Los alquilgliceroles (AKG) son un grupo de lípidos naturales pertenecientes a los éteres de glicerol, conocidos especialmente por encontrarse en concentraciones elevadas en determinados aceites de hígado de tiburón.
Su historia es bastante peculiar porque, aunque fueron identificados hace aproximadamente un siglo, despertaron especialmente el interés de los investigadores a mediados del siglo XX por su relación con la médula ósea, la formación de células sanguíneas y el sistema inmunitario.
También están presentes naturalmente en nuestro organismo y se han identificado en la médula ósea y la leche materna humana, lo que aumentó todavía más el interés por conocer su función.
¿Qué son los alquilgliceroles?
Los alquilgliceroles no son una única sustancia, sino una familia de compuestos caracterizados por presentar un enlace éter entre una cadena grasa y el glicerol.
Entre los principales encontramos:
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Batyl alcohol.
-
Chimyl alcohol.
-
Selachyl alcohol.
Estas moléculas son precursoras o componentes relacionados con diferentes éter-lípidos, una familia de sustancias que forma parte de las membranas celulares y participa en diferentes procesos biológicos.
Aunque podemos encontrarlos en mamíferos, determinadas especies marinas presentan concentraciones particularmente elevadas.
Y ahí aparecen los tiburones.
Alquilgliceroles y aceite de hígado de tiburón
Los alquilgliceroles fueron aislados del aceite de hígado de tiburón en las primeras décadas del siglo XX.
Este aceite ya era utilizado tradicionalmente por diferentes poblaciones escandinavas, especialmente en el cuidado de heridas y como remedio popular para mantener la resistencia frente a las enfermedades.
Posteriormente se descubrió que determinados tiburones poseen concentraciones extraordinariamente elevadas de alquilgliceroles en el hígado.
Entre las especies tradicionalmente citadas encontramos el tiburón de Groenlandia o tiburón dormilón (Somniosus microcephalus) y la quimera (Chimaera monstrosa).
El enorme hígado de estos animales funciona como una importante reserva de lípidos.
Y entre esos lípidos encontramos precisamente los alquilgliceroles.
La curiosa historia de los alquilgliceroles y la médula ósea
A comienzos de la década de 1950, la médica sueca Astrid Brohult estudió extractos de médula ósea en niños con leucemia que presentaban una disminución importante de glóbulos blancos.
Observó que determinados extractos parecían favorecer la recuperación del número de leucocitos.
Su marido, el médico e investigador Sven Brohult, continuó estudiando aquellos extractos intentando identificar qué sustancias podían estar relacionadas con el efecto observado.
Entre los compuestos que despertaron su atención estaban los alquilgliceroles.
Aquello abrió una línea de investigación que duraría décadas.
Y había una coincidencia especialmente interesante: los alquilgliceroles no solamente estaban presentes en la médula ósea.
También podían encontrarse en la leche materna.
Alquilgliceroles en la leche materna
La presencia natural de alquilgliceroles en la leche materna constituye uno de los aspectos más interesantes de estas sustancias.
La leche humana no proporciona simplemente proteínas, grasas, vitaminas y minerales.
Contiene multitud de moléculas bioactivas relacionadas con el desarrollo del sistema inmunitario del recién nacido, la maduración intestinal y el establecimiento de su microbiota.
Entre sus componentes lipídicos se encuentran diferentes éter-lípidos y alquilgliceroles.
Esto ha llevado a investigar su posible participación en la maduración y diferenciación de determinadas células inmunitarias durante las primeras etapas de la vida.
Por tanto, aunque durante mucho tiempo asociamos los alquilgliceroles casi exclusivamente con el aceite de hígado de tiburón, en realidad forman parte también de nuestra propia biología.
Propiedades de los alquilgliceroles
El interés por los alquilgliceroles se ha centrado especialmente en cuatro grandes áreas:
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Sistema inmunitario.
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Formación y recuperación de células sanguíneas.
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Procesos inflamatorios.
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Investigación experimental sobre proliferación y comportamiento celular.
También se han estudiado sus relaciones con los macrófagos, linfocitos, producción de anticuerpos y diferentes mediadores lipídicos.
Una de sus peculiaridades es precisamente que su estructura química les permite incorporarse al metabolismo de los lípidos celulares.
Alquilgliceroles y sistema inmunitario
Una de las propiedades tradicionalmente más estudiadas de los alquilgliceroles es su relación con el sistema inmunitario.
