
La belleza también viene de dentro. Lo que comemos influye en la nutrición, estructura, hidratación y capacidad de protección de nuestra piel.
Y al final se convierte casi en un círculo: cuando comemos bien, la piel suele tener mejor aspecto; nos sentimos mejor, cuidamos más nuestro cuerpo y resulta más fácil mantener esos buenos hábitos.
La cosmética puede hacer muchísimo desde fuera, pero la piel necesita recibir desde dentro proteínas, ácidos grasos, vitaminas, minerales y antioxidantes para realizar correctamente sus funciones.
Si tuviera que escoger solamente siete alimentos especialmente interesantes para cuidarla, éstos estarían entre mis favoritos.
Tomate: licopeno para proteger la piel
El tomate es una de nuestras mejores fuentes de licopeno, un carotenoide responsable de buena parte de su color rojo y con una importante actividad antioxidante.
El licopeno resulta especialmente interesante para la piel por su relación con el estrés oxidativo provocado por la radiación ultravioleta. Una alimentación rica en carotenoides puede contribuir a las defensas naturales de la piel frente al daño oxidativo producido por la exposición solar.
Esto no convierte al tomate en un protector solar, pero sí nos recuerda que la fotoprotección de nuestra piel también se trabaja desde dentro.
Además, hay una peculiaridad muy interesante: el licopeno del tomate se aprovecha especialmente bien cuando el tomate está cocinado y acompañado de una grasa, como nuestro aceite de oliva.
Así que ese tomate frito casero con aceite de oliva no es precisamente una mala combinación.
También encontramos licopeno en sandía, pomelo rosado, guayaba y papaya.
Ostras: una extraordinaria fuente de zinc
Las ostras y otros mariscos destacan por su contenido en zinc, un oligoelemento imprescindible para numerosas funciones del organismo y particularmente interesante para la piel.
El zinc participa en la renovación celular, funcionamiento inmunitario, síntesis de proteínas y procesos de reparación de los tejidos.
Cuando existe una ingesta insuficiente pueden aparecer diferentes alteraciones cutáneas, y es además un mineral especialmente estudiado en relación con la piel grasa y el acné.
No necesitamos comer ostras todos los días. Podemos encontrar zinc también en carnes y vísceras, mariscos, semillas de sésamo y calabaza, legumbres y otros alimentos.
Aguacate para una piel flexible y nutrida
Podemos ponernos aguacate en una mascarilla, pero también podemos comérnoslo, que a mí me parece bastante más interesante.
El aguacate es rico en grasas monoinsaturadas, especialmente ácido oleico, además de aportar vitamina E, carotenoides y otros compuestos vegetales.
Una alimentación que aporte suficientes grasas de buena calidad resulta importante para mantener la flexibilidad y función de barrera de la piel.
Y el aguacate tiene otra ventaja: la grasa presente en una comida facilita la absorción de los carotenoides, que son liposolubles.
Por eso combinar aguacate con tomate, zanahoria, pimiento u otras verduras ricas en carotenoides no solamente está bueno: nutricionalmente tiene muchísimo sentido.
Nueces de Brasil: extraordinariamente ricas en selenio
Las nueces de Brasil son famosas por algo muy concreto: su enorme contenido en selenio.
El selenio forma parte de diferentes sistemas antioxidantes de nuestro organismo y participa en enzimas que ayudan a proteger las células frente al daño oxidativo.
Esto resulta especialmente interesante en la piel, continuamente expuesta a factores como radiación ultravioleta, contaminación y otros agentes ambientales.
Pero con las nueces de Brasil ocurre algo curioso: la cantidad de selenio puede variar muchísimo dependiendo del terreno en el que haya crecido el árbol. Algunas contienen cantidades extraordinariamente elevadas.
Por eso éste es uno de esos alimentos en los que más no significa necesariamente mejor.
También encontramos selenio en pescados y mariscos, huevos, carnes y otros alimentos.
Almendras: vitamina E para la piel
Las almendras son una estupenda fuente alimentaria de vitamina E, uno de los antioxidantes liposolubles más importantes de nuestro organismo.
Y que sea liposoluble resulta particularmente interesante para la piel.
La vitamina E participa en la protección de las membranas celulares frente a la oxidación y trabaja dentro de una red de antioxidantes que ayuda a defender nuestros tejidos del daño provocado por los radicales libres.
Las almendras aportan además grasas insaturadas, proteínas y minerales, por lo que son bastante más que una simple fuente aislada de vitamina E.
También encontramos cantidades interesantes de esta vitamina en semillas y aceite de girasol, avellanas, aguacate y diferentes frutos secos y aceites vegetales.
Kiwi: vitamina C para fabricar colágeno
El kiwi es una fruta extraordinariamente rica en vitamina C.
Cuando hablamos de piel solemos asociar inmediatamente esta vitamina con su capacidad antioxidante, pero tiene otra función todavía más interesante: es necesaria para la síntesis normal de colágeno.
El colágeno forma parte de la estructura de nuestra piel y contribuye a mantener su firmeza y resistencia.
La vitamina C participa además en nuestras defensas antioxidantes y ayuda a proteger las células frente al estrés oxidativo.
Por eso una alimentación rica en frutas y verduras frescas proporciona algo que ninguna crema puede sustituir completamente: los nutrientes que nuestro organismo necesita para construir la piel desde dentro.
Además del kiwi, encontramos muchísima vitamina C en guayaba, pimiento, fresas, cítricos, papaya y numerosas frutas y verduras.
Zanahoria: carotenoides y color de la piel
Y terminamos con uno de los alimentos tradicionalmente asociados al bronceado: la zanahoria.
Es rica en betacaroteno, un carotenoide que nuestro organismo puede transformar en vitamina A según sus necesidades.
Los carotenoides también pueden acumularse en la piel. Cuando la alimentación es rica en ellos pueden contribuir ligeramente a una tonalidad más cálida, algo que explica parte de la fama de la zanahoria como alimento para conseguir «mejor color».
Pero su interés va bastante más allá.
Los carotenoides forman parte de nuestra protección antioxidante y ayudan a hacer frente al estrés oxidativo generado, entre otros factores, por la exposición ambiental y solar.
Eso sí: comer zanahorias no sustituye al protector solar ni permite exponernos al sol sin protección.
Y tampoco hace falta vivir a base de zanahorias. Calabaza, boniato, espinacas, acelgas y muchas otras verduras aportan diferentes carotenoides.
La piel también se alimenta
Podríamos añadir muchos más alimentos a esta lista, porque una piel sana no depende de siete ingredientes milagrosos.
Necesita suficientes proteínas para renovar sus estructuras, grasas de calidad para mantener su barrera, vitamina C para formar colágeno, zinc y otros minerales para sus procesos de renovación y una buena variedad de antioxidantes procedentes de frutas y verduras.
También necesita agua.
Y probablemente sea mucho más útil pensar en todo esto que buscar continuamente un único «superalimento para la piel».
Tomate, ostras, aguacate, nueces de Brasil, almendras, kiwi y zanahoria simplemente nos muestran siete maneras diferentes de proporcionar a la piel algunos de los nutrientes que necesita.
La cosmética la cuidará desde fuera.
La alimentación hace una parte importante del trabajo desde dentro.


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