
El verano nos trae algunas de las frutas más esperadas del año. Sandía, melón, melocotones, cerezas, ciruelas, uvas, peras… aparecen precisamente cuando el calor hace que nos apetezcan alimentos frescos, ligeros y con un elevado contenido en agua.

También cambia completamente la huerta. Tomates, pepinos, pimientos, calabacines y berenjenas permiten llenar la mesa de ensaladas, gazpachos, verduras asadas y platos mucho más frescos.
Consumir alimentos de temporada es además una forma muy sencilla de ir variando nuestra alimentación a lo largo del año sin tener que pensar demasiado en ello.
Las frutas que nos trae el verano
Una de las grandes protagonistas es la sandía, formada mayoritariamente por agua y muy refrescante durante los meses de calor. Su color rojo procede fundamentalmente del licopeno, un carotenoide que también encontramos en el tomate.
El melón comparte ese elevado contenido en agua y aporta potasio y diferentes vitaminas y carotenoides dependiendo de la variedad.
Es también el momento de disfrutar de melocotones, nectarinas, albaricoques y ciruelas, frutas de hueso que nos ofrecen distintos colores y, con ellos, diferentes combinaciones de carotenoides, antocianinas y otros polifenoles.
Al principio del verano todavía encontramos cerezas, mientras que según avanzan las semanas aparecen con mayor protagonismo higos, peras y uvas.
Y precisamente una de las cosas bonitas de comer según la temporada es ésta: el verano no ofrece exactamente la misma cesta en junio que a finales de agosto o septiembre.
Las frutas se van relevando unas a otras.
Tomate, pepino, pimiento, calabacín y berenjena
Si tuviera que imaginar una cesta de verduras y hortalizas de verano, probablemente empezaría por tomates, pepinos, pimientos, calabacines y berenjenas.
El tomate es especialmente rico en licopeno, mientras que los pimientos destacan por su contenido en vitamina C y carotenoides. La berenjena aporta fibra y antocianinas, especialmente concentradas en su característica piel morada.
Pepino y calabacín tienen un elevado contenido en agua y permiten preparaciones muy ligeras. A ellos podemos añadir lechuga, cebolla, ajo, zanahoria, judías verdes y patatas, además de otras hortalizas cuya disponibilidad dependerá de la zona y del momento concreto del verano.
Y tenemos la calabaza, que empieza a aparecer según avanzamos hacia el final de la estación y nos anuncia poco a poco la llegada del otoño.
No existe una frontera exacta entre las estaciones agrícolas. El clima, la variedad y la zona de cultivo pueden adelantar o retrasar considerablemente una cosecha.
El verano también se bebe comiendo
Hay una razón por la que en verano apetecen tanto la sandía, el melón, el tomate o el pepino: además de nutrientes, nos proporcionan una enorme cantidad de agua a través de los propios alimentos.
Eso no sustituye la necesidad de beber, especialmente cuando hace mucho calor, pero sí contribuye a nuestra ingesta total de líquidos.
Y tenemos una de las mejores formas de aprovechar la huerta de verano: el gazpacho.
Tomate, pimiento, pepino, ajo, aceite de oliva… pocos platos representan mejor la combinación entre alimentación mediterránea y producto de temporada.
También podemos preparar ensaladas de tomate, verduras asadas, pisto, cremas frías, frutas troceadas o simplemente comer un melocotón, unas cerezas o una buena rodaja de sandía.
No necesitamos complicarlo mucho.
Una de las ventajas de los productos de verano es que, cuando están realmente en temporada y han madurado bien, prácticamente se comen solos.
Y quizá ésa sea también una de las mejores maneras de reconocer que ha llegado una nueva estación: observar qué empieza a llenar las fruterías.
Cuando los tomates saben a tomate, aparecen las primeras sandías y melones y las cajas se llenan de melocotones, ciruelas y cerezas, el verano también ha llegado a nuestra mesa.


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