Diferentes trabajos experimentales han observado efectos sobre células como:
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Macrófagos.
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Linfocitos T.
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Linfocitos B.
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Células relacionadas con la respuesta inmunitaria.
Los macrófagos desempeñan una función especialmente importante.
Son capaces de reconocer, engullir y eliminar microorganismos, restos celulares y diferentes partículas mediante un proceso conocido como fagocitosis.
También producen sustancias utilizadas para comunicarse con otras células inmunitarias.
Algunos trabajos experimentales han relacionado los alquilgliceroles con un aumento de la actividad fagocítica de los macrófagos y con modificaciones de determinadas respuestas inmunitarias.
Por esta razón comenzaron a utilizarse como sustancias destinadas a apoyar las defensas.
Alquilgliceroles y médula ósea
La relación de los alquilgliceroles con la médula ósea no es casual.
Precisamente allí encontramos los tejidos responsables de la hematopoyesis, es decir, de la producción de las diferentes células de la sangre.
De la médula ósea proceden:
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Eritrocitos o glóbulos rojos.
-
Diferentes tipos de leucocitos.
-
Plaquetas.
Las primeras investigaciones de los Brohult hicieron que los alquilgliceroles comenzaran a estudiarse por su posible influencia sobre la recuperación hematológica, especialmente en situaciones en las que disminuía el número de leucocitos.
Posteriormente se investigaron en relación con tratamientos capaces de afectar a la médula ósea, especialmente radioterapia y determinados tratamientos oncológicos.
Alquilgliceroles, radioterapia y leucocitos
Una parte importante de la investigación histórica sobre alquilgliceroles procede precisamente del ámbito de la radioterapia.
Astrid Brohult estudió su utilización antes y durante determinados tratamientos con radiación, observando modificaciones en la respuesta hematológica de algunos pacientes.
El interés estaba especialmente centrado en la leucopenia, es decir, la disminución del número de leucocitos.
A partir de aquellos trabajos comenzaron a investigarse como complemento nutricional para ayudar a mantener la respuesta del organismo durante situaciones que producen una importante agresión sobre la médula ósea.
Esta aplicación histórica explica buena parte de la fama que posteriormente adquirieron los alquilgliceroles.
Alquilgliceroles e inflamación
Otro campo muy interesante es su relación con el factor activador de plaquetas (FAP o PAF).
Aquí existe bastante confusión en algunos textos antiguos.
El FAP no es el «factor de activación del plasminógeno».
Sus siglas proceden de factor activador de plaquetas.
Se trata de un potente mediador lipídico producido por diferentes células del organismo.
Participa en:
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Inflamación.
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Activación plaquetaria.
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Respuesta inmunitaria.
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Permeabilidad vascular.
-
Diferentes mecanismos de comunicación celular.
El FAP no es una sustancia tóxica que tengamos que eliminar: forma parte de nuestra fisiología.
Pero una producción o señalización excesiva puede participar en procesos inflamatorios.
Y aquí es donde los alquilgliceroles resultan especialmente interesantes.
Alquilgliceroles y FAP
El FAP pertenece también al mundo de los éter-lípidos.
La semejanza estructural entre diferentes éter-lípidos explica que los alquilgliceroles puedan interactuar con rutas metabólicas relacionadas con estos mediadores.
Se ha estudiado su capacidad para modular determinados mecanismos relacionados con el FAP, lo que proporciona una explicación plausible para algunos de los efectos antiinflamatorios que tradicionalmente se les atribuyen.
Esta relación despertó especial interés en procesos caracterizados por una importante respuesta inflamatoria, entre ellos:
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Psoriasis.
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Artritis reumatoide.
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Asma.
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Procesos alérgicos.
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Alteraciones cardiovasculares relacionadas con inflamación y activación plaquetaria.
Por eso algunos autores llegaron a llamarlos «grasas inteligentes».
Incluso fueron descritos por determinados investigadores como una especie de «vacuna natural», una expresión histórica utilizada para destacar su papel modulador sobre las defensas, aunque no se trate naturalmente de una vacuna en el sentido inmunológico del término.
Alquilgliceroles y psoriasis
La psoriasis combina diferentes mecanismos:
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Inflamación.
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Alteraciones de la respuesta inmunitaria.
-
Proliferación acelerada de queratinocitos.
