El propóleo es una sustancia resinosa conocida desde la antigüedad y muy utilizada en fitoterapia por sus propiedades antimicrobianas, antisépticas, antiinflamatorias y cicatrizantes.
Las abejas lo elaboran a partir de sustancias resinosas que recogen de yemas, cortezas y otras partes de las plantas y que después mezclan y transforman. Lo utilizan dentro de la colmena para sellar pequeñas grietas, proteger determinadas superficies y contribuir a mantener unas buenas condiciones higiénicas en un lugar donde conviven miles de individuos.
De hecho, su nombre procede del griego: pro, «delante», y polis, «ciudad». Algo así como «defensa de la ciudad». Y en este caso la ciudad es la colmena.
Una de las cosas más interesantes del propóleo es que no existe un único propóleo idéntico en todo el mundo. Su composición depende de la vegetación de la zona, la estación, la especie de abeja y el lugar en el que se produce. Por eso podemos encontrar propóleos con perfiles químicos diferentes.
Entre sus componentes destacan numerosos polifenoles, flavonoides y ácidos fenólicos, además de sustancias aromáticas. Galangina, pinocembrina, ácido ferúlico, ácido cafeico y diferentes derivados aparecen con frecuencia entre los compuestos estudiados.
Esta riqueza química explica buena parte de sus aplicaciones tradicionales.
Propiedades antimicrobianas del propóleo
Probablemente sea la propiedad por la que más se conoce.
El propóleo presenta actividad frente a diferentes microorganismos y se ha estudiado especialmente frente a diversas bacterias, entre ellas especies de Staphylococcus, Streptococcus y Salmonella, aunque su actividad cambia dependiendo del tipo de propóleo, microorganismo y concentración.
Esto explica que durante muchísimo tiempo haya formado parte de preparados destinados a la boca, garganta, piel y vías respiratorias.
Y también explica por qué no me gusta reducir el propóleo simplemente a «algo para las defensas».
Tiene una composición mucho más compleja.
Además de su actividad frente a determinadas bacterias, diferentes componentes del propóleo presentan interés frente a hongos, virus y algunos protozoos y parásitos.
Tradicionalmente también se ha utilizado dentro de protocolos destinados al terreno intestinal y a determinadas parasitosis. En este caso la elección del preparado y la duración dependen de qué estamos tratando; no utilizaría una pauta idéntica para cualquier parásito simplemente porque todos reciban el mismo nombre genérico de «desparasitación».
Propóleo y sistema inmunitario
Otra de sus propiedades tradicionales más interesantes es su relación con la respuesta inmunitaria.
Se han estudiado diferentes componentes del propóleo por su capacidad para modular procesos relacionados con células inmunitarias, mediadores inflamatorios y fagocitosis.
Esto encaja bastante bien con uno de sus usos clásicos: acompañar al organismo durante épocas en las que aparecen repetidamente problemas de garganta, boca o vías respiratorias.
Por eso es uno de esos productos que aparecen continuamente en los herbolarios cuando llega el otoño.
Pero personalmente prefiero utilizarlo cuando tiene sentido y no convertirlo en algo que haya que tomar permanentemente durante todo el año «para subir las defensas».
El sistema inmunitario no necesita estar permanentemente estimulado. Necesita responder adecuadamente.
Propóleo para garganta y vías respiratorias
Éste es probablemente su uso doméstico más conocido.
Podemos encontrarlo en sprays para la garganta, jarabes, pastillas para chupar, extractos y preparados combinados con plantas.
Tradicionalmente se utiliza en molestias de garganta, faringe y vías respiratorias y resulta especialmente interesante por la combinación de sus propiedades antimicrobianas, antiinflamatorias y suavizantes dependiendo de la fórmula que lo acompañe.
También se ha utilizado tradicionalmente en diferentes afecciones otorrinolaringológicas.
En productos destinados a la garganta me parece particularmente importante mirar la formulación completa. No es lo mismo un extracto concentrado que un jarabe, un spray o una pastilla que permanece lentamente en contacto con la mucosa.
Una sustancia especialmente interesante para la boca
El propóleo tiene una tradición muy importante en el cuidado bucodental.
Se utiliza en productos destinados a encías, aftas, pequeñas lesiones de la mucosa, halitosis y diferentes alteraciones relacionadas con la proliferación microbiana de la boca.
También encontramos propóleo en dentífricos, colutorios y geles para las encías.
Aquí se combinan varias de sus características: actividad antimicrobiana, acción sobre la inflamación y capacidad para acompañar los procesos de reparación de los tejidos.
Antiguamente se hablaba muchísimo de su utilización en piorrea, término que actualmente utilizamos mucho menos y que hacía referencia fundamentalmente a problemas periodontales con afectación de las encías y tejidos que sujetan los dientes.
Precisamente por su afinidad con boca y garganta, el propóleo sigue siendo uno de los productos de la colmena que más utilizamos en fitoterapia.
Propóleo, inflamación y cicatrización
Los flavonoides y otros compuestos fenólicos del propóleo también explican su utilización tradicional sobre la piel dañada o irritada.
Ha formado parte de pomadas, cremas, ungüentos y soluciones destinadas a pequeñas heridas, rozaduras, quemaduras superficiales, grietas y diferentes problemas cutáneos.
Su interés no procede solamente de controlar microorganismos. También se ha estudiado su relación con la respuesta inflamatoria y los procesos de reparación de los tejidos.
