
El litio es un elemento mineral especialmente conocido por su relación con el sistema nervioso y el equilibrio del estado de ánimo.
Sin embargo, cuando hablamos de litio conviene distinguir desde el principio dos utilizaciones completamente diferentes.
Por una parte están las sales de litio utilizadas como medicamentos en psiquiatría, especialmente conocidas por su utilización como estabilizadores del ánimo. Se administran en cantidades farmacológicas y requieren control médico y analítico.
Por otra encontramos el litio utilizado tradicionalmente en oligoterapia, en cantidades mucho menores y con un planteamiento diferente, fundamentalmente relacionado con determinadas manifestaciones psíquicas, emocionales y neurovegetativas.
Esta diferencia es fundamental para comprender sus usos y, sobre todo, sus contraindicaciones.
Litio y sistema nervioso
El litio es probablemente uno de los elementos minerales cuya relación con el cerebro más interés ha despertado.
En el ámbito farmacológico se conoce especialmente por su capacidad para actuar sobre diferentes sistemas de señalización neuronal, neurotransmisión y regulación intracelular.
Interviene sobre numerosas vías bioquímicas y en el funcionamiento de diferentes enzimas y segundos mensajeros celulares. Precisamente por esa complejidad no podemos explicar su acción simplemente diciendo que «tranquiliza» el cerebro.
Uno de sus efectos más característicos es su capacidad para contribuir a la estabilización del estado de ánimo, disminuyendo las oscilaciones extremas entre estados de excitación y depresión en determinadas alteraciones psiquiátricas.
También se investiga desde hace años su relación con la neuroprotección, plasticidad neuronal y envejecimiento cerebral, un campo especialmente interesante porque algunas de las vías celulares sobre las que actúa participan en supervivencia y funcionamiento neuronal.
El litio en oligoterapia
En oligoterapia el planteamiento es diferente.
Tradicionalmente, el litio se ha utilizado como regulador del terreno neuropsíquico, especialmente cuando predominan nerviosismo, emotividad excesiva, ansiedad, angustia, irritabilidad o alteraciones del sueño relacionadas con tensión nerviosa.
Entre los signos y situaciones que tradicionalmente orientan hacia su utilización encontramos:
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ansiedad y angustia;
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hiperemotividad;
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hiperansiedad;
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irritabilidad y agresividad;
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obsesiones;
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falta de voluntad o bloqueo psíquico;
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estados depresivos;
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alternancia de excitación y abatimiento;
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insomnio de origen nervioso;
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hipocondría;
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estados de gran crispación;
-
y síndromes musculares dolorosos asociados a tensión nerviosa.
Antiguamente muchos de estos signos se describían como «síntomas de carencia de litio».
Actualmente resulta más preciso hablar de indicaciones tradicionales o terreno de utilización en oligoterapia, porque no existe un síndrome nutricional de deficiencia de litio establecido equivalente, por ejemplo, a una deficiencia de hierro, yodo o vitamina B12.
Esta distinción nos permite conservar algo que considero interesante de la oligoterapia sin confundirlo con una carencia nutricional.
Litio, ansiedad e insomnio
Uno de los usos tradicionales más conocidos del litio oligoterápico se encuentra precisamente en personas con nerviosismo, ansiedad, angustia e insomnio asociado a una gran actividad mental.
Aquí no estamos hablando del tratamiento farmacológico de una enfermedad psiquiátrica, sino del uso que tradicionalmente se ha hecho del oligoelemento dentro de un determinado terreno neurovegetativo.
También encontramos en la literatura clásica de oligoterapia la asociación Litio-Aluminio, utilizada especialmente en determinados estados de nerviosismo y alteraciones del sueño.
Es importante no confundir esta utilización oligoterápica tradicional con la administración de sales farmacológicas de litio ni con el consumo de aluminio como suplemento nutricional.
Otras aplicaciones tradicionales del litio
Los antiguos repertorios de oligoterapia recogen un abanico de aplicaciones del litio bastante más amplio que el relacionado exclusivamente con el estado emocional.
Entre ellas encontramos su utilización tradicional en:
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algias y dolores relacionados con estados de tensión;
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cefaleas;
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neuralgias y neuritis;
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vértigos;
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determinados estados convulsivos;
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obsesiones e hipocondría;
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prurito y picor;
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estreñimiento;
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gota y alteraciones relacionadas con el ácido úrico;
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obesidad y determinados trastornos metabólicos;
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taquicardia;
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flebitis y varices;
-
y diferentes alteraciones circulatorias.