-
Participación de diferentes mediadores inflamatorios.
La relación de los alquilgliceroles con la regulación inmunitaria y los mediadores lipídicos hizo que comenzaran a utilizarse como apoyo en personas con psoriasis.
A ello se suma el interés tradicional del aceite de hígado de tiburón sobre la piel.
Alquilgliceroles y artritis
También se han utilizado tradicionalmente en procesos inflamatorios articulares, especialmente artritis reumatoide.
Aquí el interés vuelve a centrarse en su posible capacidad para modular determinados mediadores de la inflamación y la actividad de diferentes células inmunitarias.
Esta es una de las razones por las que los alquilgliceroles terminaron utilizándose no solamente como apoyo inmunitario, sino también dentro de protocolos destinados a personas con un terreno inflamatorio o autoinmune.
Alquilgliceroles, asma y alergias
El FAP participa también en diferentes mecanismos relacionados con la respuesta alérgica y la inflamación de las vías respiratorias.
Por esta razón, dentro de sus usos tradicionales encontramos:
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Terreno alérgico.
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Asma.
-
Procesos respiratorios recurrentes.
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Apoyo de las defensas.
Una vez más, su interés no reside simplemente en «estimular» indiscriminadamente el sistema inmunitario, sino en su relación con diferentes mecanismos de modulación inmunológica e inflamatoria.
Alquilgliceroles e investigación sobre cáncer
Probablemente esta sea la parte que más fama ha dado a los alquilgliceroles y también la que necesita explicarse con más cuidado.
Desde mediados del siglo XX se han investigado diferentes mecanismos por los que los alquilgliceroles podrían influir sobre el comportamiento de las células tumorales.
Entre las líneas estudiadas encontramos:
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Modulación de la respuesta inmunitaria.
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Activación de macrófagos.
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Influencia sobre determinados mecanismos de proliferación celular.
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Incorporación a fosfolípidos de las membranas.
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Modulación de determinadas rutas de señalización.
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Posibles efectos sobre la angiogénesis.
Una de las rutas investigadas ha sido la proteína quinasa C (PKC).
La PKC no es una única enzima sino una familia de proteínas implicadas en multitud de mecanismos celulares, entre ellos proliferación, diferenciación y supervivencia celular.
Determinados éter-lípidos pueden modificar algunas de estas rutas, lo que despertó interés por estudiar los alquilgliceroles en modelos experimentales de proliferación tumoral.
¿Por qué se estudiaron junto a la quimioterapia?
Otro campo histórico de investigación fue su utilización junto con determinados agentes quimioterápicos.
Se realizaron experimentos sobre cultivos celulares para observar qué ocurría cuando las células tumorales eran expuestas simultáneamente a alquilgliceroles y determinados fármacos.
Algunos de aquellos trabajos encontraron cambios en la sensibilidad de las células tumorales al tratamiento.
Esto dio lugar a la hipótesis de que los alquilgliceroles podían modificar las membranas celulares o determinados mecanismos metabólicos y hacer que algunas células fueran más sensibles a determinados agentes.
Son precisamente este tipo de investigaciones las que explican su utilización histórica como coadyuvantes durante tratamientos convencionales, y no como sustitutos de ellos.
Los estudios de Brohult
Astrid Brohult publicó diferentes trabajos relacionados con la utilización de alquilgliceroles en pacientes sometidos a radioterapia, especialmente en cáncer de cuello uterino.
En aquellos trabajos se administraron preparados de alquilgliceroles antes y durante el tratamiento, estudiando parámetros como:
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Recuento leucocitario.
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Respuesta hematológica.
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Daño producido por la radiación.
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Evolución de los pacientes.
Estos estudios fueron una de las razones por las que el aceite de hígado de tiburón y sus alquilgliceroles adquirieron tanta popularidad durante la segunda mitad del siglo XX.
Alquilgliceroles y angiogénesis
Otra línea experimental ha estudiado su posible influencia sobre la angiogénesis.
La angiogénesis es el proceso mediante el cual se forman nuevos vasos sanguíneos.
Es imprescindible para funciones normales como la cicatrización, pero también desempeña un papel importante cuando determinados tejidos necesitan desarrollar una nueva red vascular.
Algunos trabajos experimentales han observado efectos de determinados alquilgliceroles sobre la proliferación de células endoteliales, lo que abrió otra línea de investigación alrededor de estos lípidos.
