las grasas y no pensar únicamente en la lipasa.
Las vitaminas A, D, E y K también dependen de una buena digestión de las grasas
Las vitaminas:
-
A.
-
D.
-
E.
-
K.
son liposolubles.
Esto significa que su absorción está relacionada con la digestión de las grasas.
Cuando existe una insuficiencia pancreática importante y no digerimos correctamente los lípidos, también puede verse afectada la absorción de estas vitaminas.
Por eso una mala digestión no siempre se manifiesta únicamente como gases o hinchazón.
Si el problema es importante puede terminar afectando al estado nutricional.
¿Por qué podemos producir pocas enzimas digestivas?
Hay situaciones muy diferentes.
En algunos casos existe una verdadera enfermedad que disminuye la producción de enzimas pancreáticas.
Entre ellas:
-
Pancreatitis crónica.
-
Fibrosis quística.
-
Determinadas enfermedades pancreáticas.
-
Cáncer de páncreas.
-
Cirugía pancreática.
-
Obstrucciones del conducto pancreático.
También pueden aparecer problemas digestivos asociados a enfermedades intestinales como:
-
Celiaquía.
-
Enfermedad de Crohn.
Y existe una relación entre diabetes y función pancreática exocrina que resulta especialmente interesante, porque solemos pensar únicamente en el páncreas como productor de insulina y olvidamos su enorme trabajo digestivo.
Insuficiencia pancreática exocrina
Cuando el páncreas no produce o no libera suficientes enzimas digestivas para digerir adecuadamente la comida hablamos de insuficiencia pancreática exocrina.
En estas personas puede producirse una auténtica malabsorción.
No basta con comer bien.
Si no podemos digerir correctamente los alimentos, tampoco podemos absorber todo lo que contienen.
Esto puede afectar a:
-
Grasas.
-
Proteínas.
-
Vitaminas liposolubles.
-
Estado nutricional.
-
Peso corporal.
La prueba de elastasa fecal es una de las pruebas más utilizadas para valorar esta función pancreática.
Síntomas que pueden hacernos pensar en una mala digestión
Los síntomas dependen de qué parte del proceso esté alterada.
Pueden aparecer:
-
Gases después de comer.
-
Hinchazón.
-
Digestiones pesadas.
-
Sensación de comida en el estómago durante horas.
-
Saciedad demasiado rápida.
-
Eructos.
-
Diarrea.
-
Heces grasas.
-
Restos de alimentos visibles.
-
Pérdida de peso sin explicación.
-
Mala tolerancia a las comidas grasas.
Las heces especialmente:
-
Grasientas.
-
Pálidas.
-
Pegajosas.
-
Malolientes.
-
Difíciles de limpiar.
pueden hacernos pensar en una mala digestión o absorción de las grasas.
¿Y las heces que flotan?
Que una deposición flote alguna vez no significa automáticamente que tengamos insuficiencia pancreática.
Puede hacerlo simplemente porque contiene más gas.
Pero cuando las heces flotantes aparecen continuamente y además son:
-
Grasientas.
-
Malolientes.
-
Voluminosas.
-
Difíciles de eliminar del inodoro.
entonces sí merece la pena estudiar cómo estamos digiriendo y absorbiendo las grasas.
Estrés y digestión
Esta parte para mí es fundamental.
Podemos comer el alimento más sano del mundo y aun así digerirlo fatal si comemos continuamente:
-
Corriendo.
-
Discutiendo.
-
Trabajando.
-
Mirando el teléfono.
-
Con ansiedad.
-
Sin apenas masticar.
Nuestro aparato digestivo está estrechamente conectado con el sistema nervioso autónomo.
Cuando estamos en una respuesta de alerta intensa predomina la actividad simpática.
Nuestro organismo prioriza entonces aquello que considera urgente.
En cambio, durante estados de calma aumenta la actividad parasimpática, especialmente la relacionada con el nervio vago.