También aparece históricamente relacionado con glaucoma, epilepsia, hipertiroidismo y otras alteraciones.
Conviene interpretar estas listas dentro del contexto en el que fueron elaboradas: constituyen aplicaciones tradicionales de oligoterapia, no una lista de enfermedades que deban tratarse actualmente tomando litio.
Una de las antiguas asociaciones que encontramos también es la del litio con la eliminación urinaria de urea y ácido úrico. De hecho, la historia médica del litio está curiosamente relacionada con el ácido úrico y la gota, mucho antes de que adquiriera su actual protagonismo en psiquiatría.
Litio y metabolismo
También se ha estudiado la relación del litio con diferentes aspectos del metabolismo de la glucosa y los hidratos de carbono.
Esto resulta interesante porque las acciones del litio alcanzan numerosas rutas de señalización intracelular y no se limitan exclusivamente a las neuronas.
Pero una cosa es estudiar esos mecanismos y otra utilizar litio como suplemento para mejorar la glucemia. No es ésta su principal aplicación.
¿Necesitamos litio diariamente?
El litio se encuentra de manera natural en pequeñas cantidades en el ambiente, el agua y diferentes alimentos.
Sin embargo, no existe actualmente una ingesta diaria recomendada establecida para el litio como nutriente esencial.
Por eso no tiene sentido hablar de una cantidad diaria que toda persona deba consumir mediante suplementos.
En oligoterapia se ha utilizado tradicionalmente como elemento regulador en determinados terrenos, mientras que en medicina las sales de litio tienen unas indicaciones, cantidades y controles completamente diferentes.
Fuentes naturales de litio
La cantidad de litio presente en los alimentos depende bastante del terreno y del agua en los que se hayan producido.
Podemos encontrar pequeñas cantidades en:
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agua potable, con enormes variaciones geográficas;
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cereales;
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patatas y otras hortalizas;
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remolacha;
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legumbres;
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frutos secos;
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algas y otros alimentos marinos;
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pescados y mariscos;
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y alimentos de origen animal.
Las cantidades alimentarias son muy pequeñas y no son comparables con las utilizadas mediante sales de litio como medicamentos.
Contraindicaciones y precauciones del litio
Éste es probablemente el apartado en el que más importante resulta saber de qué litio estamos hablando.
Las sales de litio utilizadas farmacológicamente tienen un margen terapéutico estrecho. Esto significa que existe relativamente poca distancia entre una concentración eficaz y una concentración capaz de producir toxicidad.
Por eso el tratamiento farmacológico con litio requiere controles analíticos periódicos.
Los riñones desempeñan un papel fundamental en su eliminación, de manera que la función renal debe tenerse especialmente en cuenta.
También son importantes el estado de hidratación y los cambios importantes en el consumo de sal, porque pueden modificar las concentraciones de litio.
Entre los signos de una concentración excesiva pueden aparecer náuseas, diarrea, temblor, debilidad, somnolencia, falta de coordinación, confusión y alteraciones neurológicas. Una intoxicación importante por litio puede ser grave.
Además, diferentes medicamentos pueden modificar sus concentraciones, entre ellos determinados diuréticos, antiinflamatorios y medicamentos que actúan sobre el sistema renina-angiotensina.
También requiere especial valoración cuando existen problemas renales, alteraciones tiroideas, determinadas enfermedades cardiovasculares, embarazo o lactancia.
Nada de esto debe confundirse con las pequeñas cantidades presentes naturalmente en los alimentos ni trasladarse automáticamente a todas las presentaciones oligoterápicas.
El litio es un ejemplo perfecto de por qué la forma, la cantidad y el contexto cambian completamente el significado de una sustancia.
Podemos encontrar el mismo elemento en cantidades diminutas en nuestra alimentación, utilizado tradicionalmente como oligoelemento y, en el otro extremo, convertido en un medicamento con una potente acción sobre el sistema nervioso y unas necesidades muy concretas de seguimiento.
Por eso, cuando hablamos de los beneficios o contraindicaciones del litio, la primera pregunta debería ser siempre la misma:
¿De qué forma de litio y de qué utilización estamos hablando?
Este artículo tiene finalidad educativa e informativa. Las sales de litio utilizadas como medicamentos requieren prescripción y seguimiento médico y no deben confundirse con el uso tradicional del litio en oligoterapia.


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