Ésta es una de las razones por las que me parece tan interesante: en una misma sustancia encontramos acciones que pueden complementarse entre sí.
También se ha utilizado tradicionalmente en verrugas, callos, determinadas supuraciones y como apoyo tópico en pieles con tendencia a psoriasis.
Naturalmente, la formulación cambia muchísimo según lo que queramos hacer. Un preparado para una garganta no tiene nada que ver con una crema destinada a la piel.
Propóleo y hongos
El propóleo presenta también actividad antifúngica, lo que explica su presencia tradicional en preparados destinados a diferentes problemas producidos por hongos en piel y cuero cabelludo.
Aquí vuelve a ser importante saber qué estamos utilizando.
Un extracto hidroalcohólico concentrado puede resultar demasiado irritante para determinadas zonas, mientras que una crema o preparado específicamente formulado permite utilizar el propóleo de otra manera.
Con los productos naturales, el vehículo también forma parte del tratamiento.
Aparato digestivo
El propóleo se ha utilizado tradicionalmente en diferentes alteraciones digestivas, especialmente cuando existe un componente inflamatorio o microbiano.
En los antiguos textos encontramos referencias a inflamación de la mucosa gástrica, úlceras y alteraciones biliares, y posteriormente se han investigado algunos de sus componentes en relación con microorganismos y procesos inflamatorios gastrointestinales.
Éste es un terreno en el que no utilizaría propóleo de manera automática simplemente porque alguien tenga dolor de estómago.
Cuando aparecen molestias digestivas recurrentes me interesa mucho más averiguar primero qué está ocurriendo.
Propóleo y aparato urogenital
También existe una larga tradición de utilización del propóleo en preparados destinados al tracto urogenital, precisamente por la combinación de actividad antimicrobiana y antiinflamatoria de sus componentes.
Como ocurre con cualquier infección, aquí es especialmente importante saber qué problema tenemos delante y no utilizar indiscriminadamente productos antimicrobianos únicamente porque sean naturales.
Pero es un uso tradicional del propóleo que merece conservarse porque forma parte de su historia fitoterapéutica.
¿Tiene propiedades anestésicas?
El propóleo también presenta actividad analgésica y anestésica local, una propiedad bastante menos conocida actualmente pero que aparece desde hace mucho tiempo en la literatura sobre esta sustancia.
Diferentes componentes parecen participar en este efecto y probablemente esta característica contribuyó también a su utilización tradicional en problemas de boca, dientes y mucosas doloridas.
Es una de esas propiedades del propóleo que muchas veces desaparece de los artículos modernos, donde prácticamente todo se reduce a «defensas y garganta».
Y precisamente por eso merece la pena recordarla.
Contraindicaciones del propóleo
El propóleo es generalmente bien tolerado cuando se utiliza correctamente, pero no es un producto completamente inocuo.
La precaución más importante son las reacciones alérgicas.
Las personas alérgicas al propóleo o que hayan presentado reacciones importantes a otros productos de la colmena deben tener especial cuidado.
Por vía tópica pueden aparecer dermatitis de contacto, picor, enrojecimiento o irritación. Que una reacción aparezca sobre la piel no significa que el producto esté «actuando»: si produce una reacción alérgica, debemos suspenderlo.
Por vía oral algunas personas pueden presentar molestias digestivas o diarrea, especialmente dependiendo del preparado y de la cantidad utilizada.
También debemos mirar siempre qué producto estamos comprando. Un extracto hidroalcohólico contiene alcohol; un jarabe puede contener azúcares; unas pastillas pueden incorporar otros ingredientes y una fórmula compleja puede contener plantas o sustancias con sus propias contraindicaciones.
Por eso hablar simplemente de «contraindicaciones del propóleo» a veces se queda corto.
Tenemos que mirar el propóleo y el producto en el que viene incluido.
En embarazo, lactancia, niños pequeños, antecedentes alérgicos importantes o cuando se están tomando varios medicamentos, prefiero valorar el producto concreto antes de utilizarlo durante periodos prolongados.
Y ante una reacción alérgica con hinchazón importante, dificultad respiratoria o afectación general, no estamos delante de una pequeña intolerancia al producto y requiere atención inmediata.
Mucho más que un producto para la garganta
El propóleo se ha quedado comercialmente muy asociado a los sprays para la garganta y a los productos de invierno, pero es una sustancia bastante más interesante.
Las abejas llevan muchísimo tiempo utilizándolo para proteger su propia colmena y nosotros hemos aprovechado tradicionalmente sus propiedades antimicrobianas, antiinflamatorias, cicatrizantes, inmunomoduladoras y anestésicas locales en ámbitos tan diferentes como la piel, boca, garganta, aparato respiratorio y digestivo.
Además, su composición cambia dependiendo de las plantas que rodean a la colmena.
Es decir, detrás de ese pequeño frasco marrón que encontramos en cualquier herbolario existe una mezcla química enormemente compleja creada a partir de la relación entre plantas y abejas.
Y quizá ésa sea una de las cosas que más me gustan del propóleo.
No es exactamente un producto vegetal ni exactamente un producto elaborado únicamente por las abejas.
Es el resultado de ambos.
Este contenido tiene carácter educativo e informativo. La elección del tipo de propóleo, concentración y forma de utilización debe adaptarse a la finalidad y a la persona, especialmente cuando existen antecedentes de alergia a productos de la colmena.



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