Alquilgliceroles y membranas celulares
Los alquilgliceroles pueden incorporarse al metabolismo de los fosfolípidos de membrana.
Esto es especialmente interesante porque las membranas celulares no son simples envoltorios.
En ellas encontramos:
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Receptores.
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Canales.
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Enzimas.
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Sistemas de señalización.
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Moléculas utilizadas para comunicarse con otras células.
Modificar determinados lípidos de membrana puede cambiar también la forma en que una célula responde a su entorno.
Por eso una parte importante de la investigación sobre alquilgliceroles se ha centrado precisamente en su incorporación a los lípidos celulares y sus consecuencias metabólicas.
Alquilgliceroles y cicatrización
El aceite de hígado de tiburón se ha utilizado tradicionalmente en los países escandinavos sobre heridas y alteraciones de la piel.
Posteriormente se estudiaron algunos de sus componentes, incluidos los alquilgliceroles, por su posible relación con:
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Reparación tisular.
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Inflamación.
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Respuesta inmunitaria.
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Cicatrización.
Por ello encontramos también entre sus usos tradicionales el cuidado de:
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Heridas.
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Quemaduras.
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Piel sometida a estrés oxidativo.
Principales beneficios y usos de los alquilgliceroles
Los alquilgliceroles se han utilizado tradicionalmente para:
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Apoyar las defensas inmunitarias.
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Favorecer la actividad de los macrófagos.
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Apoyar la producción y recuperación de células sanguíneas.
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Ayudar en situaciones de disminución de leucocitos.
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Servir como apoyo nutricional durante determinados tratamientos oncológicos convencionales.
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Modular determinados procesos inflamatorios.
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Apoyar en terrenos alérgicos.
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Asma.
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Psoriasis.
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Artritis y otros procesos inflamatorios.
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Favorecer la cicatrización.
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Cuidado de heridas y quemaduras.
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Apoyar al organismo frente a infecciones recurrentes.
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Proteger las estructuras celulares frente al estrés oxidativo.
También han sido objeto de investigación experimental por su posible influencia sobre:
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Proliferación celular.
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Angiogénesis.
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Membranas celulares.
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Señalización mediante proteína quinasa C.
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Factor activador de plaquetas.
¿Alquilgliceroles o aceite de hígado de tiburón?
Aunque ambos conceptos suelen utilizarse juntos, no son exactamente lo mismo.
El aceite de hígado de tiburón contiene diferentes sustancias lipídicas.
Los alquilgliceroles constituyen solamente una parte de ellas.
Por tanto, dos productos elaborados con aceite de hígado de tiburón pueden contener cantidades muy diferentes de alquilgliceroles dependiendo de:
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Especie utilizada.
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Procedimiento de extracción.
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Purificación.
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Concentración.
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Estandarización del producto.
Por eso, cuando buscamos específicamente sus propiedades, resulta importante conocer la cantidad de alquilgliceroles aportada por el preparado, y no solamente que la etiqueta diga «aceite de hígado de tiburón».
Contraindicaciones y efectos secundarios de los alquilgliceroles
Los alquilgliceroles suelen tolerarse bien en las cantidades utilizadas habitualmente.
Dependiendo del producto y de su contenido en aceite pueden aparecer molestias digestivas como:
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Náuseas.
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Pesadez digestiva.
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Diarrea.
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Malestar abdominal.
Cuando proceden de aceite de hígado de tiburón, las personas con alergia al pescado o a productos marinos deben prestar especial atención al origen y composición del preparado.
También es importante comprobar qué contiene realmente el suplemento, ya que un preparado de aceite de hígado de tiburón completo no tiene necesariamente la misma composición que un producto purificado o estandarizado en alquilgliceroles.
Si se están utilizando durante quimioterapia, radioterapia, tratamiento anticoagulante o cualquier tratamiento médico complejo, su incorporación debe valorarse individualmente teniendo en cuenta tanto el preparado utilizado como el resto del tratamiento.
Los alquilgliceroles son, en definitiva, mucho más que una curiosidad procedente del hígado de determinados tiburones.
Su presencia natural en la médula ósea y la leche materna, su peculiar estructura como éter-lípidos y décadas de investigación alrededor de la inmunidad, hematopoyesis, inflamación y señalización celular explican por qué estas sustancias han seguido despertando interés desde que comenzaron a estudiarse hace aproximadamente un siglo.



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