Y ahí funcionan mucho mejor:
-
Salivación.
-
Secreciones digestivas.
-
Motilidad.
-
Procesos de digestión.
De ahí la antigua expresión de “descansar y digerir”.
No es simplemente una frase bonita.
Describe dos estados fisiológicos diferentes.
Comer tranquilo también forma parte de la digestión
Muchas veces buscamos un suplemento complicadísimo cuando habría que empezar por algo mucho más básico.
Sentarnos.
Masticar.
Comer despacio.
No tragarnos la comida en diez minutos.
Y permitir al organismo cambiar de marcha.
Después de comer tampoco necesitamos salir corriendo inmediatamente a solucionar veinte problemas.
Una sobremesa tranquila o incluso esa maravillosa costumbre española de descansar después de comer puede sentarnos bastante mejor que seguir funcionando como si acabáramos de salir de una persecución.
Edad y producción digestiva
La digestión también puede cambiar con la edad.
No significa que cumplir años nos condene a producir pocas enzimas.
Pero pueden aparecer modificaciones en:
-
Acidez gástrica.
-
Motilidad.
-
Medicación.
-
Salud pancreática.
-
Microbiota.
-
Capacidad de absorción.
Por eso una comida que a los 25 años podíamos digerir sin pensar puede sentarnos muy diferente décadas después.
Intestino inflamado y enzimas del borde en cepillo
Hay otro detalle especialmente interesante.
Algunas enzimas no proceden del páncreas.
Se encuentran directamente en las células intestinales.
La lactasa, por ejemplo, está situada en el borde en cepillo de los enterocitos.
Si la mucosa intestinal está dañada puede disminuir temporalmente la cantidad de algunas de estas enzimas.
Esto explica por qué determinadas personas pueden desarrollar una intolerancia secundaria a la lactosa después de:
-
Gastroenteritis.
-
Daño intestinal.
-
Celiaquía activa.
-
Otros procesos que afectan a la mucosa.
En estos casos no necesariamente existe un problema de lactasa de toda la vida.
Puede aparecer porque el tejido que la produce está alterado.
¿Cómo podemos mejorar nuestra digestión?
Antes de pensar solamente en suplementos conviene revisar todo el proceso.
Masticar
Probablemente sea la herramienta digestiva más barata que tenemos.
Trituramos físicamente la comida y la mezclamos con saliva.
Comer sin prisas
El sistema digestivo funciona mejor cuando dispone de tiempo y estamos en un estado de mayor relajación.
Revisar qué alimentos nos sientan mal
No todo el mundo necesita eliminar los mismos alimentos.
Puede ser mucho más útil observar qué ocurre específicamente con:
-
Lácteos.
-
Legumbres.
-
Comidas grasas.
-
Grandes cantidades de proteína.
-
Determinados cereales.
-
Alimentos fermentables.
Cuidar la microbiota
Las bacterias intestinales participan en el aprovechamiento de componentes de nuestra dieta que nosotros mismos no podemos digerir.
Fibra y otros carbohidratos llegan al colon y allí son fermentados por nuestra microbiota.
De esta fermentación obtenemos, entre otras sustancias, ácidos grasos de cadena corta que tienen funciones importantes en el intestino.
Revisar la acidez gástrica
Si las digestiones de proteína son especialmente pesadas, la primera parte del proceso merece atención.
Valorar páncreas, bilis e intestino
Sobre todo cuando aparecen signos claros de mala absorción.
¿Cuándo pueden resultar útiles los suplementos de enzimas digestivas?
Depende muchísimo del problema.
Existen suplementos muy diferentes.
Algunos contienen mezclas de:
-
Proteasa.
-
Amilasa.
-
Lipasa.
Otros añaden:
-
Lactasa.
-
Alfa-galactosidasa.
-
Bromelina.
-
Papaína.
-
Celulasa.
