
En este mundo de locos, encontrar un poco de paz puede parecer toda una hazaña, especialmente cuando estamos atravesando algún cambio importante en nuestra vida, como una muerte, un divorcio, problemas familiares o un cambio de trabajo.
Pero ni siquiera necesitamos que ocurra algo extraordinario.
El estrés cotidiano puede hacer que las tareas más sencillas parezcan agotadoras y terminar produciendo síntomas que van desde agitación y nerviosismo hasta palpitaciones, tensión muscular, problemas digestivos o insomnio.
Cuando la ansiedad se mantiene en el tiempo o empieza a interferir seriamente en nuestra vida, merece la pena averiguar qué está ocurriendo y ponerse en manos de un profesional.
Pero junto a ello existen pequeños cambios que podemos hacer.
Comer alimentos nutritivos, dormir las horas suficientes, hacer ejercicio regularmente y mantener una hidratación adecuada parecen cosas demasiado sencillas, pero nuestro sistema nervioso necesita también esas condiciones básicas para funcionar correctamente.
Y además tenemos algunas plantas que tradicionalmente se han utilizado para nutrir y calmar el sistema nervioso.
Betónica
La betónica (Stachys officinalis) es una de esas plantas antiguas que hoy casi hemos olvidado.
Durante la Edad Media alcanzó una reputación extraordinaria y llegó a utilizarse tradicionalmente como remedio para 47 enfermedades diferentes.
Más allá de semejante currículum, la betónica ha permanecido durante siglos como una planta relacionada con el sistema nervioso y con la capacidad de aquietar la mente.
Se ha utilizado tradicionalmente cuando existe:
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Nerviosismo.
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Tensión.
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Dificultad para relajarnos.
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Alteraciones del sueño.
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Dolor de cabeza relacionado con tensión nerviosa.
Contiene diferentes compuestos, entre ellos glucósidos y otros principios vegetales relacionados con sus efectos sobre el sistema nervioso y cardiovascular.
Es especialmente interesante cuando esa ansiedad no se manifiesta solamente en la cabeza, sino también en forma de tensión física.
Manzanilla
La manzanilla (Matricaria chamomilla) parece tan sencilla que a veces nos olvidamos de lo buena planta que es.
Contiene aceites volátiles, entre ellos bisabolol, y flavonoides como la apigenina, relacionados con buena parte de sus propiedades.
La apigenina resulta especialmente interesante por su relación con determinados receptores del sistema nervioso implicados en la relajación.
La manzanilla puede ayudarnos cuando encontramos:
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Nerviosismo.
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Dificultad para conciliar el sueño.
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Tensión digestiva.
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Sensación de tener el estómago cerrado por los nervios.
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Espasmos digestivos relacionados con el estrés.
Y precisamente esa doble acción sobre sistema nervioso y aparato digestivo hace que sea una de mis plantas favoritas cuando una persona somatiza el estrés en el estómago.
Pasiflora
La pasiflora o pasionaria (Passiflora incarnata) es probablemente una de las plantas más conocidas cuando hablamos de ansiedad e insomnio.
Sus compuestos activos, entre ellos diferentes flavonoides, están relacionados con sus propiedades relajantes.
Tradicionalmente se utiliza para:
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Nerviosismo.
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Ansiedad.
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Dificultad para dormir.
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Sueño intranquilo.
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Tensión muscular.
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Sensación de no poder desconectar la cabeza.
La pasiflora resulta especialmente interesante en ese tipo de persona que se mete en la cama agotada pero cuyo cerebro decide que precisamente las tres de la mañana son un momento estupendo para repasar todos los problemas de su vida.
También se ha estudiado su utilización tanto para mejorar la calidad del sueño como en personas con trastorno de ansiedad generalizada.
Verbena
La verbena (Verbena officinalis) tiene un perfil un poco diferente.
Hay personas cuya ansiedad se manifiesta fundamentalmente mediante tensión física.
Aprietan los hombros, contraen el cuello, tensan la mandíbula y terminan con un maravilloso dolor de cabeza que parece completar el cuadro.
La verbena se ha utilizado durante siglos como planta relacionada con el sistema nervioso, la tensión y los dolores de cabeza.
Resulta especialmente interesante cuando el nerviosismo se acompaña de:
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Tensión muscular.
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Cefalea.
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Irritabilidad.
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Agotamiento nervioso.
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Dificultad para relajarnos.
No todas las plantas relajantes tienen que producir sueño.
A veces lo que necesitamos es simplemente conseguir que el cuerpo deje de comportarse como si estuviéramos huyendo de un tigre.
Melisa
La melisa (Melissa officinalis) se utiliza desde hace muchísimo tiempo para el nerviosismo, la ansiedad y los problemas de sueño.
Tiene un efecto relajante suave y puede resultar especialmente interesante cuando necesitamos calmarnos sin quedarnos completamente fuera de combate.
Además, la melisa tiene otra propiedad que me gusta mucho: es también una planta digestiva.
Y esto tiene bastante sentido cuando hablamos de estrés.
Hay personas a las que los nervios les provocan:
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Gases.
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Hinchazón.
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Digestiones pesadas.
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Espasmos.
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Sensación de nudo en el estómago.
En estos casos, una planta capaz de trabajar simultáneamente sobre el sistema nervioso y el aparato digestivo puede resultar especialmente útil.
Lavanda
Y terminamos con una de las plantas relajantes más conocidas: la lavanda (Lavandula angustifolia).
Su reputación no procede solamente de su agradable olor.
Sus compuestos aromáticos están relacionados con su capacidad para favorecer un estado de relajación y disminuir la sensación de tensión.
Podemos utilizarla en forma de:
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Infusión.
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Preparados fitoterapéuticos.
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Tintura.
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Aceite esencial.
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Aromaterapia.
Y precisamente con la lavanda tenemos una de las herramientas más rápidas y sencillas: su aroma.
Inhalar lentamente el aroma de la lavanda puede ayudarnos a crear una sensación de calma prácticamente en cualquier momento.
Podemos utilizar unas gotas de aceite esencial en un difusor, sobre un soporte adecuado o simplemente aprovechar el aroma de la propia planta.
No todas las plantas relajantes hacen lo mismo
Ésta es probablemente la parte más interesante.
Podemos meter todas estas plantas dentro del enorme cajón de «plantas para los nervios», pero no son exactamente iguales.
La manzanilla y la melisa me gustan especialmente cuando el estrés se manifiesta también en el aparato digestivo.
La pasiflora resulta muy interesante cuando la cabeza no consigue desconectar y aparecen problemas para dormir.
La verbena encaja especialmente bien cuando el nerviosismo termina convertido en tensión y dolor de cabeza.
La betónica es una de esas plantas antiguas que merece la pena recuperar cuando existe tensión nerviosa y física.
Y la lavanda nos ofrece además la posibilidad de trabajar mediante el olfato, algo tremendamente sencillo cuando necesitamos crear rápidamente un entorno de calma.
Porque tratar la ansiedad no consiste siempre en buscar la planta más sedante.
Consiste en observar cómo se manifiesta nuestro nerviosismo y elegir la herramienta que mejor encaja con nosotros.
Este artículo tiene carácter informativo y educativo. Cuando la ansiedad es intensa, persistente o empieza a limitar nuestra vida cotidiana, es importante buscar también su causa y recibir la ayuda adecuada.


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