Y también existen preparados específicos de enzimas pancreáticas utilizados cuando existe una insuficiencia pancreática real.
La suplementación enzimática puede resultar muy útil en contextos tan diferentes como intolerancia a la lactosa e insuficiencia pancreática, pero la enzima, la cantidad y el momento deben corresponder al problema que queremos resolver.
Enzimas digestivas vegetales y microbianas
No todas las enzimas utilizadas en complementos proceden de animales.
Encontramos enzimas obtenidas de:
-
Hongos.
-
Bacterias.
-
Plantas.
Dos ejemplos muy conocidos son:
Bromelina
Procedente de la piña y con actividad proteolítica.
Papaína
Procedente de la papaya y también capaz de degradar proteínas.
Muchos complejos digestivos utilizan enzimas microbianas porque pueden trabajar dentro de rangos de pH bastante amplios.
Esto permite diseñar fórmulas con actividades diferentes dependiendo del alimento.
¿Qué significa la actividad enzimática de un suplemento?
Esta es otra cosa que muchas veces se explica fatal.
Con las enzimas no siempre basta con mirar cuántos miligramos contiene una cápsula.
Lo realmente importante es cuánto trabajo enzimático puede realizar.
Por eso en las etiquetas podemos encontrar unidades como:
-
FCC.
-
HUT.
-
FIP.
-
DU.
-
ALU.
Dependiendo de la enzima.
Dos suplementos pueden contener aparentemente la misma cantidad en miligramos y tener una actividad muy diferente.
En enzimas, cantidad y actividad no son exactamente lo mismo.
¿Cómo tomar las enzimas digestivas?
Si buscamos mejorar la digestión de una comida, necesitamos que la enzima coincida con esa comida.
Por eso normalmente se toman:
justo antes de empezar a comer o con los primeros bocados.
En algunas formulaciones también se distribuyen durante la propia comida.
La lógica es sencilla.
Si queremos que una proteasa ayude a digerir una proteína, ambas deben encontrarse dentro del aparato digestivo al mismo tiempo.
Esto es especialmente evidente con:
-
Lactasa + lácteos.
-
Alfa-galactosidasa + legumbres.
-
Lipasa + comidas grasas.
-
Proteasa + comidas ricas en proteína.
Cuando existe insuficiencia pancreática, las enzimas pancreáticas se toman precisamente con comidas y tentempiés para que trabajen sobre los nutrientes ingeridos.
¿Un complejo o una enzima específica?
Depende.
Si sabemos perfectamente qué falla, una enzima específica puede tener mucho sentido.
Por ejemplo:
Lácteos → lactasa.
Legumbres → alfa-galactosidasa.
Pero cuando una persona presenta digestiones pesadas con prácticamente cualquier comida puede resultar más interesante una fórmula amplia que contenga:
-
Proteasa.
-
Lipasa.
-
Amilasa.
Y después estudiar por qué necesita esa ayuda.
No se trata de tomar enzimas para siempre
En algunas patologías existe una necesidad real y permanente de tratamiento enzimático.
Pero en otras personas las enzimas pueden utilizarse temporalmente mientras trabajamos sobre la causa de una digestión deficiente.
Puede ser necesario revisar:
-
Estrés.
-
Masticación.
-
Alimentación.
-
Acidez gástrica.
-
Microbiota.
-
Mucosa intestinal.
-
Función pancreática.
-
Bilis.
Para mí este es el punto importante.
Las enzimas pueden ayudarnos muchísimo.
Pero también pueden proporcionarnos una pista de dónde está fallando nuestra digestión.
Porque una buena digestión no depende de una sola cápsula.
Es una cadena perfectamente coordinada:
cerebro → boca → estómago → páncreas → hígado y bilis → intestino → microbiota.
Y cuando entendemos qué función realiza cada una de esas piezas resulta muchísimo más fácil comprender por qué una comida nos sienta bien o nos sienta fatal.


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